Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 6: Para el 9 de mayo de 2026
GUERREROS DE ORACIÓN
Sábado 2 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 2: 20–23; 6: 10, 11; Hechos 20: 36; Génesis 5: 22–24; Éxodo 33: 15–23; 32: 31, 32.
PARA MEMORIZAR: «Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2). S i casi no hablaras con tu mejor amigo o con tu cónyuge, tu relación con esa persona pronto se malograría y surgirían problemas. De la misma manera, la oración es esencial para tener una relación cercana con Dios, un hábito devocional crucial que cada uno de nosotros necesita y puede fortalecer. Si no oramos a menudo, tarde o temprano nos alejaremos del Señor. La Biblia registra la experiencia de distintas personas que oraban de diferentes maneras.
Al estudiar el ejemplo de ellas podemos vislumbrar cómo su comunión con Dios influyó en su relación con él, cómo sus oraciones influyeron positivamente en la vida de otras personas, y cómo podríamos orar también nosotros para nuestro bien y el de los demás. Al igual que el estudio de la Biblia, el tema de la oración es importante y mucho más amplio de lo que se puede abarcar en solo dos semanas. En esta ocasión aprenderemos varias lecciones de algunos personajes de la Biblia que oraron y demostraron cuán importante es la oración para tener una relación sólida con Dios.
Domingo 3 de mayo
EL FIEL DANIEL
Daniel es uno de los grandes héroes de la Biblia. Sin duda recordamos el comienzo de su historia (ver Dan. 1): «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida ni con el vino del rey» (Dan. 1: 8). Él y sus tres amigos recibieron de Dios «conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias. Además, Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños» (Dan. 1: 17). La Biblia dice que Daniel era sabio (Dan. 1: 20; 2: 14, 21, 23, 48) porque el Espíritu de Dios estaba en él (Dan. 4: 9, 18; 5: 14; 6: 3), y que era muy amado por el Cielo (Dan. 9: 23; 10: 11). Estos son algunos de los rasgos de un hombre que tenía una conexión sólida y constante con Dios.
Cuando el rey Nabucodonosor decretó la muerte de todos los sabios de Babilonia, Daniel pidió misericordia a Dios y que le revelara el sueño del rey y su significado (Dan. 2: 18). Cuando el Señor lo hizo, Daniel oró inmediatamente. Lee Daniel 2: 20 al 23. ¿Por qué oró Daniel y qué podemos aprender de su oración? Los años pasaron y distintos reyes ocuparon el trono, pero Daniel siguió siendo un valorado consejero de la corte y, «debido a la gran destreza administrativa de Daniel, el rey hizo planes para ponerlo frente al gobierno de todo el imperio» (Dan. 6: 3, NVI). «Era fiel y ningún vicio ni falta había en él» (Dan. 6: 4).
A pesar de la envidia de sus colegas y las conspiraciones malvadas en su contra (Dan. 6: 5-9), Daniel mantuvo su constante vida de oración. Lee Daniel 6: 10 y 11. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de Daniel? Ante las dificultades, Daniel oró. Aunque la amenaza iba directamente contra su vida, él se mantuvo firme y constante en la oración: tres veces al día, como era su costumbre. Además, era predecible; abría su ventana y oraba mirando hacia Jerusalén. Su oración incluía una acción concreta —se arrodillaba— y se centraba en la acción de gracias y la súplica. A la luz de una historia como esta, ¿cuán fundadas son tus excusas para no orar?
Lunes 4 de mayo
LA POSTURA DURANTE LA ORACIÓN
Cuando tenemos algún problema serio, la mayoría de nosotros llamamos a un amigo íntimo para hablar con él acerca de ello. Cuando tenemos buenas noticias, buscamos a alguien con quien compartirlas. Podemos hacer lo mismo con Dios, ya que «orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 138). La oración no solo nos mantiene conectados con Dios, sino también dice al Diablo a quién pertenecemos. Nuestra oración matutina de rodillas es una declaración que hacemos a los poderes de las tinieblas de que elegimos a Dios.
Además, Dios responde a esa oración enviando a sus ángeles para que nos fortalezcan y nos resguarden de nuestro Enemigo, el Príncipe de las tinieblas (Sal. 91). El hecho de arrodillarse en actitud de sumisión expresa una disposición humilde y se diferencia de orar sentado o reclinado, aunque también podemos orar de esta manera. Sin embargo, cuando nos arrodillamos ante Dios, nuestro corazón se rinde más fácilmente, ya que nuestro cuerpo y nuestras palabras declaran que él es soberano y que somos sus hijos creados.
