Lección 2:
Para el 10 de enero de 2026
RAZONES PARA AGRADECER Y ORAR
Sábado 3 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 1:1–18; 1 Corintios 13:1–8; Jeremías 17:9; Colosenses 1:1–12; 1 Pedro 1:4; Salmo 119:105; Isaías 30:21.
TEXTO PARA MEMORIZAR: “Estoy seguro: el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).
Pablo comienza intencionalmente sus epístolas con palabras de saludo y agradecimiento. “Gracia y paz a ustedes, de nuestro Padre Dios y del Señor Jesucristo. Siempre damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo cuando oramos por ustedes” (Col. 1:2, 3). Al igual que Pablo, tenemos mucho que agradecer. Hemos experimentado la gracia de Dios de formas profundas que ni siquiera los ángeles pueden comprender. Lo mismo puede decirse del don de la paz, que abarca la armonía con Dios y la esperanza que brota de su amor.
En el nivel humano, podemos mostrar aprecio a los demás y esperar que las personas aprecien lo que hacemos por ellas. Los padres oran para que sus hijos amen a Dios y valoren algún día, si no ahora, los sacrificios que ellos han hecho para darles la mejor educación posible. Pero los seres humanos cometemos muchos errores y aprendemos de ellos, o al menos deberíamos.
Esta semana estudiaremos las palabras iniciales de agradecimiento y oración de Pablo en Filipenses y Colosenses, las cuales pueden enriquecer y fortalecer nuestra propia vida de oración. Estrategias y herramientas
Domingo 4 de enero
LA COMUNIÓN EN EL EVANGELIO
Lee Filipenses 1:3-8. ¿Por qué estaba agradecido Pablo? ¿Qué seguridad dio a los filipenses y por qué es eso importante? Puesto que Pablo fundó la iglesia de Filipos, podemos percibir en sus palabras el calor de la comunión cristiana impregnando su carta. Aunque separado de la iglesia por cientos de kilómetros y privado de la libertad, Pablo llevaba a la congregación y a sus miembros en el corazón, los anhelaba “con el afecto entrañable de Jesucristo” (Fil. 1:8) y dio gracias a Dios por ellos.
La oración de acción de gracias de Pablo deja entrever incluso la intercesión de Jesús por nosotros en el Cielo. En el pectoral del sumo sacerdote había doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel. El pueblo debía estar “sobre su corazón” mientras intercedía por él (Éxo. 28:29). De una manera aún mayor, nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, nos representa ante el Padre en el Santuario Celestial. En el idioma original, Filipenses 1:3 puede significar que Pablo se acordaba de ellos en su oración o podía también referirse a que ellos se acordaban de él. Esto destaca la estrecha relación que existía entre él y los filipenses, lo cual también es subrayado por la palabra “comunión” (griego koinōnia) en Filipenses 1:5 y 2:1.
Así como Pablo participaba de los sufrimientos de Cristo (Fil. 3:10), los filipenses “participaban” (griego synkoinōneō) de los sufrimientos de Pablo y apoyaban económicamente su ministerio (Fil. 4:14, 15). Esta reciprocidad, que existió “desde el primer día hasta ahora” (Fil. 1:5), lo motivó a agradecer a Dios por ellos y a orar por ellos “con gozo” (Fil. 1:4). Resulta interesante que Pablo describa su situación en la cárcel de forma positiva, como una oportunidad para “la defensa y confirmación del evangelio” (Fil. 1:7). El uso de estos dos términos legales sugiere que su juicio es inminente, pero también que estaba compartiendo activamente el evangelio con soldados y visitantes. La defensa (apología, en griego) del evangelio contra los ataques dirigidos a él y la confirmación de sus verdades eternas son dos actividades igualmente esenciales.
Pablo parece menos interesado en su propio futuro que en la vindicación del evangelio. Ya sea que viva o muera, confía en que Dios “irá perfeccionando” la “buena obra” que ha comenzado en quienes creen en él (Fil. 1:6). ¿Cómo entiendes la promesa de que Dios terminará la “buena obra que empezó” en nosotros (Fil. 1:6)? ¿Qué significa esto? ¿Terminará esta obra antes de la Segunda Venida?
