Lección 7:
Para el 15 de noviembre de 2025
LEALTAD SUPREMA: ADORACIÓN EN MEDIO DE LA GUERRA
Sábado 8 de noviembre
PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Josué 5:1–7; Éxodo 12:6; 1 Corintios 5:7; Josué 8:30–35; Deuteronomio 8:11, 14; Hebreos 9:11, 12.
PARA MEMORIZAR:
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33).
Esta semana analizaremos algunas ocasiones cruciales en las que Israel, ya dentro de la Tierra Prometida, volvió a consagrarse al Señor, a veces ante un peligro inminente. Josué tomó la decisión aparentemente irracional de circuncidar a los israelitas en territorio enemigo (Jos. 5:1-9), de celebrar la Pascua ante un peligro inminente (Jos. 5:10-12), de construir un altar y adorar al Señor mientras la conquista estaba en pleno apogeo (Jos. 8:30-35) y de erigir el Tabernáculo del Señor cuando siete tribus de Israel aún no habían recibido su herencia (Jos. 18:1, 2).
En nuestras ajetreadas vidas, tendemos a enfocarnos en lo urgente y a menudo descuidamos dedicar tiempo de calidad a renovar nuestro compromiso con Dios y a agradecerle por lo que él ha hecho y sigue haciendo diariamente por nosotros.
A veces olvidamos el culto matutino y vespertino en nuestra vida sobrecargada, impulsada por la comodidad y orientada a los logros. Sin embargo, en el fondo todos sabemos que los momentos dedicados a Dios y a nuestros seres queridos constituyen la mejor manera de aprovechar nuestro limitado tiempo.
Domingo 9 de noviembre
EL PACTO EN PRIMER LUGAR
Lee Josué 5:1-7. ¿Por qué ordenó el Señor a Josué que circuncidara a la segunda generación de israelitas en este momento concreto de la conquista?
Tras la exploración del país, el alentador informe de los espías y el milagroso cruce del Jordán cabría esperar un enfrentamiento inmediato con el enemigo. Sin embargo, había algo más importante que la conquista militar: El pacto de Israel con Dios. Antes de que la nueva generación pudiera comprometerse con la posesión de la región, necesitaba ser plenamente consciente de su relación especial con el Dueño de la tierra. La renovación de la señal de la alianza se produjo como respuesta al acto misericordioso y milagroso de Dios de llevar a Israel sano y salvo al otro lado del Jordán.
Nuestro pacto con Dios debe ser siempre una respuesta de gratitud por lo que él ya ha hecho en nuestro favor, nunca un acto para tratar de obtener algún beneficio mediante la conformidad legalista con sus requerimientos. Este mismo concepto fue, sin duda, crucial en las luchas de Pablo con quienes insistían en que los varones gentiles conversos al cristianismo fueran circuncidados, como se ve más claramente en su carta a los Gálatas. Israel estaba a las puertas de la mayor campaña militar de su historia, y cabría esperar que todo el campamento estuviera ocupado con los preparativos bélicos. Así era, pero no en el sentido convencional.
En lugar de enjaezar los caballos y afilar las espadas, se dedicaron a un ritual que dejó vulnerable a la mayor parte de la fuerza de combate durante al menos tres días. Lo hicieron para celebrar su relación con su Dios, quien los había liberado de Egipto. ¿Por qué? Porque reconocían que la batalla pertenecía al Señor. Él era quien les concedía la victoria y el éxito. Jesús formuló el mismo principio con palabras ligeramente diferentes: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas” (Mat. 6:33). La vida cotidiana parece presionarnos a menudo con la urgencia de tantas cosas importantes que olvidamos priorizar lo más importante: la renovación diaria de nuestro compromiso con Cristo.
Piensa en las ocasiones en que descuidaste tu comunión con Dios pues tenías que atender asuntos más “importantes”. ¿Por qué es tan fácil caer en este error y cómo podemos evitarlo?
