Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 10:
Para el 6 de diciembre de 2025
EL VERDADERO JOSUÉ
Sábado 29 de noviembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 10:1–13; Mateo 2:15; Josué 1:1–3; Hechos 3:22–26; Hebreos 3:7-4:11; 2 Corintios 10:3–5.
PARA MEMORIZAR: “Estas cosas les sucedieron por ejemplo, y fueron escritas para advertirnos a nosotros, a los que han llegado al fin del tiempo” (1 Cor. 10:11).
El libro de Josué da la sensación de que la vida de su principal protagonista humano apunta más allá de él mismo, a una realidad mucho mayor que el propio hombre. Vemos este principio en toda la Biblia. Lo vemos, por ejemplo, en la tierra de Canaán, símbolo de nuestra esperanza eterna en una tierra nueva. También, por supuesto, el servicio del Santuario terrenal apuntaba a una realidad mucho mayor: “Pero Cristo ya vino, y ahora es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos.
El Santuario donde él ministra es más grande y más perfecto, y no es hecho por mano de hombre; es decir, no es de este mundo” (Heb. 9:11). Surgen entonces las siguientes preguntas: ¿De qué manera apunta Josué a un cumplimiento futuro? ¿Cómo podemos estar seguros de que tal interpretación del libro es legítima? ¿Cuáles son los principios bíblicos que rigen la aplicación del libro de Josué a las realidades del Nuevo Testamento y a los acontecimientos del fin de los tiempos? Esta semana examinaremos los principios de interpretación bíblica relativos a la tipología.
Estudiaremos cómo la propia Biblia contiene indicadores de tipología y cómo la vida de Josué prefigura el ministerio del Mesías y apunta a realidades que tienen que ver con la iglesia y con la consumación de la historia humana.
Domingo 30 de noviembre
TIPOLOGÍA BÍBLICA
Estudia los siguientes textos bíblicos que se refieren a tipos o modelos y trata de definir qué es la tipología bíblica: Rom. 5:14; 1 Cor. 10:1-13; Heb. 8:5; 9:23. Estos pasajes bíblicos utilizan el término “tipo” (griego typos) o “antitipo” (griego antitypos) para referirse a la forma en que el escritor del Nuevo Testamento definió la relación entre un texto, acontecimiento o personaje del Antiguo Testamento y su significado para su propio tiempo o para el futuro.
La tipología es una interpretación específica acerca de personas, acontecimientos o instituciones que prefiguran a Jesús u otras realidades contenidas en el Evangelio. El tipo o modelo corresponde a su antitipo (la realidad representada o ilustrada por aquel) como un molde hueco (el tipo) refleja las características de su contenido (el antitipo). Así, el tipo o modelo bíblico fue moldeado según un diseño divino que había existido concretamente o conceptualmente en la mente de Dios, y sirve para moldear futuras copias o antitipos de ese modelo previo.
Es crucial entender que los escritores del Nuevo Testamento no atribuyeron al azar un significado tipológico a algunos textos del Antiguo Testamento. Un tipo del Antiguo Testamento siempre es confirmado como tal en los escritos proféticos antes de que adquiera un cumplimiento antitípico en el Nuevo Testamento. Observa cómo aparece David en el Antiguo Testamento y cómo es tipológicamente aplicado en el Nuevo. ¿Qué lecciones podemos aprender acerca del funcionamiento de la tipología a partir de este ejemplo?
1. David (Sal. 22:1, 14–18):_________________________________________________________________________________________
2. El nuevo David (Jer. 23:5; Isa. 9:5, 6; 11:1–5): ________________________________________________________________________
3. El David antitípico (Juan 19:24):___________________________________________________________________________________
Al examinar estos textos, descubrimos que el propio Antiguo Testamento proporciona la clave para identificar y aplicar los tipos en las Escrituras. Es decir, los escritores del Nuevo Testamento, cuya Escritura era el Antiguo Testamento, fueron inspirados por el Espíritu Santo para utilizar los tipos del Antiguo Testamento para revelar la “verdad presente” (2 Ped. 1:12), especialmente acerca de Jesús y su ministerio.
