Lección 12:
Para el 21 de marzo de 2026
LA VIDA EN COMUNIÓN CON LOS DEMÁS
Sábado 14 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:18–4:6; Efesios 5:22‑25, 33; Proverbios 22:6, 15; 1 Pedro 2:16; 1 Tesalonicenses 5:17.
PARA MEMORIZAR: “Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal, para que sepan cómo conviene responder a cada uno” (Col. 4:6).
Cuando las personas viven y trabajan juntas enfrentan diversos desafíos. Las diferencias de opinión pueden provocar tensiones y discusiones. Cuanto más estrecha es la relación, más importante es la concordia. Las relaciones más estrechas se dan, por supuesto, en el seno de la familia. A veces se ha llamado al hogar “la empresa familiar”. Es una forma interesante de describir el funcionamiento del hogar. Hay similitudes evidentes entre una empresa y un hogar.
En ambos casos debe existir un acuerdo general acerca de los valores, las metas y los objetivos. Además, todos deben llevarse bien y cumplir con su parte para que las cosas funcionen sin problemas. Los mismos principios se aplican a la iglesia, que es esencialmente una gran familia. En nuestro pasaje de esta semana, Pablo comparte algunos principios vitales para el funcionamiento correcto de una familia cristiana.
Dado que el hogar cristiano debe regirse por principios bíblicos, necesariamente funciona de manera algo diferente del típico hogar romano. El apóstol también enumera otros principios valiosos y útiles para una variedad de relaciones sociales, tanto dentro como fuera del hogar.
Domingo 15 de marzo
CÓNYUGES
El Nuevo Testamento contiene varias instrucciones para el hogar cristiano (ver Efe. 5:21-6:9; Col. 3:18-4:1; Tito 2:1-10; 1 Ped. 2:18-3:7). Estos “códigos domésticos” no tienen que ver exclusivamente con la autoridad, sino que incluyen instrucciones para que las relaciones recíprocas sean mutuamente edificantes. Lee Colosenses 3:18, 19. ¿Qué equilibrio observas? ¿Qué otros consejos da Pablo en Efesios 5:22-25, 33? Algunos citan las siguientes palabras de Pablo: “Casadas, estén sujetas a sus esposos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18) y se detienen allí, pero nota el importante calificativo que añade Pablo: “Como conviene en el Señor”.
El Nuevo Testamento no enseña que las mujeres deben someterse a los hombres, ser serviles, estar subyugadas ni satisfacer ciegamente los caprichos o los deseos de sus maridos. El punto que destaca Pablo es que la esposa debe ser leal al Señor en primer lugar y a su marido después. La individualidad de la esposa no debe ser anulada por su marido, ni él debe actuar como conciencia de ella. El amor manifestado por Cristo a la iglesia al entregarse por ella ilustra cómo debe ser el amor del marido hacia su esposa (Efe. 5:25): será fiel a ella cueste lo que costare; tomará decisiones que redunden en beneficio de su esposa, aunque normalmente los intereses de ambos deben estar en armonía. Un amor como ese motiva a la esposa a obedecer el mandato divino de respetar a su marido (Efe. 5:33).
Un matrimonio cristiano sano se caracteriza por la reciprocidad: ambos cónyuges se consultan mutuamente, reflexionan juntos y toman decisiones en pareja. Cuando se toman decisiones que tienen implicaciones serias para toda la familia, puede ser apropiado incluir a los hijos en estos diálogos, pero los padres nunca deben discutir delante de ellos. Cuando no se llega a un acuerdo, la Biblia aconseja: “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo” (Efe. 5:21; NVI). No busques tu propio beneficio, ni seguir egoístamente tus deseos, sino que, así como Cristo no buscó lo que a él le convenía sino el bienestar de su iglesia, sacrifícate por tu cónyuge. Después de todo, la mayoría, sino todos, los esposos y las esposas recuerdan sin duda momentos en los que se alegraron de haber escuchado a su cónyuge y de haber seguido sus consejos. Cuanto más en equipo trabajen los cónyuges, más feliz será el matrimonio. ¿Cómo podemos evitar la tergiversación que los bellos y sabios principios expresados en estos textos han sufrido a lo largo de la historia?