Lunes 10 de noviembre
LA PASCUA
¿Por qué es significativo que Josué eligiera celebrar la Pascua a pesar de la apremiante e inmensa tarea de tomar posesión de la Tierra Prometida? Lee Josué 5:10; Éxodo 12:6; Levítico 23:5; Números 28:16 y Deuteronomio 16:4, 6. La segunda actividad importante que precedió a la conquista fue la celebración de la Pascua. Esta tuvo lugar en la tarde del decimocuarto día del mes, en cumplimiento fiel de las instrucciones dadas por Dios. En tal ocasión, se hizo especial hincapié en el significado simbólico de la celebración de la Pascua.
Los acontecimientos dirigidos por Josué reflejaban los del Éxodo. La Pascua evocaba la noche en que tuvo lugar la décima plaga (Éxo. 12), cuando el ángel del Señor dio muerte a todos los primogénitos de Egipto y perdonó a los israelitas. Luego se produjo la salida de Egipto, el cruce del Mar Rojo y la travesía por el desierto. A diferencia de ello, la historia de la segunda generación comenzó en el desierto, continuó con el cruce del Jordán, incluyó la circuncisión y la celebración de la Pascua, y condujo al momento crucial en que cabía esperar otra intervención milagrosa del Señor contra los enemigos de Israel, los habitantes de Canaán.
Junto con todos los eventos previos, la celebración de la Pascua señaló el inicio de una nueva era en la historia de Israel. Además, mediante el símbolo del cordero sacrificado, la Pascua no solo recordaba la redención de los israelitas de la esclavitud egipcia, sino también señalaba su cumplimiento antitípico en ocasión de la muerte del Cordero de Dios (Juan 1:29, 36; 1 Cor. 5:7; 1 Ped. 1:18, 19), quien nos rescató de la esclavitud del pecado.
En la Cena del Señor, antes de ofrecerse a sí mismo como sacrificio supremo, Jesús transformó la Pascua en un memorial de su muerte expiatoria (Mat. 26:26‑29; 1 Cor. 11:23-26). Sin embargo, la Pascua y la Cena del Señor señalan una realidad aún más gloriosa: el ingreso de la multitud redimida en la Canaán Celestial. En Apocalipsis, Juan describe esta “travesía” antitípica de los redimidos sobre el mar de cristal –el correlato tipológico del Mar Rojo y del Jordán–, ante el Trono de Dios (Apoc. 4:6; 7:9, 10) y su participación en la cena de bodas del Cordero, prefigurada tipológicamente por la Pascua y la Cena del Señor (Mat. 26:29; Apoc. 19:9). ¿De qué manera podemos tener siempre presente la realidad de la Cruz aunque no estemos celebrando la Cena del Señor?
Martes 11 de noviembre
ALTARES DE RENOVACIÓN
¿Cuál fue la motivación de Josué cuando construyó un altar para el Señor? Lee Josué 8:30, 31; comparar con Deuteronomio 11:26-30; 27:2-10. En la época de los patriarcas, los altares que construían eran hitos que señalaban el camino que recorrían y se convertían en representaciones tangibles de su derecho a la tierra que Dios les había prometido. Ahora, al erigir un altar, los israelitas daban testimonio del cumplimiento de las promesas hechas a sus antepasados.
En este caso, la construcción del altar fue el cumplimiento directo de las instrucciones dadas por Moisés (Deut. 11:26-30; 27:2-10). Josué 8:30 al 35 desempeña un papel importante en la configuración de todo el mensaje teológico del libro. Al vincular uno de los relatos más truculentos y violentos (la guerra) con algo totalmente distinto, una escena de reafirmación del pacto (la adoración), Josué nos remite a uno de los temas teológicos más importantes del libro, y que aparece en su mismo comienzo: Josué recibió el mandato divino de conducir a Israel a una vida de obediencia en armonía con el pacto (Jos. 1:7).
