Lección 1: Para el 4 de octubre de 2025
LA FÓRMULA DEL ÉXITO
Sábado 27 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Deuteronomio 18:15-22; Josué 1; Hebreos 6:17, 18; Efesios 6:10-18; Salmo 1:1-3; Romanos 3:31.
PARA MEMORIZAR: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente para hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que seas prosperado en todo lo que emprendas” (Jos. 1:7).
En cierta ocasión, Benjamin Zander, director musical de la Orquesta Filarmónica de Boston, impartía una clase de interpretación musical cuando observó que sus alumnos sentían mucha ansiedad ante las evaluaciones de sus interpretaciones. Para tranquilizarlos y estimular todo su potencial, anunció el primer día de clase que todos obtendrían una nota sobresaliente. Esa calificación no era una expectativa que debían cumplir, “sino una posibilidad que había que vivir”. El único requisito era que al comienzo del semestre de clases los alumnos escribieran una carta fechada como si hubiera sido redactada al final del cursado, en la que debían explicar por qué merecían esa nota elevada.
El libro de Josué trata acerca de nuevas posibilidades. Moisés, quien había sobresalido durante cuarenta años de la historia de Israel, era parte del pasado. El Éxodo de Egipto y el recorrido por el desierto, trágicamente marcado por la rebelión y la obstinación, habían terminado. Una nueva generación, dispuesta a obedecer a Dios, estaba lista para entrar en la Tierra Prometida, no como una expectativa que cumplir, sino como una experiencia que debía ser vivida. Analicemos la manera en que Dios inauguró un nuevo capítulo en la vida de Israel y cómo puede hacer lo mismo en la nuestra.
Domingo 28 de septiembre
UN NUEVO MOISÉS
Lee Deuteronomio 18:15-22 y Josué 1:1-9. ¿Por qué es significativo que el libro de Josué comience haciéndose eco de una promesa relacionada con lo que sucedería tras la muerte de Moisés? Aunque Moisés había muerto y un nuevo líder, Josué, había sido nombrado por Dios, existen paralelismos entre ellos. Dios había dicho a ambos que conducirían a su pueblo a la tierra que fue prometida a sus padres.
El Señor dijo a Josué: “Como prometí a Moisés, les he entregado a ustedes todo lugar que pise la planta de su pie” (Jos. 1:3). Josué terminaría la obra que había sido originalmente encomendada a Moisés. Era, en realidad, un nuevo Moisés. Lee Éxodo 33:11; Números 14:6, 30, 38; 27:18; 32:12; Deuteronomio 1:38; 31:23; y 34:9. ¿Qué dicen estos textos acerca de Josué? La promesa de que Dios “levantaría” un profeta semejante a Moisés (Deut. 18:15) no se había hecho aún realidad. Las palabras iniciales del libro de Josué recuerdan al lector esta promesa y, al mismo tiempo, crean la expectativa de verla cumplida.
Aunque muerto, Moisés sigue dominando el primer capítulo. Su nombre es mencionado allí diez veces, mientras que el de Josué solo cuatro. Moisés es llamado “siervo del Señor”, mientras que Josué es el “ayudante de Moisés” (Jos. 1:1). Josué necesitará toda una vida de servicio fiel y obediencia para recibir el título de “siervo del Señor” (Jos. 24:29). Aunque el primer capítulo de Josué registra la transición entre dos grandes líderes de Israel, el personaje más importante es el propio Señor, cuyas palabras dan inicio al libro y cuya conducción es el tema dominante. No hay dudas acerca de quién era el verdadero líder de Israel. A lo largo de los siglos, Dios ha llamado a hombres y mujeres para dirigir a su pueblo. ¿Por qué es crucial recordar quién es el verdadero Líder invisible de la iglesia?
Lunes 29 de septiembre
¡PASA! ¡POSEE! ¡REPARTE! ¡SIRVE!
