Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 13:
Para el 27 de diciembre de 2025
¡ELIJAN HOY!
Sábado 20 de diciembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Josué 24; Génesis 12:7; Deuteronomio 17:19; 5:6; 1 Reyes 11:2, 4, 9; 2 Timoteo 4:7, 8.
PARA MEMORIZAR: “Y si les parece mal servir al Señor, entonces elijan hoy a quien servir […] que yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15).
El último capítulo de Josué se sitúa en el contexto de una ceremonia de renovación del pacto, pero esta vez dirigida por el anciano líder de Israel. Aunque no es un pacto propiamente dicho, sino más bien el informe de una ceremonia de renovación de un pacto, el capítulo contiene los elementos característicos de los antiguos tratados del Cercano Oriente entre un soberano y un vasallo: (1) Un preámbulo en el que se identifica al soberano, el iniciador del tratado; (2) el prólogo histórico, que describe la relación entre el señor y el vasallo; (3) las estipulaciones del pacto en las que se pide al vasallo que manifieste total lealtad al soberano como respuesta de gratitud y motivada por ella; (4) privilegios o bendiciones en respuesta a la fidelidad, y perjuicios o maldiciones en caso de deslealtad; (5) testigos del compromiso del vasallo; (6) depósito del documento para su futura lectura; y (7) ratificación del pacto. Josué estaba cerca del final de su vida y no había un sustituto para él en el horizonte.
La renovación del pacto era un recordatorio para Israel de que su rey era Dios mismo y que, si permanecían leales a él, gozarían de su protección. La nación no necesitaba un rey humano, sino que debía tener siempre presente que su único rey era el Señor.
Domingo 21 de diciembre
¡ESTUVISTE ALLÍ!
“Josué reunió en Siquem a todas las tribus de Israel. Llamó a los ancianos de Israel, a sus príncipes, jueces y oficiales; y se presentaron ante Dios” (Jos. 24:1). Siquem era el lugar donde Abraham había construido un altar cuando llegó a la Tierra Prometida y donde Dios le prometió por primera vez que ella le pertenecería (Gén. 12:6-7). Ahora, una vez cumplida la promesa hecha a Abrahán, Israel renovó el pacto con Dios en el mismo lugar donde se había hecho al principio. El llamamiento de Josué recuerda las palabras de Jacob: “Quiten ahora los otros dioses que están entre ustedes” (Jos. 24:23; comparar con Gén. 35:2-4).
El sitio donde ocurrió el evento era en sí mismo un llamado a demostrar una lealtad indivisa al Señor y a rechazar a todos los demás “dioses”. Lee Josué 24:2-13. ¿Cuál es la idea central del mensaje de Dios a Israel? Dios es el sujeto principal del pasado rememorado: “Yo tomé”, “Yo di”, “Yo envié”, “Yo herí”, “Yo hice”, “Yo te saqué”, “Yo te libré”, etc. Israel no es el protagonista de la narración, sino su objeto. Dios es quien creó a Israel. Si él no hubiera intervenido en la vida de Abraham, ellos habrían servido a los mismos ídolos. La existencia de Israel como nación no era mérito de ninguno de sus antepasados, sino obra exclusiva de la gracia de Dios. El hecho de que los israelitas estuvieran establecidos en la tierra no era motivo de jactancia, sino la razón misma por la que debían servir a Dios.
El discurso del Señor alterna cinco veces los pronombres “ustedes” y “ellos” (los “padres”, o antepasados). Los padres y esta generación de Siquem son tratados como uno solo. Josué intenta demostrar lo que Moisés ya había afirmado en Deuteronomio 5:3: que el Señor no instituyó el pacto solo con los padres, sino con todos los presentes en el momento del discurso de Josué. La inmensa mayoría de los allí presentes no había vivido el Éxodo. No “todos” habían estado en Horeb. Sin embargo, Josué dice que todos ellos estuvieron allí. En resumen, cada nueva generación debía apropiarse de las lecciones del pasado. El Dios que obró en favor de sus ancestros en el pasado estaba dispuesto a actuar en favor de la generación presente. ¿De qué manera podemos tener como iglesia una percepción más clara de nuestra responsabilidad corporativa; es decir, captar la idea de que lo que hacemos repercute en todos los miembros de la iglesia?
