SÁBADO, 05 de JULIO
La zarza ardiente
Leamos para el estudio de esta semana:
Éxodo 18: 3, 4; Éxodo 3: 1–22; Génesis 22: 11, 15–18; Éxodo 6: 3; Joel 2: 32; Éxodo 4: 1–31; Génesis 17: 10, 11.
Para memorizar
«El Señor le dijo: “He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, he oído el clamor que les arrancan sus opresores, pues conozco sus angustias. Y he descendido a librarlos de mano de los egipcios, y a sacarlos de este país para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, que mana leche y miel”» (Éxo. 3: 7, 8).
El llamado que Dios nos hace cambia el rumbo de nuestra vida. Si seguimos ese llamado, descubriremos que el camino de Dios es siempre la mejor opción para nosotros. Sin embargo, a veces aceptar ese llamado no es fácil al principio.
Tal fue el caso de Moisés y el llamado que Dios le hizo a partir del encuentro en la zarza ardiente. Aunque Moisés pudo haber conocido o no las leyes de la combustión, sabía que lo que estaba viendo era un milagro, y ciertamente esto llamó su atención. El Señor lo estaba llamando sin duda a una tarea específica. La cuestión era si respondería al llamado a pesar del cambio radical que este supondría en su vida. Moisés no se mostró muy receptivo al principio.
Tal vez recuerdes ocasiones en las que tenías objetivos concretos, pero Dios redirigió tus planes. Es cierto que podemos ser útiles a Dios de muchas maneras, pero aceptar el llamado de Dios y hacer lo que él nos indica es sin duda el camino hacia una vida verdaderamente plena. Puede que no siempre sea fácil, y no lo fue para Moisés, pero cuán insensato es seguir nuestro propio camino cuando Dios nos llama en otra dirección.
Domingo, 6 de Julio
La zarza ardiente
Moisés tuvo una vida relativamente tranquila después de huir a Madián, donde se casó, tuvo dos hijos, Gersón y Eliezer (Éxo. 18: 3, 4), y formó parte de la extensa familia de Jetro, su suegro y sacerdote de ese lugar. Pasó cuarenta relajados años trabajando como pastor y disfrutando de la presencia de Dios tal como se revela en la naturaleza.
Sin embargo, este tiempo no tuvo el propósito de que Moisés simplemente disfrutara de la naturaleza. Estos años de comunión con el Señor lo transformaron y lo prepararon para el liderazgo. Dios también utilizó a Moisés en el tranquilo desierto para escribir, bajo inspiración divina, dos de los libros bíblicos más antiguos: Job y Génesis (ver Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 227; Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista del séptimo día [Buenos Aires: ACES, 1994], t. 3, p. 1.158). Moisés también recibió de Dios vislumbres cruciales acerca del Gran Conflicto, la Creación, la Caída, el Diluvio, la historia de los patriarcas y, lo más importante, el plan de salvación. Por lo tanto, Moisés desempeñó un papel decisivo para comunicar a toda la humanidad el verdadero conocimiento del Dios vivo, nuestro Creador y Sustentador, y de lo que está haciendo con respecto al pecado que ha causado estragos en este planeta. La historia bíblica y de la salvación tienen poco sentido sin el fundamento crucial que Moisés nos dejó bajo inspiración, especialmente en el libro de Génesis.
Lee Éxodo 3: 1 al 6. ¿Qué significa el hecho de que el Señor se presentó a Moisés como «Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob»?
Al ver que la zarza ardiente no era consumida por el fuego, Moisés supo que estaba ante un milagro y que algo dramático e importante estaba ocurriendo. Al acercarse, el Señor le dijo que se quitara el calzado en señal de profundo respeto, ya que la presencia de Dios hacía sagrado aquel lugar.
El Señor se presentó a Moisés como «Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob» (Éxo. 3: 6). Dios había prometido a estos patriarcas que sus descendientes heredarían Canaán, una promesa que Moisés seguramente conocía. De esa manera, incluso antes de decirlo, el Señor ya estaba preparando el camino para que Moisés comprendiera lo que estaba por venir y el papel crucial que habría de desempeñar.