Lunes 16 de marzo
PADRES E HIJOS
Los niños tienen un papel vital como parte de la vida familiar. Necesitan saber que son amados y valorados como miembros de la familia y ciudadanos del Reino celestial. El culto familiar es crucial. Debe ser sencillo pero regular, matutino y vespertino. Los niños pueden comenzar a edad temprana a colaborar con la limpieza y otras responsabilidades. Lo más importante es que presten atención al mandamiento de Pablo: “Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Col. 3:20). Lee los siguientes textos. ¿Qué importantes principios contienen para la educación de los hijos?
Proverbios 22:6, 15 _________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Mateo 19:14 _____________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Deuteronomio 6:6, 7 _________________________________________________________________________________________ ________________________________________________________________________________________________________________________________
Proverbios 1:8, 9 _____________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Formados correctamente para el Señor por precepto y ejemplo, los hijos serán una bendición para la familia, la iglesia y la sociedad. A su vez, la instrucción de Pablo para los padres, al igual que la registrada para los maridos y las esposas, es equilibrada y recíproca: “Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desalienten” (Col. 3:21).
La forma en que los progenitores, especialmente el padre, interactúan con los hijos y los disciplinan influye profundamente en su formación espiritual. Los estudios demuestran, además, que cuando ambos progenitores asisten a la iglesia es mayor la probabilidad de que los hijos sigan haciéndolo, a diferencia de lo que ocurre cuando solo uno de ellos lo hace. Y más sorprendente aún es que la asistencia constante a la iglesia por parte del padre, incluso más que por parte de la madre, incide en la permanencia de los hijos en la iglesia cuando son adultos. Por lo tanto, no se puede subestimar el papel del padre en la formación espiritual de sus hijos. Es crucial que los padres tomen en serio su papel. Cuando los padres no han sido modelos ejemplares para sus hijos o incluso les han causado un gran daño, ¿cómo puede el conocimiento de Dios como nuestro Padre ayudar a sanar las heridas y a compensar las carencias?
Martes 17 de marzo
RELACIONES LABORALES
Lee Colosenses 3:22-25 y 4:1. ¿Qué instrucciones son dadas a los esclavos? ¿Qué principios hay aquí para las relaciones laborales en general? En la actualidad, se cita a veces lo que Pablo dice acerca de la esclavitud para relegar al pasado algunos de los consejos de la Biblia o para desacreditarla por completo, pero eso significa ignorar o pasar por alto los contextos históricos del Israel del Antiguo Testamento y de la iglesia del Nuevo Testamento. Los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios y, como todas sus criaturas inteligentes, dotados de libertad. Las leyes mosaicas prohibían la esclavitud de por vida (Deut. 15:12) y estipulaban seis años como plazo máximo de servicio para saldar deudas financieras (Éxo. 21:2-6; Lev. 25:39-43). La esclavitud descrita en la ley mosaica, por repugnante que resulte para el pensamiento moderno, no se asemejaba normalmente a las abominables prácticas esclavistas del mundo occidental, que han sido una plaga y un horrible crimen contra la humanidad. E
n los tiempos del Nuevo Testamento, la iglesia tenía que actuar dentro del marco del derecho romano, que permitía poseer esclavos, “pero, a diferencia de las formas modernas de esclavitud, la ley romana otorgaba a los esclavos considerables derechos y oportunidades, y el intento de anular la práctica podría haber amenazado el avance del evangelio” (Clinton Wahlen y Wagner Kuhn, “Cultura, hermenéutica y Escritura: Cómo discernir lo que es universal”, en Hermenéutica bíblica: El enfoque adventista, ed. Frank Hasel [Doral, FL: IADPA, 2023], p. 185). De hecho, en el contexto de la iglesia, y a diferencia de lo que ocurría en el Imperio Romano, la primera obligación del esclavo era para con el Señor. Además, sus amos tenían instrucciones de tratarlos con justicia, “sabiendo que también ustedes tienen un Amo en el cielo” (Col. 4:1). Sumado a eso, Pablo pidió a Filemón que ya no tratara a Onésimo como su esclavo, sino como su hermano (File. 1:16). En realidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados esclavos o siervos de Dios (ver, por ejemplo, Sal. 34:22; Luc. 17:10; 1 Ped. 2:16). Aunque no nos agraden las circunstancias culturales en las que vieron la luz algunos textos bíblicos, debemos aceptar la autoridad del propio texto.