Lunes 22 de diciembre
CON INTEGRIDAD Y EN VERDAD
¿Qué llamado hizo Josué a los israelitas? (Jos. 24:14, 15). ¿Qué significa servir al Señor con sinceridad y en verdad? El llamamiento hecho por Josué expresaba claramente el hecho de que Israel debía decidir si conservaría su singularidad y habitaría en la tierra en virtud de su lealtad a su Creador, o si volvería a ser uno de tantos pueblos idólatras, sin una identidad, un propósito o una misión claros. La decisión era suya. El llamamiento de Josué era doble: Israel debía reverenciar al Señor y servirlo “con sinceridad y en verdad”. Reverenciar al Señor significa manifestar un respeto profundo que surge del reconocimiento de la insondable grandeza, santidad e infinitud de Dios, por un lado, y de nuestra pequeñez, pecaminosidad y finitud, por otro.
Reverenciar a Dios significa ser constantemente consciente de la magnitud de sus exigencias y reconocer que él no es solo nuestro Padre celestial, sino también nuestro Rey divino. Una percepción tal nos conducirá a una vida de obediencia a Dios (Lev. 19:14; 25:17; Deut. 17:19; 2 Rey. 17:34). Mientras que la reverencia o respeto describe la actitud interior que debía caracterizar a un israelita, el resultado práctico de la reverencia para con Dios era el servicio dedicado a él. El servicio que se exigía a Israel es caracterizado por dos términos hebreos traducidos como “en sinceridad” y “en verdad”. El primero de ellos (tamim) se utiliza sobre todo como adjetivo para describir la perfección de un animal destinado al sacrificio. El segundo describe el servicio que se esperaba de Israel como “verdadero” o “fiel” (heb. ‘emet). El término generalmente connota constancia y estabilidad. Suele referirse a Dios, quien se caracteriza por su fidelidad, con Israel en el pasado.
Una persona fiel es alguien de quien se puede depender y en quien se puede confiar. Básicamente, Josué estaba pidiendo a Israel que demostrara la misma lealtad a Dios que Dios había mostrado hacia su pueblo a lo largo de su historia. No se trataba de un mero cumplimiento externo de las exigencias divinas, sino de algo que debía brotar de un interior indiviso y coherente. Sus vidas debían reflejar gratitud a Dios por lo que había hecho por ellos. Básicamente, así es como debemos relacionarnos también hoy con Jesús. ¿Qué significa para ti servir al Señor “con sinceridad” y “en verdad”? ¿Qué te está impidiendo tener una devoción plena hacia Dios?
Martes 23 de diciembre
LIBRES PARA SERVIR
Como líder genuino y fiel, Josué respetaba el libre albedrío de su pueblo y deseaba que Israel decidiera libremente servir al Señor. En otros pasajes, la palabra bajar, traducida como “elegir”, describe la elección de Israel por parte de Dios (Deut. 7:6, 7; 10:15; 14:2). Israel era libre de decir “no” al Señor tras haber sido elegido divinamente, pero eso no tendría sentido y sería absurdo. Israel podía decir “sí” a Dios y seguir viviendo o darle la espalda y dejar de existir como pueblo elegido. ¿Cuál fue la respuesta de Israel al llamamiento de Josué? (Jos. 24:16-18). ¿Por qué reaccionó Josué de esa manera? (Jos. 24:19-21) En su respuesta categóricamente positiva, los israelitas reconocieron que el Dios de los patriarcas y de sus padres era ahora también “nuestro Dios” (Jos. 24:17, 18), a quien estaban dispuestos a servir con lealtad indivisa.
Después de una afirmación tan incuestionable acerca de su lealtad, esperaríamos palabras de afirmación y aliento por parte de Josué. Sin embargo, no fue así. El diálogo entre Josué y el pueblo dio un giro drástico en el que Josué parecía desempeñar el papel de abogado del diablo, ya que pasó de hablar de la bondadosa providencia del Señor en el pasado a amenazar a los israelitas con la imagen de un Dios al que no era fácil servir. Josué conocía la inestabilidad de la primera generación, que prometió obedecer a Dios en términos similares (Éxo. 19:8; 24:3; Deut. 5:27), pero que olvidó sus promesas mientras las palabras estaban aún en sus labios (Éxo. 32). Por lo tanto, utilizó la retórica para hacer conscientes a los israelitas de varias cosas. En primer lugar, la decisión de servir a Dios era algo solemne que debía moldear a toda la nación de acuerdo con la revelación divina. Las bendiciones resultantes de perseguir ese objetivo eran evidentes, pero también debían comprenderse plenamente las consecuencias de la desobediencia.