El libro termina destacando ese rol de Josué (Jos. 24) A pesar de la importancia de la guerra y la conquista, hay algo aún más vital: la lealtad a los requerimientos de la Ley de Dios. La conquista era solo un paso en el cumplimiento del plan de Dios para Israel y la restauración de toda la humanidad. La fidelidad a los preceptos de la Torá constituye la cuestión última en el destino de la humanidad. Josué escribió la copia de la ley sobre grandes piedras encaladas, distintas de las del altar (comparar con Deut. 27:2-8).
Así, las piedras, que probablemente contenían los Diez Mandamientos, constituían un monumento aparte en las proximidades del altar y recordaban constantemente a los israelitas los privilegios y deberes implícitos en el pacto. Josué prefigura al Jehoshua (Jesús) del Nuevo Testamento, cuya misión consistía, entre otras cosas, en conducir nuevamente a la humanidad a la obediencia a Dios. Para lograr este objetivo, tuvo que entrar en conflicto con los poderes del mal.
Su objetivo final era cumplir los requerimientos del pacto como nuestro representante: “Porque todas las promesas de Dios son ‘sí’ en él. Por eso decimos ‘amén’ en él, para gloria de Dios” (2 Cor. 1:20). ¿Qué prácticas espirituales equivalen hoy a la construcción de un altar en la antigüedad?
Miércoles 12 de noviembre
ESCRITO EN ROCAS
Lee Josué 8:32-35. ¿Qué significa el acto descrito en estos versículos y qué debería decirnos? El monte Ebal solo es mencionado en Deuteronomio (Deut. 11:29; 27:4, 13) y en el libro de Josué (Jos. 8:30, 33). Junto con el monte Gerizim, era el lugar donde debían pronunciarse las bendiciones y maldiciones propias del pacto. Más concretamente, debía ser el lugar de las maldiciones (Deut. 11:29; 27:4, 13). Allí los israelitas debían situarse a ambos lados del arca, en presencia de los sacerdotes (Jos. 8:33).
Un grupo se situó frente al monte Ebal y el otro frente al monte Gerizim como representación simbólica de las dos formas posibles de relacionarse con el pacto. Los sacrificios que se llevaban allí señalaban a Jesús, quien puso sobre sí todas las consecuencias resultantes de la deslealtad al pacto, para que quienes creyeran en él pudieran disfrutar de sus bendiciones (Gál. 3:13; 2 Cor. 5:21). ¿Por qué era necesario escribir una copia del pacto en un monumento visible para todos? (Ver Deut. 4:31; 6:12; 8:11, 14; 2 Rey. 17:38; Sal. 78:7).
Los seres humanos tendemos a olvidar. Agrupamos las exigencias cada vez más desconcertantes de la vida cotidiana en segmentos de tiempo cada vez más breves. Inevitablemente, olvidamos cosas que no se repiten con la misma frecuencia o intensidad. En cada celebración de la Santa Cena tenemos una ocasión especial para volver a dedicarnos al Señor y renovar nuestro compromiso de pacto con él. Sería bueno percibir estas oportunidades no solo como ocasiones para consagrarnos nuevamente a nivel individual, sino también como oportunidades de renovación corporativa de nuestra lealtad a Dios.
En una sociedad cada vez más individualista, debemos redescubrir el poder de pertenecer a una comunidad que comparte la misma cosmovisión o interpretación de la realidad, los mismos valores y creencias, y la misma misión. ¿Cuán fácil resulta olvidar al Señor y tratar de hacer las cosas con nuestras propias fuerzas y capacidad en medio del ajetreo de la vida? ¿Por qué es tan fácil hacerlo, sobre todo cuando todo va bien?