Lo contrario significaría colocarnos a nosotros mismos y a nuestra cultura por encima de las Escrituras. La mejor opción es examinar todo lo que la Biblia dice con respecto a un tema antes de arribar a una conclusión sobre lo que la Biblia dice sobre el particular. Considera cómo podría aplicarse este texto a tus relaciones laborales. ¿Cómo podrían ayudarte sus principios como jefe o como empleado?
Miércoles 18 de marzo
ORANDO UNOS POR OTROS
Lee Colosenses 4:2-4. ¿Qué principios encuentras en estos versículos acerca de la oración? ¿Qué peticiones hace Pablo? Algunas de las palabras más importantes que podemos decir a alguien que está luchando con problemas de diversa índole, ya sean familiares, financieros, de salud o de cualquier otro tipo, son: “Oro por ti”. Este es el medio de conectividad e interactividad elegido por el Cielo. “Forma parte del plan de Dios concedernos, en respuesta a la oración hecha con fe, lo que no nos daría si no se lo pidiésemos así” (Elena de White, El conflicto de los siglos [Florida: ACES, 2015], p. 580). Observa las impactantes descripciones de la oración que utiliza Pablo: “Perseveren”, “velando” y “con acción de gracias”, lo que indica que está escribiendo sobre una oración de fe (Col. 4:2). Nos dice que oremos “en todo tiempo” (Efe. 6:18) y “sin cesar” (1 Tes. 5:17).
Lo más asombroso es que, aunque “no sabemos pedir lo que conviene [...] el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Rom. 8:26). Lee nuevamente Colosenses 4:3. ¿Qué “puerta para la palabra” podría abrir Dios para que compartas tu fe? Significativamente, Pablo también oraba para tener las palabras adecuadas antes de hablar. A veces, cuando leemos sus cartas o sus discursos en el libro de los Hechos, imaginamos que el apóstol era siempre elocuente, sin dudar nunca acerca de qué debía decir. Pero aquí pide oración para poder proclamar el mensaje “claramente” (Col. 4:4).
También utiliza una palabra griega muy importante (dei) en la última frase del versículo, que podría traducirse “como debo hablar”, lo cual señala la necesidad divina de la labor de proclamar el evangelio. Pablo reconocía la importancia de presentar el mensaje a personas de los más altos niveles del gobierno romano, incluida la casa del César. “No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultiven el hábito de conversar con el Salvador cuando estén solos, cuando estén caminando o cuando estén ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, luz, fuerza, conocimiento. Sea cada respiración una oración” (Elena de White, El ministerio de curación, p. 408).
Jueves 19 de marzo
ANDANDO EN LA SABIDURÍA
¿Cuál es la verdad más importante que podemos conocer como cristianos? Esa verdad es, por supuesto, que Jesucristo murió por nuestros pecados y que podemos tener vida eterna por la fe en él. Esta es una verdad que nunca podríamos haber descubierto por nosotros mismos. Por el contrario, es una verdad que se nos tenía que revelar y que nos ha sido revelada en la Palabra de Dios. Existe mucho conocimiento al que nunca habríamos accedido si Dios no lo hubiera revelado en su Palabra, pero la finalidad de ese conocimiento no es satisfacer nuestra sed intelectual, sino que lo apliquemos a nuestra vida. Lee Colosenses 4:5, 6. ¿En qué situaciones en particular indica Pablo que necesitamos “portarnos sabiamente” y por qué? Desgraciadamente, los cristianos no nos comportamos como tales en algunas situaciones. Y, como indicó Pablo (citando Isa. 52:5), Israel también era una piedra de tropiezo para los incrédulos: “El nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de ustedes” (Rom. 2:24).