Lee los siguientes pasajes bíblicos y considera la vida de estas personas que oraron de rodillas: Daniel 6: 10; Lucas 22: 41; Hechos 7: 60; 9: 40 y 20: 36. Orar de pie era una práctica común en los tiempos bíblicos (2 Crón. 20: 5, 6, 13; 1 Sam. 1: 26; Job 30: 20; Luc. 18: 11). La Biblia también comparte ejemplos de personas que oraron sentadas (2 Sam. 7: 18; 2 Rey. 4: 38). Otros se postraban ante Dios, con el rostro en tierra, aunque esta postura estaba más bien asociada con la sumisión ante un superior (1 Rey. 1: 47; Mar. 14: 35). ¿Cuál es tu postura habitual cuando oras? La Biblia no exige una en particular, pero esta es importante, pues refleja nuestra reverencia, nuestros sentimientos y nuestro deseo de aceptar la soberanía de Dios en nuestra vida.
Algunas personas están imposibilitadas de arrodillarse, pero lo que importa es la postura del corazón. Si puedes arrodillarte, pero normalmente no lo haces, hazlo la próxima vez que ores y nota cómo influye eso en la calidad de tu diálogo con Dios. La Biblia nos invita a orar sin cesar (1 Tes. 5: 17), lo que implica perseverancia (Col. 4: 2) y constancia (Rom. 12: 12). Dirige ahora mismo tus pensamientos a Dios y háblale como a tu Amigo mientras estás de pie, sentado, reclinado o caminando.
Martes 5 de mayo
ENOC PRACTICABA LO QUE PREDICABA
Lee Génesis 5: 22 al 24. ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de Enoc? La Biblia no dice mucho acerca de la vida de Enoc, pero sí que caminó con Dios durante trescientos años, hasta que Dios lo llevó al Cielo. ¡Cuán hermoso es que la devoción constante de una persona a Dios sea lo que defina su vida! Enoc era «constante en la oración» (Rom. 12: 12) y se mantenía cada día cerca de Dios, por medio de la fe, en sus circunstancias y experiencias.
El mundo se volvía cada vez más malvado en sus días, pero Enoc se mantenía ocupado sirviendo a Dios pues sabía que eso solamente era posible si permanecía en comunión con él. «En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus labores, tanto más constantes y fervorosas eran sus oraciones. [...] Después de permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la que resplandece del rostro de Jesús.
Cuando regresaba de estar en comunión con Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su semblante» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 66). Dios no nos pide que vivamos como ermitaños o monjes, tan separados del mundo que no seamos útiles en la Tierra. Como Enoc, podemos ser productivos y conscientes de las necesidades que nos rodean, pero Dios solamente puede reflejar su maravilloso carácter a través de nosotros si mantenemos una relación estable y duradera con él. Podemos orar en cualquier momento y lugar. No hay ningún lugar en la Tierra donde Dios no nos vea u oiga (Sal. 139: 7-12). Él siempre escucha el clamor de nuestro corazón, sin importar dónde estemos (lee Lam. 3: 55-57). Sin embargo, hay una ventaja en el hecho de orar audiblemente, ya que cuando lo hacemos solo mentalmente es más factible que el pensamiento se desvíe hacia otros temas.
A diferencia de ello, cuando oramos en voz audible, ya sea como un susurro o en nuestro tono habitual, ello sirve como una especie de recordatorio de que Dios es real, que nos está escuchando y que tenemos algo específico acerca de lo cual dialogar con él. ¿Dónde o cómo susurrarás hoy una oración como parte de tu comunión con Jesús?
Miércoles 6 de mayo
MOISÉS, UN LÍDER CONSAGRADO
Aunque está claro que Enoc tenía una relación muy cercana con Dios, la Biblia contiene más información acerca de la relación de Moisés con el Señor e, incluso, registra numerosos diálogos entre ambos. A medida que pasamos revista a los altibajos de la experiencia de este humilde líder, observamos que la parte más importante de su vida y el secreto de su éxito como dirigente piadoso fue su comunicación constante con Dios y su relación permanente con él. Lee Éxodo 33: 15 al 23. ¿Cuál es el contenido y la forma del diálogo entre Moisés y el Señor? Imagina lo que significó, sin duda, hablar con Dios y oír claramente su voz. Es sorprendente que los israelitas no buscaran este tipo de comunión con Dios por sí mismos en lugar de rogar a Moisés que les hablara en nombre del Señor (Éxo. 20: 18-21).
No obstante, Dios había preparado a Moisés para esto ya desde su interacción con el futuro líder en la zarza ardiente, en ese mismo monte. Aunque la Biblia registra otras oraciones de Moisés, lo cierto es que él estaba casi continuamente en presencia de Dios, pidiéndole orientación e intercediendo por el pueblo al que dirigía. Moisés intercedió en dos ocasiones por algunos miembros de su familia. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron su mediación y qué habría sucedido si él no hubiera intervenido?