Jueves 13 de noviembre
ANHELANDO SU PRESENCIA
Lee Josué 18:1, 2. ¿Cuál fue la actividad por la que Josué interrumpió el proceso de adjudicación de la tierra? Después de la descripción de los territorios asignados a las dos tribus más grandes, al oeste del Jordán, y a la media tribu de Manasés, este pasaje describe una asamblea de la congregación en Silo, donde se reparte la tierra a las siete tribus más pequeñas.
El establecimiento del Santuario, la “morada” de Dios, representaba el cumplimiento de la promesa del Señor de vivir entre su pueblo (Éxo. 25:8; Lev. 26:11, 12) y revelaba el tema central del libro: La presencia de Dios en medio de Israel hizo posible la posesión de la tierra y habría de ser una fuente continua de bendición para Israel y para todo el mundo por medio de ellos (Gén. 12:3). El culto a Dios ocupa un lugar central y preeminente, incluso por encima de la conquista y la adjudicación de la tierra.
El Santuario, y más tarde el Templo, debería haber ayudado siempre al pueblo a percibir la presencia de Dios entre ellos y a recordar su obligación de mantenerse fieles al pacto. Lee Hebreos 6:19, 20; 9:11, 12; 10:19-23. ¿Qué podemos aprender de Josué los cristianos, quienes no tenemos un Santuario terrenal que nos recuerde la presencia de Dios entre nosotros? La súbita aparición del tema del Santuario en el libro no debería sorprendernos, ya que este había estado presente en la narración de Josué a través del Arca del Pacto, que era el elemento central del mobiliario del Lugar Santísimo y marcó las dos primeras secciones del libro: la travesía y la conquista.
Ahora, al situar la colocación del Tabernáculo en el eje del reparto de tierras, Josué muestra que toda la vida de Israel giraba en torno al Santuario, sede terrenal de Dios. Es aún más importante para nosotros como cristianos, que vivimos en el día antitípico de la expiación, enfocar nuestra atención en el Santuario Celestial mientras continuamos nuestra lucha contra los gigantes modernos (o posmodernos) que desafían nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra herencia espiritual. Al confiar constantemente en la obra de Cristo realizada en la Cruz y en el Santuario Celestial, podemos esperar con fe el momento en que Dios vuelva a morar entre su pueblo, esta vez para siempre (comparar con Apoc. 21:3).
Viernes 14 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 534-537 del capítulo “Las bendiciones y las maldiciones” en el libro Patriarcas y profetas de Elena de White. “De acuerdo con las indicaciones dadas a Moisés, se erigió un monumento de enormes piedras sobre el monte Ebal. Sobre estas piedras, revocadas previamente con argamasa, se escribió la ley, no solamente los diez preceptos pronunciados desde el Sinaí y esculpidos en las tablas de piedra, sino también las leyes que fueron comunicadas a Moisés y escritas por él en un libro.
A un lado de este monumento se construyó un altar de piedra sin labrar, sobre el cual se ofrecieron sacrificios al Señor. El hecho de que se haya construido el altar en Ebal, el monte sobre el cual recayó la maldición, resulta muy significativo, pues daba a entender que por haber violado la Ley de Dios, Israel había provocado su ira, y que ésta le alcanzaría de inmediato si no fuera por la expiación de Cristo, representada por el altar del sacrificio” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 535).
“Pero el servicio de la Comunión no habría de ser una ocasión de tristeza. Ese no era su propósito. Mientras los discípulos del Señor se reúnen alrededor de su mesa, no han de recordar y lamentar sus faltas. No han de espaciarse en su experiencia religiosa pasada, haya sido esta elevadora o deprimente. No han de recordar las discrepancias entre ellos y sus hermanos. El rito preparatorio ha abarcado todo eso. El examen propio, la confesión del pecado, la reconciliación de las disputas, todo eso se ha hecho. Ahora han venido para encontrarse con Cristo. No han de permanecer en la sombra de la cruz, sino en su luz salvadora. Han de abrir el alma a los brillantes rayos del Sol de Justicia” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 614).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué significa para ti buscar primero el Reino de Dios? ¿Cómo configura ese principio tu vida cotidiana?