La forma en que actuamos con los demás, especialmente con quienes no comparten nuestra fe, es muy importante (ver Tito 2:5; 2 Ped. 2:2). Un hogar cristiano, una reunión de jóvenes para orar –y no para hacer cosas inaceptables–, las amabilidades sencillas y un espíritu sereno y paciente dicen mucho a quienes nos observan para ver si nuestra profesión de fe es genuina o no. En Colosenses 4:6, Pablo se centra especialmente en las palabras que pronunciamos: “Que su palabra sea siempre agradable”. Más que simplemente amables o corteses, las palabras que pronunciamos deben ser impulsadas e impregnadas por la gracia de Dios a través de la influencia del Espíritu Santo. “Sazonadas con sal”.
Contrariamente a lo que el mundo considera una manera “sazonada” de hablar, nuestras palabras deben ser apropiadas y agradables para aquellos a quienes nos dirigimos. “Para que sepan cómo conviene responder a cada uno”. Solo el Espíritu Santo puede darnos las palabras correctas en el momento adecuado para el propósito correcto, y preparar las mentes de los oyentes para el mensaje que “debemos” compartir (aquí también se usa el verbo dei; ver los comentarios de ayer acerca de Col. 4:4). Piensa en tus palabras, acciones y comportamientos ante los demás. ¿Qué mensaje estás enviando acerca de tu fe y de lo que significa ser cristiano?
Viernes 20 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Cada miembro de la familia debe comprender que sobre él individualmente recae la responsabilidad de hacer su parte en contribuir a la comodidad, el orden y la regularidad de la familia. No debe actuar un miembro contra otro. Todos deben participar unidos en la buena obra de alentarse unos a otros; deben manifestar amabilidad, tolerancia y paciencia; hablar en tono bajo y sereno; rehuir la confusión y hacer cada uno todo lo que pueda para aliviar las cargas de la madre. [...] “Cada miembro de la familia debe entender con exactitud la parte que se espera que él desempeñe en unión de los demás. Todos, desde el niño de seis años en adelante, deben comprender que de ellos se requiere que lleven su parte de las cargas impuestas por la vida” (Elena de White, El hogar cristiano [Florida: ACES, 2013], p. 147). “Si queremos caminar en la luz, debemos permitir que Cristo entre en nuestros corazones y en nuestros hogares. Debiera hacerse del hogar todo lo que la palabra implica.
Debería ser un pequeño Cielo en la Tierra, un lugar donde se cultiven los afectos en vez de que se los reprima deliberadamente. Nuestra felicidad depende de que cultivemos el amor, la comprensión y la verdadera cortesía mutua. […] Debiéramos olvidarnos del yo, buscando siempre oportunidades, aun en las cosas pequeñas, para mostrar gratitud por los favores que hemos recibido de otros, y estando atentos para ver oportunidades de alegrar a otros y aligerar y aliviar sus tristezas y sus cargas mediante actos de tierna bondad y pequeños actos de amor. Estas atentas cortesías que, comenzando en nuestras familias, se extienden fuera del círculo familiar, contribuyen a formar la suma de la felicidad de la vida; y el descuido de estas cosas pequeñas constituye la suma de la amargura y la tristeza de la vida” (Elena de White, Testimonios para la iglesia [Doral: FL: APIA, 2004], t. 3, pp. 591, 592).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Si eres una persona casada, ¿qué principios les han ayudado a ti y a tu cónyuge en su relación? ¿Qué consejo puedes compartir con las personas solteras acerca de cómo deben prepararse para los desafíos que siempre trae consigo el matrimonio?
2. Muchos padres cariñosos y atentos, que criaron a sus hijos en buenos hogares cristianos, ven, años después, a esos hijos ya adultos lejos de la fe. ¿Qué consejo y consuelo podrías dar a esos padres? ¿Qué sería mejor no decir?
3. Analiza más profundamente la exhortación a “portarse sabiamente”. ¿Qué significa caminar en la “insensatez”, en contraposición a la sabiduría? ¿Qué has aprendido de las ocasiones en que caminaste en una u otra dirección?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 1:
Para el 4 de abril de 2026
EVALÚATE
Sábado 28 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 3: 14–22; 4: 9–11; Génesis 2: 7; 3: 8–10; Jeremías 31: 3, 4; Juan 15: 1–11; Romanos 8: 9–11.
