Sábado 6 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 32:1-6; Salmos 115:4-8; Isaías 44:9, 10; Romanos 1:22-27; Éxodo 32:7-32; Isaías 53:4.
PARA MEMORIZAR: “Entonces volvió Moisés ante el Señor y le dijo: ‘Este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. Te ruego que perdones su pecado. Y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito’ ” (Éxo. 32:31, 32).
Aunque Moisés había estado ausente del campamento de Israel durante solo cuarenta días, ¿qué sucedió? El pueblo de Dios se apartó de él y adoró a un ídolo, el becerro de oro. ¿Cómo pudieron hacer eso después de tantas señales poderosas, experiencias y milagros? Podría haber muchas respuestas para ese interrogante y tal vez algo acertado en todas ellas.
¿Acaso el pueblo no entendía quién era Dios en realidad? ¿O fueron sus poderosas experiencias con él eclipsadas por sus deseos carnales y pecaminosos? ¿No apreciaban lo que Dios había hecho por ellos, sino que lo daban todo por sentado? ¿Estaba su entendimiento nublado, estropeado por sus preocupaciones cotidianas y su antigua manera pecaminosa de pensar? ¿Eran simplemente desagradecidos para con las misericordiosas acciones de Dios en su favor? ¿Olvidaron tan rápidamente los poderosos actos de Dios (Sal. 106:13, 21-23)? ¿O podría adjudicarse todo al fallido liderazgo de Aarón?
“Con Aarón también el Señor se enojó en gran manera para destruirlo” (Deut. 9:20). Cualesquiera que hayan sido las razones de tan terrible apostasía, ¿qué lecciones podemos extraer de ella, no solo acerca de la pecaminosidad humana, sino del amor misericordioso de Dios hacia los seres humanos a pesar de su pecaminosidad?
Domingo 7 de septiembre
LIDERAZGO FALLIDO
Dios llamó a Moisés para que pasara tiempo con él. Cuarenta días y cuarenta noches pudo haber sido un período corto para Moisés, pero pareció largo, demasiado largo, para los israelitas.
Su líder visible estaba ausente. Se sintieron desorientados, impacientes, temerosos e inseguros. Querían tener un dios visible que los guiara, como los “dioses” que habían visto toda su vida en el Egipto idólatra. Lee Éxodo 32:1 al 6. ¿Cómo fue posible que el liderazgo de Aarón fracasara tan estrepitosamente? Aarón no estuvo a la altura de las circunstancias.
No supo aprovechar el momento y hacer lo correcto. En lugar de confiar en el Señor, se debilitó ante la mayoría. El pueblo exigió lo impensable: “Haznos un dios que vaya delante de nosotros” (Éxo. 32:1), y él consintió. La gente dio voluntariamente oro para hacer el ídolo, y Aarón no solo no los detuvo, sino que los animó a donar. Luego participó en la fabricación de este falso dios. Después, el pueblo declaró: “Israel, este es tu dios que te sacó de Egipto” (Éxo. 32:4).
Cuán pecadores, malvados y estrechos de miras. Aunque acababan de fabricar este ídolo, declararon que él los había liberado. ¿No es asombroso cómo los deseos pecaminosos pueden pervertir nuestro pensamiento y nuestras acciones? La gente celebra sus propias creaciones mientras su humanidad y su moralidad se degradan en el proceso.
“Para hacer frente a semejante crisis hacía falta un hombre de firmeza, decisión y ánimo imperturbable, alguien que considerara el honor de Dios por sobre el favor popular, su seguridad personal y su propia vida. Pero el líder provisorio de Israel no tenía ese carácter. Aarón reconvino débilmente al pueblo, pero su vacilación y timidez en el momento crítico solo sirvieron para hacerlos más decididos. El tumulto creció. Un frenesí ciego e irrazonable pareció posesionarse de la multitud.