Lunes 1 de diciembre
TIPO Y ANTITIPO
Los intérpretes de la Biblia no pueden decidir arbitrariamente qué constituye un tipo bíblico, o cómo se aplica ese tipo particular en el Nuevo Testamento y más allá. La Biblia misma proporciona algunos controles y principios en cuanto a la aplicación de la tipología bíblica. Del mismo modo, el Nuevo Testamento despliega el cumplimiento antitípico de un tipo o modelo previo en tres fases distintas:
(1) en la vida de Cristo (el cumplimiento cristológico), (2) en la experiencia de la iglesia (el cumplimiento eclesiológico) y (3) al final de los tiempos (el cumplimiento escatológico). Podemos encontrar estos tipos y antitipos en toda la Biblia.
Ellos resultan muy útiles para mostrar a los lectores cómo entender las Escrituras y qué verdades enseña la Palabra de Dios acerca de Jesús, la salvación y la esperanza última que tenemos. Observa los siguientes tipos o modelos que aparecen en el Antiguo Testamento: Israel, el Éxodo y el Santuario. ¿Cómo se cumple cada uno de ellos en las tres fases antitípicas: la cristológica, la eclesiológica y la escatológica?
Israel
• Fase cristológica (Mat. 2:15):_________________________________________________________________
• Fase eclesiológica (Gál. 6:16):________________________________________________________________
• Fase escatológica (Apoc. 7:4-8, 14):___________________________________________________________
El éxodo
• Fase cristológica (Mat. 2:19–21):______________________________________________________________
• Fase eclesiológica (2 Cor. 6:17):_______________________________________________________________
• Fase escatológica (Apoc. 18:4):_______________________________________________________________
El Santuario
• Fase cristológica (Mat. 26:61; Juan 1:14; 2:21):_____________________________________________________
• Fase eclesiológica (1 Cor. 3:16, 17; 2 Cor. 6:16):_____________________________________________________
• Fase escatológica (Apoc. 3:12; 11:19; 21:3, 22):_____________________________________________________
“Puesto que las Escrituras tienen un solo Autor divino, sus diversas partes mantienen coherencia entre ellas. […] Todas las doctrinas de la Biblia concuerdan unas con otras; la interpretación de pasajes individuales armonizará con la totalidad de lo que la Biblia enseña sobre un tema dado” (Raoul Dederen, ed., Tratado de teología adventista del séptimo día, pp. 75, 76). ¿Qué haces cuando te resulta difícil entender el significado de ciertos textos bíblicos?
Martes 2 de diciembre
JOSUÉ COMO FIGURA TIPOLÓGICA
A la luz de la tipología bíblica, ¿qué significa el paralelismo existente entre la experiencia de Moisés y la de Josué? Ver Éxo. 3:1, 2; Jos. 1:1-3; Núm. 13:1, 2; Jos. 2:1; Éxo. 3:5; Jos. 5:15. Como descubrimos la primera semana, Josué se presenta como un nuevo Moisés que repite los pasos más significativos del Éxodo de Egipto en la vida de la segunda generación. Al igual que Moisés, es llamado a cumplir una misión mediante un encuentro personal con el Señor. Bajo el liderazgo de ambos, el renombre de Israel inspira temor entre las naciones. Moisés lidera a Israel en el cruce del Mar Rojo, mientras que Josué lo hace en el cruce milagroso del Jordán.
A ambos líderes se les recuerda la necesidad de la circuncisión y la importancia de la Pascua. El maná comienza a caer en tiempos de Moisés y termina con Josué. A ambos se les ordena quitarse el calzado. La mano extendida de ambos señala la victoria de Israel. Moisés da instrucciones para la distribución de la tierra y la institución de ciudades de refugio. Josué cumple esas instrucciones. Ambos dirigen un discurso de despedida a la nación y renuevan el pacto entre Dios y el pueblo al final de su ministerio.
Estudia Deuteronomio 18:15-19; 34:10-12; Juan 1:21; Hechos 3:22-26 y 7:37. ¿Quién cumplió la profecía de Moisés acerca de un profeta como él? ¿Cómo encaja Josué en el cuadro? La vida de Josué fue un cumplimiento parcial de la profecía hecha por Moisés (Deut. 18:15, 18). Sin embargo, esa profecía no tuvo su cumplimiento pleno o último en Josué, pues ella solo podía ser cumplida por el Mesías. Él conocía íntimamente al Padre (Juan 1:14, 18); era veraz y revelaba fielmente a Dios (Mat. 22:16; Luc. 10:22; Juan 14:6), quien, en efecto, puso sus palabras en labios de Jesús (Juan 14:24).
