Lección 3:
Para el 17 de enero de 2026
VIDA Y MUERTE
Sábado 10 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Filipenses 1:19–30; 1 Corintios 4:14–16; 2 Corintios 10:3–6; Juan 17:17–19; Miqueas 6:8; Hechos 14:22.
TEXTO PARA MEMORIZAR: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).
Suele decirse que la muerte es parte de la vida. Eso no es cierto. La muerte es lo contrario de la vida, el enemigo de la vida. Pablo dice enfáticamente que Cristo murió para “destruir por su muerte al que tenía el dominio de la muerte, a saber, al diablo; y librar a los que por temor a la muerte vivían como esclavos toda su vida” (Heb. 2:14, 15). Aunque estaba dispuesto a morir por Cristo, Pablo confiaba en su destino eterno. Mientras tanto, lo más importante para él era honrar a Cristo y predicar el evangelio al mayor número posible de personas con su propia vida o con su muerte. Tal vez esa sea una de las razones por las que tenemos tantas epístolas suyas, por medio de las cuales pudo llegar a muchas personas y lugares, incluso a algunos sitios que él mismo nunca visitó.
La vida es breve, por lo que debemos hacer el mayor impacto posible para el Reino de Dios en el lapso de los años que Dios nos concede. Buena parte de ese impacto tiene que ver con que fomentemos “la unidad de la fe” (Efe. 4:13). Como veremos a principios de esta semana, este tema fue una de las importantes razones por las que Pablo escribió a los filipenses. Estrategias y herramientas.
Domingo 11 de enero
“CRISTO SER Á MAGNIFICADO”
Lee Filipenses 1:19, 20. ¿Cuál parece ser la expectativa de Pablo en cuanto al resultado de su juicio? ¿Qué considera incluso más importante que ser absuelto? Aunque Pablo no era un delincuente, no era la primera vez que lo encarcelaban, y tampoco era ajeno a la persecución.
En su carta a los corintios detalló sus sufrimientos hasta ese momento: “En azotes, sin número; en cárceles, más; en peligro de muerte, muchas veces. De los judíos cinco veces recibí cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez, apedreado. Tres veces naufragué. Una noche y un día pasé a la deriva en alta mar. Anduve de viaje muchas veces. Estuve en peligro de ríos, en peligro de salteadores, en peligro de los de mi raza, en peligro de los gentiles. Peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos. En trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y desnudez” (2 Cor. 11:23-27). No obstante, aclara inmediatamente que esos sufrimientos no eran lo más importante en su mente: “Además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día: la preocupación por todas las iglesias” (2 Cor. 11:28). Lee 1 Corintios 4:14-16; 1 Tesalonicenses 2:10, 11; Gálatas 4:19; Filemón 1:10. ¿Qué relación tenía Pablo con las iglesias que estableció y con las personas que condujo a Cristo?.
Al igual que Jesús, quien no escatimó nada para salvarnos, Pablo estaba dispuesto a “gastar y gastarse” por el bien de los creyentes (2 Cor. 12:15). Sin embargo, paradójicamente, cuanto más se parecen las acciones de una persona a las de Jesús, menos es amada o apreciada por algunos. “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos” (2 Tim. 3:12). A pesar de ello, los cristianos fieles siguen siendo quizá la forma más poderosa de glorificar a Dios y de revelar la verdad del evangelio (comparar con Fil. 1:7). “La paciencia y el gozo de Pablo, su ánimo y su fe durante su largo e injusto encarcelamiento, eran un sermón continuo” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 383). Evalúa cómo vives y tratas a las personas, especialmente a quienes no te tratan bien. ¿Qué clase de testimonio presentas acerca de Jesús?
Lunes 12 de enero
MORIR ES GANANCIA
Todos, especialmente los creyentes, somos partícipes del Gran Conflicto, que hace estragos a nuestro alrededor y en nosotros. Todos experimentamos de un modo u otro, y hasta nuestro último día de vida, la realidad de esta lucha cósmica. Lee 2 Corintios 10:3-6. ¿De qué se trata la guerra espiritual que libramos y cuáles son nuestras armas? Las armas espirituales más letales son las ideas, sean buenas o malas. Satanás utiliza la crítica, la traición, la vergüenza, el miedo, la presión grupal, y una serie de instrumentos similares que los cristianos nunca debemos emplear.