Lunes 5 de enero
LOS PEDIDOS DE PABLO EN ORACIÓN
Hace algunos años, un pastor hablaba de las oraciones que giran en torno a quien ora y sus necesidades o deseos. Las caracterizó acertadamente como “pequeñas oraciones egoístas”, ya que Dios tiene en mente cosas más grandes que esas para sus hijos. Lee la oración de Pablo en Filipenses 1:9-11. ¿En qué se centra y qué grandes peticiones incluye? ¿Qué te dice eso acerca de la oración? Esta oración solo tiene 43 palabras en griego, pero abarca todo lo que Pablo anhela que caracterice a los creyentes: amor, conocimiento, discernimiento, sinceridad, irreprochabilidad y justicia por medio de Jesucristo.
En esta oración, así como en las anteriores expresiones de gratitud de Pablo, subyace un énfasis en la iglesia en su conjunto. La oración del apóstol está totalmente centrada en los demás, en el conjunto de los creyentes y en su bienestar. Veamos más detenidamente algunos de los elementos individuales de la oración: Amor. Pablo no solo pide más amor, sino un amor encaminado en una dirección específica: “En conocimiento verdadero y en todo discernimiento” (Fil. 1:9; LBLA). La referencia al conocimiento no se refiere a algo meramente intelectual, sino que implica una comprensión de las cosas espirituales que solo puede adquirirse mediante la comunión con Dios y el estudio de su Palabra (ver Efe. 1:17; 4:13; 1 Tim. 2:4). Discernimiento.
Para Pablo, esto significa ser capaz de “aprobar lo mejor o excelente” (en contraste con lo moralmente perjudicial) y ser “sinceros y sin culpa”; es decir, irreprochables (Fil. 1:10). Sinceridad. La palabra griega así traducida significa “juzgado por la luz del sol” y se refiere a una intachable pureza de acción: “Todo cuanto hacen los cristianos debe ser transparente como la luz del Sol” (Elena de White, Reflejemos a Jesús [Boise, ID: Pacific Press, 1985], p. 63). Sin culpa. Esto significa no ser piedra de tropiezo, no decir ni hacer nada que haga más difícil que una persona crea. Justicia por medio de Jesucristo. Pablo se detiene largamente en esto en las epístolas de Romanos y Gálatas, y lo ampliará también en Filipenses 3. No tenemos justicia propia, sino solo la que recibimos por medio de Cristo. ¿Cómo puede nuestro amor “abundar aún más y más” (Fil. 1:9)? ¿Por qué es esto tan importante para la vida cristiana? (Ver también 1 Cor. 13:1-8).
Martes 6 de enero
EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL APLICADO
Los filipenses, comprensiblemente, se angustiaron cuando supieron del encarcelamiento de Pablo. Ahora su trabajo estaría seriamente limitado, ya que no podía viajar, predicar, visitar las sinagogas para enseñar acerca de Jesús como el Mesías, ni establecer iglesias. Por ello, enviaron a Epafrodito para saber cómo estaba el apóstol, animarlo y asegurarse de que sus necesidades físicas estuvieran atendidas. Lee Filipenses 1:12-18. ¿Cómo veía Pablo su encarcelamiento? ¿Qué lecciones podemos aprender de su actitud a pesar de las circunstancias en las que se encontraba? El mensaje que Pablo envió a la iglesia por medio de Epafrodito sorprendió indudablemente a los filipenses.