Algunos permanecieron fieles a su pacto con Dios; pero la mayoría del pueblo se unió a la apostasía” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 326, 327). ¿Cómo pudo Aarón, un dirigente, haber sido tan débil? ¿Qué justificaciones pudo haber dado interiormente a sus terribles acciones?
Lunes 8 de septiembre
LA IDOLATRÍA Y EL MAL
Lee Éxodo 32:6. ¿Adónde los condujo rápidamente su idolatría? (Ver también Sal. 115:4-8; 135:15-18; Isa. 44:9, 10). El becerro de oro se parecía al dios-toro egipcio Apis, o al dios-vaca Hathor.
Se trataba de una flagrante transgresión de los mandamientos primero y segundo (Éxo. 20:3-6). Esta violación no podía quedar impune porque rompía abiertamente la relación del pueblo con el Señor viviente. En lugar de adorar a su Creador, los israelitas adoraron a su propia creación, que no podía ver, oír, oler, hablar, cuidar, amar ni guiar.
El orden de la Creación se invirtió: en lugar de comprender que habían sido creados a imagen de Dios, hicieron un dios, ni siquiera a su propia imagen, lo que ya habría sido considerablemente malo, sino a imagen de un animal.
¿Este era el dios al que querían servir? Habían pecado así gravemente contra el Señor (Isa. 31:7; 42:17). ¿De qué maneras refleja la apostasía del becerro de oro lo que dice Romanos 1:22 al 27? La idolatría rechaza la verdad teológica de que Dios es Dios y el hombre es hombre, borra la brecha entre la Deidad y el ser humano (Ecl. 5:2) y destruye la conexión entre ambos. Ya sea de manera descarada y abierta u oculta en el corazón, la idolatría destruye rápidamente nuestra relación con el Señor y nos conduce a una espiral moral descendente.
No es de extrañar que se pusieran a festejar después de ofrecer sacrificios al ídolo, lo que Elena de White describió como “una imitación de las fiestas idólatras de Egipto” (Patriarcas y profetas, p. 331). Los humanos son brillantes a la hora de fabricar sus propios ídolos.
Crean sus propios dioses, lo cual ya es malo, pero luego van y los sirven. Sustituyen al Creador por cosas que, tarde o temprano, conducen a la degradación moral. ¿De qué maneras rinden culto los seres humanos actualmente a la Creación en lugar de adorar al Creador?
Martes 9 de septiembre
CORROMPIÉNDOSE A SÍ MISMOS
Lee Éxodo 32:7 y 8. ¿Por qué envió Dios a Moisés nuevamente al campamento de Israel? Al recurrir a un ídolo, los israelitas estaban divorciándose del Dios verdadero, quien los había liberado de Egipto. El Señor los culpó directamente, diciendo que se habían corrompido (Éxo. 32:7) al punto de atribuir su liberación a esta estatua.
¡Qué contradicción tan directa con lo que Dios les dijo! (Éxo. 20:2). Esta negación de la presencia de Dios y de sus poderosos actos era un asunto grave. Su pensamiento y sus sentimientos estaban distorsionados y completamente corrompidos.
Para el profeta Ezequiel, la idolatría estaba en el centro de toda la miseria del pueblo de Dios, y de allí brotaban todos los demás pecados (ver, por ejemplo, Éxo. 8:1-18; 20:1-44; 22:1-12). Nos preguntamos a menudo cómo podían los antiguos creyentes ser tan ingenuos e incorregibles, al punto de adorar objetos de fabricación humana.
Estamos bastante seguros de que nosotros nunca haríamos algo así. Pero ¿estamos realmente libres de la idolatría? Los ídolos de hoy pueden tener formas y figuras diferentes, pero tienen un atractivo similar. La idolatría consiste en rendir culto a algo que sustituye a Dios aun a sabiendas de que eso es incorrecto. Un ídolo es todo aquello que capta nuestra imaginación, afecto, tiempo y mente más que Dios y puede incluso esclavizar nuestro pensamiento. De hecho, nos convertimos en lo que contemplamos y no llegaremos más alto que el “dios” al que sirvamos.
