Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 4: Para el 25 de octubre de 2025
EL CONFLICTO DETRÁS DE TODOS LOS CONFLICTOS
Sábado 18 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Josué 5:13–15; Isaías 37:16; Apocalipsis 12:7–9; Deuteronomio 32:17; Éxodo 14:13, 14; Josué 6:15–20.
PARA MEMORIZAR: “No ha habido día igual ni antes ni después, en que el Señor escuchara la voz de un hombre, porque el Señor luchó por Israel” (Jos. 10:14).
La lectura del libro de Josué nos confronta con las agresivas campañas militares llevadas a cabo por orden de Dios, en su nombre y con su ayuda. La idea de que Dios estaba detrás de la conquista de Canaán impregna el libro de Josué y se expresa en las afirmaciones del narrador (Jos. 10:10, 11), en las propias palabras de Dios (Jos. 6:2; 8:1), en los discursos de Josué (Jos. 4:23, 24; 8:7) y en las afirmaciones de Rahab (Jos. 2:10), de los espías (Jos. 2:24) y del pueblo (Jos. 24:18). Dios aparece como el originador de estos violentos conflictos.
Esta realidad plantea preguntas inevitables. ¿Cómo entender que el pueblo elegido por Dios llevara a cabo tales acciones? ¿Cómo es posible conciliar la imagen de un Dios “guerrero” con su carácter de amor (por ejemplo, Éxo. 34:6; Sal. 86:15; 103:8; 108:4) sin que se vean afectadas la credibilidad, la autoridad y la historicidad del Antiguo Testamento? Esta semana y la próxima exploraremos la difícil cuestión de las guerras libradas por mandato divino en el libro de Josué y en otros lugares.
Domingo 19 de octubre
EL COMANDANTE DE LOS EJÉRCITOS DEL SEÑOR
Lee Josué 5:13-15. ¿Qué dice este texto acerca del trasfondo de la conquista de Canaán? Israel acababa de cruzar el Jordán y de pisar terreno enemigo. La fortaleza de Jericó estaba frente a ellos, con sus puertas firmemente cerradas (Jos. 6:1). En este momento, el pueblo no conocía ninguna estrategia bélica.
Y lo más preocupante aún era que Israel solo disponía de hondas, lanzas y flechas para enfrentarse a una ciudad fortificada y preparada para resistir un largo asedio. Las preguntas de Josué acerca de la identidad del extraño visitante recibieron una respuesta poco reveladora: “No”. La respuesta del visitante revelaba que no estaba dispuesto a entrar en las categorías definidas por Josué.
En otras palabras, la cuestión fundamental no era si el visitante estaba de parte de Josué, sino si Josué estaba de parte de aquel. Compara Josué 5:14, 15 con 2 Reyes 6:8-17; Nehemías 9:6 e Isaías 37:16. ¿Qué enseñan esos textos acerca de la identidad de Josué y del Comandante del ejército del Señor? Aunque la expresión “Príncipe del ejército del Señor” es única en la Biblia hebrea, la combinación de los términos “príncipe” y “ejército” siempre se refiere a un líder militar.
La palabra “ejército” en las Escrituras puede referirse a tropas, ángeles o cuerpos celestes. El Cristo preencarnado no se aparece a Josué como un simple aliado, ni siquiera como el verdadero Comandante del ejército de Israel, sino como el Comandante del ejército invisible de ángeles partícipes de un conflicto mucho mayor que el de Josué con los cananeos. La respuesta de Josué indica claramente que comprende cuál es la identidad del Comandante. Este es igual a Dios y Josué se postra ante él en señal de profundo respeto y adoración (Jos. 5:14; Gén. 17:3; 2 Sam. 9:6; 2 Crón. 20:18).
Josué está preparado para que se le comunique la estrategia propia de una campaña militar que es parte de un conflicto mucho mayor y en el que participa el propio Dios de los ejércitos celestiales. ¿Qué consuelo podemos y debemos obtener del hecho de que el “Príncipe del ejército del Señor” está obrando e interviene en defensa de su pueblo?