Moisés necesitó ochenta años antes de que Dios lo considerara preparado para su tarea. ¿Qué nos puede enseñar esto acerca de la paciencia y el tiempo de Dios en nuestra vida?
Lunes, 7 de Julio
El ángel del Señor
«El ángel del Señor» apareció a Moisés «entre las llamas de una zarza ardiente» (Éxo. 3: 2, NVI). Fue Jesús mismo quien habló a Moisés «desde la zarza» (Éxo. 3: 4).
No siempre que en la Biblia se usa el título «el ángel del Señor» se hace una referencia a Jesucristo. El término «ángel» significa simplemente «mensajero» (mal”aj en hebreo) y es el contexto el que determina si se refiere a un ser humano, a un ángel o a Jesús. En muchos casos, «el ángel del Señor» se refiere en la Biblia a una persona divina (analiza, por ejemplo, Gén. 22: 11, 15-18; 31: 3, 11, 13; Juec. 2: 1, 2; 6: 11-22; Zac. 3: 1, 2). Cuando es así, el ángel del Señor no solo habla en nombre de este, sino que es el Señor mismo. Jesús es el mensajero de Dios para comunicarnos la Palabra del Padre.
Lee Éxodo 3: 7 al 12. ¿Cómo explicó Dios a Moisés por qué quería intervenir en favor de los hebreos esclavizados en Egipto?
El sufrimiento del pueblo de Dios en Egipto se describe vívidamente como un gemido y un desesperado pedido de auxilio. Dios escuchó el clamor de ellos y se preocupó por su situación (Éxo. 2: 23-25). Los llamó «mi pueblo» (Éxo. 3: 7). Es decir, incluso antes del Sinaí y de la ratificación del pacto, ellos eran su pueblo, y él los haría habitar y prosperar (si obedecían) en la tierra de Canaán, como prometió a sus ancestros.
Dios dijo a Moisés que lo enviaba al faraón con una misión específica: «Así que ahora, ve. Te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los israelitas» (Éxo. 3: 10, NVI). Dios llama a los hebreos nuevamente «mi pueblo».
¡Qué gran tarea requería Dios de su siervo! En vista de ello, Moisés respondió con una pregunta: «¿Quién soy yo?». Al comprender el significado de lo que sucedería y cuál sería su papel en todo esto, Moisés preguntó por qué había sido elegido por Dios. Aquí tenemos desde el mismo principio una indicación de su carácter, su humildad y su convicción de que no es digno de realizar lo que se le pide.
¿Por qué es tan importante la humildad y el sentido de la propia «indignidad» para quien pretenda seguir al Señor y hacer algo por él?
Martes, 8 de Julio
El nombre del Señor
Lee Éxodo 3: 13 al 22. ¿Por qué quería Moisés conocer el nombre de Dios y qué significa su pedido?
Dios se presenta a Moisés como eheyeh asher ‘eheyeh, que significa literalmente: «Yo seré quien seré» o «Yo soy quien soy». En Éxodo 3: 12, Dios utiliza el mismo verbo (“eheyeh) que en el versículo 14, cuando dice a Moisés: «Estaré (‘eheyeh) contigo». Esto significa que Dios es eterno. Es el Dios trascendente y a la vez cercano que habita con los «contritos y humildes de espíritu» (Isa. 57: 15).
«Yahvé», el nombre propio de Dios (traducido en las versiones bíblicas normalmente como «el Señor» o «Jehová»), era conocido por el pueblo de Dios desde el principio, aunque no percibieran su significado más profundo. Moisés también conocía el nombre «Yahvé», pero, al igual que los demás, desconocía su verdadero significado. Su pregunta: «¿Cuál es tu nombre?», es una indagación acerca de ese significado más profundo.