Pablo veía sus circunstancias con otros ojos. Su discernimiento espiritual lo llevó a considerar su encarcelamiento como algo positivo, ya que no obstaculizó en absoluto su tarea, sino que “ha contribuido más bien al progreso del evangelio” (Fil. 1:12). Donde otros solo veían cadenas y barrotes, Pablo veía a sus guardias romanos como potenciales ciudadanos del Reino de Dios. También vio que su encarcelamiento animaba a otros a ser más activos y a estar más decididos a difundir el evangelio, a hablar con valentía en nombre de Cristo sin temor a las consecuencias. Aunque resulte inconcebible, algunos pensaron que el encarcelamiento de Pablo significaría más atención para ellos y su propia predicación del evangelio. ¡Qué lamentable ejemplo de egoísmo dentro de la iglesia misma! Como había dicho Jeremías mucho antes: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).
Afortunadamente, en contraste, algunos obreros fieles se volvieron más activos en su difusión del evangelio. Amaban tanto a Pablo que el sufrimiento que le vieron soportar por su fe los llevó a confiar más en Cristo, a ser aún más activos en la causa del Señor, a ir adonde antes temían adentrarse, a hablar en situaciones en las que antes guardaban silencio; hizo también que aún más personas aceptaran a Cristo y difundieran el evangelio de salvación. ¿Qué has aprendido de experiencias incuestionablemente malas, pero que te han reportado algo positivo? ¿Cómo podemos aprender a confiar en Dios incluso cuando el resultado positivo no es evidente?
Miércoles 7 de enero
EL FRUTO DEL EVANGELIO
La relación de Pablo con los colosenses era diferente de la que tenía con los cristianos de Filipos. Él los incluía entre aquellos que “nunca me vieron” (Col. 2:1). No obstante, Pablo les aseguró, como a los filipenses, que “siempre” daba gracias a Dios por ellos en sus oraciones. Lee Colosenses 1:3-8. ¿Por qué tres cosas agradece Pablo a Dios? Pablo reúne las tres virtudes que menciona en otros lugares: fe, esperanza y amor (ver 1 Cor. 13:13; 1 Tes. 1:3; 5:8). Nota que Pablo no atribuye estas virtudes a los colosenses, sino que da gracias al Padre por ellas, pues se cuentan entre las dádivas o dones “buenos y perfectos” que recibimos de él (Sant. 1:17).
El amor que Dios siente por nosotros nos conduce a la fe en Cristo (Efe. 2:4-8) y a la esperanza del Cielo, que Pedro describe como “una herencia que nunca puede perecer, ni contaminarse, ni marchitarse, reservada en el cielo para ustedes” (1 Ped. 1:4). Pablo también subraya que el evangelio es digno de confianza porque se basa en “la palabra de verdad”, una expresión que Pablo utiliza en otros lugares para referirse a la palabra inspirada de Dios (ver 2 Cor. 6:7; 2 Tim. 2:15). A diferencia de “la palabra de los hombres”, aquella “actúa” eficazmente en quienes creen (1 Tes. 2:13) y cumple la voluntad de Dios (Isa. 55:11). Así, cuando se proclama el evangelio, el poder de Dios se manifiesta mediante la obra del Espíritu Santo en los corazones de quienes oyen y responden. El propio evangelio produce ese fruto porque es “palabra de vida” (Fil. 2:16).
Quizá lo más asombroso sea la propagación del evangelio en un lapso tan breve. Unos treinta años después de la muerte y la resurrección de Cristo, Pablo ya podía decir que se había extendido “a todo el mundo” (Col. 1:6). Un poco más adelante, en el mismo capítulo, el apóstol dice que el evangelio “es predicado a toda criatura que está debajo del cielo” (Col. 1:23). La extensa red de carreteras romanas hizo posible la celeridad en la comunicación y los viajes rápidos, y así fue como las epístolas de Pablo pudieron circular tan amplia y velozmente. Sin embargo, el poder de Dios que actúa a través del mensaje de la verdad es lo que hace nacer la vida espiritual en las personas (Sant. 1:18; 1 Ped. 1:23) y las convierte en nuevas criaturas en Cristo (2 Cor. 5:17). En Colosenses 1:5, Pablo se refiere a “la esperanza que les está guardada en el cielo”. ¿Cómo interpretas esa esperanza y por qué se aplica a ti, aunque seas realmente indigno?
