Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 2:
Para el 11 de julio de 2026
EL MENSAJE DE LA CRUZ
Sábado 4 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 1: 17-31; Colosenses 1: 20; 1 Pedro 2: 24; Hechos 13: 16-47; 1 Corintios 2: 1-5.
PARA MEMORIZAR: «El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan es poder de Dios» (1 Cor. 1: 18). Cicerón, un escritor y orador romano pagano, había dicho al pueblo romano que mantuvieran lejos de sus mentes la idea de la cruz como método de ejecución. Aunque Cicerón murió aproximadamente medio siglo antes de que naciera Jesús, su declaración ilustra el desprecio que los romanos sentían por la cruz. Era para ellos algo tan detestable que ni siquiera debían pensar en ello.
Por el contrario, Pablo escribiría: «El mensaje de la cruz [...] es poder de Dios» (1 Cor. 1: 18). Para Pablo, la cruz es el instrumento de reconciliación entre Dios y el hombre (Efe. 2: 16; Col. 1: 20), el símbolo supremo de la humildad de Jesús (Fil. 2: 8) y el lugar donde se saldó nuestra inmensa deuda (Col. 2: 14). La cruz es la respuesta de Pablo a los problemas de Corinto. No hay que leer mucho en 1 Corintios para darse cuenta de que le preocupa mucho el importante tema de las divisiones en la iglesia. Pablo está tan perplejo que, justo después de los saludos (1 Cor. 1: 1-3) y la sección de acción de gracias (1 Cor. 1: 4-9), este es el primer tema que aborda (1 Cor. 1: 10-17).
Esta semana nos centraremos en el poderoso mensaje de la cruz como respuesta a este problema y a otras cuestiones en Corinto.
17 Domingo 5 de julio
EL EVANGELIO DE LA CRUZ
Pablo dice que el mensaje de la cruz es poder de Dios para nosotros. No es de extrañar que «Jesucristo, y [...] él crucificado» fuera el centro de su predicación (1 Cor. 2: 2). Lee 1 Corintios 1: 17-31. ¿Qué punto importante señala Pablo aquí? En 1 Corintios 1: 18-31, Pablo aborda el contraste entre la necedad humana y la sabiduría divina. La cruz tiene el poder de mostrar lo peor del hombre y lo mejor de Dios.
Esta sección de 1 Corintios es introducida con la declaración de 1 Corintios 1: 17. Dado que la cruz de Cristo no debe ser despojada de su poder (1 Cor. 1: 17), el mensaje de la cruz debe ocupar el lugar central de nuestra predicación (ver también 1 Cor. 2: 2). Pablo dice que fue enviado no para bautizar, sino para predicar el evangelio de la cruz. Esta afirmación requiere dos observaciones importantes. En primer lugar, el verbo griego traducido como «enviar» es apostellō, que proviene de la misma raíz que la palabra apóstol.
Por lo tanto, la tarea apostólica fundamental de Pablo era la proclamación del evangelio. Segundo, las palabras de Pablo acerca del bautismo no significaban que este no fuera importante o menos importante que la predicación, sino que eran la respuesta a los que daban mucha importancia a quienes oficiaban el bautismo en detrimento de Jesús, en quien habían sido bautizados. La expresión «sabiduría de palabras» (1 Cor. 1: 17) no significa que Pablo considerara los discursos elocuentes como malos en sí mismos, sino que la sabiduría humana no debe oscurecer el mensaje de la cruz.
Estas palabras se refieren a la retórica grecorromana. En Atenas, Pablo utilizó la lógica, la ciencia y la filosofía, pero esto dio pocos frutos. Por lo tanto, «resolvió evitar todas las discusiones y argumentos complicados, y no “saber” entre los corintios, “sino a Jesucristo, y a este crucificado”» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 184). ¿Cómo pueden los discursos elaborados oscurecer el mensaje de la cruz? ¿Por qué la proclamación de Jesucristo y de él crucificado produjo más frutos en Corinto que la lógica, la ciencia y la filosofía en Atenas? Sin embargo, ¿podrían esas disciplinas ser útiles en algunos casos para proclamar el evangelio?