PARA MEMORIZAR: «Como el Padre me amó, también yo los he amado» (Juan 15: 9).
¿Cómo describirías tu relación con Dios? ¿Es vibrante y sólida? ¿Inviertes tiempo en ella escudriñando su Palabra inspirada y hablando con él como tu Amigo mediante la oración? Si es así, ¿cuánto tiempo dedicas a esas dos actividades? Además, ¿te sientes motivado a compartir con otros esa relación como la más maravillosa de tu vida? ¿O ha disminuido tu relación con Dios con el paso del tiempo? Quizá siga viva, y lo compruebas de vez en cuando, pero tal vez ya no sea tan significativa. ¿O te encuentras en un punto intermedio, lo que la Biblia llama «tibieza» (Apoc. 3: 16)? A veces me pregunto si los ángeles no se sienten perplejos al ver que no vivimos adorando a nuestro Salvador con corazones anhelantes y mentes ansiosas por acercarnos cada día más a él, ya que una relación plena con Dios lo cambia todo, tanto aquí como en la Eternidad.
Esta semana consideremos el estado actual de nuestra relación con Dios y cuál es el consejo de la Biblia al respecto. De hecho, nuestra condición espiritual no puede mejorar sin que antes evaluemos honestamente nuestra realidad y escuchemos la solución que Jesús nos ofrece.
Domingo 29 de marzo
NUESTRA CONDICIÓN
¿Cómo describiría Jesús tu relación actual con él? ¿Diría que es fuerte o que ha sido más fuerte en el pasado? Por otra parte, ¿cómo describiría él a su pueblo en estos últimos días? En Apocalipsis 3: 14 al 22, él comienza diciendo que es «el Testigo Fiel y Verdadero, el origen de la creación de Dios» (Apoc. 3: 14). Un testigo fiel y verdadero no miente, sino que habla clara y honestamente. Lee Apocalipsis 3: 14 al 17, donde Jesús describe la condición espiritual de su pueblo en la actualidad. ¿En qué medida estos textos te describen a ti? A los cristianos que vivimos en los últimos días, Jesús nos dice que nos conoce. No somos fríos ni calientes pues, desde nuestro punto de vista, no necesitamos nada. Mientras la vida pasa, dedicamos un poco de tiempo, de tanto en tanto, a nuestra relación con Dios y pensamos que eso es suficiente. Pero no lo es.
En realidad, necesitamos a Dios mucho más desesperadamente de lo que creemos. Amar a Jesús y vivir para él de todo corazón o no hacerlo en absoluto sería mejor desde la perspectiva de Dios que ser tibios. Jesús dice que está a punto de vomitarnos figuradamente porque nuestra condición de tibieza espiritual le provoca náuseas. Pero todavía no lo ha hecho y nos pide que tomemos ciertas decisiones ahora mismo. ¿Qué nos aconseja Dios en Apocalipsis 3: 18, 19? En la antigüedad, «comprar» algo significaba muchas veces hacer un trueque; es decir, intercambiar bienes. Aquí, Jesús ofrece generosamente un intercambio: nuestra apatía por su oro, sus vestiduras blancas y su colirio. Quiere enriquecernos espiritualmente, cubrirnos con su perfecto manto de justicia y abrir nuestros ojos para que percibamos que una relación permanente con él cambiará absolutamente todo.
Él nos ofrece todo lo que necesitamos, especialmente porque no lo podemos adquirir por nosotros mismos. Solo él puede dárnoslo, y lo hará si estamos dispuestos a ello. ¿Qué esperanza te ofrecen estos versículos si has descuidado tu vida espiritual?
Lunes 30 de marzo
AMONESTACIÓN, ARREPENTIMIENTO Y RECOMPENSA
«Yo reprendo y castigo a todos los que amo», dice Jesús en Apocalipsis 3: 19. «Sé, pues, celoso y arrepiéntete». Ninguno de nosotros podría decir que Jesús no se preocupa por nosotros o por nuestro futuro. ¡Cuánto más fácil habría sido para Jesús renunciar a la humanidad y no recorrer el doloroso camino que eligió en esta Tierra! Es precisamente porque nos ama tan profundamente que nos reprende por nuestra condición actual. Quiere entablar una relación mucho más profunda y sólida con nosotros. No está satisfecho con nuestra inestabilidad actitudinal y con nuestro enfoque de «acudiré a él cuando lo necesite». En lugar de eso, Jesús nos reprende por nuestro propio bien.