En consecuencia, tanto la vida de Moisés como la de Josué se convirtieron en tipos de Jesús, el Mesías venidero. ¿Qué importancia tiene Jesús en tu caminar con él? ¿Por qué debe ser él y lo que hizo por ti el fundamento de toda tu experiencia cristiana?
Miércoles 3 de diciembre
EL VERDADERO JOSUÉ COMO ANTITIPO
La historia de Josué debe verse a través del prisma de la tipología. Las guerras dirigidas por él son acontecimientos históricos que constituyen un segmento esencial de la historia de Israel. El objetivo de esas guerras era establecer a los israelitas en la Tierra Prometida, donde podrían disfrutar en paz de la herencia que les había sido asignada, y establecer una nueva sociedad basada en los principios de la Ley de Dios.
Más tarde, autores del Antiguo Testamento, como Isaías, presentan la obra del Mesías también como consistente en asignar las “heredades desoladas [a su pueblo]” (Isa. 49:8, RVA-2015), utilizando la misma terminología que es tan frecuente en el libro de Josué. Así como la tarea de Josué había sido repartir la tierra a los israelitas, el Mesías, representado como el nuevo Josué, asigna la herencia espiritual a un nuevo Israel.
Lee Hebreos 3:7-4:11. ¿Cómo confirma el Nuevo Testamento que Josué, el nuevo Moisés, es en sí mismo un tipo de Jesucristo? Los autores del Nuevo Testamento presentaron muchos aspectos del ministerio de Jesucristo en términos de la obra de Josué. Así como este entró en Canaán después de 40 años en el desierto, Jesús, el “Josué antitípico”, entró en su ministerio terrenal después de 40 días en el desierto (Mat. 4:1-11; Luc. 4:1‑13) y en su ministerio celestial después de 40 días en el desierto de esta tierra (Hech. 1:3, 9-11; Heb. 1:2).
Después del bautismo de Jesús en el río Jordán, su “cruce del Jordán” (Mat. 3:13‑17; Mar. 1:9-11), los escritores del Evangelio citan el Salmo 2:7 e Isaías 42:1; es decir, un salmo mesiánico y una canción acerca el Siervo sufriente de Dios (Mat. 3:17; Mar. 1:11; Luc. 3:22). Por consiguiente, a través de su bautismo, Jesús es presentado como el guerrero divino que librará las guerras de Dios contra las fuerzas del mal mediante una vida de obediencia fiel, incluso hasta la muerte.
Su vida y su muerte en la Cruz provocaron la expulsión de Satanás, dirigieron la conquista de nuestros enemigos espirituales, ofrecieron descanso espiritual a su pueblo y asignaron una herencia a los redimidos (Efe. 4:8; Heb. 1:4; 9:15). ¿Qué significa poder “descansar” en lo que Cristo ha hecho por nosotros? Es decir, ¿cómo podemos tener la seguridad de que Jesús ha derrotado a Satanás en nuestro favor?
Jueves 4 de diciembre
JOSUÉ Y NOSOTROS
Josué apunta como tipo o modelo más allá del ministerio de Jesucristo hacia un cumplimiento en la vida de la iglesia, el cuerpo de Cristo. ¿En qué sentido las guerras libradas por Israel bajo Josué prefiguran las luchas espirituales de la Iglesia? ¿En qué se diferencian? Ver 1 Tim. 1:18; 2 Tim. 4:7; Efe. 6:10-12; 2 Cor. 10:3-5; Hech. 20:32. Los escritores del Nuevo Testamento reconocen el cumplimiento eclesiológico (relativo a la iglesia) de la tipología de Josué.
Los miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia, participan en una guerra espiritual contra las fuerzas del mal; no obstante, disfrutan del reposo de la gracia de Dios (Heb. 4:9-11) y de las bendiciones de su herencia espiritual. ¿Qué dicen estos textos acerca del cumplimiento final de la tipología de Josué? 1 Ped. 1:4; Col. 3:24; Apoc. 20:9; 21:3. El cumplimiento final y completo de la tipología de Josué ocurrirá en ocasión de la segunda venida de Jesucristo (aspecto apocalíptico/escatológico de la tipología).