Lunes 20 de octubre
Lección 4 GUERRA EN EL CIELO
Josué comprendió que la batalla que estaba por librarse formaba parte de un conflicto mayor. ¿Qué sabemos del conflicto en el que Dios mismo era partícipe? Lee Apocalipsis 12:7-9; Isaías 14:12-14; Ezequiel 28:11-19 y Daniel 10:12-14. Dios pobló el universo con criaturas responsables a las que concedió libre albedrío, un prerrequisito para que pudieran amar.
Pueden elegir actuar de acuerdo con la voluntad de Dios o en contra de ella. Lucifer, el más poderoso de los ángeles, se rebeló contra Dios y llevó consigo a muchos ángeles. Isaías y Ezequiel se refieren a ese conflicto, aunque algunos comentaristas intentan restringir el significado de Isaías 14 y Ezequiel 28 al rey de Babilonia y a un gobernante de Tiro.
Sin embargo, hay claros indicadores en el texto bíblico que apuntan a una realidad trascendente. Se presenta al rey de Babilonia como si hubiera estado en el Cielo, próximo al Trono de Dios (Isa. 14:12, 13), y se dice que el rey de Tiro residía en el Edén como querubín protector en el monte santo de Dios (Eze. 28:12-15). Nada de esto es aplicable a los reyes de Babilonia y Tiro. Tampoco puede decirse de los reyes terrenales que fueran intachables y el “modelo de la perfección”.
En consecuencia, estos personajes apuntan más allá de los reinos literales de Babilonia y Tiro. En el capítulo 14 de su libro, Isaías presenta un “proverbio” o “parábola” (heb. mashal), cuyo significado está más allá del contexto histórico inmediato. En este caso, el rey de Babilonia se convierte en paradigma de rebelión, autosuficiencia y orgullo. Del mismo modo, Ezequiel distingue entre el príncipe de Tiro (Eze. 28:2) y el rey de Tiro (Eze. 28:11, 12). El primero está activo en el reino terrenal y se convierte en el símbolo de un rey que actúa en el ámbito celestial. Según Daniel 10:12 al 14, estos seres celestiales rebeldes obstruyen el cumplimiento de los propósitos de Dios en la tierra.
Es a la luz de esta conexión entre el Cielo y la Tierra que tenemos que entender las guerras de Israel aprobadas divinamente. Tenemos que reconocerlas como manifestaciones terrenales del gran conflicto entre Dios y Satanás, entre el bien y el mal; todo ello, en última instancia, con el propósito de restaurar la justicia y el amor de Dios en un mundo caído. ¿De qué maneras vemos la realidad de esta batalla cósmica entre el bien y el mal en el mundo que nos rodea y en nuestras propias vidas?
Martes 21 de octubre
EL SEÑOR ES UN GUERRERO
Lee Éxodo 2:23-25; 12:12, 13; 15:3-11. ¿Qué significa el hecho de que Dios es un guerrero? Durante su prolongada permanencia en Egipto, los israelitas olvidaron al Dios verdadero de sus antepasados. Como demostraron muchos episodios de su peregrinar por el desierto, su conocimiento del Dios de Abraham, Isaac y Jacob se había desvanecido y habían incorporado elementos paganos en sus prácticas religiosas (ver Éxo. 32:1-4). Cuando el pueblo de Israel clamó al Señor bajo la opresión de los egipcios (Éxo. 2:23-25), el Señor intervino en su favor en el momento oportuno.
Sin embargo, el conflicto descrito en los primeros 12 capítulos de Éxodo fue mayor que una simple lucha de poder entre Moisés y el faraón. Según la ideología bélica del antiguo Cercano Oriente, los conflictos entre pueblos se consideraban, en última instancia, conflictos entre sus respectivos dioses. Éxodo 12:12 declara que el Señor ejecutó su juicio no solo sobre el faraón, sino también sobre los dioses de Egipto, esos poderosos demonios (Lev. 17:7; Deut. 32:17) que estaban detrás del poder opresor y del injusto sistema social de Egipto.
Dios está en guerra con el pecado y no tolerará este conflicto para siempre (Sal. 24:8; Apoc. 19:11; 20:1-4, 14). Todos los ángeles caídos, así como los seres humanos que se han identificado definitiva e irrecuperablemente con el pecado, serán destruidos. A la luz de esto, las batallas contra los habitantes de Canaán deben ser percibidas como una etapa previa de este conflicto que alcanzaría su clímax en la cruz y su consumación en el juicio final, cuando la justicia y el carácter amoroso de Dios serán vindicados. La destrucción total de los cananeos debe ser comprendida a partir de la cosmovisión bíblica, en la que Dios es parte de un conflicto cósmico con los exponentes del mal en el universo.