Lee Josué 1. ¿Qué podemos aprender acerca de la estructura del libro a partir de este capítulo inicial? El primer capítulo de Josué sirve de introducción a todo el libro y comprende cuatro discursos que corresponden a las secciones principales del documento: la travesía (Jos. 1:2-9), la conquista (Jos. 1:10, 11), la distribución de la tierra (Jos. 1:12-15) y el servicio mediante la obediencia a la ley (Jos. 1:16-18). El libro de Josué puede interpretarse como una serie de iniciativas divinas en las que Dios le encomienda a Josué una tarea específica relacionada con la conquista de Canaán.
Todas ellas se reconocen más adelante en el libro tras su conclusión exitosa. Finalmente habrían de cumplirse las promesas de Dios relacionadas con la ocupación de la tierra. A partir de entonces, la responsabilidad de conservarla estaría en manos de los israelitas, y ello solo sería posible mediante la fe verdadera y la obediencia resultante de esa fe. Las iniciativas divinas que se expresan en los verbos “pasar”, “poseer” y “repartir” son adecuadamente respondidas por la obediencia del pueblo, que deriva de la iniciativa final de Dios: el servicio.
El libro de Josué consta de cuatro secciones principales, cada una caracterizada por un concepto específico que se expresa a través de la presencia dominante de una palabra hebrea:
1. Pasar (Jos. 1:1-5:12) 2. Poseer (Jos. 5:13-12:24) 3. Repartir (Jos. 13:1-21:45) 4. Servir (Jos. 22:1-24:33) De esta manera, la estructura misma del libro transmite su mensaje principal: Las iniciativas de Dios no se realizan automáticamente, sino que requieren la respuesta fiel de su pueblo. Es decir, en vista de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, incluyendo lo que nosotros no podemos hacer, somos llamados a realizar lo que sí podemos: obedecer a Dios poniendo por obra lo que nos ordena. Esto ha sido siempre así a lo largo de la historia sagrada, y también en el presente.
Por ejemplo, la representación del pueblo de Dios de los últimos tiempos en Apocalipsis 14:12 transmite la misma idea: la fe en lo que Dios ha hecho por nosotros conduce a la obediencia. Piensa en algunas de las promesas de la Palabra de Dios que más aprecias. ¿Qué tipo de respuesta requieren de tu parte para que se hagan realidad?
Martes 30 de septiembre
HEREDEROS DE LAS PROMESAS
En Josué 1:2 y 3, el Señor le dice a Josué y al pueblo que les está dando la tierra. Por otra parte, dice que ya les ha sido dada. ¿Qué significa esto? La tierra era un regalo del Señor, el verdadero Dueño de ella. En Josué 1:2 y 3 se utilizan dos formas diferentes del verbo “dar” que reflejan dos aspectos significativos de la recepción de la tierra como heredad. La primera forma expresa el proceso de la concesión de la tierra. Solo los territorios de un lado del Jordán habían sido ocupados por Israel. La mayor parte de la Tierra Prometida aún no estaba en posesión de ellos.
En Josué 1:3, el verbo es utilizado en su forma perfecta, dando así la impresión de que la tierra ya les había sido entregada. Cuando Dios es el sujeto de tales acciones, la forma verbal usada se conoce como “perfecto profético”, pues lo que él promete en su Palabra es un hecho garantizado en el que se puede confiar como si ya fuera una realidad presente, realizada. Los pronombres en pluiral del versículo 3, “ustedes” y “su”, muestran que la promesa estaba dirigida no solo a Josué, sino a todo el pueblo de Israel.
La referencia a la promesa dada a Moisés transmite la continuidad del proyecto de Dios. Por otra parte, la palabra kol, “todo”, aparece numerosas veces en el primer capítulo. Su presencia reiterada expresa la totalidad y la integridad cruciales para alcanzar el objetivo puesto ante Josué. Era necesaria una alineación perfecta entre Dios, Josué y el pueblo de Israel para asegurar el éxito en la conquista de la Tierra Prometida. Lee Josué 1:4-6 y Hebreos 6:17, 18. En aquel momento, la Tierra Prometida era exactamente eso, una promesa. Sin embargo, Dios la llama “herencia”.