La vida de Josué reflejaba a tal punto el carácter de Dios que ciertos aspectos de ella adquirieron un carácter profético que presagiaba la actividad y la persona del Mesías. Desde nuestra perspectiva histórica, el Mesías ya ha venido. Su ministerio no necesita ser prefigurado, pero seguimos teniendo el privilegio de reflejar su carácter: la gloria que Cristo anhelaba compartir con sus discípulos (Juan 17:22) y que puede llegar a ser nuestra si contemplamos el carácter de Cristo (2 Cor. 3:18). Cuanto más contemplamos a Jesús, más reflejamos la belleza de su carácter.
Esto es fundamental en nuestro caminar diario con Cristo. Por eso es tan importante dedicar tiempo al estudio diario de la Palabra y a reflexionar acerca de la vida, el carácter y las enseñanzas de Jesús. Somos transformados por la contemplación. Josué, el tipo o modelo, preguntó a los israelitas: “¿Hasta cuándo serán negligentes para ir a tomar posesión de la tierra que les dio el Señor, Dios de sus padres?” (Jos. 18:3). ¿Cómo formularía hoy esa pregunta Jesús, el antitipo de Josué?
Viernes 5 de Diciembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“La misión de Cristo no fue entendida por la gente de su tiempo. […] Las tradiciones, las máximas y los estatutos de los hombres ocultaron de su vista las lecciones que Dios se proponía transmitirles. Esas máximas y tradiciones llegaron a ser un obstáculo para la comprensión y práctica de la religión verdadera. Y cuando vino la Realidad, en la persona de Cristo, no reconocieron en él el cumplimiento de todos sus símbolos, la sustancia de todas sus sombras. Rechazaron a Cristo, el ser a quien representaban sus ceremonias, y se aferraron a sus mismos símbolos e inútiles ceremonias.
El Hijo de Dios había venido, pero ellos continuaban pidiendo una señal. Al mensaje: ‘Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado’, contestaron exigiendo un milagro. El Evangelio de Cristo era un tropezadero para ellos porque demandaban señales en vez de un Salvador. Esperaban que el Mesías probase sus aseveraciones por poderosos actos de conquista, para establecer su imperio sobre las ruinas de los imperios terrenales. Cristo contestó a esta expectativa con la parábola del sembrador. No por la fuerza de las armas, no por violentas interposiciones había de prevalecer el Reino de Dios, sino por la implantación de un nuevo principio en el corazón de los hombres” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 17, 18). “La iglesia necesita fieles Caleb y Josué que estén prontos a aceptar la vida eterna con la única condición que Dios impone: la obediencia. Nuestras iglesias sufren por falta de obreros.
Nuestro campo es el mundo. Necesitamos misioneros en las ciudades y los pueblos que están aún más subyugados por la idolatría que los paganos de Oriente, los cuales nunca vieron la luz de la verdad. El verdadero espíritu misionero ha abandonado las iglesias que hacen profesión de manera tan exaltada. El amor por las almas y el deseo de llevarlas al regazo de Cristo ha dejado de brillar en sus corazones. Buscamos trabajadores honestos. ¿Nadie responderá al clamor que se eleva de todos los rincones: ‘Pasa [...] y ayúdanos’ (Hech. 16:9)?” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 156).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo te ayuda la tipología bíblica a comprender mejor el ministerio de Jesucristo en tu favor?
2. ¿En qué se parece nuestra guerra espiritual a la conquista de Canaán y en qué se diferencia de ella?
3. Reflexiona acerca del cumplimiento final de la tipología de Josué. ¿De qué manera la imagen de un mundo sin dolor, sufrimiento ni muerte nos imparte una esperanza real en medio de las luchas de la vida?
4. Josué reflejó el carácter de Dios hasta el punto de prefigurar el ministerio de Cristo. ¿Cuáles son algunas maneras prácticas en que puedes permitir que Jesús refleje su carácter en ti de manera más plena?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 11:
Para el 12 de septiembre de 2026
MAYORDOMÍA Y MISIÓN
Sábado 5 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8-9; Juan 3: 16; 17: 5; Lucas 9: 58; Apocalipsis 13: 8; Romanos 12: 8; 15: 26-27.