Jueves 8 de enero
EL PODER DE LA ORACIÓN
Lee Colosenses 1:9-12. ¿Qué peticiones concretas encuentras en la oración de Pablo? Pablo ora para “que sean llenos del cabal conocimiento de su voluntad”. Pablo describe el conocimiento de la voluntad de Dios como “sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9). La sabiduría proviene de confiar plenamente en Dios, estar dispuestos a hacer su voluntad (Juan 7:17) y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento (Prov. 3:5). Pero a menudo surge la pregunta: “¿Cuál es la voluntad de Dios para mí en esta situación?”
Hay cuatro fuentes principales de conocimiento acerca de la voluntad de Dios:
1. La fuente más importante de sabiduría es la Biblia misma: “Lámpara es para mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).
2. Dios nos ha dado sabiduría especial para los últimos días mediante el Espíritu de Profecía (Apoc. 12:17; 19:10), que se ha manifestado a través de los escritos de Elena de White. La Biblia nos alienta: “crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados” (2 Crón. 20:20).
3. La voluntad y la conducción de Dios también pueden conocerse a través de circunstancias providenciales, al pedirle que abra o cierre puertas (ver Col. 4:3). 4. El Espíritu Santo nos guía una vez que hemos aprendido a reconocer su voz: “Si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás detrás de ti una voz que te dirá: ‘Este es el camino, síguelo’ ” (Isa. 30:21).
Pablo oró para que los colosenses anduvieran “como es digno del Señor” (Col. 1:10). Por supuesto, nadie es inherentemente “digno”, pero Dios nos considera dignos por su gracia y nos llama a vivir de acuerdo con ese elevado llamamiento (Efe. 4:1; 1 Tes. 2:12). Pablo utiliza el verbo “andar” tres veces más en esta carta (Col. 2:6; 3:7; 4:5) y se refiere con ello a vivir y actuar de acuerdo con la Ley de Dios (Éxo. 18:20), lo cual solo es posible mediante la obra del Espíritu Santo (Eze. 36:27). Pablo también ora para que la vida de los cristianos de Colosas (y la nuestra) “agrade en todo” al Señor, y enumera luego varias maneras de lograrlo: Fructificando en toda buena obra (Col. 1:9, 10); creciendo en el conocimiento de Dios (vers. 10) y dándole gracias (vers. 12). Si alguien te preguntara: “¿Cómo sabes que Dios te está guiando en una dirección o en otra?”, ¿cómo responderías y por qué?
Viernes 9 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Muchos son incapaces de idear planes definidos para el futuro. Su vida es inestable. No pueden entrever el desenlace de los asuntos, y a menudo esto los llena de ansiedad e inquietud. Recordemos que la vida de los hijos de Dios en este mundo es una vida de peregrino. No tenemos sabiduría para planificar nuestra vida. No nos incumbe amoldar nuestro futuro. ‘Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba’ (Heb. 11:8). “Cristo, en su vida terrenal, no se trazó planes para sí mismo. Aceptó los planes de Dios para él, y día tras día el Padre se los revelaba.
Así deberíamos nosotros también depender de Dios, para que nuestras vidas puedan ser sencillamente el desenvolvimiento de su voluntad. A medida que le encomendemos nuestros caminos, él dirigirá nuestros pasos. “Son muchos los que al idear planes para un futuro brillante fracasan completamente. Dejen que Dios haga planes para ustedes. Como niñitos, confíen en la dirección del Ser que ‘guarda los pies de sus santos’ (1 Sam. 2:9). Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían para ser guiados si pudieran ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que cumplen como colaboradores con Dios” (Elena de White, El ministerio de curación [Florida: ACES, 2008], p. 380).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la semana que está terminando y haz una lista de razones por las que estás agradecido. ¿Es posible que tengas más motivos de gratitud de los que crees?
2. Reflexiona en el último párrafo de la cita anterior de Elena de White. Es una declaración muy poderosa acerca de la fe. ¿Cómo puedes aprender a confiar en Dios de una manera tan profunda?