En cambio, debemos usar el amor, la misericordia, la paz, la mansedumbre, la paciencia, la bondad y el dominio propio. Nuestra arma más poderosa, si es usada correctamente, es “la Palabra de Dios” manejada por el Espíritu (Efe. 6:17), porque solo Dios puede llevar la verdad al corazón de una persona. Nosotros somos solo el instrumento que Dios usa para lograr sus propósitos. Lee Filipenses 1:21, 22. ¿Cuál es el punto que destaca aquí Pablo, especialmente en el contexto del Gran Conflicto? Nuestra batalla es espiritual, pues estamos en una guerra de ideas y valores. Sin embargo, Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros en la Cruz, y nunca seremos derrotados si permanecemos unidos a él, incluso si ello nos cuesta la vida.
Pablo estuvo dispuesto a sobrellevar todo lo que le sucediera aquí en la Tierra, por injusto que fuera, pues había confiado su vida y su futuro a un tribunal superior. Como cristianos, no debemos luchar tanto por nuestros derechos como por lo que es justo. Contrariamente a la máxima según la cual “la fuerza hace a la razón”, la verdadera fortaleza es el resultado de la última. La sumisión a la voluntad de Dios es algo honorable. De hecho, es la única manera de obtener la victoria en la guerra que libramos. Jesús, por supuesto, es el ejemplo por excelencia de la sumisión a la voluntad de Dios, como demuestra Pablo en Filipenses 2. ¿Cómo estás experimentando ahora mismo la realidad del Gran Conflicto? ¿Cómo puede darte consuelo y fortaleza el hecho de saber que Cristo ya obtuvo la victoria por nosotros?
Martes 13 de enero
TENER CONFIANZA
Lee Filipenses 1:23, 24. ¿Qué quiere decir Pablo cuando afirma que “ser desatado y estar con Cristo” es “mucho mejor”? Este pasaje ha sido malinterpretado por muchos a lo largo de los siglos. En el texto para memorizar de esta semana, Pablo se refiere al contraste existente entre vivir y morir. El cristiano vive para Cristo e incluso puede morir por él. En ese sentido, la muerte es “ganancia” porque nuestro testimonio resulta mucho más poderoso y persuasivo (Fil. 1:21). Sin duda, solo alguien que realmente creyera estaría dispuesto a morir por su fe. Pero también debe reconocerse que los muertos están realmente muertos; es decir, “nada saben”. Descansan en la tumba hasta la resurrección (ver Ecl. 9:5; Juan 5:28, 29). Por eso, Jesús dijo acerca del difunto Lázaro: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo del sueño” (Juan 11:11).
Si las personas van al Cielo inmediatamente cuando mueren, la frustración de Lázaro no podría haber sido mayor al ser traído nuevamente a esta Tierra después de haber disfrutado del Paraíso durante cuatro días. La muerte es como un sueño profundo del que Jesús despertará a sus fieles seguidores cuando regrese; entonces, junto con los santos que estén vivos, serán llevados al Cielo para estar eternamente con Jesús (ver 1 Tes. 4:16, 17). Para Pablo, “ser desatado” de la vida presente a fin de estar con Cristo significa participar con él del sufrimiento y la muerte (2 Tim. 4:6) para “llegar de algún modo a la resurrección de los muertos” (Fil. 3:11). Además, sin duda, era consciente de que cerraría sus ojos al morir y que lo primero que vería cuando volviera a abrirlos sería a Jesús, quien lo llevaría juntamente con todo el pueblo de Dios al lugar que ha preparado para quienes lo aman (Juan 14:3; 1 Cor. 2:9).
Aunque estaba dispuesto a morir por Cristo, Pablo sabía que sería mejor para los filipenses “quedar en la carne” (Fil. 1:24). Curiosamente, no es fácil para el cristiano decidir si es mejor vivir para Cristo o morir por él. Pablo dijo: “Es difícil decidirme por una de las dos cosas” (Fil. 1:23; DHH): seguir vivo o descansar en la tumba. Aunque no nos agrada la idea de la muerte, ¿has pensado alguna vez que lo primero que veremos los creyentes, tras lo que nos parecerá apenas un segundo después de morir, será el regreso de Cristo? ¿Cómo podría ese pensamiento ayudarte a entender lo expresado aquí por Pablo?