Si Dios no está en el centro de tu vida, entonces otros dioses ocuparán su lugar. Si no disfrutamos y cultivamos la Presencia viva de Dios, disfrutaremos y dedicaremos nuestra vida a algo o a alguien más. Lo que adoramos en lugar de Cristo puede tener diferentes apariencias: orgullo, egoísmo, dinero, poder, sexo, comida, televisión, drogas, alcohol, pensamientos impuros, pornografía, placeres, trabajo, deportes, familia, videojuegos, películas, compras, ideas, política, música, posición, títulos, calificaciones, etcétera.
La lista no tiene fin. Somos muy creativos en este sentido. Podemos convertir cualquier cosa buena, hermosa y significativa en un ídolo. La idolatría es extremadamente peligrosa porque transforma nuestra personalidad, nuestra forma de pensar, nuestros afectos y nuestra vida social. Cambia nuestra identidad y sustituye las relaciones personales auténticas por interacciones huecas y sin sentido que no pueden salvarnos.
Miércoles 10 de septiembre
LA JUSTA IRA DE DIOS
Lee Éxodo 32:9 al 29. ¿Cuál fue la reacción de Moisés ante la decisión divina de destruir a Israel? Mientras Moisés estaba todavía en el monte Sinaí, Dios dijo que destruiría a los rebeldes y haría de la posteridad de aquel una gran nación.
Pero eso no era lo que Moisés quería, sino que suplicó al Señor en favor de los israelitas, señalando que no eran el pueblo de Moisés, sino el de Dios, y que no había sido él, Moisés, quien los sacó de Egipto, sino Dios mediante sus poderosos hechos. Moisés invocó las promesas que Dios había hecho a los patriarcas, actuando verdaderamente como intercesor entre Dios y la humanidad.
Después de que “el Señor desistió del mal que dijo que haría a su pueblo” (Éxo. 32:14), Moisés volvió con ellos. A diferencia de lo que sucedería en Éxodo 34:29 y 30, no consta que su rostro brillara ante la presencia del Señor, tal vez porque en esta circunstancia reflejaba su ira. “Cuando Moisés llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, se enardeció de ira.
Arrojó las tablas de sus manos y las quebró al pie del monte” (Éxo. 32:19). La acción de romper las tablas que contenían el Decálogo era una señal externa de la ruptura de su contenido. Dios más tarde le ordenó a Moisés que cincelara dos tablas para sustituir “las primeras tablas que quebraste” (Deut. 10:2). Dios mismo reescribiría los Mandamientos.
Moisés reprendió duramente a Aarón por rendirse a las exigencias del pueblo. “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan grande pecado?” (Éxo. 32:21). Aarón trató de excusar su transgresión (1) culpando a otros y (2) sugiriendo que el ídolo había aparecido por arte de magia: “Lo eché [el oro] en el fuego y salió este becerro” (Éxo. 32:24).
Lo que empeoraba las cosas era que el propio Aarón había sido muy honrado por Dios, pues se le habían concedido muchos privilegios, que incluyeron subir a la montaña con Moisés y los ancianos (Éxo. 24:1). ¡Qué oscura ironía! Al afirmar que había ocurrido un milagro, Aarón quiso engañar a su hermano (nota cómo un pecado conduce a otro; en este caso, de la idolatría a la mentira). Sin embargo, Moisés no se dejó engañar al ver el comportamiento desenfrenado del pueblo.
Las consecuencias negativas eran evidentes, y Moisés tuvo que detener la rebelión de inmediato. ¿Qué debería enseñarnos esta historia acerca del poder de la oración intercesora? ¿Por quién deberías orar ahora mismo?