En última instancia, lo que está en juego es la reputación y el carácter de Dios (Rom. 3:4; Apoc. 15:3). Desde que el pecado ingresó a la existencia humana, nadie puede permanecer en terreno neutral. Solo es posible estar del lado de Dios o del lado del mal. En vista de este trasfondo, la erradicación de los cananeos debe ser vista como un anticipo del juicio final. La realidad de la gran controversia solo permite optar por uno de los dos bandos. ¿Cómo saber de qué lado se está realmente?
Miércoles 22 de octubre
EL SEÑOR LUCHAR Á POR USTEDES
Según Éxodo 14:13, 14, 25, ¿cuál era el plan original e ideal de Dios respecto de la participación de los israelitas en la guerra? En aquel momento de crisis, cuando el pueblo de Israel se vio obligado a entrar en un callejón sin salida, “Moisés dijo al pueblo: ‘No teman. Manténganse tranquilos, y verán la salvación que el Señor les dará hoy. Porque esos egipcios que hoy ven, nunca más los verán.
El Señor peleará por ustedes. Estén tranquilos’ ” (Éxo. 14:13, 14). Según el registro bíblico, incluso los propios egipcios comprendieron esa realidad, ya que dijeron: “Huyamos de delante de Israel, porque el Señor pelea por ellos contra los egipcios” (Éxo. 14:25). La intervención milagrosa de Dios en favor de los indefensos israelitas, carentes de conocimientos militares, se convirtió en el modelo. El Éxodo constituyó el paradigma de la intervención del Señor en favor de Israel. Aquí, Dios no solo es quien libra la batalla, sino que exige a Israel que no luche (Éxo. 14:14).
Dios es el Guerrero y la iniciativa es suya. Él establece la estrategia, define los medios y dirige la campaña. Si el Señor no lucha por Israel, este no tiene ninguna posibilidad de éxito. Elena de White interpreta esto como una expresión del hecho de que “Dios no quiso que obtuvieran la tierra prometida por medio de la guerra, sino mediante la sumisión y la obediencia incondicional a sus mandamientos” (“The Twelve Spies”, Signs of the Times, 2 de septiembre de 1880, p. 1). Al igual que en la liberación de Egipto, Dios pelearía sus batallas por ellos.
Todo lo que tenían que hacer era permanecer quietos y presenciar su poderosa intervención. La historia demuestra que siempre que Israel tuvo suficiente confianza en Dios, no necesitó luchar (ver 2 Rey. 19; 2 Crón. 32; Isa. 37). De acuerdo con el plan ideal de Dios, Israel nunca necesitó luchar. Fue la incredulidad de ellos, expresada después del Éxodo, lo que llevó a Dios a permitirles participar en la guerra contra los cananeos.
Así como no necesitaron levantar una sola espada contra los egipcios durante el Éxodo, nunca les habría sido necesario luchar para conquistar Canaán (Deut. 7:17-19). “Si los hijos de Israel no hubieran murmurado contra el Señor, él no habría permitido que sus enemigos hicieran guerra contra ellos” (Elena de White, Historia de la redención, p. 135). ¿Cómo podría la murmuración impactar hoy negativamente nuestra vida?
Jueves 23 de octubre
LA SEGUNDA MEJOR OPCIÓN
Lee Éxodo 17:7-13 y Josué 6:15-20. ¿Qué similitudes encuentras entre estos dos relatos bélicos? ¿En qué se diferencian? Éxodo 17 registra la primera ocasión en que Israel luchó después del Éxodo, cuando los israelitas se defendieron de los amalecitas. Israel había sido testigo de la omnipotencia divina cuando Dios había afligido a los egipcios y había liberado a los israelitas. Hemos visto que el plan inicial de Dios para Israel no incluía luchar contra otros pueblos (Éxo. 23:28; 33:2).