Miércoles 14 de enero
PERMANEZCAN UNIDOS
La última oración de Jesús por sus discípulos estuvo dominada por un tema clave: la unidad. Jesús miró más allá de la Cruz, al momento de su reencuentro con su Padre y de su reunión con nosotros: “Padre, que aquellos que me has dado estén conmigo donde yo esté, para que vean mi gloria, la que me has dado, por cuanto me has amado desde antes de la creación del mundo” (Juan 17:24). Jesús oró para que el Padre guardara a sus hijos a fin de que “sean uno, como lo somos nosotros” (Juan 17:11). También subrayó las nefastas consecuencias de la desunión, que se convierte en un motivo para que muchos no crean. Jesús subraya dos veces en esta breve oración que nuestra unidad con él y con el Padre tiene el propósito de que “el mundo crea” y “que el mundo conozca que tú me enviaste” (Juan 17:21, 23). Lee Filipenses 1:27 y compara con Juan 17:17-19. ¿Qué es indispensable para la unidad de la iglesia, según Jesús y Pablo?
La expresión griega traducida en Filipenses 1:27 como “portarse como es digno” es politeuomai, que significa “vivir como ciudadanos”, no de un reino terrenal, sino del reino celestial. El Sermón del Monte describe un hermoso cuadro de lo que significa ser hijos del Padre celestial y ciudadanos de su reino: pobres en espíritu, mansos, hambrientos y sedientos de justicia, misericordiosos, puros de corazón, pacificadores y dispuestos a poner la otra mejilla, amar a los enemigos, bendecir a los que nos maldicen y hacer el bien a quienes nos odian. En resumen, “practicar la justicia, amar la bondad y andar humildemente con tu Dios” (Miq. 6:8). Es difícil disgustarse con alguien de esas características.
Sin embargo, a veces nos molesta que algunas personas sean “demasiado” buenas. Incluso podemos caer en la tentación de pretender rebajar su valor o encontrar algún punto débil en ellas para demostrar que no son tan buenas y para sentir que no somos tan malos en comparación con ellas. En lugar de eso, ¿por qué no ocuparnos de ser más amorosos, generosos, misericordiosos y humildes? Elena de White se refirió a quienes “aman al mundo y sus ganancias más que a Dios o a la verdad” (Testimonios para la iglesia [Miami, FL: APIA, 1998], t. 5, p. 256). La desunión en la iglesia proviene a menudo del orgullo.
“A medida que la iglesia ha cultivado el orgullo y la ambición mundanal, el Espíritu de Cristo se ha ido apartando de ella, y se han introducido la emulación y la contienda, distrayéndola y debilitándola” (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 222, 223). ¡Cuán crucial es que cada uno de nosotros aprenda la humildad y la mansedumbre que Jesús demostró como nuestro Modelo! ¡Qué iglesia tan diferente seríamos entonces!
Jueves 15 de enero
UNIDOS Y SIN TEMOR
Lee Filipenses 1:27-30. ¿Cómo se relacionan nuestra unidad y el hecho de “combatir unánimes por la fe del evangelio” con la intrepidez? La estrategia de Satanás consiste en dividir y conquistar. La desunión es mortal. Jesús dijo: “Si una casa estuviera dividida contra sí misma, no podría permanecer” (Mar. 3:25). Este un principio sencillo que Satanás está encantado de que olvidemos. Nuestra unidad nos ayuda a cumplir nuestra misión profética como el remanente de la profecía bíblica (Apoc. 12:17), proclamando el “evangelio eterno” a “toda nación y tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6). Puesto que la unidad es crucial para cumplir nuestra misión de difundir este mensaje encomendado por Dios, y en vista de que la oración de Jesús en Juan 17 destaca “la verdad” de la Palabra de Dios como una de las claves más importantes para la unidad (Juan 17:17, 19), nuestro mensaje no puede separarse de nuestra misión ni de nuestra unidad.