Jueves 11 de septiembre
INTERCESIÓN
Lee Éxodo 32:30 al 32. ¿Cuán lejos fue Moisés en su oración intercesora en favor de los pecadores? Terribles cosas ocurrieron en el campamento israelita a causa de la rebelión del pueblo, incluso la muerte de muchas personas (Éxo. 32:28). Al día siguiente, Moisés dijo lo siguiente al pueblo: “Ustedes han cometido un gran pecado.
Pero subiré ahora al Señor; quizá consiga el perdón de su pecado” (Éxo. 32:30). “Entonces volvió Moisés ante el Señor y le dijo: ‘Este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro. Te ruego que perdones su pecado. Y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito’” (Éxo. 32:31, 32). No es de extrañar que Moisés sea considerado un tipo o prefiguración histórica de Cristo.
En virtud de su oración intercesora por los pecadores y su disposición a ofrecer su propia vida por ellos, reflejaba sin duda lo que Cristo hace por todos nosotros. ¡Qué compasión ejemplar por los transgresores! Moisés demostró su entrega total al Señor y su amor abnegado por las personas. El libro de Éxodo no indica cuánto tiempo permaneció con el Señor en el monte esta vez, pero Deuteronomio dice que estuvo en el Sinaí durante cuarenta días (ver Deut. 9:18).
La palabra traducida como “perdonar” en Éxodo 32:32 proviene de un verbo cuyo significado básico es “llevar” o “cargar”, como en Isaías 53:4, que dice lo siguiente acerca de Jesús: “Él llevó nuestras enfermedades”. Qué poderosa visión del proceso de salvación y perdón, y de cuánto costó a Dios nuestra salvación.
Moisés estaba pidiendo al Señor que “llevara” el pecado del pueblo, precisamente lo que hizo en la cruz miles de años después. Éxodo 32:32 muestra no solo la idea de la expiación sustitutoria, sino también que Dios mismo es quien la realiza. Este texto ilustra cómo ocurre el perdón. Dios cargó, en Cristo, con nuestros pecados, la única forma en que podíamos ser perdonados.
Cuán poderosa expresión del plan de salvación y qué demostración para nosotros y para el cosmos de lo que Dios estuvo dispuesto a hacer para salvarnos. Moisés pidió a Dios que cargara con los pecados del pueblo y el Señor lo hizo finalmente en Jesús. ¿Cómo podemos asimilar esta asombrosa verdad? ¿Qué nos dice ella acerca del amor de Dios por la humanidad caída?
Viernes 12 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “La idolatría en el Sinaí” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 325-337. La lección de esta semana presenta un enfoque especial acerca de la obra de Dios en los creyentes.
El Señor puede hacer en nosotros “infinitamente más que todo cuanto pedimos o entendemos” (Efe. 3:20). No debemos centrarnos en nosotros mismos y gratificar nuestros deseos personales, porque esto conduce a la idolatría. Por el contrario, nuestra atención debe centrarse en Dios y en su poder.
Él da la fuerza que conduce a una vida nueva y victoriosa (Fil. 4:13; Jud. 1:24, 25). “El amor, no menos que la justicia, exigía que este pecado fuera castigado. Dios es Protector y Soberano de su pueblo. Destruye a los que insisten en la rebelión, para que no lleven a otros a la ruina. Al perdonar la vida a Caín, Dios había demostrado al universo cuál sería el resultado si se permitiera que el pecado quedara impune.
La influencia que, por medio de su vida y su ejemplo, él ejerció sobre sus descendientes condujo a un estado de corrupción que exigió la destrucción de todo el mundo por el diluvio. […] Cuanto más tiempo vivían los hombres, tanto más corruptos se tornaban. Así también habría sucedido con la apostasía del Sinaí. Si la transgresión no se hubiera castigado con presteza, se habrían visto nuevamente los mismos resultados” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 335).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona en la pregunta que aparece al final del estudio del lunes. ¿De qué maneras podemos rendir culto a la Creación en lugar de adorar al Creador? ¿Cómo podemos ser buenos administradores del planeta y proteger el medio ambiente sin adorarlo o convertirlo en un ídolo en sí mismo?
