Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 10:
Para el 7 de marzo de 2026
COMPLETOS EN CRISTO
Sábado 28 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 2; Hebreos 7:11; Isaías 61:3; 1 Corintios 3:6; Deuteronomio 31:24–26; Romanos 2:28, 29; 7:7.
PARA MEMORIZAR: “Por tanto, nadie los juzgue en comida o bebida, o en días de fiesta, nuevas lunas o sábados. Todo esto era sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo” (Col. 2:16, 17).
¿T e han preguntado alguna vez por qué guardas el sábado? Incluso, es posible que el texto para memorizar de esta semana se haya utilizado como “evidencia” en contra de ello. Sin embargo, ese versículo no se refiere al cuarto Mandamiento, sino a los errores enseñados por algunos falsos maestros de la iglesia. ¿Cuáles eran esos errores? En primer lugar, Pablo los describe como “filosofías”, “vanas sutilezas”, “tradición de hombres”, “elementos del mundo” y “no según Cristo” (Col. 2:8).
Esta falsa enseñanza también implicaba la circuncisión y la observancia de las festividades religiosas judías (vers. 11, 16), ciertos rituales de purificación tradicionales del judaísmo, reglamentos relacionados con la comida (vers. 16, 21) y la adoración de ángeles o un intento de emular la adoración angélica (vers. 18). Por último, ella se basaba en “mandatos y enseñanzas de hombres” y posiblemente implicaba prácticas ascéticas (vers. 22, 23). Estos falsos maestros eran religiosos y sinceros, pero es evidente que entendían erróneamente el evangelio. Esta semana veremos por qué y descubriremos que el versículo para memorizar no tiene nada que ver con la observancia del séptimo día, o sábado semanal, de acuerdo con el cuarto Mandamiento. Estrategias y herramientas
Domingo 1 de marzo
LA SABIDURÍA Y EL CONOCIMIENTO DE DIOS
Job preguntó: “¿Dónde se halla la sabiduría? ¿Dónde mora el entendimiento?” (Job 28:12). Pablo responde: en Cristo, en quien “están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento” (Col. 2:3; comparar con 1 Cor. 1:30). Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo, incluso “la plena seguridad de comprensión” del propósito de la vida (Col. 2:2). Por medio de él se ha revelado el misterio de Dios, que abarca todo el Plan de Salvación. Lee Colosenses 2:1-7. ¿Cuál fue el propósito de Pablo al escribir esta epístola? La palabra griega paraklēthōsin significa “confortado” (Col. 2:2).
El deseo de Pablo no era solo ayudar a los creyentes de Colosas a reconocer las falsas enseñanzas, sino también mantenerlos “unidos” (sumbibasthentes) en el amor cristiano. El tiempo verbal empleado en ambos casos –“confortado” y “unidos”– indica la confianza de Pablo en que esta epístola lograría su propósito. No obstante, él los elogia por “su buen orden y la firmeza de su fe en Cristo” (Col. 2:5). El término griego taxis, traducido como “orden”, se utiliza en el Nuevo Testamento en referencia a las órdenes sacerdotales de Aarón (Luc. 1:8; Heb. 7:11) y Melquisedec (Heb. 5:6, 10; 6:20; 7:11, 17), pero Pablo lo aplica aquí al orden en la iglesia (ver también 1 Cor. 14:40).
A veces se tiende a considerar el orden y la organización de la iglesia como una mera cuestión eclesiástica sin significado teológico. Pero, al prescribir un decoro adecuado en el culto (ver, por ejemplo, 1 Cor. 11) y especificar cómo debían ser seleccionados los ancianos y los diáconos (1 Tim. 3; Tito 1), Pablo tuvo mucho cuidado en preservar el orden en la iglesia. Estas medidas estaban destinadas a preservar y proclamar la sabiduría de Dios y las enseñanzas de la Biblia. Como resultado de la enseñanza correcta que los colosenses habían recibido de los asociados de Pablo, tenían una fe firme que no podía ser sacudida, pues descansaba sobre un sólido fundamento bíblico que los protegería de los errores promovidos por los falsos maestros. ¿Cuál ha sido tu experiencia con la necesidad de “orden” en tu propia vida espiritual?