Una pista útil acerca de esto se encuentra en Éxodo 6: 3, donde Dios declaró: «Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero por mi nombre el Señor no me di a conocer plenamente a ellos» (Éxo. 6: 3, NVI). Esto no significa que Adán, Noé, Abraham y los patriarcas no conocieran el nombre «Yahvé» (ver Gén. 2: 4, 9; 4: 1, 26; 7: 5; 15: 6-8; etc.). Significa, en cambio, que no conocían su significado más profundo.
Su nombre, «Yahvé», indica que es el Dios personal, el Dios de su pueblo, el Dios del pacto. Es un Dios cercano, íntimo, que interviene en los asuntos humanos. El Dios todopoderoso (Gén. 17: 1) interviene milagrosamente con su poder. Pero el nombre divino «Yahvé» destaca su poder moral mediante el amor y el cuidado. Es el mismo Dios que Elohim («Dios poderoso, fuerte, trascendente», el «Dios de todos los pueblos», «el Gobernante del universo», «el Creador de todo»), pero el nombre «Yahvé» revela diferentes aspectos de su relación con la humanidad.
Conocer el nombre de Dios o invocarlo no es algo mágico. Se trata de una proclamación acerca de quién es y de lo que significa enseñar a los demás la verdad relativa a él y a la salvación que ofrece a quienes acuden a él con fe. Como dice Joel: «Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo» (Joel 2: 32).
¿Cómo has experimentado en tu propia vida la cercanía a Yahvé y la intimidad que desea tener con quienes se entregan a él?
Miércoles, 9 de Julio
Cuatro excusas
Lee Éxodo 4: 1 al 17. ¿Qué señales permitió Dios que Moisés realizara para reforzar así la posición de este como su mensajero?
Moisés trató nuevamente de rehuir la tarea que Dios le encomendaba (ver Éxo. 3: 11). No quería ir a Egipto y enfrentarse al faraón. Después de todo, ya había fracasado antes cuando intentó por su cuenta ayudar a los hebreos. Además, su propio pueblo no creía en él ni lo aceptaba como su líder. Por eso formuló una tercera objeción: «¿Y si no me creen ni me escuchan?» (Éxo. 4: 1, NVI). No era una pregunta motivada por el deseo de aprender algo nuevo, sino una manera de rehuir la responsabilidad que Dios le pedía que asumiera.
Se ordena entonces a Moisés realizar dos señales milagrosas ante los ancianos de Israel y, más tarde, ante el faraón: su vara se convierte en serpiente y luego vuelve a ser un bastón. Luego, su mano se vuelve leprosa, pero es curada al instante. Ambos milagros debían convencer a los ancianos de que Dios había elegido a Moisés como su instrumento. Se añadió un tercer milagro por si aquello no resultaba suficiente: convertir el agua en sangre (Éxo. 4: 8, 9).
Aunque Dios habilitó a Moisés para realizar estos poderosos prodigios, este aún expresa una cuarta excusa: no es un buen orador.
Lee Éxodo 4: 10 al 18. ¿Cómo responde el Señor a Moisés y qué lecciones podemos extraer de ello para nuestra propia vida, cuando sentimos que Dios nos llama a realizar una tarea?
Este conjunto de cuatro excusas muestra la renuencia de Moisés a aceptar el llamado de Dios. A través de objeciones aparentemente «razonables», en realidad oculta su falta de disposición para ir. Las tres primeras excusas tienen forma de preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Y si no me creen? La cuarta objeción es una afirmación: «No soy elocuente». Dios reaccionó ante todas ellas y aportó en cada caso una poderosa solución. En respuesta a estas excusas, Dios presenta muchas promesas edificantes.
Moisés presenta entonces su quinta y última súplica, y pide directamente: «Por favor, Señor, envía a otro» (Éxo. 4: 13). En respuesta, Dios le dice que ya está enviando a su hermano Aarón a su encuentro como apoyo. Finalmente, Moisés acepta en silencio el llamado y pide a Jetro su bendición antes de partir hacia Egipto.