Estas tres claves se mantienen juntas o caen juntas. No hay éxito si falta alguna de ellas, pero no hay nada que temer si las tres están en su lugar. Por eso, Pablo exhorta a los creyentes: “En nada se dejen intimidar” por la oposición (Fil. 1:28). Satanás es un enemigo derrotado. Aunque nos quiten la vida a causa de nuestra fe, nada puede hacernos daño si “seguimos el bien” (1 Ped. 3:13). El Diablo es impotente para detener la marcha de la verdad divina. Lee los siguientes textos y resume brevemente el tema que tienen en común: Mateo 10:38; Hechos 14:22; Romanos 8:17; 2 Timoteo 3:12. La vida misma en este mundo caído es difícil, incluso para las personas excelentes. Job era un hombre justo, al punto de que la Biblia misma dice que era “intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1).
Sin embargo, la calamidad se abatió sobre él y su familia de la noche a la mañana. ¿Quién no ha aprendido, ya sea por experiencia o por lo sucedido a otros, que la vida parece transcurrir al borde de un precipicio que puede desmoronarse en cualquier momento? El sufrimiento es hasta cierto punto el destino de todos nosotros. Con todo, es preferible sufrir por Cristo que por cualquier otra razón. ¿Qué esperanza y qué consuelo deberíamos tener los cristianos en medio del sufrimiento?
Viernes 16 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“De la rueda de tormento, la estaca, el calabozo, y de los escondrijos y las cavernas de la Tierra, llegaba a sus oídos el grito de triunfo de los mártires. Oía el testimonio de las almas resueltas, quienes, aunque desamparadas, afligidas y atormentadas, padecían sin temor testificando solemnemente de su fe, diciendo: ‘Yo sé en quién he creído’. Los que así rindieron su vida por la fe declararon al mundo que Aquel en quien habían confiado era capaz de salvar hasta lo sumo” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 422). “Nunca hubo tan gran diversidad de fe en la cristiandad como hoy. Si los dones fueron necesarios para conservar la unidad de la iglesia primitiva, ¡con cuánto mayor motivo lo son para restaurar la unidad hoy! Y que es el propósito de Dios restaurar la unidad de la iglesia en los postreros días queda abundantemente probado por las profecías. Se nos asegura que los centinelas verán con sus propios ojos cuando el Señor haga volver a Sion.
También que, en el tiempo del fin, los sabios entenderán [ver Isa. 52:8; Dan. 12:10]. Cuando esto se cumpla, habrá unidad de fe entre todos aquellos a quienes Dios tiene por sabios; porque los que en realidad lo entiendan correctamente, necesariamente deben entender de la misma manera. […] De estas consideraciones y otras parecidas es evidente que el estado perfecto de la iglesia aquí predicho está todavía en el futuro; por consiguiente, estos dones no han cumplido todavía su propósito (Raymond F. Cottrell, “Introducción”, en Primeros escritos [Florida: ACES, 2014], pp. 173, 174).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. A la luz de la cita anterior de R. F. Cottrell, ¿qué es necesario para que el Espíritu Santo produzca hoy la unidad a la iglesia de Dios? ¿Qué importancia tiene para la unidad de la iglesia la puesta en práctica de los consejos dados a través del don de profecía?
2. ¿Cómo explicarías lo que la Biblia enseña acerca la muerte a un amigo que cree que Pablo y otros cristianos que murieron están ahora “con Cristo” en el Cielo?
3. ¿Cómo entendemos la terrible realidad del sufrimiento en este mundo? ¿Por qué es tan útil la verdad acerca del Gran Conflicto para comprender esa realidad? Sin embargo, ¿por qué debemos, en última instancia, mirar a Jesús en la Cruz como la máxima expresión posible del amor del Padre y aprender a confiar en él incluso en los peores momentos?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 11:
Para el 13 de junio de 2026
CONTRATIEMPOS
Sábado 6 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 4: 35–41; 5: 21–34; Romanos 5: 3–5; Job 19: 23–27; 23: 8–12; Lucas 24: 13–27; Romanos 8: 18, 28.