Nos insta a arrepentirnos, lo cual no es posible a menos que percibamos que algo está mal. Él nos ha dicho exactamente cuál es nuestro problema: Pensamos que somos ricos, pero en realidad somos «infelices, miserables, pobres, ciegos y desnudos» (Apoc. 3: 17, NVI). Lee Apocalipsis 3: 20. ¿Qué se nos promete aquí y qué debemos hacer para recibir lo prometido? Esta es una imagen hermosa y extraordinaria. El Dios del universo quiere sentarse a comer con nosotros. Desea un compromiso y un diálogo en torno a una buena comida. Esa es la descripción de la relación estrecha y duradera que Jesús nos invita a tener con él. Jesús llama a la puerta de tu corazón y espera pacientemente. Tal vez hayas visto alguna ilustración que representa esa escena en la literatura infantil: un Salvador elegante y de elevada estatura llamando delicadamente a la puerta. Él no irrumpe en nuestra vida para obligarnos a relacionarnos con él. No se impone en tu tiempo ni en tu ajetreada vida. El tiempo es fugaz, así que, si oyes su llamado, abre la puerta. Él está esperando para entrar en tu vida.
Esta metáfora ilustra el tipo de relación que Jesús quiere tener con cada uno de nosotros. Ahora imagina el día en que te encuentres con Jesús cara a cara, cuando coloques tu corona a sus pies en adoración junto a una multitud incontable (Apoc. 4: 9-11; 5: 11-14). Cuando mires atrás e intentes recordar tus pruebas terrenales y notes lo pequeñas que fueron en comparación, ¿crees que en ese momento lamentarás el tiempo que pasaste con Jesús aquí en la Tierra? Jesús te está llamando ahora mismo, pero tienes que decidir abrirle tu corazón. ¿Cómo puede motivarte a tomar esa decisión pensar en la Cruz y en lo que significa?
Martes 21 de marzo
AMOR ETERNO
Después de describir nuestra condición apática, Jesús nos dice que esto debe ser superado. «Al que venza le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono» (Apoc. 3: 21). Para algunos de nosotros, el hecho de percibir nuestra condición débil y autosuficiente, aceptar la reprensión de Jesús, arrepentirnos y recibir el manto de justicia de Jesús con ojos que realmente ven, puede ser la batalla más grande que enfrentemos. Lo asombroso es que Jesús entiende nuestra condición apática y tibia, y se identifica con nosotros, aunque nunca fue espiritualmente tibio. Él dice: «Al que venza [...] como yo he vencido» (Apoc. 3: 21).
Puesto que murió para salvarnos, Jesús ha vencido el pecado y sus consecuencias eternas. Él entiende las batallas que enfrentamos contra el pecado y promete ayudarnos. Muchos personajes bíblicos respondieron a la invitación de Dios de tener una relación de pacto con él. Este es el tema central de toda la Escritura. Al observar sus historias, resulta claro que Dios interactuó con ellas de maneras diferentes en distintos momentos. ¿Qué nos enseñan estos relatos acerca de cómo interactúa Dios con las personas en diversas situaciones?
Génesis 2: 7; 3: 8–10 __________________________________________________________________________________________________________________________
Génesis 5: 24 _______________________________________________________________________________________________________________________________
Génesis 6: 13 ___________________________________________________________________________________________________________________________________
Génesis 12: 1–4 ________________________________________________________________________________________________________________________________
Ya sea que Dios caminara físicamente con sus criaturas humanas o que solo hablara con ellas, él siempre ha deseado estar cerca de la humanidad. Independientemente de cómo es tu relación actual con Dios, él anhela estar cerca de ti. Jeremías 31: 3 y 4 se refiere a esto en los siguientes términos: «Hace mucho se me apareció el Señor y me dijo: “Con amor eterno te he amado, por eso te atraje con bondad. Aún te edificaré, y serás edificada”».