Aarón (Éxo. 32: 1-14, 31-34; Deut. 9: 20) _______________________________________________________ _______________________________
María (Núm. 12: 13) _______________________________________________________ _______________________________________________________ _________
Lo más sorprendente de la interacción en favor de María es que Moisés fue el destinatario de su maltrato y envidia. Él pudo haber permitido que Dios diera a María y Aarón el castigo que merecían. En cambio, perdonó a su hermana e intercedió por ella. ¡Qué poderoso reflejo de la gracia perdonadora de Dios para con los pecadores se ve aquí en las acciones de Moisés! Lee Mateo 5: 44 y Colosenses 3: 13. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que se te dice aquí? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Jueves 7 de mayo
MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN
Lee Éxodo 32: 31 y 32. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Moisés y la oración? Moisés intercedió audazmente por el pueblo de Dios una y otra vez. Acudió al Señor cuando los israelitas tenían sed (Éxo. 15: 25; 17: 2-6) y hambre (Núm. 11: 21, 22), y expresó su desesperación (Núm. 11: 11-15). Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, inmediatamente después del pacto concertado con Dios, Moisés recordó: «Y temí el enojo y la ira que el Señor tenía contra ustedes para destruirlos. Pero el Señor me oyó aún esa vez» (Deut. 9: 19).
Cuando los espías regresaron de la Tierra Prometida, Moisés recordó: «Me postré ante el Señor. Cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque él había dicho que los iba a destruir» (Deut. 9: 25). Cuando Leví fue separado de las demás tribus para servir en el Santuario, Moisés recordó: «Yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Y el Señor me oyó también esta vez, y no quiso destruirte» (Deut. 10: 10). Dios escuchó la súplica de Moisés. Podemos aprender mucho de la vida de Moisés en lo que se refiere a la oración y a aferrarnos a Dios: • Moisés sentía un profundo amor por Dios y tenía una idea clara del carácter divino. Dios se describió a sí mismo ante Moisés en Éxodo 34: 6: «¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad!». • Moisés fue valiente y fiel al aferrarse a Dios en los altibajos del extenuante viaje hacia la Tierra Prometida.
Aunque tuvo luchas personales, como cada uno de nosotros, confió en el poder, la presencia y la dirección de Dios en su vida (Éxo. 33: 13). • Moisés recordó a Dios su pacto (Éxo. 32: 13), reclamó sus promesas en nombre de su pueblo (Deut. 7: 8) y trajo a la memoria cómo los había guiado en el pasado (Deut. 8: 2). • Moisés aceptó las respuestas de Dios a sus oraciones. Estar en estrecha relación con Dios no significa automáticamente que siempre obtendremos lo que deseamos (Deut. 3: 23-29), pero aun así debemos orar con persistencia (Luc. 18: 1-8). ¿Quién necesita tus oraciones intercesoras en este momento? ¿Qué te im‑ pide orar ahora mismo?
Viernes 8 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
En última instancia, debemos orar porque amamos mucho a Dios y porque no podemos evitar compartir con él todo lo que ocurre en nuestra vida: nuestras alegrías y victorias, nuestras cargas y preocupaciones, nuestras peticiones y necesidades cotidianas. «Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol. »Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores; no puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos […].
Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar.
Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera surgir de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que él se tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada persona son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra de la que ocuparse ni por la cual haber entregado a su Hijo amado» (Elena G. de White, El camino a Cristo, pp. 148, 149).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Describirías la oración como algo hermoso o como una carga? ¿Qué ha contribuido a tu perspectiva?
2. La cita anterior contiene muchos mensajes perspicaces. ¿Qué pensamiento resuena especialmente en ti después de leerla? 3. ¿Con cuál de las tres vidas de oración estudiadas esta semana (Daniel, Enoc y Moisés) te sientes más identificado?
RESUMEN: Cuando leemos en la Biblia acerca de los gigantes de la oración, es fácil pensar que no podemos tener una relación tan estrecha con Dios o estar tan comprometidos con él. Pero sí podemos. Como Daniel, podemos ser firmes y fieles en arrodillarnos cada día a pesar de la oposición. Como Enoc, podemos decidir caminar y hablar con Dios, recurriendo a él antes de hacer el trabajo para el que nos ha llamado. Como Moisés, podemos guiar a quienes se encuentran en nuestra esfera de influencia e interceder por nuestras familias y por los miembros de nuestras comunidades si decidimos permanecer bajo la sombra protectora del Todopoderoso, nuestro Líder y Amigo.
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