3. A la luz de Colosenses 1:6, 23, analiza la siguiente afirmación: “Durante cuarenta años, la incredulidad, la murmuración y la rebelión impidieron la entrada del antiguo Israel en la tierra de Canaán.
Los mismos pecados han demorado la entrada del moderno Israel en la Canaán celestial. En ninguno de los dos casos faltaron las promesas de Dios. La incredulidad, la mundanalidad, la falta de consagración y las contiendas entre el profeso pueblo de Dios nos han mantenido en este mundo de pecado y tristeza tantos años. Si la iglesia de Cristo hubiese hecho la obra como el Señor le ordenaba, todo el mundo habría ya sido amonestado y el Señor Jesús habría venido a nuestra Tierra con poder y grande gloria” (Elena de White, Eventos de los últimos días [Florida: ACES, 2011], p. 38). ¿Cómo podríamos ser hoy culpables de las mismas cosas?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 12:
Para el 20 de junio de 2026
COMPÁRTELO
Sábado 13 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 28: 18–20; 2 Pedro 3: 18; 1 Pedro 3: 8–15; Oseas 7; Zacarías 10.
PARA MEMORIZAR: «Dios, el Señor, me dio lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado; mañana tras mañana me despierta el oído para que oiga como los sabios» (Isa. 50: 4).
Era una mañana de sábado ajetreada para aquel pastor. Se había levantado temprano a fin de prepararse para asistir a la Escuela Sabática y al sermón. También estaba dirigiendo una serie de evangelización por la tarde. Recogió las llaves, salió presuroso de la casa y se marchó a toda velocidad. Mientras conducía, se sintió molesto ante la posibilidad de que el pesado tráfico le impidiera llegar a tiempo a la iglesia. ¿Adónde iba tanta gente un sábado de mañana? Entonces, un automóvil se le adelantó sorpresivamente. El pastor frenó bruscamente y levantó el puño en señal de enojo mientras vociferaba contra el imprudente conductor del otro vehículo.
El pastor llegó finalmente a la iglesia. Cuando se levantó para dirigir el repaso de la lección, sus ojos recorrieron la clase y se detuvieron en un rostro familiar: era el conductor con el que se había enojado veinte minutos antes. Más tarde, cuando un miembro de la iglesia presentó al conductor como un no adventista que estaba visitando a unos parientes, el pastor se dio cuenta una vez más de que toda interacción, tanto con conocidos como con desconocidos, debe estar revestida del amor que fluye de una relación permanente con Dios. Uno nunca sabe cómo pueden sus acciones, especialmente si es un creyente, afectar a los demás.
Domingo 14 de junio
POR TESTIMONIO
Lee la Gran Comisión en Mateo 28: 18 al 20. Toma nota de los diferentes mensajes de Jesús cuando usa las palabras «toda», «todas», «todo», «todos». Jesús nos ordenó compartir su mensaje con el mundo: «Vayan y hagan discípulos». La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer discípulos que hagan, a su vez, otros discípulos. De ese modo, todos estamos proclamando el evangelio eterno y los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14: 6-12) a fin de preparar a nuestro mundo para el pronto regreso de Jesús. Todo aquel que haya recibido una nueva vida en Cristo está llamado a dar testimonio. Sin embargo, muchos creyentes no están dispuestos a hacerlo por temor o porque no saben cómo. Piensan que la testificación consiste en predicar a viva voz en una concurrida calle o dar un complejo estudio bíblico, y entonces sacuden la cabeza diciendo: «¡Oh no! ¡Eso no es para mí! Soy introvertido. La sola idea me aterra».