Lunes 2 de marzo
ARRAIGADOS Y CRECIENDO EN CRISTO
El tema de Colosenses es una de las máximas más claras para la vida cristiana: “De la manera que han recibido al Señor Jesucristo, así anden en él” (Col. 2:6). Recibimos la salvación al aceptar a una Persona, no solo un conjunto de enseñanzas. No obstante, recibir a Jesús también incluye aceptar todas sus enseñanzas tal como fueron comunicadas a través de los apóstoles y profetas (ver Efe. 2:20). Por sobre todo, aceptar a Cristo significa morir al yo; es decir, una entrega completa del yo a Cristo. Jesús, la Palabra viviente, no puede ser separado de la Biblia, la Palabra escrita. Son las dos caras de una misma moneda. De hecho, solo es posible conocer a Jesús a través de la Escritura. Nosotros “andamos” o vivimos “en él”; es decir, permitimos que su Palabra y su Espíritu nos guíen en todas nuestras decisiones y prácticas. En Colosenses 2:7, Pablo compara metafóricamente a los cristianos con plantas.
Somos arraigados en Cristo al aceptarlo como nuestro Salvador y ordenar nuestra vida en armonía con su Palabra. Así es como llegamos a estar “confirmados en la fe”. ¿Cómo iluminan los siguientes pasajes la metáfora de la planta como símbolo de los creyentes? (Ver Isa. 61:3; Mat. 3:10; Luc. 8:11-15; 1 Cor. 3:6.) Pablo expone claramente las dos alternativas de los creyentes. Una consiste en ser como un “plantío del Señor” (Isa. 61:3) y permanecer completos en Cristo, aferrándose a él y a sus enseñanzas. La otra opción podría compararse con una planta artificial, real solo en apariencia, pero desprovista de vida.
Al adoptar filosofías y tradiciones humanas, somos llevados “cautivos” (Col. 2:8). Aunque Cristo nos ha libertado, podemos volver a ser esclavos (Gál. 5:1; comparar con Hech. 15:10). En resumen, aceptar enseñanzas que no son bíblicas significa rechazar a Cristo, adoptar un falso evangelio y reconocer a autoridades humanas en lugar y por encima de la autoridad de las Escrituras (ver Gál. 1:6-9). Esto era un peligro para la iglesia primitiva y sigue siéndolo hoy. ¿Cuál ha sido tu propia experiencia acerca de lo que significa morir al yo para recibir a Cristo? ¿Por qué debe ser un proceso continuo?
Martes 3 de marzo
CLAVADOS EN LA CRUZ
Lee Colosenses 2:11-15. ¿Qué problemas parece estar combatiendo Pablo aquí? Estos textos, especialmente Colosenses 2:14, suelen ser invocados erróneamente como argumento contra la observancia de la ley y del sábado, el séptimo día de la semana, el día bíblico de reposo y adoración a Dios. Para ayudar a entender estos textos, los adventistas del séptimo día han propuesto dos interpretaciones principales. De acuerdo con la primera, las “ordenanzas” clavadas en la Cruz se refieren a la lista de cargos “desfavorables a nosotros”, a semejanza del texto que Pilato fijó a la cruz de Jesús (Mat. 27:37; Juan 19:19, 20). De acuerdo con la segunda interpretación, lo que fue clavado en la Cruz fue la ley ceremonial escrita por Moisés (ver Deut. 31:24-26).
Cuando consideramos el contexto más amplio del versículo, notamos que está hablando claramente de la ley ceremonial. Pablo también se refiere a la “circuncisión hecha sin mano” (Col. 2:11), es decir, “del corazón” (Rom. 2:28, 29; comparar con Deut. 30:16), en aparente contraste con la circuncisión física o corporal, que era una de las estipulaciones más importantes de la ley ceremonial (Lev. 12:3; comparar con Éxo. 12:48). Pablo conecta entonces este cambio interior con la acción de “despojarse de su cuerpo pecaminoso carnal” y con el bautismo por inmersión, mediante el cual nos identificamos con la muerte y la resurrección de Cristo (Col. 2:11, 12). Esta experiencia de conversión se asemeja a haber estado “muertos en pecados” y haber recibido “vida con Cristo”, quien “perdonó todos nuestros pecados” (Col. 2:13). La palabra “ordenanzas” (Col. 2:14) se refiere a disposiciones legales, ya sea seculares (Luc. 2:1; Hech. 17:7) o eclesiásticas (Hech. 16:4).