El perdón de los pecados no es un derecho inalienable de la humanidad, sino un milagro de la gracia de Dios. En segundo lugar, la decisión de los israelitas de servir a Dios debía ser su propia decisión, no algo impuesto por un líder, ni siquiera por Josué. En tercer lugar, Israel debía darse cuenta de que los seres humanos no pueden servir a Dios mediante sus propias fuerzas. El servicio a Dios no era algo que lograrían por medio de una adhesión mecánica a las estipulaciones del pacto, sino mediante una relación personal con el Señor como su salvador (comparar con Éxo. 20:1, 2 y Deut. 5:6, 7).
Miércoles 24 de diciembre
LOS PELIGROS DE LA IDOLATRÍA
Lee Josué 24:22-24. ¿Por qué fue necesario que Josué repitiera su llamamiento a los israelitas para que se deshicieran de sus ídolos? El peligro de la idolatría no era teórico. Moisés había pedido antes la misma decisión en las llanuras de Moab y en un contexto similar (Deut. 30:19, 20). Los dioses que estaban ahora en el punto de mira no eran los de Egipto ni los de más allá del río, sino que se encontraban “entre ellos”. Por eso, Josué rogó a su pueblo que inclinara su corazón hacia el Señor. El término hebreo traducido aquí como “inclinar” es natah, que describe en otros textos a un Dios que se inclina y escucha las oraciones (2 Rey. 19:16; Sal. 31:2, 3; Dan. 9:18), y es también la actitud que los profetas exigieron posteriormente a Israel (Isa. 55:3; Jer. 7:24).
A ese verbo también se lo emplea para indicar la apostasía de Salomón, cuando su corazón se inclinó hacia “otros dioses” (1 Rey. 11:2, 4, 9). El pecaminoso corazón humano no tiene la tendencia natural a inclinarse ante Dios y escuchar su voz. Se necesitan decisiones conscientes de nuestra parte para inclinarlo hacia el cumplimiento de la voluntad divina. La respuesta de los israelitas fue, literalmente, “Escucharemos su voz”. Esta expresión enfatiza el aspecto relacional de la obediencia. No se pedía a Israel que siguiera rutinariamente un conjunto de reglas. El pacto consistía en una relación viva con el Señor, una que no podía expresarse plenamente mediante meros reglamentos. La religión de Israel nunca tuvo el propósito de ser legalista, sino un diálogo constante de fe y amor con un Salvador santo y misericordioso. Incluso después de la triple promesa del pueblo de servir al Señor, lo cual implicaba, como ordenó Josué, la eliminación de los dioses de entre ellos, no hay ningún informe de que eso ocurriera realmente.
A lo largo de todo el libro, se informa al lector acerca del cumplimiento de los mandatos de Josué (o de Moisés) como ejemplo de obediencia. La ausencia de ello en la conclusión del libro representa un final abierto. El llamamiento central del libro a servir al Señor no era solo para la generación de Josué, sino también para cada nueva generación del pueblo de Dios que lea o escuche ese mensaje. ¿Cuántas veces prometiste al Señor que harías algo, pero luego no lo hiciste? ¿Por qué no cumpliste tu promesa? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de la gracia?
Jueves 25 de diciembre
UN BUEN FINAL
Lee las palabras finales del libro de Josué escritas por un redactor inspirado (Jos. 24:29-33). ¿De qué manera esas palabras no solo rememoran la vida de Josué, sino también se proyectan hacia el futuro? El epílogo del libro acerca de la muerte de Josué y del sumo sacerdote Eleazar concluye con un final aleccionador. Al relatar el entierro de Josué, el de Eleazar y el de los huesos de José, el escritor crea un contraste entre la vida fuera de la tierra concedida a Israel y el comienzo de la vida en ella. Ya no había necesidad de vagar. Los restos terrenales de los líderes ya no necesitaban ser cambiados de lugar. Antiguamente, los patriarcas enterraban a sus familiares en una cueva (Gén. 23:13, 19; 25:9, 10), en una parcela comprada en Siquem (Gén. 33:19).