Ya sea que tu día esté comenzando o terminando en este momento, Dios te está buscando y esperando para acercarte más a él. Quiere construir, o reconstruir, tu relación con él. Si esto no está sucediendo, no es por culpa suya, sino nuestra. ¿Qué cosas que están obstaculizando tu relación con Dios debes superar para evitar que eso siga sucediendo?
Miércoles 1° de abril
PERMANENCIA
Los discípulos siguieron a Jesús por las estrechas escaleras desde el aposento alto hasta la calle. Mientras caminaban juntos hacia el Getsemaní, en la que fue una de las noches más significativas de la historia de la Tierra, probablemente no advirtieron cuán conmovedoras fueron algunas de las últimas palabras que Jesús les dirigió mientras participaban de la última cena. ¿Qué dijo Jesús en Juan 15: 1 al 11? Estas palabras pronunciadas por Jesús describen cómo es una relación estrecha con Dios. La palabra permanecer se repite diez veces. Permanecer en Jesús es vivir en conexión con él. Al enfrentarse a la Cruz, Jesús no solo enfatizó la gran importancia de permanecer unidos a él, sino también expuso de forma clara y sencilla el aspecto práctico de lo que eso significa en nuestra vida.
Jesús es la Vid; nosotros, las ramas o sarmientos. Habrá fruto en nosotros como resultado de nuestra permanencia en él. No podemos producir ese fruto por nosotros mismos. Podría parecer que permanecemos en Jesús sin que ese sea el caso, pero la evidencia de que no estamos conectados a él es la falta de fruto en nuestra vida y la muerte de nuestras ramas. Si estamos marchitos, el Viñador finalmente cortará las ramas. Independientemente de que demos fruto o no, nuestras ramas serán podadas. Todos enfrentamos desafíos y momentos dolorosos. Si permanecemos en Jesús, esos momentos producirán más fruto a largo plazo. Dar fruto para su gloria, no para la nuestra, confirma que somos discípulos de Jesús. Permanecer en Jesús significa guardar sus mandamientos, que son un reflejo de su hermoso carácter de amor. Además, la permanencia en él produce gran gozo. Permanecer en Jesús significa hacer lo que él nos pide. «En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos.
Y estos no son difíciles de cumplir» (1 Juan 5: 3, NVI). Permanecer en Jesús es uno de los antídotos contra nuestra condición laodicense (Apoc. 3: 20; Juan 15: 4) y el gran secreto de una vida plena y con sentido en la Tierra y por la eternidad. Sin embargo, cuán fácilmente olvidamos este consejo de Jesús. En última instancia, Jesús nos dice a cada uno: «Como el Padre me amó, también yo los he amado. Permanezcan en mi amor» (Juan 15: 9). El amor de Jesús es la poderosa cuerda que nos atrae hacia él. Cuando conocemos este amor, nos sentimos profundamente movidos a responder a Dios y a los demás con amor.
Jueves 2 de abril
LA SAVIA
Permanecer en Cristo parece a veces muy difícil. Puede que sepamos qué necesitamos, pero la prisa de la vida nos arrastra como un torbellino y todo parece demasiado arduo. Seguir a Jesús puede parecer una carga insufrible, especialmente para quienes son presionados a ello por personas cuya versión de la religión es una rutina monótona basada en prácticas externas que no son fruto de un corazón convertido. Nada más lejos de lo que Dios desea, que es una relación cimentada en el amor mutuo, no solo en normas; una relación que ocurre en respuesta a la iniciativa divina y se basa en el amor y la libertad de elección.
A veces podemos estar parcialmente conectados a la Vid sin estar realmente unidos a ella con cada fibra de nuestro ser. Podemos asistir a la iglesia, orar y hacer lo correcto, aunque nos sentimos interiormente marchitos. Lo cierto es que no podemos fingir que permanecemos en Jesús, así como una rama no puede simular que está conectada a una vid. Dios nos amó primero. Él dio el primer paso. Nuestra respuesta es siempre una reacción a lo que Dios ha hecho primero por nosotros. Si observamos cómo sobrevive una vid al invierno, descubriremos un hecho fascinante: las yemas de las ramas se deshidratan y quedan aisladas del sistema de crecimiento hasta la primavera. Cuando el suelo se calienta, las raíces absorben agua y la savia fluye por el tronco hasta las yemas, iniciando así el crecimiento.