PARA MEMORIZAR: «Y no solo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter probado; y el carácter alienta esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rom. 5: 3-5).
Cierta jovencita caminaba hacia su casa al atardecer cuando se desató una fuerte tormenta. Aceleró el paso pues aún le quedaba camino por recorrer. Una gota de lluvia cayó sobre su mejilla, luego otra y, antes de que se diera cuenta, estaba empapada. Comenzó entonces a correr hasta que llegó a su casa y abrió súbitamente la puerta. Su padre se apresuró a cubrirla con una manta. Mientras lo hacía, le dijo: «Te vi por la ventana cuando comenzaba a llover. ¿Por qué con cada relámpago dejabas de correr, mirabas hacia arriba y sonreías?». «Me detenía para mirar hacia arriba porque Dios me estaba fotografiando», respondió ella.
¿Cuál es nuestra respuesta cuando llegan las tormentas de la vida o cuando tenemos ciertos contratiempos en nuestra relación con Dios? ¿Bajamos la cabeza mientras la lluvia cae sobre nuestras espaldas o miramos hacia el Cielo seguros de que Dios está allí? Esta semana exploraremos algunas respuestas que a menudo damos ante los desafíos de la vida y analizaremos cómo podemos utilizar los reveses que experimentamos para fortalecer nuestra relación más importante.
Domingo 7 de junio
LAS TOR MENTAS DE LA VIDA
Jesús había hablado durante todo el día a grandes multitudes a orillas del Mar de Galilea. Sus palabras habrían de resonar en la mente de la gente durante mucho tiempo y por la eternidad. Al caer la tarde, el Maestro se dirigió a sus discípulos invitándolos a dirigirse con él «a la otra orilla» (Mar. 4: 35). Él sabía que se desataría una tormenta, pero les sugirió que fueran de todos modos. Tenía que enseñar una importante lección de vida a sus seguidores más cercanos. Seguramente recuerdas lo que ocurrió luego. Vuelve a leer acerca de esta tormenta en Marcos 4: 35 al 41. ¿Qué lecciones puedes aprender acerca de la fe?
Piensa en lo siguiente:
1. Jesús se quedó dormido en un rincón del bote, posiblemente en la popa, donde estaba el único cojín, que servía de asiento a quien dirigía la navegación.
2. No todos los discípulos eran nuevos en la navegación. Pedro, Santiago y Juan eran pescadores experimentados. Conocían el Mar de Galilea como la palma de sus manos, y habrían sabido cómo lidiar con una tormenta.
3. Este es el único relato de los Evangelios que presenta a Jesús durmiendo. Durante una de las peores tormentas de sus vidas, cuando los discípulos estaban aterrorizados y pensaban que morirían, Jesús dormía.
4. El clamor de los discípulos en el clímax de la crisis fue: «¿No te importa?».
Cuestionaban el carácter de Jesús y su amor por ellos. Con demasiada frecuencia, esta es también nuestra respuesta cuando afrontamos dificultades. En medio de la desesperanza, el dolor o la pérdida cuestionamos el amor de Dios o dudamos de su cuidado. Suponemos, desde nuestra perspectiva humana, que él debería actuar de una determinada manera. Sin embargo, como ocurrió a los discípulos, es en las tormentas de la vida donde Dios puede obrar los mayores milagros.
Dios siempre es fiel, incluso cuando su aparente inacción no tiene sentido para nosotros. Él está a nuestro lado en medio de nuestras tormentas y, a diferencia de nosotros, puede calmarlas. ¿Cuál es tu respuesta habitual cuando enfrentas una tormenta en tu vida? ¿Cómo afectan esos momentos tu relación con Dios? ¿Cuándo has puesto en práctica 2 Corintios 5: 7?
Lunes 8 de junio
RECUPÉRATE
Imagina a la multitud en la orilla del Mar de Galilea. Esperan el regreso de Jesús desde la primera hora de la mañana y se apiñan en torno a él cuando baja de la barca para seguirlo luego hasta la aldea de Capernaúm. De pronto, aparece Jairo, jefe de la sinagoga, y ruega a Jesús que sane a su hija. Entre la multitud se encuentra una mujer que está enferma desde hace muchos años. Había gastado todo su dinero en médicos, pero «más bien le iba peor» (Mar. 5: 26). Ha oído hablar de este gran Hombre de Galilea y, con esperanza en el corazón, reúne las pocas fuerzas que le quedan para salir de su casa aquella mañana y unirse a la multitud.