PARA MEMORIZAR: «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9).
Los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios muestran que Pablo dio a los corintios la oportunidad de servir a sus hermanos y hermanas en Judea. Este pasaje muestra que dar es un privilegio que Dios nos concede para que imitemos el carácter abnegado de Cristo. La dadivosidad es el lenguaje del cielo. Nota cuán significativas son las siguientes palabras: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único» (Juan 3: 16; énfasis añadido).
Además, Juan 3: 16 expresa claramente el propósito de Dios al dar a Jesús: «Para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». La mayordomía y la misión van de la mano en este pasaje. Son tan inseparables como las dos caras de una moneda. No es de extrañar que Pablo se identificara a sí mismo y a sus compañeros de trabajo como «administradores de los secretos de Dios» (1 Cor. 4: 1). Nosotros también somos mayordomos en el mismo sentido. Esta semana veremos que los conceptos de mayordomía y misión están profundamente arraigados en el ejemplo de Jesús. De hecho, son inseparables. La mayordomía proporciona a la iglesia los recursos financieros y humanos para cumplir la misión de Dios.
Domingo 6 de septiembre
EL EJEMPLO DE JESÚS
El contexto de 2 Corintios 8 y 9 tiene que ver con el hecho de que Pablo animaba a los miembros de Corinto a recaudar fondos para las iglesias empobrecidas de Judea. Al parecer, ya se habían comprometido a hacerlo (2 Cor. 8: 10-11; 2 Cor. 9: 5; ver también 1 Cor. 16: 1-4), pero los problemas de relación entre ellos y Pablo habían provocado complicaciones. Después de lidiar con estos problemas (2 Cor. 1-7), Pablo pasa ahora a la conclusión de esa tarea (2 Cor. 8-9). Inicialmente, el apóstol apeló al ejemplo de los macedonios (2 Cor. 8: 1-7), cuya extrema pobreza no les impidió desbordarse «en riquezas de generosidad» (2 Cor. 8: 2). La pobreza y la generosidad pueden ir de la mano.
Sin embargo, esta admirable generosidad de los macedonios no es más que una réplica de la generosidad de Jesús al entregarse por nosotros (2 Cor. 8: 8-15). Lee 2 Corintios 8: 9. ¿Qué nos dice este pasaje acerca del ejemplo de Jesús? La declaración de Pablo en 2 Corintios 8: 9 es una de las más sorprendentes, poderosas y profundas de toda la Biblia. Él narra la historia de la misión de Jesús, pero con una increíble economía de palabras. Hay mucha teología aquí. Esta es la historia de la redención, pero en un solo versículo.
Aún más impresionante es que esta historia se relata usando lenguaje financiero. Sí, Jesús era rico. Su riqueza se refiere a su preexistencia en el cielo (Juan 17: 5). Sin embargo, decidió hacerse pobre: renunció a la gloria celestial y vino a este mundo de aflicciones. Se hizo literalmente pobre (Luc. 9: 58). Aunque era igual a Dios, «se despojó de sí mismo, tomó la condición de siervo y se hizo semejante a los hombres» (Fil. 2: 7) y «al tomar la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8).
Jesús dio su propia vida para que pudiéramos vivir para siempre con él. Su ofrenda tenía como propósito nuestra salvación. La mayordomía y la misión van de la mano. Los capítulos 8 y 9 de la segunda Carta a los Corintios cuentan la historia de una ofrenda monetaria en particular, pero esta historia se basa en Jesús. Durante esta semana, veremos los principios teológicos relacionados con la dadivosidad basados en la ofrenda que Cristo hizo de sí mismo. Reflexiona sobre el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús.
Cuando te das cuenta de que todo esto lo hizo por ti, para que puedas tener esperanza en algo que trasciende la miserable existencia presente, ¿cuál es tu reacción?