No habrá crecimiento sin la savia que fluye a través de la vid. La savia de una vid es como el Espíritu Santo en nuestra vida. Podemos ser como una rama muerta, pero cuando decidimos pasar tiempo con Dios, el Espíritu Santo se derrama en nosotros como la savia de las raíces y nos da vida para que empecemos a crecer. Así como necesitamos tomar la decisión de permanecer en Jesús, también debemos pedir que el Espíritu Santo (la savia) fluya en nuestra vida. Lee Lucas 11: 13, 1 Juan 4: 19 y Romanos 8: 9 al 11. ¿Cuál es el mensaje esencial de esos textos para nosotros? El Espíritu Santo es quien produce el crecimiento y asegura que florezcamos y permanezcamos conectados a la Vid.
Necesitamos pedir diariamente la presencia del Espíritu Santo, quien está aquí con nosotros en la Tierra para:
• Ser nuestro Consolador (Juan 14: 16-18).
• Revelarnos a Jesús (Juan 15: 26).
• Convencernos de pecado (Juan 16: 7, 8).
• Guiarnos a toda la verdad (Juan 16: 13). Lee nuevamente esa lista. ¿Cómo puede influir cada aspecto de la obra del Espíritu Santo en tu relación con Dios?
Viernes 3 de abril
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Dios nos amaba antes de que naciéramos y tenía un plan para conocernos y para que lo conociéramos. Él nos busca como un buen Pastor a sus ovejas y nos invita a permanecer en él cada día. Solo tenemos que decidir responderle para que nuestra miseria y nuestra condición laodicense sean reemplazadas por sus maravillosos dones (ver Apoc. 3: 18, 19). Como ocurre con el desarrollo de las ramas de una vid, nuestra relación con Dios puede crecer lentamente o acelerarse como resultado de una lluvia muy necesaria. Independientemente del ritmo al que crezcamos y de la abundancia de frutos que se produzcan en nuestra vida, necesitamos recibir diariamente la «savia» del Espíritu Santo para asegurarnos de que seguimos conectados a Jesús. «“Estad en mí, y yo en vosotros”. El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su servicio.
El conducto de comunicación debe mantenerse continuamente abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid recibe constantemente de la savia de la vid viviente, así hemos de aferrarnos a Jesús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio carácter» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 645). «¿Cómo puede el retoño seco y desconectado unirse a la cepa madre? ¿Cómo puede participar de la vida y del alimento de la vid viviente? Solo siendo injertado en ella y estableciendo con ella la más estrecha relación posible. Fibra a fibra, conducto a conducto, el sarmiento se aferra a la vid vivificante hasta que la vida de ella se une a él y este produce frutos como los de la vid» (Elena G. de White, Manuscrito 67, 1897).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de tu vida. ¿Puedes identificar algún acontecimiento que te haya adormecido en una condición espiritual laodicense? Por el contrario, ¿qué experiencias te han acercado más a Dios?
2. Elena G. de White habla de «recibir constantemente de su Espíritu». ¿Con qué frecuencia oras pidiendo el Espíritu Santo? ¿Qué podría cambiar en tu vida si recibieras al Espíritu Santo todos los días?
3. ¿Qué podría cambiar si oráramos como iglesia por el Espíritu Santo con más fervor y regularidad?
4. Sé muy honesto, aunque te resulte doloroso, acerca de tu relación con Dios. ¿Qué necesitas hacer para tener con él la relación que él anhela, pero que tú obstaculizas? RESUMEN: Para empezar a disfrutar de una relación creciente con Dios, debemos antes considerar cómo es nuestra relación actual con él. Si es una relación laodicense o nuestras ramas no están floreciendo y fructificando, Jesús tiene la solución perfecta para nuestra condición espiritual: permanecer en él.