A medida que se acerca a Jesús, la presión del gentío le resulta casi asfixiante. Y entonces, entre empujones, lo ve y dice para sí: «Si tan solo tocara su manto, quedaré sana» (Mar. 5: 28). Lee Marcos 5: 21 al 34. ¿Qué sucedió y qué podemos aprender de ello? Este incidente muestra el cuidado y la compasión de Jesús por los enfermos, los que están solos y quienes normalmente pasan inadvertidos en la multitud. Aquel día, muchos se acercaron a Jesús mientras iban a la deriva con la multitud, pero solo una persona se acercó al Maestro para recibir la bendición que tanto necesitaba.
Sin embargo, no fue su toque lo que le permitió recuperar la salud, sino su fe (Mar. 5: 34). «El Salvador podía distinguir el toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 317). El manto de Jesús no tenía ningún poder especial, sino que fue la fe de la mujer y su decisión de acercarse a él lo que la curó. En medio de su sufrimiento y angustia, aquella frágil mujer pudo haber permanecido en su lecho aquel día, pero buscó deliberada y esperanzadamente a Jesús para ser sanada. No le bastó con verlo de lejos, sino que se acercó a él. Jesús nos invita a hacer lo mismo hoy. Dice: «Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo les daré descanso. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma» (Mat. 11: 28, 29). ¿Cómo demostró esta mujer tan necesitada la veracidad de lo dicho en Ro‑ manos 5: 3 al 5? ¿Cómo podría ocurrir esto en tu vida?
Martes 9 de junio
JOB
Cuando pensamos en personajes bíblicos que experimentaron reveses, Job es quizá la persona que primero viene a nuestra mente. No solo perdió todas sus posesiones (Job 1: 14-17), sino también a sus hijos (Job 1: 18, 19) y su salud (Job 2: 7). Su mujer lo instó a maldecir a Dios y morir (Job 2: 9). Después de algún tiempo, tres amigos vinieron a visitarlo y se sentaron junto a él. Quedaron tan sorprendidos por su aspecto que permanecieron en silencio durante siete días (Job 2: 13). Cuando finalmente hablaron, intentaron explicar humanamente la desgracia de Job, pero aumentaron así involuntariamente su sufrimiento.
Sus amigos lo culparon, diciendo que tenía algún pecado oculto del que debía arrepentirse (Job 8, 11, 15). Llegaron incluso a decirle: «Tal es la morada del impío, el lugar del que no conoce a Dios» (Job 18: 21). ¿Cómo respondió Job? Lee Job 19: 23 al 27; y 23: 8 al 12. A pesar de las trágicas circunstancias en las que estaba inmerso, y que él no comprendía, Job permaneció fiel y se mantuvo firme. No culpó a Dios ni lo maldijo. Por el contrario, cuando fue tentado a culpar a Dios, declaró: «Desnudo salí del seno de mi madre y desnudo me iré. El Señor dio, y él quitó. ¡Bendito sea su nombre!» (Job 1: 21).
Nosotros vivimos en medio de esta misma batalla. Satanás nos aflige con dolor, sufrimiento, pérdidas y dificultades como parte de su plan para distorsionar la imagen que tenemos de un Dios amoroso. En esos momentos podemos responder de dos maneras: culpar a Dios y rechazarlo o aferrarnos a él con todas nuestras fuerzas. Aunque la batalla arrecia a nuestro alrededor, debemos recordar que, a la luz de la Eternidad, nuestros problemas no son más que pruebas temporales (2 Cor. 4: 16-18). Hay muchas cosas que no vemos aquí y ahora, y uno de los grandes desafíos para un creyente es confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros. Dios nos ha revelado de muchas maneras la realidad de su amor.