2. Analiza tu respuesta a la pregunta final del miércoles (¿cuán fácil es olvidar al Señor en medio del ajetreo diario de la vida?). Comenta en clase por qué es tan fácil hacerlo. ¿Qué soluciones existen para ese problema?
3. Como adventistas, creemos que Jesús está ministrando en nuestro favor en el Santuario Celestial. ¿Cómo puede esta convicción ser una fuente constante de esperanza y fortaleza? ¿Por qué el hecho de saber que Jesús es quien está “intercediendo” (Heb. 7:25) por nosotros debería ayudarnos a percibir cuán buena es su obra en el Santuario Celestial, especialmente ahora, en el día antitípico de la expiación?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 11:
Para el 14 de marzo de 2026
VIVIR CON CRISTO
Sábado 7 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:1–17; Romanos 1:18; 6:1–7; Efesios 4:22–24; Deuteronomio 7:6–8; 1 Samuel 16:23. PARA MEMORIZAR: “Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3:14).
Es muy común la idea de que las personas demasiado espirituales corren el peligro de vivir desconectadas de la realidad. Si bien eso puede tener cierto sentido, Pablo destaca un concepto igualmente importante en Colosenses 3: Si tenemos una mentalidad demasiado terrenal, no seremos de utilidad celestial para el Señor. Pablo señala muchos principios prácticos y reales que nacen del Cielo, y que solo pueden entender quienes han “resucitado con Cristo” (Col. 3:1).
Los consejos del apóstol son principios muy prácticos que mejorarán todas nuestras relaciones, no solo las del ámbito de la iglesia. Jesús dijo: “Pero yo les digo: ‘Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen. Para que sean hijos de su Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mat. 5:44, 45).
Eso suena imposible y lo es, humanamente hablando. Necesitamos morir al yo antes de poder vivir realmente para Dios. Por eso, debemos tener una mentalidad celestial si esperamos ser de alguna utilidad terrenal para nuestro Padre celestial. Esta semana veremos cómo el hecho de vivir con Cristo puede marcar la diferencia, ahora y en la Eternidad. Estrategias y herramientas.
Domingo 8 de marzo
MENTALIDAD CELESTIAL
Lee Colosenses 3:1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial? Desde la cima de una montaña es posible contemplar el vasto paisaje circundante. Las montañas han sido frecuentadas desde tiempos inmemoriales por quienes procuran una experiencia más cercana con Dios (ver Sal. 121:1, 2). Incluso los paganos construían montañas artificiales llamadas zigurats, para reunirse allí con sus dioses. Curiosamente, la ciudad de Ur, que Abram fue llamado a abandonar, tenía un gran zigurat visible desde varios kilómetros a la redonda. Pero la altura no acerca a nadie al Cielo en un sentido espiritual. El esfuerzo humano no es suficiente para ello. Solo es posible acercarse al Cielo en virtud del milagro de la gracia, por el cual morimos y resucitamos con Cristo (figuradamente, mediante el bautismo [Col. 2:12, 13]).
Nótese que desde el principio de Colosenses 3 se insiste repetidamente en lo que está arriba, es decir, lo que hay en el Cielo: “Las cosas de arriba”, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”, “con él en gloria” (Col. 3:1-4). Ciertamente hay muchas cosas en la vida cristiana que no tienen explicación. ¿Cómo puede alguien “morir” y “resucitar” sin haber dejado de existir literalmente? Hay muchas cosas que no tienen sentido para la mente natural, que no está dirigida por el Espíritu Santo. Pero la muerte al pecado y la resurrección con Cristo son realidades genuinas para quienes tienen una mente espiritual porque han recibido el nuevo corazón prometido por Dios. Como afirma un conocido himno: “¿Me preguntas cómo sé que él vive? Porque vive dentro de mi corazón”. No obstante, Pablo prescribe estos mandamientos porque existe una necesidad constante de que la vida espiritual sea renovada (ver 2 Cor. 4:16). En efecto, podemos caer y perder la salvación, y nunca estamos libres de la tentación en esta vida.