Pero poco después de su liberación de Egipto, los israelitas empezaron a murmurar por el camino (Éxo. 17:3), cuestionando incluso la presencia de Dios en medio de ellos. Fue en ese momento cuando Amalec vino a luchar contra Israel. Esto no fue casualidad. Dios permitió que los amalecitas atacaran a Israel para que aprendieran a confiar de nuevo en él. Sin comprometer sus principios, Dios desciende hasta el nivel en que se encuentra su pueblo, llamándolo continuamente a volver al plan ideal, a confiar plenamente y sin reservas en la intervención divina.
De hecho, la ley de la guerra (Deut. 20) fue dada solo después de los 40 años de experiencia en el desierto, que también fue consecuencia de la incredulidad de Israel. Las nuevas circunstancias exigían nuevas estrategias, y fue entonces cuando Dios exigió a Israel que aniquilara por completo a los cananeos (Deut. 20:16-18). Además de que la guerra se convirtió en una necesidad para Israel, también supuso una prueba de su lealtad a Dios. El Señor no los abandonó, sino que les permitió ser testigos de su poder en respuesta a su total dependencia de él.
La participación de los israelitas en la conquista queda patente en la conclusión a la que llega Josué al final del libro. Aquí se dice que los cananeos luchaban contra los israelitas (Jos. 24:11). Aunque el colapso de las murallas de Jericó fue el resultado de un milagro divino, el pueblo de Israel tuvo que participar activamente en la batalla y enfrentarse a la tenaz resistencia de los habitantes de la ciudad. La participación de Israel en el conflicto armado se convirtió en una forma de desarrollar una confianza incondicional en la ayuda de Dios.
Sin embargo, siempre se le recordaba a Israel (Jos. 7:12, 13; 10:8) que el resultado de cada batalla estaba, en última instancia, en manos del Señor, y que la única manera en que podían influir en el resultado de un conflicto militar era en virtud de su fe o de su incredulidad respecto de las promesas del Señor. La elección estaba en manos de ellos.
Viernes 24 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 521-527 del capítulo “La caída de Jericó” en el libro Patriarcas y profetas de Elena de White. Cuando la rebelión contra la autoridad de Dios surgió en el universo, solo existían dos opciones: Dios dejaría de ser lo que es de manera esencial, inmutable y eterna, y entregaría el liderazgo de todo el universo a una de sus criaturas rebeldes, o seguiría siendo el Padre santo, justo, amoroso y misericordioso de todo lo que existe. La Biblia presenta la segunda opción como la elegida por Dios y, en consecuencia, el inevitable choque entre su poder y las fuerzas del mal.
Cuando los poderes políticos o socio-históricos asociados a las fuerzas cósmicas caóticas y rebeldes manifestaron la misma actitud desafiante contra Dios, él, como Señor soberano del universo, intervino. La representación de Dios como guerrero se convierte en una prefiguración de esa victoria definitiva que pondrá fin al conflicto cósmico en curso entre el bien y el mal (Apoc. 20:8-10).
Además, las guerras libradas por el antiguo Israel por orden de Dios no solo reflejaban el conflicto cósmico, sino que formaban parte de él, como una anticipación histórica del juicio de Dios al final de los tiempos. “Dios les había dado el privilegio y el deber de entrar a la tierra en el tiempo que les señalara; pero debido a su negligencia voluntaria, se les había retirado ese permiso. […] No quería él que tomaran posesión de la tierra por medio de la guerra, sino mediante la estricta obediencia a sus mandatos” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 413, 414).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo te ayuda el trasfondo del conflicto cósmico a entender mejor el hecho de que el Señor ordenara a Israel ir a la guerra?
2. Comparte en tu clase tus respuestas a la pregunta del lunes acerca de la realidad del gran conflicto y cómo se desarrolla en el mundo que nos rodea. ¿Cuál es nuestro papel en esta controversia y cómo procuramos cumplirlo?
3. ¿Cómo podemos aplicar en nuestra vida espiritual el principio según el cual debemos permanecer quietos y esperar que el Señor luche por nosotros?
4. En nuestras discusiones y desacuerdos ocasionales en la iglesia queremos a menudo saber quién está de nuestro lado. ¿Cómo deberíamos cambiar de actitud a la luz de Josué 5:13-15?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