El único uso adicional de esta palabra griega en los escritos de Pablo designa a la ley ceremonial, que constituía un muro de separación entre judíos y gentiles (Efe. 2:14, 15). Puesto que Pablo ya se había referido al perdón de los pecados y a la transformación interior simbolizada por el bautismo, es poco probable que vuelva aquí a tratar ese tema mediante una metáfora diferente que no se utiliza en ningún otro lugar de las Escrituras. Más bien, Pablo enfatiza aquí un punto similar al expuesto en Efesios: que los creyentes gentiles de Colosas no necesitaban preocuparse por guardar la ley ceremonial, incluida la circuncisión, ni por las leyes de pureza que formaban parte de ella (comparar con Hech. 10:28, 34, 35).
Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que los Diez Mandamientos habían sido clavados en la Cruz, sobre todo en vista de que en otro lugar define el pecado como la transgresión de los Diez Mandamientos (Rom. 7:7).
Miércoles 4 de marzo
¿SOMBRA O REALIDAD?
Lee Colosenses 2:16-19. ¿Qué prácticas propias del judaísmo destaca Pablo aquí? Los eruditos no están de acuerdo acerca de cuáles eran exactamente los temas que Pablo estaba tratando aquí, pero podemos estar seguros de que la propia epístola proporciona bastante información sobre lo que parece haber sido una influencia divisiva de algunos conversos del judaísmo en esta iglesia predominantemente gentil (Col. 2:13). En otras palabras, algunos creyentes de origen judío insistían en la observancia de ciertas prácticas que no eran necesarias. Colosenses 2:16 enumera claramente una serie de prácticas judías regulares que aparentemente seguían siendo observadas entre algunos judíos convertidos al cristianismo. Los elementos de Colosenses 2:18 hallan cabida en el mismo contexto.
Jesús criticó las pretensiones de humildad entre los líderes religiosos (por ejemplo, Mat. 6:1, 5, 7, 16). Sabemos, por los rollos de Qumrán, que los ángeles ocupaban un lugar destacado en algunas concepciones judías acerca del culto. En consecuencia, es muy probable que los problemas a los que Pablo se enfrentaba en Colosas fueran similares a los que tuvo que afrontar en otros lugares. Puesto que Colosenses 2:16 es tan frecuentemente malinterpretado, resulta importante considerarlo más detenidamente. Nótense los siguientes puntos: El uso que hace Pablo de la expresión “por tanto” indica que lo que sigue es una conclusión extraída de lo que dijo previamente.
Anteriormente, el apóstol había desechado la necesidad de la circuncisión literal, pues lo importante es la transformación interior (Col. 2:11-15). La expresión “comida y bebida” se refiere a las ofrendas que los israelitas llevaban al Templo. La especificación de “días de fiesta, nuevas lunas o sábados” (Col. 2:16) alude aparentemente a Oseas 2:11, donde se hace referencia a la misma secuencia de ocasiones sagradas del calendario litúrgico, incluidos los sábados ceremoniales (ver, por ejemplo, Lev. 23:11, 24, 32). Para entender este versículo es crucial la interpretación del propio Pablo; a saber, que tales celebraciones religiosas eran “sombra de lo que iba a venir, pero la realidad es Cristo” (Col. 2:17). Estos días ceremoniales, al igual que los sacrificios, señalaban la obra de Cristo (ver 1 Cor. 5:7; 15:23).
Por el contrario, el séptimo día semanal (sábado) fue instituido en el Edén, antes del pecado, y mucho antes de que fueran instituidos los sacrificios ceremoniales del Santuario; por lo tanto, no era una sombra que dejaría de tener sentido después de la Cruz. Aunque el texto en cuestión no se refiere a la observancia del sábado semanal ordenada en el cuarto Mandamiento, ¿cómo podrías aplicar el consejo de Pablo de no juzgar a los demás?
Jueves 5 de marzo
MANDAMIENTOS DE HOMBRES
Lee Colosenses 2:20-23. ¿Cómo entiendes las exhortaciones de Pablo a la luz de los demás elementos tratados en el mismo capítulo? Al igual que en su epístola a los Gálatas, Pablo califica la preocupación por observar las ceremonias judías como “elementos” o “rudimentos” “del mundo” (Col. 2:8, 20; comparar con Gál. 4:3, 9). En otras palabras, al igual que el Templo terrenal, estas cosas pertenecen a la Tierra, pero nuestra ciudadanía está en el Cielo. No necesitamos cargar con la ley ceremonial pues simplemente prefiguraba la realidad que ahora disfrutamos por medio de Cristo. Es decir, aunque originalmente instituidas por Dios, estas ordenanzas, habiendo cumplido su función, ya no son necesarias.