Por lo tanto, debemos optar cada día por buscar “las cosas de arriba” (Col. 3:1). Nuestra vida eterna está a salvo, “escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3), pero la expresión externa de esa vida estará lejos de ser escondida. ¿Dónde están normalmente tus pensamientos: arriba o abajo? Si están abajo, ¿cómo puedes cambiar su ubicación?
Lunes 9 de marzo
ACABEMOS CON LO TERRENAL
Actualmente se escuchan muchos eslóganes: “¡Acabemos con la guerra!” “¡Acabemos con la deforestación!” “¡Acabemos con las armas nucleares!” Pero uno que probablemente nunca hayamos oído es “¡Acabemos con lo terrenal!” Eso simplemente no armoniza con la sensibilidad de nuestro mundo. El problema de la mayoría de los eslóganes no es que propician algo incorrecto, sino que son demasiado acotados o estrechos de miras desde la perspectiva de la Eternidad. Nuestro enfoque debe ser eternamente más elevado. Lee Colosenses 3:5, 6 (ver también Rom. 6:1-7). ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y a lo terrenal y vivos para “las cosas de arriba” (Col. 3:1)? Aunque espiritualmente hemos muerto con Cristo, nuestros “miembros”, es decir, las tentaciones que nos presentan nuestro cuerpo y nuestra mente, necesitan morir.
No obstante, debemos tener presentes dos cosas en relación con este mandato. En primer lugar, la forma griega que utiliza Pablo en Colosenses 3:1 supone que hemos resucitado con Cristo. En segundo lugar, la expresión “por tanto” indica que el mandato de Colosenses 3:5 es una consecuencia de ese hecho. Podemos dar muerte a las cosas terrenales (fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, codicia, etc.) solo porque hemos resucitado con Cristo y disponemos de su vida espiritual y su poder para eliminar estas cosas de nuestras mentes y vidas. La frase griega traducida como “la ira de Dios” solo aparece en Colosenses 3:6 y en Romanos 1:18. Dios “entrega” a las personas a sus propios caminos perversos, en el sentido de que respeta su libertad de elección, y como resultado “viene” o se manifiesta su ira (ver Apoc. 6:16, 17) “sobre los desobedientes” (Col. 3:6). En Romanos 1:18, Pablo se refiere a “la impiedad y la injusticia”.
Luego, en Romanos 1:24, equipara la “inmundicia” (usa la misma palabra griega que se encuentra en Col. 3:5) específicamente con las personas que satisfacen “la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos”. ¿En qué sentido deshonran sus cuerpos? En primer lugar, porque se niegan a reconocer al Creador, pero también a causa de “pasiones vergonzosas”. “Aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres” (Rom. 1:26, 27). ¿Qué significa la expresión “hagan morir en ustedes lo terrenal” (Col. 3:5)?
Martes 10 de marzo
RENOVACIÓN EN EL CONOCIMIENTO
Lee Colosenses 3:6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición? Las palabras iniciales de Colosenses 3:8 (“pero ahora”) señalan el cambio dramático y decisivo que conduce de la muerte a la vida. La palabra “ahora” está expresada de manera enfática en griego. Ahora, es decir, puesto que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, la vida presente de ustedes debe mostrar un marcado contraste con su vida anterior. Habiendo hecho morir “lo terrenal” “en ustedes” (Col. 3:5), “ahora, dejen también ustedes todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras” (Col. 3:8). Tanto la ira como el enojo pueden describir la justa respuesta de Dios al pecado (tema tratado ayer), al igual que la de Jesús (Mar. 3:5; Apoc. 6:16). Por el contrario, se exhorta a cada uno a ser “rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19, 20). La malicia desea la desgracia del otro. La maledicencia o calumnia tiene por objeto difamar.