Ahora, la nación enterraba a sus líderes en el territorio de su propia herencia, lo cual implicaba un sentido de permanencia. Las promesas hechas a los patriarcas se habían cumplido. La fidelidad de Dios constituía el hilo histórico que unía la posteridad de Israel con su presente y su futuro. Puesto que los párrafos finales del libro enlazan toda la narración con una historia más amplia acerca del pasado, también abren el camino hacia el futuro. En un discurso pronunciado en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Shrewsbury, Inglaterra, Lord George Cary, ex arzobispo de Canterbury, declaró que la Iglesia Anglicana estaba “a una generación de la extinción”. De hecho, la iglesia está siempre a una generación de la extinción, y así fue también con el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento.
Un gran capítulo de la historia de Israel llegaba a su fin. Su futuro dependía del tipo de respuestas que diera a las numerosas preguntas planteadas. ¿Sería Israel fiel al Señor? ¿Sería capaz de continuar la tarea inacabada de poseer toda la tierra? ¿Se aferraría a Dios y no caería en la idolatría? Una generación había sido fiel al Señor bajo el liderazgo de Josué. ¿Mantendría la siguiente generación la misma dirección espiritual trazada por su gran líder? Al leer el libro de Josué, cada generación sucesiva del pueblo de Dios debía hacer frente a esas mismas preguntas. Su éxito dependía de las respuestas que dieran a ellas en su vida cotidiana y de cómo se relacionaran con las verdades que habían heredado. Josué, como Pablo, “peleó la buena batalla” (2 Tim. 4:7). ¿Cuál fue la clave de su éxito? ¿Qué decisiones necesitas tomar hoy para experimentar esa misma seguridad acerca de tu salvación? 155
Viernes 26 de diciembrE
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 560-563 del capítulo “Las últimas palabras de Josué” en el libro Patriarcas y profetas de Elena de White. “Entre las multitudes que salieron de Egipto había muchos que habían sido adoradores de ídolos; y tal es el poder del hábito, que la práctica continuó secretamente, hasta cierto punto, aun después del establecimiento en Canaán. Josué era consciente de la existencia de este mal entre los israelitas, y percibía claramente los peligros que derivarían de ello. Deseaba fervientemente ver una reforma completa entre la hueste hebrea. Sabía que a menos que el pueblo decidiera servir al Señor de todo corazón, seguiría separándose cada vez más de él. […] Aunque una parte de la hueste hebrea estaba constituida por adoradores realmente espirituales, muchos eran meros formalistas; ningún celo ni seriedad caracterizaban su servicio.
Algunos eran idólatras de corazón que se habrían avergonzado de reconocerse como tales” (Elena de White, “Joshua’s Farewell Address”, Signs of the Times, 19 de mayo de 1881, p. 1). “Este pacto solemne fue registrado en el libro de la ley para ser preservado sagradamente. Josué erigió entonces una gran piedra debajo de una encina que estaba junto al Santuario del Señor y dijo a todo el pueblo: ‘Esta piedra será testigo. Ha oído todas las palabras que el Señor les habló; será testigo contra ustedes, para que no mientan a su Dios’ (Jos. 24:27). Aquí Josué declaró claramente que sus instrucciones y advertencias dirigidas al pueblo no eran sus propias palabras, sino las de Dios. Esta gran piedra daría testimonio a las generaciones venideras acerca del acontecimiento que conmemoraba, y sería un testimonio contra el pueblo en caso de que cayera nuevamente en la idolatría” (Elena de White, “The Stone of Witness”, Signs of the Times, 26 de mayo de 1881, p. 1).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Analiza el significado de la expresión “Él [el Señor] es Dios santo, Dios celoso” (Jos. 24:19). ¿En qué sentido es él un Dios celoso?
2. ¿Cómo se relaciona nuestro amor a Dios con la libertad de elección que él nos concede? Es decir, ¿podríamos amar de verdad si no tuviéramos verdadera libertad? ¿Puede el verdadero amor ser forzado? Si no es así, ¿por qué no?
3. ¿De qué maneras prácticas pueden los líderes actuales de la iglesia pasar la antorcha a la siguiente generación?
4. Piensa en la vida de Josué y en el hecho de que los israelitas sirvieron al Señor a lo largo de su vida. ¿Qué conclusión te gustaría que la gente extrajera de tu vida?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 5:
Para el 1.° de agosto de 2026
«TODO PARA LA GLORIA DE DIOS»
Sábado 25 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 8; Hechos 15: 20; 1 Corintios 9: 1-6; 10: 5-22; Deuteronomio 6: 4-5; Marcos 12: 28-31.
PARA MEMORIZAR: «Así, si comen, o beben, o hacen otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10: 31).