Puesto que todas estas regulaciones fueron abolidas en la Cruz, como lo indica el rasgamiento divino del velo del Templo (Mat. 27:51; comparar con Dan. 9:27), los cristianos, incluidos los provenientes del judaísmo, no están sujetos a estas regulaciones. Si nos sometiéramos a ellas, nos estaríamos identificando con este mundo pasajero, en contraste con el nuevo mundo que se nos promete en Cristo. En definitiva, esperamos “nuevo cielo y nueva tierra, donde mora la justicia” (2 Ped. 3:13) y no una mera renovación de este mundo. Aparte del hecho de que fariseos y escribas habían añadido requisitos humanos a las normas mosaicas (ver Mar. 7:1-13), la insistencia en perpetuar las ceremonias del Antiguo Testamento que anunciaban la persona y la obra de Cristo –y que, por ende, dejaron de tener sentido en la Cruz– ya no podía considerarse una exigencia divina, sino una imposición humana.
De hecho, ellas se estaban convirtiendo en una carga para la fe en lugar de favorecerla. Es fácil caer en la trampa de sentirse superior a otros por observar ciertas prácticas religiosas o, peor aún, de pensar que esta observancia es meritoria para la salvación. Algunos presuntos eruditos bíblicos han hecho a lo largo de la historia cristiana pronunciamientos religiosos acerca del significado del Texto Sagrado, ocupando así el lugar del Espíritu Santo como guía de los creyentes. Cristo mismo es la fuente de la que brota la verdad de las Escrituras, tal como la enseñaron Pablo y los demás escritores bíblicos. ¿Tenemos claro que nuestro único fundamento para la salvación es lo que Jesús ha hecho por nosotros, fuera de nosotros, en lugar de nosotros, e independientemente de lo que él hace en nosotros?
Viernes 6 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Como en los días de los apóstoles, los hombres intentan, por medio de tradiciones y filosofías, destruir la fe en las Escrituras. Así hoy, por los complacientes conceptos de la ‘alta crítica’, la evolución, el espiritismo, la teosofía y el panteísmo, el enemigo de la justicia está procurando llevar a las almas por caminos prohibidos. Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han dirigido sus mentes hacia canales de creencias especulativas que traen falsos conceptos y confusión. La obra de la ‘alta crítica’ –al criticar, conjeturar y reconstruir– está destruyendo la fe en la Biblia como revelación divina. Está privando a la Palabra de Dios del poder de guiar, levantar e inspirar las vidas humanas. Por el espiritismo, multitudes son inducidas a pensar que el deseo es la mayor ley, que la licencia es libertad y que el hombre es responsable únicamente de sí mismo y ante sí mismo. “El seguidor de Cristo se encontrará con las ‘palabras persuasivas’ contra las cuales el apóstol advirtió a los creyentes de Colosas.
Se encontrará con interpretaciones espiritualistas de las Escrituras, pero no debe aceptarlas. Ha de oírsele afirmar claramente las verdades eternas de las Escrituras. Guardando sus ojos fijos en Cristo, caminará constantemente hacia adelante en la senda señalada, descartando todas las ideas que no están en armonía con su enseñanza. La verdad de Dios es el objeto de su contemplación y meditación. Considerará la Biblia como la voz de Dios que le habla directamente. Así encontrará la sabiduría divina” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 391, 392).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué significa que en Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” y que él “es la cabeza de todo principado y potestad” (Col. 2:9, 10)? Ver también Juan 1:1; Hebreos 1:3; 1 Pedro 3:22.
2. Probablemente todos hemos oído a alguien usar Colosenses 2:14 al 16 como argumento contra la observancia del séptimo día semanal (sábado). ¿Qué otros problemas, además de los que la lección de esta semana puso de manifiesto, implica el uso de estos textos para argumentar que ya no necesitamos guardar el cuarto Mandamiento?
3. ¿Qué opinas de quienes insisten en que deben ser observadas las prácticas ceremoniales del Antiguo Testamento? Independientemente del provecho espiritual que pudiera resultar de ello, ¿qué problemas surgen del hecho mismo de insistir en su obligatoriedad?
4. Como vimos anteriormente, Elena de White dijo que debemos considerar la Biblia “como la voz de Dios que nos habla directamente”. ¿Por qué debemos, entonces, guardarnos diligentemente de cualquier persona o cosa que debilite nuestra fe en la autoridad e inspiración de todas las Escrituras, incluso de algunos textos que podrían incomodarnos?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