Jueves , 10 DE Julio
La circuncisión
Lee Éxodo 4: 18 al 31. ¿Cómo entendemos esta extraña historia y qué lección podemos extraer de ella?
Los estudiantes de la Biblia se escandalizan cuando leen que, después de que Moisés obedeció al Señor y emprendió el viaje de regreso a Egipto, el Señor «estuvo a punto de matarlo» (Éxo. 4: 24, NVI). Por el contexto del relato, es evidente que se trataba de la circuncisión. Su hijo menor no estaba circuncidado, como exigía el pacto abrahámico (Gén. 17: 10, 11).
Como líder del pueblo de Dios, Moisés debía mostrar su perfecta sumisión y obediencia al Señor a fin de estar capacitado para guiar a otros en el camino de la obediencia. Tenía que ser un modelo de esa entrega total a Dios. Su esposa, Séfora, era una mujer de acción, y circuncidó a su hijo para salvar la vida de su marido. Ella tocó a Moisés con el «prepucio ensangrentado», y esta sangre representa la expiación, la vida y el sellamiento del pacto. El hecho de que aquello se hiciera tan prontamente añadió dramatismo a la situación.
Es posible extraer una importante lección de este episodio; a saber, nunca debemos dejar de hacer lo que sabemos que es correcto.
«Mientras se alejaba de Madián, Moisés tuvo una terrible y sorprendente manifestación del desagrado del Señor. Se le apareció un ángel en forma amenazadora, como si fuera a destruirlo inmediatamente. No le dio ninguna explicación; pero Moisés recordó que había desdeñado uno de los requerimientos de Dios y, cediendo a la persuasión de su esposa, había dejado de cumplir el rito de la circuncisión en su hijo menor. Falló en cumplir con la condición que podía dar a su hijo el derecho de recibir las bendiciones del pacto de Dios con Israel; y tal descuido de parte del jefe elegido no podía menos que menoscabar ante el pueblo la fuerza de los preceptos divinos. Séfora, temiendo que su esposo moriría, realizó ella misma el rito, y entonces el ángel permitió a Moisés continuar la marcha. En su misión ante el faraón, Moisés iba a exponerse ante un gran peligro; su vida podría conservarse únicamente mediante la protección de los santos ángeles. Pero no estaría seguro mientras tuviera un deber conocido sin cumplir, pues los ángeles de Dios no podrían protegerlo» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 231).
¿Qué te dice esta historia si sabes que has descuidado algo que deberías estar haciendo? ¿Qué cambios necesitas hacer ahora mismo?
Viernes, 11 Julio
Para estudiar y meditar
Lee el capítulo titulado «Moisés» en el libro Patriarcas y profetas, de Elena G. de White, pp. 227-231.
El dramático llamado desde la zarza ardiente fue probablemente la experiencia más transformadora de la vida de Moisés. Todos los otros momentos importantes de su existencia dependieron de su respuesta positiva y obediente al requerimiento divino de sacar a los hebreos de Egipto y conducirlos a la Tierra Prometida.
Nosotros sabemos cómo terminó todo. Pero ponte en el lugar de Moisés cuando estuvo ante la zarza ardiente. Había huido de Egipto para salvar su vida. Durante esos cuarenta años, una nueva generación de hebreos había crecido, muchos de los cuales probablemente sabían poco acerca de él o habían recibido información distorsionada acerca de su persona. Sin embargo, ¿ahora era llamado por Dios para guiar a este mismo pueblo lejos de una nación poderosa? No es de extrañar que al principio se mostrara reacio.
Sí, era una tarea extremadamente exigente, pero imagina lo que Moisés habría perdido si se hubiera negado definitivamente a aceptar el llamado de Dios. Tal vez habría desaparecido de las páginas de la historia en lugar de convertirse en una de las personas más grandes e influyentes, no solo del ámbito bíblico, sino del mundo mismo gracias al poder de Dios que obró en él.