Los capítulos 8 al 10 de 1 Corintios concluyen la discusión de los capítulos 5 y 6 acerca de la sexualidad y presenta al mismo tiempo las respuestas de Pablo a preguntas específicas formuladas en una carta que había recibido de los corintios (1 Cor. 7: 1). Estas respuestas dominarán el resto de 1 Corintios. El contenido y la naturaleza de 1 Corintios 7 indica que la inmoralidad sexual (caps. 5-7) y la idolatría (caps. 8-10) son temas relacionados. De hecho, a menudo son mencionados juntos en el Nuevo Testamento (ver Hech. 15: 20, 29; 21: 25; 1 Cor. 6: 9; Efe. 5: 5; Col. 3: 5; Apoc. 21: 8; 22: 15).
En general, Pablo aborda el problema de la inmoralidad sexual en 1 Corintios 5 a 7, mientras que su principal preocupación en los capítulos 8 a 10 es la cuestión de la idolatría. El apóstol afirma que los cristianos deben huir de ambas (1 Cor. 6: 18; 10: 14). La semana pasada vimos que el cristiano puede evitar la inmoralidad sexual pues es templo del Espíritu Santo (1 Cor. 6: 19-20). Esta semana veremos que también puede huir de la idolatría al hacer «todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10: 31).
Domingo 26 de julio
CONOCIMIENTO VERSUS AMOR
Lee 1 Corintios 8: 1-13. ¿Por qué Pablo contrasta el conocimiento con el amor? ¿Cuál es el contexto aquí? ¿Qué quiere decir el apóstol? Pablo utiliza el tema de los alimentos ofrecidos a los ídolos, que había dividido a la iglesia de Corinto en dos grupos, para abordar una cuestión más profunda: la falta de amor por los demás (1 Cor. 8). Algunos creían que su conocimiento sobre la inexistencia de otros dioses les daba derecho a comer carne de animales sacrificados a los ídolos (1 Cor. 8: 4). Pablo llama a estos «los fuertes» (1 Cor. 4: 10).
Por otra parte, quienes se oponían a este comportamiento son designados como «los débiles» (1 Cor. 8: 9-12). El apóstol identificó así a los del segundo grupo tal vez porque no habían superado algunas creencias supersticiosas propias de su anterior experiencia pagana. Al ver a los «fuertes» comiendo alimentos ofrecidos a los ídolos, podrían llegar a la conclusión de que el cristianismo y la idolatría eran compatibles.
Por lo tanto, Pablo no quería que los «fuertes» se convirtieran en un tropiezo para los débiles. La Biblia considera el acto de ingerir alimentos ofrecidos a los ídolos de manera muy negativa (Hech. 15: 20, 29; 21: 25; comparar con Apoc. 2: 14, 20). Sin embargo, Pablo no pronuncia declaraciones tan radicales como las que se ven en estos pasajes. Esto se debe a que su principal preocupación es la falta de unidad que podría causar el mal uso del conocimiento. Pablo no critica el conocimiento como algo malo en sí mismo, sino que se opone al tipo de conocimiento que conduce a la arrogancia y la división en la iglesia. El conocimiento sin amor no es verdadero conocimiento en absoluto (1 Cor. 8: 2). El verdadero conocimiento surge solamente cuando uno ama a Dios y es conocido por él (1 Cor. 8: 3). Citando Deuteronomio 6: 4, Pablo muestra que los creyentes deben saber que solo hay un Dios (1 Cor. 8: 4-6).
Curiosamente, sigue la misma idea que se ve en Deuteronomio 6: 4, 5, donde la afirmación de que nuestro Dios es uno va seguida del mandamiento «amarás al Señor tu Dios». Tanto para Pablo como para Moisés, el conocimiento sin amor carece de valor. Confiados en su conocimiento, los «fuertes» creían que comer alimentos sacrificados a los ídolos era inofensivo. Como veremos el miércoles y el jueves, Pablo les concedió ese derecho bajo ciertas condiciones. Sin embargo, si eso se convertía en un obstáculo para los «débiles» (1 Cor. 8: 9), debía ser evitado. Se supone que los cristianos deben practicar la abnegación por amor a Cristo y a los demás. Pablo argumenta que el conocimiento carente de amor puede convertirse en algo malo (1 Cor. 8). ¿En qué situaciones puede ser realmente malo el conocimiento sin amor?