Lunes 7 de septiembre
LA MOTIVACIÓN
Lee 2 Corintios 8: 1, 5 y, también, 2 Corintios 9: 7, 9, 13, 15. ¿Cuál es el mensaje central de estos pasajes? El lenguaje de la generosidad impregna 2 Corintios 8 y 9: «La gracia que Dios ha concedido» (2 Cor. 8: 1); «se dieron a sí mismos» (2 Cor. 8: 5); «cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad; porque Dios ama al que da con alegría» (2 Cor. 9: 7); «repartió, dio a los pobres» (2 Cor. 9: 9); «ellos glorifican a Dios [...] por la bondad [de ustedes] de contribuir para ellos» (2 Cor. 9: 13); «¡gracias a Dios por su don inefable!» (2 Cor. 9: 15).
El texto de 2 Corintios 8-9 comienza y termina con lenguaje de dadivosidad (2 Cor. 8: 1; 9: 15). Debemos leer estos dos capítulos con la idea de dar en mente. Ellos presentan al menos cuatro razones principales para dar nuestras ofrendas. Gratitud por la gracia de Dios (2 Cor. 8: 1; 9: 14-15). Los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios comienza con una referencia a la gracia de Dios (2 Cor. 8: 1). Un poco más adelante, Pablo dice: «Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo» (2 Cor. 8: 9). La gracia de Dios y de Cristo se presenta aquí como la razón principal para la práctica de entregar ofrendas. Dios hizo mucho por nosotros al darnos a Cristo. Al entregar nuestras ofrendas en respuesta a ello, reconocemos la gracia de Dios en nuestras vidas.
Al igual que con el concepto de dar, el término «gracia» (griego jaris) también aparece repetidamente en 2 Corintios 8-9, y tanto al comienzo como al final de esa sección (2 Cor. 8: 1; 9: 14-15). En este pasaje, Pablo aplica este término con diferentes significados para enfatizar que la gracia de Cristo en nuestras vidas da como resultado la gracia para los demás y la acción de gracias. Deseo de seguir el ejemplo de Jesús (2 Cor. 8: 9). Jesús era rico y se hizo pobre (recuerda que estas son metáforas de su preexistencia eterna y su posterior encarnación, respectivamente). Eso significa que lo dio todo.
En cuanto a nosotros, al compartir nuestras ofrendas, proveemos los medios para que otros conozcan a Cristo. Deseo de compartir las bendiciones de Dios (2 Cor. 9: 10-11). Damos a los demás porque primero recibimos de Dios. Él nos enriquece para que podamos ser generosos. Amor sincero (2 Cor. 8: 8, 24). La dadivosidad es la demostración del amor sincero y genuino, la evidencia más sustancial de que el amor habita en el corazón de una persona (ver Mat. 6: 21). ¿Cuán generoso eres? A la luz de la cruz, ¿cuánto das en comparación con lo que podrías dar?
Martes 8 de septiembre
PLANIFICACIÓN
Lee 2 Corintios 9: 7. ¿Qué dice este pasaje acerca del acto de dar? La decisión de Dios de salvar al mundo tuvo lugar incluso antes de que este cayera en pecado. La venida de Cristo para morir por nosotros era parte de un plan antiguo (Apoc. 13: 8). Dios no fue tomado por sorpresa. Él había planificado entregarse a sí mismo a través de Jesús. En 2 Corintios 8-9, la planificación es un principio teológico esencial que se refiere al acto de dar. Esto se puede ver al menos de dos maneras: En primer lugar, la planificación implica una decisión previa.
Pablo dice que «cada uno dé como propuso en su corazón» (2 Cor. 9: 7). La palabra griega traducida como «propuso» es el verbo proaireō, que consta de la partícula pro («antes», o «por adelantado») y del término aireō, que significa «decidir», en este contexto. Por lo tanto, proaireō apunta a una decisión tomada de antemano. Además, al comenzar su declaración con «cada uno», Pablo indica que la cantidad dada no será la misma en el caso de todos. Su punto era simplemente que, independientemente de la suma que las personas decidan dar, deben hacerlo tras una reflexión cuidadosa. Deben dar lo que creen que es la cantidad adecuada para ellos.
En segundo lugar, la planificación implica el principio de proporcionalidad. Pablo informa que los macedonios «dieron según su fuerza» (2 Cor. 8: 3). El apóstol aplica luego este principio de proporcionalidad también a los corintios. Los anima a terminar la tarea que ya se habían comprometido a realizar instándolos a completar ese proyecto utilizando los recursos que poseen (2 Cor. 8: 11). Pablo concluye este pensamiento diciendo que la ofrenda debe concordar con lo que se posee (2 Cor. 8: 12). Mientras que la Biblia define la proporcionalidad de los diezmos —es decir, el diez por ciento de una suma— lo mismo no se aplica a las ofrendas. «Cada uno dé como propuso en su corazón» (2 Cor. 9: 7) aplicando el principio de proporcionalidad.