Pablo también condena el lenguaje abusivo y obsceno. Por último, está prohibido mentirse unos a otros (Lev. 19:11, 18), “habiéndose despojado del viejo hombre con sus prácticas” (Col. 3:9). ¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el “viejo hombre” con el “hombre nuevo”? Ver Romanos 6:6 y Efesios 4:22-24. Los verbos que Pablo emplea para esta transformación que conduce de lo viejo a lo nuevo aluden a la vestimenta, como si alguien se quitara sus prendas de vestir viejas y sucias para reemplazarlas por vestiduras nuevas e inmaculadas (comparar con Zac. 3:4). Una distinción similar entre lo viejo y lo nuevo se hace en relación con el Antiguo Pacto y el Nuevo, los cuales se caracterizan respectivamente por la letra externa de la Ley y por la ley que el Espíritu escribe en el corazón (2 Cor. 3:4-18). Estas metáforas describen la conversión y sus efectos, la “nueva creación” (2 Cor. 5:17).
Somos renovados “hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de su Creador [Cristo]” (Col. 3:10), quien es la imagen del Dios invisible (Col. 1:15). El conocimiento de Cristo a través de su Palabra nos transforma “a su misma imagen, con siempre creciente gloria” (2 Cor. 3:18). Esto nos sitúa por encima de todas las fronteras étnicas, geográficas y sociales (Col. 3:11), porque somos ciudadanos de un reino superior. Lee Colosenses 3:11. ¿Qué nos dice acerca de la unidad que debemos tener en Cristo?
Miércoles 11 de marzo
EL CAR ÁCTER DE LA NUEVA VIDA
Tras describir las características negativas y los malos hábitos desechados cuando venimos a Cristo, Pablo se refiere a lo positivo, como si pasara de las tinieblas a la luz. Lee Colosenses 3:12-14. ¿Cómo son descritos los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben “vestirse”? Al igual que Israel, llamado por Dios a ser su pueblo especial y reflejar su carácter, los creyentes en Jesús son “los elegidos de Dios” (Col. 3:12), sus escogidos. Sin embargo, no todos están a la altura de este llamado. Como dijo Jesús: “Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos” (Mat. 22:14, comparar con Mat. 24:22, 24, 31). Las referencias de Pablo a los elegidos tienen un significado similar (Rom. 8:33; 2 Tim. 2:10). Además, al igual que con Israel, los creyentes son amados por Dios y “consagrados” (Deut. 7:6-8). Este privilegio conlleva una importante responsabilidad: “Para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).
Esa proclamación consiste en el testimonio de nuestra vida. Las ocho cualidades mencionadas por Pablo son una verdadera lista. “Entrañable compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Sopórtense y perdónense unos a otros” y “sobre todo [...] amor” (Col. 3:12-14). Estas cualidades solo pueden surgir de un corazón unido a Cristo, pues describen su carácter y la manera en que nos ha tratado. Debemos perdonar a los demás “de la manera que Cristo [nos] perdonó” (vers. 13). El amor es “el vínculo de la perfección” (vers. 14), pues su amor por nosotros nos une a él y nos permite amar verdaderamente a los demás (1 Juan 4:11, 12). Estas cualidades influyen en nuestras relaciones de dos maneras. En primer lugar, el hecho de mostrar amor, misericordia, bondad y perdón a los demás resulta una bendición tanto para nosotros como para ellos.
Amar a las personas y ser una bendición para ellas es algo muy gratificante. Normalmente, las personas nos responderán con amabilidad, y seguiremos disfrutando de la misericordia y el perdón de Dios (Mat. 5:7; 6:14). En segundo lugar, y más importante aún, una conducta tal glorifica a Dios y puede animar a otros a creer y seguir a Jesús, pues muestra el poder de la gracia divina. “Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable” (Elena de White, El ministerio de curación [Florida: ACES, 2008], pp. 372, 373). ¿Cuán bien representa a Jesús tu manera de tratar a los demás, especialmente a quienes son tal vez descorteses contigo?