Preguntas para dialogar:
En los tranquilos años que pasó en el desierto, Moisés hizo lo que Dios lo llamó a hacer: fue padre de familia, cuidó ovejas y escribió dos libros bíblicos bajo la inspiración de Dios antes de ser llamado a ser un gran líder del pueblo de Dios. ¿Qué nos enseña la experiencia de Moisés acerca de nuestros deberes en la vida?
Se podría argumentar que, a primera vista, las excusas de Moisés eran en sí mismas bastante razonables. ¿Por qué debería creerme el pueblo? ¿Quién soy yo? No sé hablar bien. ¿Qué debería decirnos esta historia acerca de cómo aprender a confiar en que Dios puede capacitarnos para realizar lo que él nos llama a hacer?
Profundiza en el punto tratado en el estudio del día domingo acerca de la autoría mosaica del libro de Génesis y en cuán importante es esa obra para comprender la historia sagrada y el plan de salvación. ¿Por qué debemos luchar contra los numerosos in
tentos de debilitar la autoridad del libro, especialmente negando la historicidad de sus primeros once capítulos?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 11:
Para el 14 de marzo de 2026
VIVIR CON CRISTO
Sábado 7 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:1–17; Romanos 1:18; 6:1–7; Efesios 4:22–24; Deuteronomio 7:6–8; 1 Samuel 16:23. PARA MEMORIZAR: “Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3:14).
Es muy común la idea de que las personas demasiado espirituales corren el peligro de vivir desconectadas de la realidad. Si bien eso puede tener cierto sentido, Pablo destaca un concepto igualmente importante en Colosenses 3: Si tenemos una mentalidad demasiado terrenal, no seremos de utilidad celestial para el Señor. Pablo señala muchos principios prácticos y reales que nacen del Cielo, y que solo pueden entender quienes han “resucitado con Cristo” (Col. 3:1).
Los consejos del apóstol son principios muy prácticos que mejorarán todas nuestras relaciones, no solo las del ámbito de la iglesia. Jesús dijo: “Pero yo les digo: ‘Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen. Para que sean hijos de su Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mat. 5:44, 45).
Eso suena imposible y lo es, humanamente hablando. Necesitamos morir al yo antes de poder vivir realmente para Dios. Por eso, debemos tener una mentalidad celestial si esperamos ser de alguna utilidad terrenal para nuestro Padre celestial. Esta semana veremos cómo el hecho de vivir con Cristo puede marcar la diferencia, ahora y en la Eternidad. Estrategias y herramientas.
Domingo 8 de marzo
MENTALIDAD CELESTIAL
Lee Colosenses 3:1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial? Desde la cima de una montaña es posible contemplar el vasto paisaje circundante. Las montañas han sido frecuentadas desde tiempos inmemoriales por quienes procuran una experiencia más cercana con Dios (ver Sal. 121:1, 2). Incluso los paganos construían montañas artificiales llamadas zigurats, para reunirse allí con sus dioses. Curiosamente, la ciudad de Ur, que Abram fue llamado a abandonar, tenía un gran zigurat visible desde varios kilómetros a la redonda. Pero la altura no acerca a nadie al Cielo en un sentido espiritual. El esfuerzo humano no es suficiente para ello. Solo es posible acercarse al Cielo en virtud del milagro de la gracia, por el cual morimos y resucitamos con Cristo (figuradamente, mediante el bautismo [Col. 2:12, 13]).
Nótese que desde el principio de Colosenses 3 se insiste repetidamente en lo que está arriba, es decir, lo que hay en el Cielo: “Las cosas de arriba”, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”, “con él en gloria” (Col. 3:1-4). Ciertamente hay muchas cosas en la vida cristiana que no tienen explicación. ¿Cómo puede alguien “morir” y “resucitar” sin haber dejado de existir literalmente? Hay muchas cosas que no tienen sentido para la mente natural, que no está dirigida por el Espíritu Santo. Pero la muerte al pecado y la resurrección con Cristo son realidades genuinas para quienes tienen una mente espiritual porque han recibido el nuevo corazón prometido por Dios. Como afirma un conocido himno: “¿Me preguntas cómo sé que él vive? Porque vive dentro de mi corazón”. No obstante, Pablo prescribe estos mandamientos porque existe una necesidad constante de que la vida espiritual sea renovada (ver 2 Cor. 4:16). En efecto, podemos caer y perder la salvación, y nunca estamos libres de la tentación en esta vida.