En otras palabras, cada uno decide qué proporción de sus ingresos dará como ofrenda, lo cual requiere planificación. ¿Cuán fiel eres con los diezmos y las ofrendas, independientemente de tu condición económica? ¿Utilizas excusas para abstenerte de dar aunque puedes hacer más?
Miércoles 9 de septiembre
ACTITUD
Lee 2 Corintios 8: 1-5. ¿Qué razón podría haber detrás de la disposición de los macedonios a dar sus ofrendas con tanta generosidad? La actitud positiva de los macedonios se pone de manifiesto de varias maneras. En primer lugar, dieron con gran alegría (2 Cor. 8: 2). Pablo dice que «su rebosante gozo y su extrema pobreza desbordaron en riquezas de generosidad» (2 Cor. 8: 2). Más adelante menciona que «Dios ama al que da con alegría» (2 Cor. 9: 7). La palabra griega traducida como «alegría» solo aparece aquí en el Nuevo Testamento.
Un término de la misma familia es usado en otro lugar: «El que muestra misericordia, [hágalo] con alegría» (Rom. 12: 8, LBLA). Los términos de esta familia de palabras aparecen a veces en la literatura extrabíblica con un sentido de felicidad. En 2 Corintios 9: 7, ser un dador alegre significa dar sin renuencia. En segundo lugar, dieron con generosidad (2 Cor. 8: 2). Antes de mencionar la generosidad de los macedonios, Pablo se refirió a su «extrema pobreza». La palabra «generosidad» (griego, haplotētos) aparece dos veces más en 2 Corintios 8-9.
El apóstol dice: «Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos» (2 Cor. 9: 11, NVI, énfasis añadido), lo que significa que Dios nos da para que podamos dar. Un poco más adelante, menciona «su generosa solidaridad» (2 Cor. 9: 13, NVI, énfasis añadido). En este pasaje, la generosidad al contribuir es una forma de confesar el evangelio de Cristo. En tercer lugar, dieron «con agrado» (2 Cor. 8: 3). Esto significa que dieron voluntariamente, lo cual resulta aún más admirable cuando se ve que no dieron de lo que les sobraba, pues sus recursos eran extremadamente limitados. Pablo utiliza la misma idea para caracterizar la disposición de Tito a visitar a los corintios.
Él fue a Corinto voluntariamente (2 Cor. 8: 16-17). Cuarto, dieron con la convicción de que dar es un privilegio. Esta actitud es perceptible en la petición de los macedonios de participar en la colecta: «Nos pidieron con insistencia que les concediéramos el privilegio de participar en este servicio para los santos» (2 Cor. 8: 4). Por último, participaron en la colecta como un acto de consagración total. Pablo dice: «Se dieron a sí mismos primero al Señor y a nosotros por la voluntad de Dios» (2 Cor. 8: 5). Entregarse al Señor da como resultado la entrega en favor de los demás. Los macedonios ampliaron su participación en la misión más allá de la ayuda financiera. Es decir, dar y ser generoso no se limita solo al dinero.
Jueves 10 de septiembre
UNIDAD
Hemos visto que Pablo animó a los miembros de Corinto a participar en una colecta para las iglesias empobrecidas de Judea. Uno de sus propósitos era despertar un sentido de unidad. Quería que participaran, que formaran parte de la misión. Deseaba mostrar que las iglesias gentiles formaban parte de la misma familia de Dios que los creyentes judíos de Jerusalén. Es decir, quienes antes eran sus oponentes ahora formaban parte junto con ellos del remanente del nuevo pacto de Dios. Pablo quería ver a toda la familia cristiana, judíos y gentiles, unida de una manera poderosa que diera testimonio y ejemplo a la iglesia en las generaciones venideras.