2. Uno puede discernir la gravedad de una situación o de un hecho por sus resultados o por la magnitud de la reacción que provoca. ¿Por qué ordenó Moisés la ejecución de aquellos que se negaban obstinadamente a arrepentirse y continuaban en su rebelión contra Dios y sus enseñanzas?
3. ¿Por qué la expiación sustitutiva es el único modelo correcto de expiación? ¿Por qué es un grave error teológico cualquier teoría de la expiación que niegue el fundamento sustitutivo del evangelio o le reste importancia? Lee 1 Pedro 2:24. ¿Cómo revela este texto poderosamente la idea de que Jesús es nuestro Sustituto?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 11:
Para el 14 de marzo de 2026
VIVIR CON CRISTO
Sábado 7 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:1–17; Romanos 1:18; 6:1–7; Efesios 4:22–24; Deuteronomio 7:6–8; 1 Samuel 16:23. PARA MEMORIZAR: “Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3:14).
Es muy común la idea de que las personas demasiado espirituales corren el peligro de vivir desconectadas de la realidad. Si bien eso puede tener cierto sentido, Pablo destaca un concepto igualmente importante en Colosenses 3: Si tenemos una mentalidad demasiado terrenal, no seremos de utilidad celestial para el Señor. Pablo señala muchos principios prácticos y reales que nacen del Cielo, y que solo pueden entender quienes han “resucitado con Cristo” (Col. 3:1).
Los consejos del apóstol son principios muy prácticos que mejorarán todas nuestras relaciones, no solo las del ámbito de la iglesia. Jesús dijo: “Pero yo les digo: ‘Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen. Para que sean hijos de su Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mat. 5:44, 45).
Eso suena imposible y lo es, humanamente hablando. Necesitamos morir al yo antes de poder vivir realmente para Dios. Por eso, debemos tener una mentalidad celestial si esperamos ser de alguna utilidad terrenal para nuestro Padre celestial. Esta semana veremos cómo el hecho de vivir con Cristo puede marcar la diferencia, ahora y en la Eternidad. Estrategias y herramientas.
Domingo 8 de marzo
MENTALIDAD CELESTIAL
Lee Colosenses 3:1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial? Desde la cima de una montaña es posible contemplar el vasto paisaje circundante. Las montañas han sido frecuentadas desde tiempos inmemoriales por quienes procuran una experiencia más cercana con Dios (ver Sal. 121:1, 2). Incluso los paganos construían montañas artificiales llamadas zigurats, para reunirse allí con sus dioses. Curiosamente, la ciudad de Ur, que Abram fue llamado a abandonar, tenía un gran zigurat visible desde varios kilómetros a la redonda. Pero la altura no acerca a nadie al Cielo en un sentido espiritual. El esfuerzo humano no es suficiente para ello. Solo es posible acercarse al Cielo en virtud del milagro de la gracia, por el cual morimos y resucitamos con Cristo (figuradamente, mediante el bautismo [Col. 2:12, 13]).
Nótese que desde el principio de Colosenses 3 se insiste repetidamente en lo que está arriba, es decir, lo que hay en el Cielo: “Las cosas de arriba”, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”, “con él en gloria” (Col. 3:1-4). Ciertamente hay muchas cosas en la vida cristiana que no tienen explicación. ¿Cómo puede alguien “morir” y “resucitar” sin haber dejado de existir literalmente? Hay muchas cosas que no tienen sentido para la mente natural, que no está dirigida por el Espíritu Santo. Pero la muerte al pecado y la resurrección con Cristo son realidades genuinas para quienes tienen una mente espiritual porque han recibido el nuevo corazón prometido por Dios. Como afirma un conocido himno: “¿Me preguntas cómo sé que él vive? Porque vive dentro de mi corazón”. No obstante, Pablo prescribe estos mandamientos porque existe una necesidad constante de que la vida espiritual sea renovada (ver 2 Cor. 4:16). En efecto, podemos caer y perder la salvación, y nunca estamos libres de la tentación en esta vida.