Debemos aferrarnos a esta verdad crucial incluso cuando no la percibamos. Si estás pasando por un momento difícil, acude a Dios. Toma tu Biblia y un cuaderno, y encuéntrate con él en medio de la naturaleza. Copia Romanos 5: 3 al 5, y reflexiona acerca de los diferentes mensajes contenidos en ese texto, con la certeza de que el amor y el cuidado de Dios hacia ti son lo más seguro y estable de tu vida.
Miércoles 10 de junio
EL CAMINO A EMAÚS
Habían sido semanas muy duras para los dos discípulos, quienes repasaban mentalmente algunos de los acontecimientos vividos mientras el cielo vespertino se teñía de negro: la entrada triunfal en Jerusalén, la limpieza del Templo, la Pascua en el aposento alto, las oraciones de Jesús en Getsemaní, la horrible traición de Judas, el juicio, las burlas y los golpes, el cuerpo magullado de Jesús pendiendo de la cruz y sus últimas palabras antes de exhalar su último aliento; la rotura del velo del Templo; la resurrección de algunas personas; la delicada maniobra para retirar el cuerpo de Jesús de la cruz y su colocación en el sepulcro antes del sábado; y la confusión, el desaliento y los interrogantes de los desconcertados y descorazonados discípulos. ¿Cómo se habían equivocado tanto? Los seguidores de Jesús estaban decepcionados, desanimados y confundidos.
Aquel era el mayor revés de sus vidas. No percibían que aquello era solo un episodio de la mayor historia de todos los tiempos. Mientras dos de ellos se dirigían a Emaús, Jesús apareció y caminó con ellos. Lee en Lucas 24: 13 al 27 la conversación que tuvieron y piensa en las dos perspectivas diferentes: la de los dos seguidores y la de Jesús. Cuando los ojos de su entendimiento fueron abiertos, los dos discípulos corrieron rumbo a Jerusalén para contar a los demás lo que les había sucedido en el camino (Luc. 24: 33, 34). Cuando Jesús llegó y se puso en medio de estos, se aterrorizaron. Nota la pregunta que les hizo: «¿Por qué están turbados y suben esos pensamientos a su corazón?» (Luc. 24: 38).
Este es también el mensaje de Jesús para nosotros hoy. Olvidamos con frecuencia que Jesús camina a nuestro lado en nuestros valles sombríos. Demasiado a menudo no lo reconocemos y perdemos de vista que hay mucho más en la historia. Nos sentimos turbados y permitimos que las dudas surjan en nuestros corazones, sin recordar que nuestra vida está segura en las manos de Jesús. Pensamos que sabemos mejor que Jesús qué está sucediendo realmente en nuestra vida (Luc. 24: 18). La Biblia contiene muy buenos consejos acerca de cómo podemos los cristianos responder a los desafíos y los reveses de la vida. Dedica tiempo a estudiar los siguientes pasajes: Romanos 8: 28; Filipenses 4: 4-13; Santiago 1: 2-4, 12; 2 Corintios 12: 9, 10. Como parte de tu estudio, y teniendo en mente 2 Corintios 1: 4, escribe tres mensajes que puedas compartir con alguien que esté enfrentando dificultades.
Jueves 11 de junio
VER A JESÚS
¿Has deseado alguna vez ver a Jesús cuando estabas desanimado? He aquí la experiencia de alguien que tuvo ese privilegio. «Me veía sentada con profunda desesperación; con el rostro oculto entre las manos, reflexionaba así: Si Jesús estuviera en la tierra, iría a postrarme a sus pies y le manifestaría cuánto sufro. No me rechazaría. Tendría misericordia de mí, y por siempre le amaría y serviría. En aquel momento se abrió la puerta y entró un personaje de aspecto y porte hermosos. Me miró con compasión y dijo: “¿Deseas ver a Jesús? Está aquí, y puedes verlo si quieres. Toma cuanto tengas y sígueme”. »Escuché esas palabras con gozo indecible y alegremente recogí cuanto poseía, todas las cosas que apreciaba, y seguí a mi guía. Me condujo a una escalera escarpada y de apariencia frágil.