¿Qué significa ser herederos de las promesas de Dios? Las promesas de Dios no tienen nada de mágico. No tienen el poder de asegurar por sí mismas su propio cumplimiento. La garantía de que se harán realidad reside en la presencia de Dios, quien asegura: “Estaré contigo”. De hecho, la presencia del Señor fue crucial para la supervivencia de Israel. Sin ella, no habrían sido más que una entre muchas naciones, sin un llamado, una identidad ni una misión especiales (Éxo. 33:12-16). La presencia del Señor era todo lo que Josué necesitaba para triunfar. Nada ha cambiado. Por eso tenemos la promesa de Jesús que se encuentra en Mateo 28:20.
Miércoles 1 de octubre
¡ESFUÉRZATE Y SÉ VALIENTE!
Lee Josué 1:7-9. ¿Por qué el Señor instó dos veces a Josué a esforzarse y ser valiente? La tarea que Josué tenía por delante implicaba desafíos abrumadores. Las murallas de las ciudades cananeas parecían inexpugnables y la población de la tierra estaba entrenada para la guerra. A diferencia de ello, los israelitas, simples nómades, no poseían siquiera las máquinas de guerra más primitivas para enfrentarse a las murallas fortificadas. Según los registros históricos, ni siquiera Egipto, la superpotencia de aquellos tiempos, fue capaz de afianzarse en Canaán. No obstante, el llamado a esforzarse y ser valiente no se relaciona aquí solo con la moral para la batalla o con las estrategias bélicas.
El valor y la fortaleza eran necesarios para permanecer fieles a la Torá y a sus requisitos específicos, que definían el pacto de Israel con Dios. Lee Efesios 6:10-18. Aunque hoy no se requiere de nosotros que participemos en acciones bélicas, ¿cómo podemos aplicar las palabras de aliento dadas a Josué en nuestras luchas espirituales cotidianas? Los cristianos se enfrentan hoy a desafíos similares a los de Josué en el cumplimiento de la misión que Cristo les ha encomendado; es decir, se les exige que libren una guerra contra sus propias tendencias pecaminosas, contra los principados, potestades y gobernantes de las tinieblas de este mundo y contra las fuerzas de la maldad.
Como Josué, también cuentan con la promesa tranquilizadora de la presencia de Cristo: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20). Así como la presencia sustentadora del Señor fue suficiente para contrarrestar los temores de Josué, también debería serlo para desterrar nuestras dudas y ansiedades. Nuestro desafío es conocer al Señor lo suficiente como para confiar en él y en las promesas que nos ha hecho. De allí que lo que más necesitamos es esa relación personal con él. La pregunta crucial para nosotros hoy no es diferente de la que se planteó Josué. ¿Cómo podemos permanecer fieles a lo que dice la Palabra de Dios, incluso cuando eso no sea popular o conveniente?
Jueves 2 de octubre
PRÓSPERO Y EXITOSO
Lee Josué 1:7-9 junto con Génesis 24:40; Isaías 53:10 y Salmo 1:1-3. Sobre la base de estos textos, ¿qué significa ser próspero y tener éxito? El término hebreo tsalaj, traducido como “prosperarás” (Jos. 1:8), implica el cumplimiento satisfactorio de lo planificado o un conjunto de circunstancias favorables. El verbo sakal, traducido “te saldrá bien” (Jos. 1:8), pero que literalmente significa “ser sabio”, puede también traducirse como “prosperar” o “tener éxito”, “ser prudente” o “actuar con sabiduría”. Aparece con frecuencia en Job, Proverbios y Salmos, donde la noción de éxito está estrechamente ligada al hecho de actuar con prudencia, respetando a Dios y obedeciendo su Palabra.