Lunes 6 de julio
NECEDAD PARA LOS QUE PERECEN
Al contrastar la necedad humana con la sabiduría divina, Pablo afirma que «la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden» (1 Cor. 1: 18, LBLA). Esta es la primera de seis referencias a la necedad o lo necio en 1 Corintios 1: 18-31. Lee 1 Corintios 1: 20, 21, 23, 25 y 27. ¿Cómo nos ayudan estas referencias a la necedad a comprender lo que Pablo quiso decir cuando afirmó que el mensaje de la cruz es necedad para quienes se pierden? La palabra griega referida a la necedad en 1 Corintios 1: 18 es mōria, la cual aparece solo cinco veces en el Nuevo Testamento, todas ellas en 1 Corintios (1 Cor. 1: 18, 21, 23; 2: 14; 3: 19).
Esta y otras palabras de la misma familia aparecen numerosas veces en el Nuevo Testamento, la mitad de ellas en las epístolas paulinas, sobre todo en 1 Corintios. La necedad de la que habla Pablo en 1 Corintios 1: 18, 23 no está tan relacionada con las limitaciones intelectuales como con el comportamiento y el pensamiento inmorales, con la falta de discernimiento e incluso con la rebelión contra Dios.
Esto explica por qué Pablo habló tanto de este tema en 1 Corintios. Pensemos en la situación de Pablo en esta ciudad. Llegó a un lugar que se enorgullecía de su supuesto conocimiento, sabiduría y sofisticación cultural. En ese contexto, habló de un judío galileo, Jesús de Nazaret, quien había resucitado tras ser crucificado por los romanos, todo ello para hacer expiación por los pecados del mundo. ¿Estaba este hombre hablando en serio? ¿A quién quería engañar? Tampoco se trataba de un nuevo concepto filosófico profundo que pudiera ser analizado con herramientas racionales. Parecía, pues, una locura, un disparate, algo que ningún corintio inteligente y culto podía tomar en serio.
Además, por muy absurdo que pareciera a los paganos, el mensaje de Pablo acerca de la cruz era algo mucho peor para numerosos judíos. ¿Qué judío esperaba que un Mesías fuera ejecutado por Roma? Se suponía que el Mesías debía derrocar a los romanos, no ser crucificado por ellos.
Por lo tanto, Pablo enfrentó desde el principio muchos obstáculos en Corinto. Sin embargo, y a pesar de ello, el evangelio fue aceptado allí por algunos judíos y gentiles. ¿Cuál es el mensaje aquí? Sea cual fuere la oposición a la que nos enfrentemos, Dios tiene personas dispuestas a aceptar la verdad. Debemos, pues, estar preparados para ser utilizados por él para llegar a estas personas dondequiera que estén, incluso en lugares tan malos o incluso peores que Corinto.
Martes 7 de julio
PODER PARA QUIENES ESTÁN SIENDO SALVADOS
El sentido de 1 Corintios 1: 18 es demasiado claro como para no percibirlo; a saber, que el mensaje de la cruz depende de cómo se mire. Es una locura para quienes se rebelan contra Dios, pero es poder para quienes anhelan su salvación. Lee Colosenses 1: 20 y 1 Pedro 2: 24. ¿Qué logró Jesús por nosotros en la cruz? Como hemos visto, al predicar el evangelio, es necesario evitar «sabiduría de palabras, para no anular la eficacia de la cruz de Cristo» (1 Cor. 1: 17).
A la luz de este texto, resulta más sencillo comprender por qué lo contrario de la necedad es el poder de Dios, y no la sabiduría humana (1 Cor. 1: 18). La cruz, que es tan contraria a la sabiduría humana, revela cuán necia es realmente la sabiduría humana. El texto griego de 1 Corintios 1: 18 sugiere que «los que se pierden» están simplemente cosechando las consecuencias de sus acciones y puede, pues, ser parafraseado de la siguiente manera: «Porque el mensaje de la cruz es una locura para los que se destruyen a sí mismos».
El verbo griego apollymi (‘perecer’) significa también «destruir» (Juan 10: 10). De hecho, apollymi es así traducido en 1 Corintios 1: 19. Pablo proporciona una base bíblica para su afirmación acerca de la perdición de estas personas citando en el versículo 19 las palabras de Dios en Isaías 29: 14, según las cuales el Señor mismo es quien está detrás de la destrucción, lo que parece contradecir el orgullo autodestructivo mencionado justo antes. Sin embargo, no hay contradicción. La idea es que Dios destruirá lo que ya se está destruyendo a sí mismo desde el principio.