Por lo tanto, debemos optar cada día por buscar “las cosas de arriba” (Col. 3:1). Nuestra vida eterna está a salvo, “escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3), pero la expresión externa de esa vida estará lejos de ser escondida. ¿Dónde están normalmente tus pensamientos: arriba o abajo? Si están abajo, ¿cómo puedes cambiar su ubicación?
Lunes 9 de marzo
ACABEMOS CON LO TERRENAL
Actualmente se escuchan muchos eslóganes: “¡Acabemos con la guerra!” “¡Acabemos con la deforestación!” “¡Acabemos con las armas nucleares!” Pero uno que probablemente nunca hayamos oído es “¡Acabemos con lo terrenal!” Eso simplemente no armoniza con la sensibilidad de nuestro mundo. El problema de la mayoría de los eslóganes no es que propician algo incorrecto, sino que son demasiado acotados o estrechos de miras desde la perspectiva de la Eternidad. Nuestro enfoque debe ser eternamente más elevado. Lee Colosenses 3:5, 6 (ver también Rom. 6:1-7). ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y a lo terrenal y vivos para “las cosas de arriba” (Col. 3:1)? Aunque espiritualmente hemos muerto con Cristo, nuestros “miembros”, es decir, las tentaciones que nos presentan nuestro cuerpo y nuestra mente, necesitan morir.
No obstante, debemos tener presentes dos cosas en relación con este mandato. En primer lugar, la forma griega que utiliza Pablo en Colosenses 3:1 supone que hemos resucitado con Cristo. En segundo lugar, la expresión “por tanto” indica que el mandato de Colosenses 3:5 es una consecuencia de ese hecho. Podemos dar muerte a las cosas terrenales (fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, codicia, etc.) solo porque hemos resucitado con Cristo y disponemos de su vida espiritual y su poder para eliminar estas cosas de nuestras mentes y vidas. La frase griega traducida como “la ira de Dios” solo aparece en Colosenses 3:6 y en Romanos 1:18. Dios “entrega” a las personas a sus propios caminos perversos, en el sentido de que respeta su libertad de elección, y como resultado “viene” o se manifiesta su ira (ver Apoc. 6:16, 17) “sobre los desobedientes” (Col. 3:6). En Romanos 1:18, Pablo se refiere a “la impiedad y la injusticia”.
Luego, en Romanos 1:24, equipara la “inmundicia” (usa la misma palabra griega que se encuentra en Col. 3:5) específicamente con las personas que satisfacen “la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos”. ¿En qué sentido deshonran sus cuerpos? En primer lugar, porque se niegan a reconocer al Creador, pero también a causa de “pasiones vergonzosas”. “Aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres” (Rom. 1:26, 27). ¿Qué significa la expresión “hagan morir en ustedes lo terrenal” (Col. 3:5)?
Martes 10 de marzo
RENOVACIÓN EN EL CONOCIMIENTO
Lee Colosenses 3:6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición? Las palabras iniciales de Colosenses 3:8 (“pero ahora”) señalan el cambio dramático y decisivo que conduce de la muerte a la vida. La palabra “ahora” está expresada de manera enfática en griego. Ahora, es decir, puesto que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, la vida presente de ustedes debe mostrar un marcado contraste con su vida anterior. Habiendo hecho morir “lo terrenal” “en ustedes” (Col. 3:5), “ahora, dejen también ustedes todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras” (Col. 3:8). Tanto la ira como el enojo pueden describir la justa respuesta de Dios al pecado (tema tratado ayer), al igual que la de Jesús (Mar. 3:5; Apoc. 6:16). Por el contrario, se exhorta a cada uno a ser “rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19, 20). La malicia desea la desgracia del otro. La maledicencia o calumnia tiene por objeto difamar.