Sin embargo, el verdadero testimonio es simplemente el resultado de lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida, es compartir con otros lo que aprendes del Señor a medida que tu relación con él se desarrolla. Dios es muy bondadoso, y lo que ha hecho por nosotros es la mejor noticia que este mundo puede escuchar. No podemos ni debemos callar. Él te ha redimido, te ha llamado por tu nombre y eres suyo. ¿Puede haber una mejor noticia que esa para compartir? Aunque los discípulos de la iglesia primitiva no eran cultos ni elocuentes, podemos aprender de ellos. Lee Hechos 1: 8 y 4: 13. ¿Cómo daba testimonio la iglesia primitiva? ¿Qué impacto tuvieron Pedro y Juan en quienes los escucharon testificar? Pedro y Juan declararon: «No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hech. 4: 20). «Habían estado con Jesús» (Hech. 4: 13) y se sentían compelidos a compartir su experiencia.
El Espíritu Santo les dio audacia y un poder convincente a sus palabras. Dedica ahora algún tiempo a orar. Pide a Dios valor para compartir tu testimonio con otros y sabiduría para saber cuándo hablar y qué decir. Lee 1 Juan 4: 7 al 11 y ora por este tipo de amor.
Lunes 15 de junio
SIN FUERZA, PERO CON PODER
¿Te preguntaste alguna vez cómo pudo Jesús mantener su motivación para trabajar, sanar, consolar, predicar y enseñar a tantas personas día tras día? Se nos dice que, «al ver a las multitudes, sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor» (Mat. 9: 36). Fue el amor y la compasión de Jesús hacia la humanidad lo que impulsó su labor. De la misma manera, el amor de Dios en nosotros debería impulsarnos a sentir el deber de conducir a las almas hacia él y su verdad (2 Cor. 5: 14). ¿Contemplaste alguna vez los rostros de las personas en una multitud mientras pensabas en la Eternidad y te preguntaste si conocían a Jesús? ¿Has sentido alguna vez la manifestación del amor de Dios en ti hacia un extraño necesitado? El amor que Dios ha puesto en nuestro corazón nos motiva a sentir y asumir la responsabilidad de conducir almas a él.
Jeremías expresó esto cuando dijo: «Su palabra fue en mi corazón como un fuego ardiente, prendido en mis huesos. Traté de sufrirlo, y no pude» (Jer. 20: 9). Sin embargo, cuando compartimos a Dios con otros, no debemos tratar de forzarlos a aceptarlo a él o la verdad bíblica. La coerción es contraria al carácter de Dios. Él no obligó a Adán y a Eva a alejarse del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2: 16, 17). No obligó a los antediluvianos a entrar en el arca para salvarse del diluvio (Gén. 7: 1). No obligó a los israelitas a permanecer fieles a su pacto con él (Deut. 4: 29-31). Por el contrario, Jesús satisfizo las necesidades de las personas (Mat. 4: 23-25) y luego las invitó a seguirlo.
Jesús nunca obligó a nadie a ir en pos de él o a aceptar la verdad que proclamaba. Tampoco lo hace ahora. Sin embargo, nunca nos abandona (Mat. 23: 37). Cuando testificamos, nuestro enfoque siempre debe reflejar el de Jesús. Elena G. de White dice: «No es parte de la misión de Cristo obligar a los hombres a recibirlo. Satanás, y los hombres impulsados por su espíritu son quienes procuran violentar las conciencias. […] No puede haber una evidencia más concluyente de que poseemos el espíritu de Satanás que el deseo de dañar y destruir a los que no aprecian nuestro trabajo u obran contrariamente a nuestras ideas» (El Deseado de todas las gentes, p. 462). Debemos ser un conducto al servicio de Dios. Vivimos en un mundo que odia la verdad, pero eso no debe impedirnos compartirla de manera reflexiva y amorosa. Recuerda que nuestro testimonio personal es lo que a menudo tendrá la mayor influencia, sobre todo en las primeras etapas de la testificación (Apoc. 12: 11). Lee 2 Pedro 3: 18. ¿De qué manera estás creciendo en gracia y conocimien‑ to? ¿Cómo se manifiesta esto en tus interacciones con quienes te rodean?