Según esta perspectiva, el éxito no se define necesariamente como prosperidad material, aunque no la excluye, sino que consiste en un estado de armonía con los valores y principios espirituales que constituyen el fundamento del mundo creado por Dios y que se expresan en su ley. De hecho, la confianza en las promesas de Dios, especialmente la de la salvación solo por la fe y la de la habilitación divina para obedecer su ley, no se oponen entre sí, sino que representan los dos lados de una misma moneda. Lee Romanos 3:31. ¿Qué dice este texto acerca de la relación entre la ley y la fe? Pretender que la fe en la muerte expiatoria y sacrificial de Jesús en nuestro favor está en contra de la obediencia a la Ley de Dios es establecer una dicotomía falsa y peligrosa. La ley y la gracia siempre van juntas.
Solo una comprensión superficial del papel de la ley puede llevar a percibirla como opuesta a la gracia. Los escritores del Antiguo Testamento tenían en gran estima la ley y la consideraban una fuente de deleite (Sal. 1:2; 119:70, 77, 174). Correctamente considerada y utilizada, la ley conduce a una comprensión más profunda de la propia pecaminosidad (Rom. 7:7) y de la necesidad de la justicia de Cristo (Gál. 3:24). Por mucho que intentes guardar la Ley de Dios mediante su gracia, ¿cómo te ha mostrado tu propia experiencia tu necesidad de la justicia de Cristo?
Viernes 3 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee lo que Elena de White dice en las páginas 514 a 516 del capítulo “El cruce del Jordán” del libro Patriarcas y profetas, y en las páginas 174 y 175 del capítulo “La entrada en la Tierra Prometida” en Historia de la redención. “En sus promesas y amonestaciones, Jesús se dirige a mí. Dios amó de tal manera al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que, creyendo en él, yo no perezca, sino que tenga vida eterna. Las experiencias que se relatan en la Palabra de Dios deben llegar a ser mis experiencias. La oración y la promesa, el precepto y la amonestación, son míos. […] A medida que la fe recibe y asimila así los principios de la verdad, llegan a ser parte del ser y la fuerza motriz de la vida. La Palabra de Dios, recibida en el alma, amolda los pensamientos y participa en el desarrollo del carácter” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 355). “No hay un punto que precisa ser entronizado con más fervor, repetido con más frecuencia o establecido con más firmeza en la mente de todos, que la imposibilidad de que el hombre caído haga mérito alguno por sus propias obras, por buenas que éstas sean. La salvación es solamente por fe en Cristo Jesús” (Elena de White, Fe y obras, p. 16).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué principios espirituales útiles para nuestra vida podemos extraer de la experiencia de Josué a pesar de las diferencias entre nuestras circunstancias y las suyas? No obstante, ¿por qué debemos tener siempre presente el contexto original de lo registrado en la Biblia cuando tratamos de establecer analogías?
2. Analiza la relación existente entre las promesas de Dios y nuestra obediencia a él. ¿Cómo se complementan? ¿Cuáles son los peligros de hacer demasiado hincapié en la ley en detrimento de la gracia y viceversa?
3. Basándote en la lección de esta semana, ¿cómo definirías el éxito desde una perspectiva bíblica? ¿Qué lugar ocupa la prosperidad en una definición cristiana del éxito?
4. Imagina cómo se sintió Josué al tener que suceder a Moisés. ¿Qué promesa le hizo Dios que seguramente lo sostuvo en medio de sus grandes responsabilidades (ver Jos. 1:5)?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 4: Para el 25 de abril de 2026
EL PAPEL DE LA BIBLIA
Sábado 18 de abril
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Lamentaciones 3: 22, 23; 2 Timoteo 3: 15–17; Juan 17: 17; Efesios 1: 13; Salmo 119: 11; 1 Corintios 2: 14.
PARA MEMORIZAR: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Heb. 4: 12).
Sin duda posees una Biblia, o quizá más de una. Sin embargo, a lo largo de la historia, este precioso libro ha sido prohibido, copiado en secreto y contrabandeado. Es el libro más publicado del mundo en cualquier idioma, y también uno de los más antiguos. Algunos han muerto para que la Biblia pudiera ser preservada. ¿Qué lugar ocupa la Biblia en tu vida? ¿La lees o está juntando polvo cerca de tu cama o en una estantería? ¿Estás demasiado ocupado como para dedicar tiempo a estudiar la Palabra de Dios? ¿Te sientes demasiado cansado como para abrir sus páginas? La Palabra de Dios es viva y poderosa. Por medio de ella, Dios quiere hablarte, animarte, desafiarte, transformarte, orientarte y darte esperanza.