Tito y otros dos hermanos estaban a cargo de los fondos. Dios puso este cuidado por la iglesia en el corazón del joven ayudante de Pablo (2 Cor. 8: 16). Dios también eligió, por medio de las iglesias, a los otros dos hermanos (2 Cor. 8: 18-23). Se los llama «mensajeros de las iglesias y gloria de Cristo» (2 Cor. 8: 23). Ya sea que la expresión «gloria de Cristo» se refiera a estos dos fieles hermanos o a las iglesias mismas, lo importante es que la dadivosidad expresada en la entrega de ofrendas es, en última instancia, una señal de lealtad a Cristo, la Cabeza de la iglesia (Efe. 4: 15). Los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios indican que las ofrendas deben ser entregadas a personas designadas por Dios a través de la iglesia.
Las expresiones «todas las iglesias» (2 Cor. 8: 18), «elegido por las iglesias» (vers. 19) y «mensajeros de las iglesias» (vers. 23) sugieren precisamente eso. Por lo tanto, no es de extrañar la siguiente exhortación: «Muestren, pues, hacia ellos ante las iglesias, la prueba de su amor» (vers. 24). Llevar ofrendas a la iglesia, el instrumento designado por Dios en la tierra, promueve la unidad y, al mismo tiempo, es el resultado de un sentido de unidad (2 Cor. 8: 13-14). El dinero puede ser un gran unificador. Por el contrario, si los ojos de las personas no están fijos en la gloria de Dios, el dinero también puede crear división. ¿Cómo revela Romanos 15: 26-27 el deseo de Pablo por la unidad?
Por último, Pablo describe la colecta como un servicio o ministerio, como un acto de gracia, como una bendición, como un acto de adoración y también como comunión. ¡Todo eso a partir de una ofrenda! Medita en ello. ¿Cómo contribuyen las ofrendas que damos para otras iglesias y misiones en el extranjero, a menudo en lugares muy lejanos, a la unidad de nuestra iglesia a nivel mundial?
Viernes 11 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «Una iglesia generosa», en Los hechos de los apóstoles (pp. 249-256), de Elena G. de White. «Aquellos cuyo corazón está lleno del amor de Cristo, seguirán el ejemplo de Aquel que por amor a nosotros se hizo pobre a fin de que por su pobreza seamos enriquecidos. El dinero, el tiempo, la influencia, todos los dones que han recibido de la mano de Dios, los estimarán solamente como un recurso para promover la obra del evangelio.
Así sucedía en la iglesia primitiva; y cuando en la iglesia de hoy se vea que por el poder del Espíritu los miembros han apartado sus afectos de las cosas del mundo, y que están dispuestos a hacer sacrificios a fin de que sus semejantes puedan escuchar el evangelio, las verdades proclamadas tendrán una influencia poderosa sobre los oyentes» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 56). «El Señor no necesita nuestras ofrendas. No podemos enriquecerlo con nuestros donativos. El salmista dice: “Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1 Crón. 29: 14). Dios nos permite manifestar nuestro aprecio de sus mercedes por medio de esfuerzos abnegados realizados para compartir las mismas con otras personas.
Esta es la única manera posible como podemos manifestar nuestra gratitud y nuestro amor a Dios, porque él no ha provisto ninguna otra» (Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 20). «¡Cuán grande fue el regalo de Dios al hombre, y cuán propio de nuestro Dios hacerlo! Con una generosidad que nunca podrá ser superada, él dio para salvar a los rebeldes hijos de los hombres y hacerles ver su propósito y discernir su amor. ¿Demostrarás, con tus dones y ofrendas, que nada es demasiado bueno para aquel que “dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”?» (Elena G. de White, «God loveth a cheerful giver», Review and Herald, 15 de mayo de 1900, p. 306).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexionemos más acerca de 2 Corintios 8: 9. ¿Por qué es tan importante el ejemplo de Jesús respecto de la mayordomía?
2. Juan 3: 16 implica que la dadivosidad es el idioma del cielo. Lee Juan 15: 13; Efesios 5: 2, 25; Gálatas 2: 19-20 y 1 Juan 3: 16. ¿Qué tienen en común estos pasajes con Juan 3: 16, y qué mensaje podemos extraer de ellos?
3. Sobre la base de tu lectura de 2 Corintios 8-9, ¿cuáles son los beneficios personales de dar?
4. Además de dar ofrendas sistemáticas, ¿qué otras cosas puedes hacer para imitar el ejemplo de entrega de Jesús?