Lunes 27 de julio
AMOR DESINTERESADO
Lee 1 Corintios 9: 1-6. ¿Cómo proporciona este pasaje un ejemplo práctico de lo que significa la abnegación resultante del amor? A primera vista, parece que la defensa que Pablo hace de su apostolado en 1 Corintios 9 no tiene ninguna relación con la discusión anterior acerca del conocimiento y el amor. Sin embargo, no hay que olvidar que la Biblia no fue escrita originalmente en capítulos. Lo que Pablo enseña en 1 Corintios 9 no está desconectado del material anterior. De hecho, 1 Corintios 9 ofrece un ejemplo práctico de amor desinteresado por Cristo y por los hermanos.
Pablo renunció a algunos de sus derechos por amor. «Derecho a comer y beber» (1 Cor. 9: 4). Aquí, la comida y la bebida representan la ayuda económica en general. Como apóstol, Pablo tenía derecho a recibir apoyo material de aquellos a quienes ministraba. Otros líderes religiosos de su época solían hacer precisamente eso. Pero, a diferencia de ellos, él se ganaba la vida fabricando tiendas de campaña (Hech. 18: 3). «Derecho a traer una esposa creyente» (1 Cor. 9: 5). A un apóstol casado se le permitía realizar un viaje misionero con su esposa a expensas de la iglesia.
Entre los ejemplos de parejas misioneras se encuentran Priscila y Aquila (Rom. 16: 3), y, quizás, Andrónico y Junia (Rom. 16: 7). Pero Pablo no estaba casado (1 Cor. 7: 8). Podría haberse casado y haberse beneficiado del derecho a ir acompañado de una esposa con apoyo financiero para ambos. «Obligados a realizar otros trabajos para sustentarnos» (1 Cor. 9: 6). Pablo y Bernabé tenían derecho a ganar un salario por su trabajo misionero (1 Cor. 9: 4-6). Pablo se ganaba la vida como fabricante de tiendas (Hech. 18: 3), pero no sabemos cuál era la ocupación de Bernabé. Lo que sí sabemos es que era muy generoso (Hech. 4: 36-37) y, por lo tanto, estaba dispuesto a mantenerse a sí mismo. En 1 Corintios 9: 7-11, Pablo desarrolla la idea de 1 Corintios 9: 6 para mostrar que era justo que él y Bernabé fueran sostenidos económicamente por la iglesia (1 Cor. 9: 11-12). El Señor mismo ordenó: «Los que anuncian el evangelio vivan del evangelio» (1 Cor. 9: 14; comparar con 1 Tim. 5: 18). Sin embargo, Pablo dice: «No hemos usado de ese derecho» (1 Cor. 9: 12).
En consecuencia, Pablo se presenta a sí mismo como un ejemplo de abnegación (1 Cor. 9: 1-18) y argumenta que esto es beneficioso para la predicación del evangelio en Corinto (1 Cor. 9: 19-23). ¿Hay cosas que te corresponden, pero a las que sería mejor renunciar para ser un testigo más eficaz del Señor?
Martes 28 de julio
APRENDIENDO DEL PASADO
Después de dar un ejemplo de abnegación basado en su propia experiencia, Pablo se centra más concretamente en el tema de la idolatría. En cierto sentido, 1 Corintios 10 desarrolla la idea de 1 Corintios 9: 27, donde Pablo comenta que se disciplina a sí mismo para no quedar descalificado. Quiere que los corintios sigan su ejemplo, pero Jesús es el modelo por excelencia (1 Cor. 11: 1). Lee 1 Corintios 10: 7-11. ¿Qué pecados cometió Israel en el desierto y por qué los privilegios que se les concedieron hicieron que esos pecados fueran aún peores? En 1 Corintios 10: 1-5, Pablo alude a la historia del pueblo de Dios en el desierto.
La referencia a la nube y al mar nos recuerda la conducción, la presencia y la protección de Dios. A su vez, la comida y la bebida representan la provisión hecha por Dios. Pablo se refiere a la experiencia de Israel en la nube y el mar como un bautismo análogo al bautismo cristiano. Del mismo modo, al referirse a la comida y la bebida, Pablo alude a la Cena del Señor. En otras palabras, 1 Corintios 10 enseña que, en cierto sentido, los cristianos están viviendo las mismas experiencias que el antiguo Israel. Sin embargo, Pablo recuerda la historia de Israel porque no quiere que ella se repita.