Cuando empecé a subir los peldaños, me advirtió el guía de que mantuviera la vista hacia arriba, para que no me dieran vértigos y cayera. Muchos otros que trepaban por la escalinata caían antes de llegar a la cima. »Finalmente llegamos al último peldaño y nos detuvimos ante una puerta. Allí el guía me indicó que dejara cuanto había traído conmigo. Lo depuse todo alegremente. Entonces el guía abrió la puerta, y me mandó a entrar. En un momento estuve delante de Jesús. No había error, pues aquella hermosa figura, aquella expresión de benevolencia y majestad, no podían ser de otro. Cuando su mirada se posó sobre mí, supe en seguida que comprendía todas las dificultades de mi vida y todos mis íntimos pensamientos y emociones. »Traté de ocultarme de su mirada, pues me sentía incapaz de resistirla, pero él se me acercó sonriente, y posando su mano sobre mi cabeza, dijo: “No temas”. El dulce sonido de su voz hizo vibrar mi corazón con una dicha que no había experimentado hasta entonces.
Yo estaba muy gozosa para pronunciar una palabra, y así fue que, profundamente conmovida, caí postrada a sus pies. Mientras que allí yacía impedida, pasaron ante mi vista escenas de gloria y belleza, y me pareció haber alcanzado la salvación y la paz del cielo. Por último, cuando recobré mis fuerzas me levanté. Todavía me miraban los amorosos ojos de Jesús, cuya sonrisa inundaba de alegría mi alma. Su presencia despertaba en mí santa veneración e inefable amor. [...] »Este sueño me infundió esperanza [y] fe [...] y en mi alma alboreó la hermosa sencillez de la confianza en Dios» (Elena G. de White, Primeros escritos, pp. 110, 111). En medio de los reveses de la vida, debemos centrarnos en Jesús y en lo que él nos revela acerca de cuánto nos ama Dios. ¿Qué esperanza puedes extraer de lo que está escrito en Romanos 8: 18 y 28?
Viernes 12 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Cuando estamos ante los desafíos de la vida, necesitamos aferrarnos a Dios. Los temas que hemos explorado a lo largo de este trimestre contribuyen a mantener o revitalizar una experiencia sólida con Dios. Cuando te enfrentes a algún contratiempo, como un problema de salud, dificultades económicas, la ruptura matrimonial, la muerte de alguien cercano, u otra carga que te robe la alegría, considera las siguientes preguntas y reflexiona sobre las lecciones estudiadas hasta aquí.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo ha influido en tu imagen de Dios algún contratiempo que hayas enfrentado o estés afrontando? ¿Cómo puedes percibir más claramente el verdadero carácter de Dios?
2. ¿Cuándo fue la última vez que oraste para que la voz de Dios resultara más audible que la del Enemigo en tu vida? Recuerda que el ladrón (Satanás) viene a robar, matar y destruir, pero Dios concede vida abundante (Juan 10: 10).
3. ¿Confías en que Dios sigue siendo soberano y dirigiendo tu vida a pesar de las dificultades? Si no es así, ¿cómo puedes desarrollar tu confianza en la bondad y el amor de Dios hacia ti?
4. ¿Te mantienes anclado en la Palabra de Dios cada día? Pide a Dios que restaure tu primer amor por él mientras pasas por tiempos difíciles.
5. ¿Cuándo fue la última vez que acudiste a Dios en oración como tu Consolador y Consejero, confiando en su promesa de nunca dejarte ni desampararte (Heb. 13: 5)?
6. Si tu fe es débil, dile a Dios en oración: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24). Rodéate de personas que puedan animarte en lugar de desanimarte.
7. El mundo no siempre se preocupa por los débiles, ignorantes, heridos y quebrantados. El mensaje divino «cuando eres débil, yo soy fuerte» puede transformar radicalmente la vida de las personas. Piensa en alguien a quien podrías animar hoy con este mensaje.
RESUMEN:
Vivimos en un mundo pecaminoso y lleno de sufrimiento, y cada uno de nosotros enfrenta en algún momento dificultades que pueden hacerle cuestionar el amor de Dios. La manera en que diversos personajes bíblicos respondieron a los reveses de la vida puede ayudarnos en momentos difíciles a fortalecer nuestra relación con Dios, quien no cambia (Mal. 3: 6) y cuyo amor permanece constante.