Martes 16 de junio
CONSEJOS PARA COMPARTIR A JESÚS
La pregunta para cada uno de nosotros es: ¿Con quién compartes a Jesús? ¿Con el cartero, con el empleado de una tienda, con alguien a quien ves a diario cuando paseas? Dios llama a cada creyente a colaborar con él en esta obra y promete darnos «lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado» (Isa. 50: 4). También es deber del cristiano estar siempre preparado para dar razón de la fe y la esperanza que hay en él (1 Ped. 3: 15).
Lee 1 Pedro 3: 8 al 15. ¿Qué nos dice la Palabra de Dios en estos versículos? He aquí algunos consejos sencillos para tener en cuenta a la hora de compartir a Jesús con las personas:
• Desarrolla una amistad con las personas. Tu calidez, amabilidad y genuino interés en ellas las ayudará a acercarse a Dios. Algunos llaman a esto «evangelismo de la amistad».
• Ora para que el Espíritu Santo obre en el corazón de esas personas. Pide a Dios que cree oportunidades adecuadas para interactuar con ellas.
• Busca maneras naturales de hablar de tus propias experiencias de fe o de ofrecer una oración por esas personas. Pide a Dios que te dé audacia, pero también delicadeza en tu acercamiento.
• Busca formas de poner en contacto a tu nuevo amigo con otras personas de tu iglesia para que pueda experimentar la aceptación de la comunidad eclesial. Un estudio bíblico en un grupo pequeño es un buen paso.
• Ora acerca de las necesidades o preguntas específicas que pueda tener tu nuevo amigo y busca una oportunidad para mostrarle cómo la Biblia ofrece consuelo, consejo y orientación para nuestra vida. Al principio, puedes limitarte a compartir una promesa bíblica o a responder alguna pregunta, lo que abrirá la puerta a diálogos más profundos. Ora también para que eso ocurra.
• Llegará un momento en que querrás preguntar a tu amigo si le gustaría dar el siguiente paso: estudiar la Biblia y finalmente ser bautizado. No te precipites, pero tampoco te retrases. Ora al respecto.
• Nuestras acciones deben revelar quiénes somos. La manera en que tratamos a otros habla mucho.
A medida que nuestro carácter es modelado a semejanza del de Dios (santificación), viviremos para atraer a las personas a él.
Miércoles 17 de junio
UN HIJO ERRANTE
Muchos conocen por experiencia el dolor y la angustia de tener un hijo que se ha alejado del Señor a pesar del hogar sólido y espiritual en el que creció. Efraín (nombre dado a Israel, el Reino del Norte), la nación elegida por Dios, se apartó del Señor. ¿Qué nos dicen Oseas 4: 17 y Oseas 7 acerca de los pecados de Efraín? Además, leemos que Raquel, la abuela de Efraín, lloró metafóricamente porque él había abandonado su relación con el Señor (Jer. 31: 15). El Señor responde a su gran tristeza con estas palabras: «Reprime tu voz del llanto y tus ojos de las lágrimas; porque recompensa hay para tu trabajo —dice el Señor—, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu futuro —dice el Señor—, los hijos volverán a su propia tierra» (Jer. 31: 16, 17).
En lugar de llorar por su hijo descarriado, se dice a Raquel que tenga esperanza. ¿Qué más nos dice este capítulo? Lee Jeremías 31: 18 y 19. A través de estas historias, aprendemos que siempre hay esperanza, como la hubo para Efraín y Gomer, porque Dios no se da por vencido. Aunque reprende a su pueblo descarriado una y otra vez, su compasión nunca falla, y su mensaje en este capítulo continúa (ver Jer. 31: 20). Es posible que sintamos gran dolor, frustración y desánimo, o incluso que hablemos negativamente de quienes se han alejado de Dios.
Sin embargo, Dios nos recuerda aquí que no deja de acordarse de ellos, que son objeto de su más tierna compasión y anhelo. Desea fervientemente que vuelvan a él y siente gran misericordia por ellos. ¿Qué te hace sentir esta respuesta de Dios por el descarrío de su pueblo con respecto a aquellos que conoces y que se han alejado del Señor? ¿Cómo te desafía o te anima esto?