La Biblia no es apenas un libro académico o una colección de antiguos relatos, sino una crónica hermosa y profunda acerca de cómo el Creador del universo trata de acercarnos a él. Si deseas crecer en tu relación con Dios, lo mejor que puedes hacer es comprometerte a dedicar tiempo de calidad a tu relación con él mediante la oración, el estudio de su Palabra inspirada y la disposición a poner por obra lo que ella enseña.
Domingo 19 de abril
EL AR MA MÁS PODEROSA
Antes de explorar por qué la Biblia es tan valiosa y cómo profundizar en nuestro estudio personal de ella, debemos tomar consciencia de que uno de los ataques más significativos de Satanás contra nuestra relación con Dios consiste en impedir que dediquemos tiempo a comunicarnos con él mediante el estudio de su Palabra. Mantener a las personas lejos de la Biblia mediante los negocios, la apatía, el cansancio o la duda es su estrategia número uno.
Él sabe que dedicar tiempo a estar con Dios mediante el estudio de las Escrituras revive y nutre nuestra vida espiritual. Por lo tanto, ¡hará todo lo posible para impedirlo! «Satanás emplea cuantos medios puede para impedir que los hombres conozcan la Biblia, cuyo claro lenguaje revela sus engaños» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 579). Satanás sabe que la poderosa Palabra de Dios lo hace impotente. Sabe que la oración y el estudio de la Biblia son las armas más poderosas que la humanidad puede usar contra él (Efe. 6: 17, 18; Heb. 4: 12), así que hace todo lo posible para impedir que estudiemos las Escrituras y oremos. Sabe que las palabras de Dios son poderosas y que no solo dieron existencia a este mundo (Sal. 33: 6), sino también pueden resucitar a los muertos (Juan 11: 41-44) y darnos fuerzas para vencer (Mat. 4: 1-11).
Al alejar de la Biblia al pueblo de Dios, Satanás afecta no solo nuestra relación con el Señor, sino también nuestras relaciones con los demás. La relación entre los cónyuges se vuelve tensa, gritamos a nuestros hijos y no tenemos paciencia con nuestros amigos o compañeros de trabajo. La vida parece demasiado ajetreada; nos sentimos estresados, agobiados y sin ninguna vía de escape. Sorprendentemente, a menudo no nos detenemos lo suficiente como para darnos cuenta de qué está ocurriendo. Podemos pensar que estamos cerca de Dios, pero nos debilitamos más y más a medida que pasa el tiempo sin que abramos su Palabra.
Aunque nuestra relación con Dios está a veces llena de altibajos e inconsistencias, Dios es maravillosamente constante, como lo afirma Lamentaciones 3: 22 y 23. ¿Qué notas en estos versículos y cómo se relacionan ellos con nuestra naturaleza humana? Como querubín protector, antes de su caída (Eze. 28: 14-17), Lucifer conoció el increíble poder de Dios y escuchó sus palabras. Ahora odia la verdad, y eso explica por qué nuestra mente se entumece y nuestro corazón se embota cuando no elegimos escuchar y aplicar las palabras de Dios a nuestra vida. ¿Cuán indeciso o inconsistente eres en tu vida devocional? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de la necesidad de hacer algunos cambios?
Lunes 20 de abril
LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS
La autoridad y la función de la Biblia están claramente afirmadas en sus páginas. Lee 2 Timoteo 3: 15 al 17 y toma nota de lo que estos versículos dicen acerca de la función de la Biblia. Al estudiar la Biblia, no debemos pretender que ella sirva a nuestros propósitos o concuerde con nuestros puntos de vista, pues pueden ser diferentes de los de Dios. Tampoco debemos usar el método que consiste en cerrar los ojos y elegir un texto cualquiera, al azar, ya que Dios no se comunica de esa manera con nosotros por medio de su Palabra. Dios no es una marioneta —que se maneja con hilos—, dispuesta a responder a nuestros caprichos y voluntad. Sus caminos y pensamientos son mucho más elevados que los nuestros (Isa. 55: 9), por lo que nunca debemos tratar de controlar las palabras que nos dirige. Tampoco debemos escoger las partes de la Biblia que nos resulten más cómodas.