Pablo también condena el lenguaje abusivo y obsceno. Por último, está prohibido mentirse unos a otros (Lev. 19:11, 18), “habiéndose despojado del viejo hombre con sus prácticas” (Col. 3:9). ¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el “viejo hombre” con el “hombre nuevo”? Ver Romanos 6:6 y Efesios 4:22-24. Los verbos que Pablo emplea para esta transformación que conduce de lo viejo a lo nuevo aluden a la vestimenta, como si alguien se quitara sus prendas de vestir viejas y sucias para reemplazarlas por vestiduras nuevas e inmaculadas (comparar con Zac. 3:4). Una distinción similar entre lo viejo y lo nuevo se hace en relación con el Antiguo Pacto y el Nuevo, los cuales se caracterizan respectivamente por la letra externa de la Ley y por la ley que el Espíritu escribe en el corazón (2 Cor. 3:4-18). Estas metáforas describen la conversión y sus efectos, la “nueva creación” (2 Cor. 5:17).
Somos renovados “hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de su Creador [Cristo]” (Col. 3:10), quien es la imagen del Dios invisible (Col. 1:15). El conocimiento de Cristo a través de su Palabra nos transforma “a su misma imagen, con siempre creciente gloria” (2 Cor. 3:18). Esto nos sitúa por encima de todas las fronteras étnicas, geográficas y sociales (Col. 3:11), porque somos ciudadanos de un reino superior. Lee Colosenses 3:11. ¿Qué nos dice acerca de la unidad que debemos tener en Cristo?
Miércoles 11 de marzo
EL CAR ÁCTER DE LA NUEVA VIDA
Tras describir las características negativas y los malos hábitos desechados cuando venimos a Cristo, Pablo se refiere a lo positivo, como si pasara de las tinieblas a la luz. Lee Colosenses 3:12-14. ¿Cómo son descritos los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben “vestirse”? Al igual que Israel, llamado por Dios a ser su pueblo especial y reflejar su carácter, los creyentes en Jesús son “los elegidos de Dios” (Col. 3:12), sus escogidos. Sin embargo, no todos están a la altura de este llamado. Como dijo Jesús: “Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos” (Mat. 22:14, comparar con Mat. 24:22, 24, 31). Las referencias de Pablo a los elegidos tienen un significado similar (Rom. 8:33; 2 Tim. 2:10). Además, al igual que con Israel, los creyentes son amados por Dios y “consagrados” (Deut. 7:6-8). Este privilegio conlleva una importante responsabilidad: “Para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).
Esa proclamación consiste en el testimonio de nuestra vida. Las ocho cualidades mencionadas por Pablo son una verdadera lista. “Entrañable compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Sopórtense y perdónense unos a otros” y “sobre todo [...] amor” (Col. 3:12-14). Estas cualidades solo pueden surgir de un corazón unido a Cristo, pues describen su carácter y la manera en que nos ha tratado. Debemos perdonar a los demás “de la manera que Cristo [nos] perdonó” (vers. 13). El amor es “el vínculo de la perfección” (vers. 14), pues su amor por nosotros nos une a él y nos permite amar verdaderamente a los demás (1 Juan 4:11, 12). Estas cualidades influyen en nuestras relaciones de dos maneras. En primer lugar, el hecho de mostrar amor, misericordia, bondad y perdón a los demás resulta una bendición tanto para nosotros como para ellos.
Amar a las personas y ser una bendición para ellas es algo muy gratificante. Normalmente, las personas nos responderán con amabilidad, y seguiremos disfrutando de la misericordia y el perdón de Dios (Mat. 5:7; 6:14). En segundo lugar, y más importante aún, una conducta tal glorifica a Dios y puede animar a otros a creer y seguir a Jesús, pues muestra el poder de la gracia divina. “Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable” (Elena de White, El ministerio de curación [Florida: ACES, 2008], pp. 372, 373). ¿Cuán bien representa a Jesús tu manera de tratar a los demás, especialmente a quienes son tal vez descorteses contigo?