Por lo tanto, debemos optar cada día por buscar “las cosas de arriba” (Col. 3:1). Nuestra vida eterna está a salvo, “escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3), pero la expresión externa de esa vida estará lejos de ser escondida. ¿Dónde están normalmente tus pensamientos: arriba o abajo? Si están abajo, ¿cómo puedes cambiar su ubicación?
Lunes 9 de marzo
ACABEMOS CON LO TERRENAL
Actualmente se escuchan muchos eslóganes: “¡Acabemos con la guerra!” “¡Acabemos con la deforestación!” “¡Acabemos con las armas nucleares!” Pero uno que probablemente nunca hayamos oído es “¡Acabemos con lo terrenal!” Eso simplemente no armoniza con la sensibilidad de nuestro mundo. El problema de la mayoría de los eslóganes no es que propician algo incorrecto, sino que son demasiado acotados o estrechos de miras desde la perspectiva de la Eternidad. Nuestro enfoque debe ser eternamente más elevado. Lee Colosenses 3:5, 6 (ver también Rom. 6:1-7). ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y a lo terrenal y vivos para “las cosas de arriba” (Col. 3:1)? Aunque espiritualmente hemos muerto con Cristo, nuestros “miembros”, es decir, las tentaciones que nos presentan nuestro cuerpo y nuestra mente, necesitan morir.
No obstante, debemos tener presentes dos cosas en relación con este mandato. En primer lugar, la forma griega que utiliza Pablo en Colosenses 3:1 supone que hemos resucitado con Cristo. En segundo lugar, la expresión “por tanto” indica que el mandato de Colosenses 3:5 es una consecuencia de ese hecho. Podemos dar muerte a las cosas terrenales (fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, codicia, etc.) solo porque hemos resucitado con Cristo y disponemos de su vida espiritual y su poder para eliminar estas cosas de nuestras mentes y vidas. La frase griega traducida como “la ira de Dios” solo aparece en Colosenses 3:6 y en Romanos 1:18. Dios “entrega” a las personas a sus propios caminos perversos, en el sentido de que respeta su libertad de elección, y como resultado “viene” o se manifiesta su ira (ver Apoc. 6:16, 17) “sobre los desobedientes” (Col. 3:6). En Romanos 1:18, Pablo se refiere a “la impiedad y la injusticia”.
Luego, en Romanos 1:24, equipara la “inmundicia” (usa la misma palabra griega que se encuentra en Col. 3:5) específicamente con las personas que satisfacen “la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos”. ¿En qué sentido deshonran sus cuerpos? En primer lugar, porque se niegan a reconocer al Creador, pero también a causa de “pasiones vergonzosas”. “Aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres” (Rom. 1:26, 27). ¿Qué significa la expresión “hagan morir en ustedes lo terrenal” (Col. 3:5)?
Martes 10 de marzo
RENOVACIÓN EN EL CONOCIMIENTO
Lee Colosenses 3:6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición? Las palabras iniciales de Colosenses 3:8 (“pero ahora”) señalan el cambio dramático y decisivo que conduce de la muerte a la vida. La palabra “ahora” está expresada de manera enfática en griego. Ahora, es decir, puesto que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, la vida presente de ustedes debe mostrar un marcado contraste con su vida anterior. Habiendo hecho morir “lo terrenal” “en ustedes” (Col. 3:5), “ahora, dejen también ustedes todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras” (Col. 3:8). Tanto la ira como el enojo pueden describir la justa respuesta de Dios al pecado (tema tratado ayer), al igual que la de Jesús (Mar. 3:5; Apoc. 6:16). Por el contrario, se exhorta a cada uno a ser “rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19, 20). La malicia desea la desgracia del otro. La maledicencia o calumnia tiene por objeto difamar.