Jueves 18 de junio
RECUPERADOS
Todos hemos tenido momentos de debilidad, vacilación, infidelidad o tibieza en nuestra experiencia con Dios. ¿Cómo recuperaste una relación estable con él? Zacarías 10 contiene algunos mensajes hermosos acerca de cómo Dios trajo a su pueblo nuevamente a él. Lee detenidamente este capítulo y toma nota de los mensajes principales. Saber cómo relacionarse e interactuar con un ser querido que se ha alejado del Señor puede ser un desafío. Tal vez te preguntes cómo podrían haber sido diferentes las cosas o cómo interactuar con ellos ahora que tienen una visión diferente del mundo.
Quizá te sientes frustrado e impotente por las malas decisiones que toman. Estos pensamientos siempre influirán en la manera en que te relacionas con tu ser querido, y por eso es tan importante vivir y hablar desde tu propia experiencia con tu Salvador. El testimonio de tu vida, de tus acciones, palabras y oraciones por tu cónyuge o hijo que se ha alejado de Dios puede cambiar radicalmente su vida y su futuro (lee en Luc. 22: 31, 32 y Juan 21: 15-17 cómo las oraciones de Jesús por Pedro cambiaron su futuro). Entrega a Dios cualquier tristeza, juicio o condena respecto de ellos y pide a Dios que reemplace esos sentimientos por el amor que solo él puede dar. Pídele que te cubra con su carácter para que puedas desarrollar una actitud amorosa e interesada en el bienestar de ellos. Recuerda que «ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada.
El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 338). El ejemplo de una vida coherente que dirige la atención de las personas hacia Cristo hará que quienes lo han rechazado vean en nosotros algo que solo puede provenir de Dios. Verán una paz que sobrepasa todo entendimiento, un amor que nunca nos abandonará y una esperanza que cree contra viento y marea. El amor de Dios por nosotros y nuestros seres queridos nunca vacila. Podemos compartir este amor que recibimos cada día con quienes nos rodean. ¿Qué se nos anima a hacer en Efesios 3: 17 al 19?
Viernes 19 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 318). «Las personas que se ocupan más activamente en hacer con interés y fidelidad la obra que les corresponde en la tarea de ganar almas para Cristo son las que más se desarrollan en espiritualidad y devoción» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 267).
«La fuerza para resistir al mal se obtiene mejor mediante el servicio agresivo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 82). «A fin de entrar en su gozo —el gozo de ver almas redimidas por su sacrificio—, debemos participar de sus labores en favor de su redención» (El Deseado de todas las gentes, p. 120). «Los que no aceptan el privilegio de la comunión con Cristo en el servicio rechazan la única educación que podría capacitarlos para participar con él de la gloria» (Elena G. de White, La educación, p. 239).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Por qué es el amor tan fundamental y esencial para cualquier tipo de testimonio eficaz?
2. ¿Has comprobado que la ganancia de almas está vinculada a una experiencia personal y vibrante con Dios?
3. ¿Es necesaria una comprensión básica para compartir a Dios con los demás? Si es así, ¿cuál es?
4. ¿Por dónde comenzarías para dar un estudio bíblico a un no creyente: exponiendo ciertas doctrinas o invitando a la persona a conocer a Jesús?
5. Canta o escucha la letra del himno N° 297 del Himnario adventista, titulado «Salvado con sangre por Cristo» y reflexiona acerca de las maneras en que estás proclamando a Cristo.
RESUMEN: Cuando el amor de Dios y su Palabra viva y poderosa llenan nuestra vida, nos sentimos compelidos a amarlo y compartirlo con quienes nos rodean. Debemos orar y ser reflexivos y decididos a la hora de testificar, teniendo la certeza de que la Palabra de Dios, que sale de su boca, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiere, y tendrá éxito en aquello para lo que la envió (Isa. 55: 11).