En contraste con los que se están destruyendo a sí mismos, la expresión «los que están siendo salvados» (traducción literal de 1 Cor. 1: 18) indica que la salvación solo proviene de Dios. Pablo está diciendo que estamos siendo salvados; es decir, no nos estamos salvando a nosotros mismos. Por supuesto, no podemos hacerlo. Nuestra salvación tiene una fuente externa. Mientras que la destrucción es autoinfligida, la salvación solo puede ser concedida como un regalo de gracia a los pecadores. Como queda claro en 1 Corintios 1: 21, Dios es quien salva a quienes creen.
En este sentido, la necedad es el acto de rechazar lo que Dios ha ofrecido a la humanidad a través de la cruz de Cristo (1 Cor. 1: 30), y provocar así la propia destrucción. «Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom. 6: 23). ¿Cómo reafirma este versículo lo que Pablo decía en 1 Corintios 1: 18-19?
Miércoles 8 de julio
UN MESÍAS CRUCIFICADO
Pablo escribió que «los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría» (1 Cor. 1: 22). La cruz, la idea de que Dios, el Mesías, fuera crucificado, no era una señal que los judíos esperaran. Tampoco era el tipo de sabiduría que los griegos deseaban. Iba en contra de las expectativas de todos. De hecho, basta con leer cómo reaccionaron los discípulos ante la idea de que Jesús fuera crucificado (ver Mar. 8: 31-32; 9: 30-32; 10: 32-34) para empezar a comprender cuán extraña y repulsiva era esa idea, especialmente para los judíos.
Como se dijo anteriormente, estos esperaban que el Mesías conquistara a los romanos; eso no fue lo que ocurrió, al menos no en el sentido militar de «conquistar». Durante siglos, la cruz ha sido para los cristianos un símbolo de fe. A los cristianos del siglo XXI les cuesta entender cuán descabellada era la idea de un Dios crucificado para la mentalidad del siglo I. Sin embargo, es precisamente porque se trataba de un mensaje tan impactante por lo que merece nuestras más profundas reflexiones.
La imagen de un Mesías crucificado deja totalmente claro a todo el universo hasta dónde estaba dispuesto a llegar Dios para completar el plan de redención. La idea de la cruz, y de la muerte del Señor en ella, es en sí misma sorprendente para nosotros, los pecadores aquí en la tierra. ¡Imagina, sin embargo, lo que debió significar para los seres sin pecado que conocían y adoraban al Señor Jesús en el cielo! Lee Hechos 13: 16-47 (especialmente los vers. 26, 38 y 47). ¿Qué nos enseña este pasaje sobre el significado de la cruz? Pablo dice que Cristo lo envió a predicar el evangelio.
Por eso proclamaba el mensaje de un Mesías crucificado (1 Cor. 1: 23). Él retoma estas ideas en 1 Corintios 2: 1-5. El apóstol fue fiel a la misión que Cristo le encomendó. Al proclamar el evangelio, no empleó «excelencia de palabra o de sabiduría» (1 Cor. 2: 1), sino que se centró únicamente en «Jesucristo, y él crucificado» (1 Cor. 2: 2). Su discurso y su mensaje no consistieron en «palabras persuasivas de humana sabiduría, sino [en] demostración del Espíritu y de poder» (1 Cor. 2: 4), porque, de hecho, «la sabiduría de los hombres» contrasta visiblemente con «el poder de Dios» (1 Cor. 2: 5). Un Mesías crucificado era algo completamente inesperado tanto para los judíos como para los griegos. ¿Qué nos dice esto acerca del hecho de que Dios no siempre actúa de acuerdo con nuestras expectativas? ¿Por qué es importante comprender este concepto, especialmente cuando las cosas no resultan como esperábamos?
Jueves 9 de julio
CRISTO, PODER Y SABIDURÍA DE DIOS
En 1 Corintios 1: 19, 20, 30 y 31, Pablo habla de cómo la sabiduría de Dios y la sabiduría humana son increíblemente diferentes y, por lo tanto, mutuamente excluyentes. Nota que Pablo no rechaza la sabiduría como tal, sino el tipo de sabiduría humana que trata de competir con Dios. La sabiduría humana es incapaz de liberar del pecado a los seres humanos. Solo Cristo, la sabiduría de Dios, puede realizar esta obra.
Observa la tabla que aparece a continuación. Pero para los que se salvan (literalmente: «quienes están siendo salvados») [el mensaje de la cruz] es poder de Dios 1 Cor. 1: 18 Pero para los llamados Cristo es el poder de Dios 1 Cor. 1: 24 Tanto 1 Corintios 1: 18 como 1 Corintios 1: 24 muestran que Cristo es el poder de Dios en el sentido de que él tiene el poder de salvar a las personas de sus pecados. De hecho, «agradó a Dios salvar a los que creen mediante la necedad de la predicación» (1 Cor. 1: 21).