Pablo también condena el lenguaje abusivo y obsceno. Por último, está prohibido mentirse unos a otros (Lev. 19:11, 18), “habiéndose despojado del viejo hombre con sus prácticas” (Col. 3:9). ¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el “viejo hombre” con el “hombre nuevo”? Ver Romanos 6:6 y Efesios 4:22-24. Los verbos que Pablo emplea para esta transformación que conduce de lo viejo a lo nuevo aluden a la vestimenta, como si alguien se quitara sus prendas de vestir viejas y sucias para reemplazarlas por vestiduras nuevas e inmaculadas (comparar con Zac. 3:4). Una distinción similar entre lo viejo y lo nuevo se hace en relación con el Antiguo Pacto y el Nuevo, los cuales se caracterizan respectivamente por la letra externa de la Ley y por la ley que el Espíritu escribe en el corazón (2 Cor. 3:4-18). Estas metáforas describen la conversión y sus efectos, la “nueva creación” (2 Cor. 5:17).
Somos renovados “hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de su Creador [Cristo]” (Col. 3:10), quien es la imagen del Dios invisible (Col. 1:15). El conocimiento de Cristo a través de su Palabra nos transforma “a su misma imagen, con siempre creciente gloria” (2 Cor. 3:18). Esto nos sitúa por encima de todas las fronteras étnicas, geográficas y sociales (Col. 3:11), porque somos ciudadanos de un reino superior. Lee Colosenses 3:11. ¿Qué nos dice acerca de la unidad que debemos tener en Cristo?
Miércoles 11 de marzo
EL CAR ÁCTER DE LA NUEVA VIDA
Tras describir las características negativas y los malos hábitos desechados cuando venimos a Cristo, Pablo se refiere a lo positivo, como si pasara de las tinieblas a la luz. Lee Colosenses 3:12-14. ¿Cómo son descritos los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben “vestirse”? Al igual que Israel, llamado por Dios a ser su pueblo especial y reflejar su carácter, los creyentes en Jesús son “los elegidos de Dios” (Col. 3:12), sus escogidos. Sin embargo, no todos están a la altura de este llamado. Como dijo Jesús: “Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos” (Mat. 22:14, comparar con Mat. 24:22, 24, 31). Las referencias de Pablo a los elegidos tienen un significado similar (Rom. 8:33; 2 Tim. 2:10). Además, al igual que con Israel, los creyentes son amados por Dios y “consagrados” (Deut. 7:6-8). Este privilegio conlleva una importante responsabilidad: “Para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).
Esa proclamación consiste en el testimonio de nuestra vida. Las ocho cualidades mencionadas por Pablo son una verdadera lista. “Entrañable compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Sopórtense y perdónense unos a otros” y “sobre todo [...] amor” (Col. 3:12-14). Estas cualidades solo pueden surgir de un corazón unido a Cristo, pues describen su carácter y la manera en que nos ha tratado. Debemos perdonar a los demás “de la manera que Cristo [nos] perdonó” (vers. 13). El amor es “el vínculo de la perfección” (vers. 14), pues su amor por nosotros nos une a él y nos permite amar verdaderamente a los demás (1 Juan 4:11, 12). Estas cualidades influyen en nuestras relaciones de dos maneras. En primer lugar, el hecho de mostrar amor, misericordia, bondad y perdón a los demás resulta una bendición tanto para nosotros como para ellos.