Por el contrario, debemos considerar la Biblia como un todo, en lugar de leer los pasajes sencillos y conocidos mientras dejamos a un lado los que nos plantean desafíos. Si en verdad queremos que Dios nos hable por medio de su Palabra, debemos acercarnos a ella como un todo y utilizar métodos sólidos cuando nos dediquemos a su estudio cuidadoso, confiando en que Dios nos revelará lo que necesitemos cuando lo necesitemos. Además, Jesús dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente» (Mat. 22: 37). Dios no pretende que prescindamos de nuestro raciocinio, sino que desea informar la mente humana con su vasto conocimiento y comprensión, los cuales se revelan, en parte, en su Palabra.
La Biblia registra numerosos diálogos que Dios sostuvo con personas como Enoc, Abraham, Moisés y Job, además de los que Jesús mantuvo con muchas personas durante su ministerio terrenal. Dios no pasa por alto la razón humana, sino que nos invita a someterla a su Palabra y su sabiduría a la hora de cooperar en nuestra salvación. No obstante, la razón humana sigue siendo humana y, como tal, es susceptible de cometer errores y de ser víctima de engaños. No es infalible. Es posible que la razón haga a un lado a Dios para tratar de resolver las cosas por su cuenta, lo que implica colocar al yo a la par de Dios o por encima de él a la hora de pensar. Las personas pueden acercarse a la Escritura con un espíritu arrogante y crítico, pensando que ya lo han oído todo y que no hay nada nuevo. Cuando nos sentimos importantes, seguros de nosotros mismos, autosuficientes y sin necesidad de nada, descuidamos nuestra relación con Dios y confiamos en nuestro propio conocimiento limitado y en nuestro raciocinio defectuoso y falible.
Martes 21 de abril
LA VERDAD BÍBLICA
Una tendencia entre algunos teólogos liberales en la década de 1960 fue describir a Dios fuera del campo de la teología. En 2017, una portada de la revista Time publicó un artículo titulado: «¿Ha muerto la verdad?». Esta tendencia es interesante pues ilustra la posición actual de nuestra sociedad al respecto. El concepto mismo de «verdad» ha decaído a tal punto que ya nadie sabe en qué consiste o dónde radica. Según la cultura popular, no existe un criterio normativo para decidir qué es verdad y qué no lo es, ni un fundamento que permanezca constante, del que se pueda depender y resista la prueba del tiempo. Por el contrario, Jesús dijo: «Yo soy [...] la verdad» (Juan 14: 6). Su Palabra da testimonio de él como la verdad más plena y pura.
Lee detenidamente los siguientes tres versículos. ¿Qué notas en ellos?
Juan 17: 17 _______________________________________________________ _______________________________________________________ _____________________________
Proverbios 30: 5, 6 _______________________________________________________ _______________________________________________________ ___________
Salmo 12: 6 _______________________________________________________ _______________________________________________________ ______________________________
La Biblia declara que Jesús, quien es la verdad fundamental, no cambia (Heb. 13: 8). Al mismo tiempo, a medida que leemos la Palabra de Dios, nuestra comprensión de él y de su verdad puede crecer. «Hay minas de verdad que ha de descubrir todavía el investigador ferviente» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 659). Al hablar de «verdad», Elena G. de White siempre se refería a la que Dios reveló en su Palabra.