Las expresiones «para los que se salvan» (1 Cor. 1: 18), «los que creen» (1 Cor. 1: 21) y «los llamados» (1 Cor. 1: 24) se refieren al mismo grupo; es decir, a las personas que viven la experiencia de la salvación por medio de la fe. «El evangelio [...] es poder de Dios para salvación a todo el que cree» (Rom. 1: 16). Cristo no solo es el poder, sino también la sabiduría de Dios. Esto significa que, a través de él, Dios enfrentó y resolvió el problema del pecado, un problema que la sabiduría humana era incapaz de resolver.
La sabiduría de este mundo es incapaz de hacer que las personas conozcan a Dios (1 Cor. 1: 21). Por el contrario, a través de Cristo nos hacemos sabios para la salvación (2 Tim. 3: 15). Lee 1 Corintios 1: 24-29. Nota las palabras que aparecen allí, como «poder», «sabiduría», «insensato» y «débil». ¿Qué quiere decir Pablo con eso? Al leer 1 Corintios 1: 24-29, es necesario detenerse en los términos «insensato» y «débil». La sabiduría humana puede considerar que el mensaje de la cruz es necedad y debilidad.
Sin embargo, «lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1 Cor. 1: 25). Esto no significa que Dios sea débil o necio, sino que es simplemente una expresión que muestra cómo el poder y la sabiduría de Dios superan con creces todo lo humano. Reflexiona acerca de la siguiente declaración: «Piensen lo que eran cuando fueron llamados. No eran muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles» (1 Cor. 1: 26). ¿Qué mensaje hay aquí para nosotros?
Viernes 10 de julio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «El Calvario», de El Deseado de todas las gentes (pp. 703-717), de Elena G. de White. «En el pensamiento de las multitudes que viven, hoy la cruz del Calvario está rodeada de sagrados recuerdos. Se relacionan con las escenas de la crucifixión sagradas asociaciones. Pero en los días de Pablo, la cruz se consideraba con sentimientos de repulsión y horror.
El exaltar como Salvador de la humanidad a uno que había muerto en la cruz provocaría naturalmente el ridículo y la oposición. »Pablo sabía bien cómo sería considerado su mensaje tanto por los judíos como por los griegos de Corinto. [...] Entre sus oyentes judíos había muchos a quienes encolerizaría el mensaje que él estaba por proclamar. Y, a juicio de los griegos, sus palabras serían absurda locura. Sería considerado mentalmente débil por tratar de mostrar cómo la cruz podría tener alguna relación con la elevación del género humano o la salvación de la humanidad. »Pero, para Pablo, la cruz era el único objeto de supremo interés.
Desde que fuera contenido en su carrera de persecución contra los seguidores del crucificado Nazareno, no había cesado de gloriarse en la cruz. En aquel entonces se le había dado una revelación del infinito amor de Dios, según se revelaba en la muerte de Cristo; y se había producido en su vida una maravillosa transformación que había puesto todos sus planes y propósitos en armonía con el cielo. Desde aquella hora había sido un nuevo hombre en Cristo. Sabía por experiencia personal que una vez que un pecador contempla el amor del Padre, como se lo ve en el sacrificio de su Hijo, y se entrega a la influencia divina, se produce un cambio de corazón, y Cristo es desde entonces todo en todo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 184-185).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. En el huerto de Getsemaní, Jesús dijo: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa» (Mat. 26: 39). ¿Qué nos dice esta oración acerca del inmenso precio que Jesús pagó en la cruz?
2. Pablo dice: «Lo insensato de Dios es más sabio que los hombres» (1 Cor. 1: 25). ¿En qué aspectos es la sabiduría de Dios tan diferente de la humana?
3. El mensaje de un Cristo crucificado era un escándalo para los judíos y una locura para los griegos. ¿Qué temas bíblicos que predicamos hoy pueden producir el mismo efecto en el público moderno y por qué?
4. Pablo dice que «el hombre natural no percibe las cosas del Espíritu de Dios» (1 Cor. 2: 14). ¿Cómo podemos, entonces, hablar de Jesús a estas personas de una manera que pueda tocar sus corazones? ¿O tal vez solo nuestras acciones pueden lograrlo?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