Amar a las personas y ser una bendición para ellas es algo muy gratificante. Normalmente, las personas nos responderán con amabilidad, y seguiremos disfrutando de la misericordia y el perdón de Dios (Mat. 5:7; 6:14). En segundo lugar, y más importante aún, una conducta tal glorifica a Dios y puede animar a otros a creer y seguir a Jesús, pues muestra el poder de la gracia divina. “Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable” (Elena de White, El ministerio de curación [Florida: ACES, 2008], pp. 372, 373). ¿Cuán bien representa a Jesús tu manera de tratar a los demás, especialmente a quienes son tal vez descorteses contigo?
Jueves 12 de marzo
VIVIENDO LA NUEVA VIDA
La preocupación de Pablo por la paz y la armonía en la iglesia se observa claramente en los últimos versículos de Colosenses 3. Ya hemos examinado con cierto detalle la paz de Dios (ver la lección 7). A diferencia de la pax romana (la paz romana), la pax Christi (la paz de Cristo) no es impuesta desde afuera, sino que debe “gobernarnos” desde nuestro interior (vers. 15). Eso solo puede suceder si Cristo tiene el control. Lee Colosenses 3:16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto? El lenguaje usado en ese texto es muy descriptivo. Representa la palabra de Cristo que se instala en nosotros.
Eso ocurre cuando leemos la Biblia con atención para escuchar y aprender de la sabiduría de Dios. Al parecer, aunque el texto en griego es algo ambiguo, la música desempeña un papel importante en la instrucción y la exhortación mutuas (Col. 3:16). Pablo no se refiere a cualquier música, sino que utiliza una terminología muy específica, tanto aquí como en Efesios 5:19: “Salmos, himnos y canciones espirituales”. Aunque no es seguro, parece que aquí se hace una distinción entre los salmos del Antiguo Testamento y una creciente colección de himnos cristianos de la época del Nuevo Testamento. “Canciones espirituales” puede ser un término genérico usado como designación de cualquier canto de alabanza relacionado con la experiencia espiritual o la vida de la iglesia. Las palabras de esos cánticos eran el medio para comunicar la verdad e instruir acerca de cómo vivir la nueva vida de un cristiano.
Muchos grandes himnos de los últimos siglos contienen poderosos mensajes de esperanza y seguridad, tan necesarios en un mundo que pugna por arrastrarnos hacia abajo. La influencia de la música es poderosa. El rey Saúl se tranquilizaba cuando David tocaba el arpa (1 Sam. 16:23). Pero, cuando el rey sintió que David se convirtió en su rival, la ira y el resentimiento de aquel aumentaron (1 Sam. 18:10, 11). Se ha demostrado clínicamente que la música clásica serena reduce la ansiedad, optimiza el funcionamiento del cerebro, produce relajación, alivia el dolor y favorece la sociabilización. ¿Quién no ha experimentado la poderosa influencia positiva o negativa de la música en las emociones y los pensamientos? La música adecuada puede ser espiritualmente edificante. Se nos dice que hagamos todo “en el nombre del Señor Jesús” (Col. 3:17). ¿Haces eso? Si no es así, ¿cómo puedes lograrlo? Es decir, ¿qué debes dejar de hacer si no puedes hacerlo en el nombre del Señor?
Viernes 13 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, la persona convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia; que su transgresión ha sido perdonada; su pecado, cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina Ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1). “Pero, habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldados por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparados para atacarlo.
Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria. […] “El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el Reino de los Cielos demasiado poco. “En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del Cielo. A cada paso sentimos su poder viviente” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 393, 394).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Has experimentado la justificación por la fe? ¿Cómo transformó tu vida? ¿Cómo se relaciona la promesa de la justificación por la fe con la experiencia simultánea de la “resurrección” “con Cristo” (Col. 3:1)?
2. ¿Qué significa para ti tener una mentalidad celestial? ¿Es más importante que hacer el bien terrenal? ¿Dónde está el equilibrio?
3. Piensa en la influencia que tu vida ejerce sobre los demás. Aunque tendemos a pensar en esto en el contexto de nuestra influencia individual, ¿cuál es nuestra influencia como iglesia? ¿Cómo influye tu iglesia local en la comunida.