A pesar de todos los privilegios que tenía el pueblo de Dios, muchos de sus integrantes deseaban cosas malas (1 Cor. 10: 6), como la idolatría (vers. 7) y la inmoralidad sexual (vers. 8). No es de extrañar, pues, que ello «no agradó a Dios» (vers. 5). Es fácil señalar con el dedo al antiguo Israel y decir que cometieron faltas graves. Sin embargo, Pablo argumenta que los cristianos son susceptibles de caer en pecados similares a pesar de su inmenso privilegio de conocer la historia de Cristo. Esto resulta claro en la advertencia: «El que piensa estar firme, mire que no caiga» (1 Cor. 10: 12).
Las palabras «el que piensa» sugieren que algunos en la iglesia no se daban cuenta de que corrían el peligro de caer en esos pecados. ¿Corremos el mismo riesgo hoy? «El que piensa estar firme, mire que no caiga». ¿Quién de nosotros no ha experimentado la realidad de esa advertencia? La Biblia dice que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar, sino que, «cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir» (1 Cor. 10: 13, NVI). Entonces, ¿por qué nos sigue resultando tan fácil pecar?
Miércoles 29 de julio
ADVERTENCIA CONTRA LA IDOLATRÍA
Lee 1 Corintios 10: 5-22. ¿Por qué debemos huir de la idolatría? En 1 Corintios 10: 14–22, Pablo retoma el tema de los alimentos ofrecidos a los ídolos, lo cual puede resultar extraño en muchas culturas actuales, pero era algo común en los tiempos bíblicos. Cuando se sacrificaban animales a los dioses en los templos paganos, parte de la carne era entregada a los sacerdotes oficiantes, quienes la vendían. Parte de esta carne llegaba a los mercados públicos. Como esta carne no era separada de otras que también se ofrecían a la venta en el mercado, un cristiano podía comprar, sin saberlo, carne que había sido ofrecida a los ídolos.
El consejo del apóstol fue que los cristianos podían comprar libremente esa carne. Sin embargo, aunque los cristianos podían comer en casa la carne previamente sacrificada en un templo pagano (1 Cor. 8: 1-13), la práctica de entrar en los templos paganos y participar en sus festivales estaba claramente prohibida para los cristianos. El criterio es claro: los cristianos pueden comer esa carne en casa porque los ídolos no existen (1 Cor. 8: 4), pero no deben participar en ceremonias paganas porque esto equivale a adorar a los demonios (1 Cor. 10: 20‑21).
Participar en rituales paganos equivale a tener comunión con los demonios (1 Cor. 10: 20), así como participar en la Cena del Señor equivale a tener comunión con Cristo (1 Cor. 10: 16). Por lo tanto, Pablo dice: «No pueden beber la copa del Señor y la copa de los demonios. No pueden participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios» (1 Cor. 10: 21). Como dijo Jesús: «Ninguno puede servir a dos señores» (Mat. 6: 24). Pablo enseña que Dios exige lealtad incondicional. Da a entender que la idolatría provoca «los celos del Señor» (1 Cor. 10: 22).
Para que eso no suceda, el apóstol provee, en 1 Corintios 8: 4-6, una regla infalible contra la idolatría, aludiendo a Deuteronomio 6: 4-5: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu poder» (Deut. 6: 4-5; énfasis añadido). A esta idea de amar a Dios por encima de todo, Jesús añadió: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mar. 12: 31; ver también Lev. 19: 18). Las estatuas religiosas o cúlticas no son los únicos ídolos que existen. Casi cualquier cosa puede ser convertida en un ídolo. ¿De qué ídolos, si los tienes, necesitas deshacerte?
Jueves 30 de julio
VENCIENDO LA IDOLATRÍA
Pablo sostiene, en 1 Corintios 8: 1-3, que el amor nos protege de la idolatría. Este argumento es retomado y desarrollado en 1 Corintios 10: 23-11: 1. En 1 Corintios 8: 3, el apóstol se refiere a nuestro amor por Dios. Y en 1 Corintios 10: 24, al amor por los demás: «Ninguno busque su propio bien, sino el de otros». Lee Marcos 10: 17-22 y Marcos 12: 28-31. ¿Qué tienen en común estos dos pasajes y cómo se aplican a la situación de 1 Corintios 10? Pablo hace, en 1 Corintios 10, precisamente lo que Jesús hizo en Marcos 12: 28‑31; es decir, une los dos grandes mandamientos de la ley: el amor a Dios por encima de todo y el amor a los demás. En la historia del joven rico (Mar. 10: 17-22), Jesús une estos dos tipos de amor, y lo hace aludiendo respectivamente a Deuteronomio 6: 4 (ver Mar. 10: 18) y a la segunda tabla del Decálogo (ver Mar. 10: 19).