Podemos buscar luz adicional en la Biblia porque esta nunca contradice verdades pasadas, sino que se basa en ellas. Lee 1 Tesalonicenses 2: 13; Salmo 33: 4 y 5 y Efesios 1: 13. ¿Qué mensaje contienen estos textos? La Biblia y solo ella debe ser la fuente por excelencia de lo que entendemos por verdad. Todas las demás fuentes deben ser probadas mediante la Palabra de Dios, incluso lo que consideramos «razonable». Algunas personas argumentan que la verdad no existe. Esa afirmación es contradictoria, pues el hecho mismo de afirmar que la verdad no existe significa proclamar una presunta verdad. Además, es contraria a sí misma, pues si la verdad no existe, tampoco esa afirmación es verdad.
Miércoles 22 de abril
REQUERIMIENTOS BÍBLICOS
¿Qué cambiaría en tu hogar si recurrieras a la Biblia cuando debes tomar una decisión importante, enfrentar un problema conyugal o algún desafío? ¿Qué cambiaría en tu lugar de trabajo o en tu iglesia si la Biblia se convirtiera realmente en la lente a través de la cual las personas vieran el mundo y decidieran vivir? Los escritores de la Biblia sabían cuán valioso es su contenido. Ningún otro libro puede impactar la vida como ella. No obstante, puesto que no es suficiente que las palabras de la Biblia estén impresas en sus páginas, ¿cómo puedes incorporarlas en tu corazón? ¿Cuál es el consejo de David en Salmo 119: 11 y cómo podrías ponerlo en práctica? (Ver también Heb. 4: 12).
Una de las afirmaciones que la Biblia hace acerca de sí misma se encuentra en Hebreos 4: 12. Una espada de dos filos es poderosa y cortante, pero la Palabra de Dios puede hacer por las personas lo que resulta imposible para los instrumentos humanos. La Biblia se describe a sí misma como algo vivo. Tal vez te hayas preguntado cómo puede ser esto así en vista de que fue escrita hace miles de años. A pesar de ello, Jesús dijo: «Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6: 63). Si sientes que tu mundo se está desmoronando, Dios puede transformar esa situación mediante el contenido inspirado de las Escrituras.
El Antiguo Testamento describe las palabras divinas como activas y eficaces para cumplir su propósito de bien (ver Isa. 55: 11). Cuando David reflexionó acerca del impacto de las palabras de Dios en su vida, concluyó: «Es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado» (Sal. 119: 50). Tal vez hayas experimentado hambre intensa en algún momento de tu vida como resultado de la falta de alimento, del ayuno prolongado o de una dieta estricta. ¡Cuán deliciosa resulta la comida después de haber tenido hambre! En un sentido espiritual, la Biblia es el alimento para nuestra alma. Si tu alma está vacía y hambrienta, abre la Palabra viva. Lee Jeremías 15: 16; 1 Pedro 2: 2 y Mateo 4: 4. Las palabras de Dios resultan deliciosas, nutritivas y sustentadoras para la mente y el corazón ya que provienen de Dios mismo, quien las envió específicamente para nosotros y para cada persona que lo busca.
Cuando las leemos con un corazón abierto y pidiendo a Dios la iluminación del Espíritu, ellas harán una gran obra en nuestra vida. ¿Qué problemas de tu vida son abordados en la Biblia? ¿Por qué no debes per‑ mitir que el orgullo te impida poner por obra lo que Dios te dice en sus páginas?
Jueves 23 de abril
LA CONDICIÓN DEL CORAZÓN
Nuestra capacidad para recibir instrucción de la Palabra de Dios (Job 22: 22) depende en gran medida de nuestra condición espiritual cuando acudimos a ella. ¿Cómo explica esto 1 Corintios 2: 14? Puesto que el discernimiento espiritual es la capacidad de comprender las cosas espirituales, hay una gran diferencia entre las conclusiones de quienes tienen una mente abierta a lo espiritual y quienes no. Alguien que piensa que la Biblia es una tontería no será capaz de percibir la verdad en sus páginas.
Nuestra actitud hacia la Biblia y nuestra forma de leerla son muy importantes para crecer en nuestra relación con Dios. ¿Cómo explica esto Pablo en 1 Tesalonicenses 2: 13? La Palabra de Dios obra en nosotros cuando creemos. Cuando abres tu Biblia y crees que Dios tiene algo que decirte a través de ella, él te hablará y obrará en tu vida. Mucho depende de tu fe y de tus expectativas. La buena noticia es que, aunque tu fe sea muy pequeña, Dios puede hacerla crecer (Mar. 9: 24; Luc. 17: 6).