Jueves 12 de marzo
VIVIENDO LA NUEVA VIDA
La preocupación de Pablo por la paz y la armonía en la iglesia se observa claramente en los últimos versículos de Colosenses 3. Ya hemos examinado con cierto detalle la paz de Dios (ver la lección 7). A diferencia de la pax romana (la paz romana), la pax Christi (la paz de Cristo) no es impuesta desde afuera, sino que debe “gobernarnos” desde nuestro interior (vers. 15). Eso solo puede suceder si Cristo tiene el control. Lee Colosenses 3:16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto? El lenguaje usado en ese texto es muy descriptivo. Representa la palabra de Cristo que se instala en nosotros.
Eso ocurre cuando leemos la Biblia con atención para escuchar y aprender de la sabiduría de Dios. Al parecer, aunque el texto en griego es algo ambiguo, la música desempeña un papel importante en la instrucción y la exhortación mutuas (Col. 3:16). Pablo no se refiere a cualquier música, sino que utiliza una terminología muy específica, tanto aquí como en Efesios 5:19: “Salmos, himnos y canciones espirituales”. Aunque no es seguro, parece que aquí se hace una distinción entre los salmos del Antiguo Testamento y una creciente colección de himnos cristianos de la época del Nuevo Testamento. “Canciones espirituales” puede ser un término genérico usado como designación de cualquier canto de alabanza relacionado con la experiencia espiritual o la vida de la iglesia. Las palabras de esos cánticos eran el medio para comunicar la verdad e instruir acerca de cómo vivir la nueva vida de un cristiano.
Muchos grandes himnos de los últimos siglos contienen poderosos mensajes de esperanza y seguridad, tan necesarios en un mundo que pugna por arrastrarnos hacia abajo. La influencia de la música es poderosa. El rey Saúl se tranquilizaba cuando David tocaba el arpa (1 Sam. 16:23). Pero, cuando el rey sintió que David se convirtió en su rival, la ira y el resentimiento de aquel aumentaron (1 Sam. 18:10, 11). Se ha demostrado clínicamente que la música clásica serena reduce la ansiedad, optimiza el funcionamiento del cerebro, produce relajación, alivia el dolor y favorece la sociabilización. ¿Quién no ha experimentado la poderosa influencia positiva o negativa de la música en las emociones y los pensamientos? La música adecuada puede ser espiritualmente edificante. Se nos dice que hagamos todo “en el nombre del Señor Jesús” (Col. 3:17). ¿Haces eso? Si no es así, ¿cómo puedes lograrlo? Es decir, ¿qué debes dejar de hacer si no puedes hacerlo en el nombre del Señor?
Viernes 13 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, la persona convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia; que su transgresión ha sido perdonada; su pecado, cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina Ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1). “Pero, habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldados por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparados para atacarlo.
Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria. […] “El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el Reino de los Cielos demasiado poco. “En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del Cielo. A cada paso sentimos su poder viviente” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 393, 394).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Has experimentado la justificación por la fe? ¿Cómo transformó tu vida? ¿Cómo se relaciona la promesa de la justificación por la fe con la experiencia simultánea de la “resurrección” “con Cristo” (Col. 3:1)?
2. ¿Qué significa para ti tener una mentalidad celestial? ¿Es más importante que hacer el bien terrenal? ¿Dónde está el equilibrio?
3. Piensa en la influencia que tu vida ejerce sobre los demás. Aunque tendemos a pensar en esto en el contexto de nuestra influencia individual, ¿cuál es nuestra influencia como iglesia? ¿Cómo influye tu iglesia local en la comunida.