El problema de ese joven rico era que amaba sus posesiones más que a Dios y a su prójimo (Mar. 10: 22). Valoraba sus tesoros terrenales por encima de los celestiales. Valoraba su dinero por encima de los pobres (Mar. 10: 21). Era un idólatra. Siguiendo las enseñanzas de Jesús, Pablo sugiere que el principio de amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo debe aplicarse a las situaciones hipotéticas que menciona en 1 Corintios 10: 27-28. Esto significa que incluso las cosas lícitas pueden no ser provechosas ni edificantes, ya que pueden ofender la conciencia de otra persona (1 Cor. 10: 23). Este principio está magistralmente sintetizado en las palabras «háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10: 31).
Al decir que todo debe hacerse para la gloria de Dios, Pablo indica que la idolatría puede manifestarse de las formas más variadas, ya que cualquier cosa que usurpe la gloria que pertenece solo a Dios es una forma de idolatría (Isa. 42: 8). Las palabras de Pablo en 1 Corintios 10: 31 a 11: 1 sirven como conclusión de los capítulos 8-10. El apóstol deja claro allí que no buscaba su propio beneficio, «sino el de muchos, para que sean salvos» (1 Cor. 10: 33). Así es como imitó a Cristo (1 Cor. 11: 1). ¿Cómo puedes aprender a amar mejor a tu prójimo como a ti mismo?
Viernes 31 de julio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «La idolatría en el Sinaí», en Patriarcas y profetas (pp. 287-300), de Elena G. de White. «¡Cuánto bien podríamos hacer mediante un buen uso de nuestras relaciones con los demás! Todo aquel que ha recibido los beneficios celestiales tiene la obligación de iluminar el camino de los demás.[...] Entonces, todos aquellos que aman verdaderamente a Dios dejarán de adorarse a sí mismos como ídolos» (Elena G. de White, «The Coming Thanksgiving», Review and Herald, 18 de noviembre de 1884, p. 730). «Pablo instó a sus hermanos a preguntar qué influencia ejercerían sus palabras y hechos sobre los demás, y a no hacer nada, por inocente que fuera en sí mismo, que pareciera sancionar la idolatría u ofender los escrúpulos de los que fueran débiles en la fe. “Si pues comen, o beben, o hacen otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.
Sean sin ofensa a judíos, y a gentiles, y a la iglesia de Dios”. »Las palabras de amonestación del apóstol a la iglesia de Corinto se aplican a todo tiempo, y convienen especialmente a nuestros días. Por idolatría, él no se refería solamente a la adoración de los ídolos, sino al servicio propio, al amor a la comodidad, a la complacencia de los apetitos y las pasiones» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 236). «Si ven que al hacer ciertas cosas que tienen perfecto derecho de hacer estorban el progreso de la obra de Dios, absténganse de hacerlas. No hagan nada que cierre la mente de otros a la verdad. [...] Todas las cosas pueden ser lícitas, pero no todas convienen» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 172).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Según Pablo, el comportamiento de un cristiano maduro puede, en ocasiones, inhibir el crecimiento de un cristiano inmaduro. Piensa en situaciones en las que esto podría ocurrir. ¿Por qué el principio de amar a Dios por encima de todo y al prójimo como a uno mismo es la única forma de afrontar este desafío?
2. ¿Cuáles son algunos ídolos que incluso los cristianos pueden llegar a adorar si no tienen cuidado? ¿Cuáles son algunas cosas buenas que podemos convertir en ídolos? Además, ¿cómo puedes saber si algo que te interesa mucho se ha convertido para ti en un ídolo?
3. Pablo dice que disciplinó su cuerpo y lo sometió para no quedar descalificado al predicar el evangelio (1 Cor. 9: 27). Basándote en el estudio de esta semana, piensa en qué puede descalificar a una persona como predicador del evangelio.
4. En 1 Corintios 10, Pablo aborda los peligros de la idolatría y dice: «Huyan de la idolatría» (1 Cor. 10: 14). ¿Por qué es tan mala la idolatría?