Jueves 12 de marzo
VIVIENDO LA NUEVA VIDA
La preocupación de Pablo por la paz y la armonía en la iglesia se observa claramente en los últimos versículos de Colosenses 3. Ya hemos examinado con cierto detalle la paz de Dios (ver la lección 7). A diferencia de la pax romana (la paz romana), la pax Christi (la paz de Cristo) no es impuesta desde afuera, sino que debe “gobernarnos” desde nuestro interior (vers. 15). Eso solo puede suceder si Cristo tiene el control. Lee Colosenses 3:16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto? El lenguaje usado en ese texto es muy descriptivo. Representa la palabra de Cristo que se instala en nosotros.
Eso ocurre cuando leemos la Biblia con atención para escuchar y aprender de la sabiduría de Dios. Al parecer, aunque el texto en griego es algo ambiguo, la música desempeña un papel importante en la instrucción y la exhortación mutuas (Col. 3:16). Pablo no se refiere a cualquier música, sino que utiliza una terminología muy específica, tanto aquí como en Efesios 5:19: “Salmos, himnos y canciones espirituales”. Aunque no es seguro, parece que aquí se hace una distinción entre los salmos del Antiguo Testamento y una creciente colección de himnos cristianos de la época del Nuevo Testamento. “Canciones espirituales” puede ser un término genérico usado como designación de cualquier canto de alabanza relacionado con la experiencia espiritual o la vida de la iglesia. Las palabras de esos cánticos eran el medio para comunicar la verdad e instruir acerca de cómo vivir la nueva vida de un cristiano.
Muchos grandes himnos de los últimos siglos contienen poderosos mensajes de esperanza y seguridad, tan necesarios en un mundo que pugna por arrastrarnos hacia abajo. La influencia de la música es poderosa. El rey Saúl se tranquilizaba cuando David tocaba el arpa (1 Sam. 16:23). Pero, cuando el rey sintió que David se convirtió en su rival, la ira y el resentimiento de aquel aumentaron (1 Sam. 18:10, 11). Se ha demostrado clínicamente que la música clásica serena reduce la ansiedad, optimiza el funcionamiento del cerebro, produce relajación, alivia el dolor y favorece la sociabilización. ¿Quién no ha experimentado la poderosa influencia positiva o negativa de la música en las emociones y los pensamientos? La música adecuada puede ser espiritualmente edificante. Se nos dice que hagamos todo “en el nombre del Señor Jesús” (Col. 3:17). ¿Haces eso? Si no es así, ¿cómo puedes lograrlo? Es decir, ¿qué debes dejar de hacer si no puedes hacerlo en el nombre del Señor?
Viernes 13 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, la persona convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia; que su transgresión ha sido perdonada; su pecado, cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina Ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1). “Pero, habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldados por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparados para atacarlo.
Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria. […] “El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el Reino de los Cielos demasiado poco. “En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del Cielo. A cada paso sentimos su poder viviente” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 393, 394).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Has experimentado la justificación por la fe? ¿Cómo transformó tu vida? ¿Cómo se relaciona la promesa de la justificación por la fe con la experiencia simultánea de la “resurrección” “con Cristo” (Col. 3:1)?
2. ¿Qué significa para ti tener una mentalidad celestial? ¿Es más importante que hacer el bien terrenal? ¿Dónde está el equilibrio?
3. Piensa en la influencia que tu vida ejerce sobre los demás. Aunque tendemos a pensar en esto en el contexto de nuestra influencia individual, ¿cuál es nuestra influencia como iglesia? ¿Cómo influye tu iglesia local en la comunida.