Uno de los grandes propósitos de la Biblia es mostrarnos el estado de nuestra relación con Dios y decirnos cómo fortalecerla. Si tu corazón está abierto al Espíritu Santo y te acercas a la Palabra con humildad, experimentarás una transformación, aunque no siempre la percibas inmediatamente, pues ese cambio y ese crecimiento suelen ser graduales. Pero si nos aferramos a nuestra apatía y pecado y no estamos dispuestos a cambiar, la lectura de la Biblia puede servirnos de poco.
El Espíritu Santo nos impulsa a acercarnos más a Jesucristo. ¿Queremos acercarnos? Si es así, llegaremos a ser «sabios para salvación» (2 Tim. 3: 15) y veremos cosas que ni siquiera imaginábamos. ¿Con qué actitud me acerco a la Biblia? ¿Busco en ella justificaciones para mis opiniones preconcebidas o me acerco a ella con una mente abierta y la disposición a ver lo que Dios quiere mostrarme? ¿Por qué es tan importante la respuesta a esa pregunta?
Viernes 24 de abril
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
¿Cómo evaluarías las palabras que has pronunciado durante las últimas 24 horas? ¿Fueron afectuosas, amables, alegres y edificantes o expresaron frustración, cansancio, ansiedad, ira, maledicencia y maldad? La Biblia dice: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mat. 12: 34). Cuando hay basura en nuestro corazón, ella se pone de manifiesto en nuestras palabras. Todos hemos experimentado frustración, cansancio y estrés. Estos estados de ánimo inciden en lo que decimos, cosas de las que, después, nos arrepentimos. A diferencia de ello, cuando nuestro corazón rebosa de amor, este fluye a través de nuestras palabras.
De la misma manera, la Biblia habla acerca del corazón de Dios y de sus intenciones para con nosotros. Es asombroso pensar que esas palabras, que provienen directamente del corazón divino, están a nuestro alcance en la Biblia y han tenido un poder asombroso a lo largo de la historia. «Una cosa es tratar la Biblia como un manual de instrucción moral, y prestarle atención mientras esté de acuerdo con el espíritu de la época y nuestra situación en el mundo; pero otra cosa es considerarla como lo que en realidad es: la palabra del Dios viviente, la palabra que es nuestra vida, la palabra que ha de moldear nuestras acciones, nuestros dichos y nuestros pensamientos.
Concebir la Palabra de Dios como algo inferior a esto, es rechazarla. Y este rechazo de parte de los que profesan creer en ella es una de las principales causas del escepticismo y la incredulidad de los jóvenes» (Elena G. de White, La educación, p. 234).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuál es el fundamento lógico y racional de tu fe? Probablemente sea mucho mayor de lo que imaginas.
2. ¿Cómo puedes asegurarte de que el estudio de la Biblia y la oración sea el fundamento de tu relación con Dios? ¿Sería posible relacionarse con Dios sin orar y estudiar la Biblia?
3. Si alguien quisiera profundizar su relación con Dios, ¿en qué parte de la Biblia le aconsejarías comenzar su lectura?
4. ¿Cómo es posible vivir de acuerdo con toda palabra que sale de la boca del Señor? (Deut. 8: 3). ¿Cómo podría ocurrir eso en tu vida?
5. ¿Qué nos dicen los siguientes pasajes acerca de las palabras de Dios? Hebreos 11: 3; Salmo 33: 6; Mateo 11: 4, 5; 1 Tesalonicenses 4: 16; Efesios 6: 17; Santiago 1: 21. RESUMEN: La Biblia es vital y poderosa, y su lectura es fundamental para el desarrollo de nuestra relación con Dios. No solo nos enseña acerca del maravilloso carácter de Dios y sus interacciones con la humanidad a lo largo de la historia, sino también nos habla hoy cuando acudimos a ella con humildad.
