Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 7: Para el 16 de mayo de 2026
LA ORACIÓN
Sábado 9 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Reyes 19: 1–18; Mateo 6: 5–8; Lucas 11: 2–4; Mateo 6: 5–15; Daniel 9: 4–19; Romanos 8: 26, 27.
TEXTO PARA MEMORIZAR: «Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón. Dios es nuestro refugio» (Sal. 62: 8).
¿Cómo es tu vida de oración? ¿Con qué frecuencia oras? ¿Con cuánto fervor? ¿Con qué expectación? ¿Oras a diario o solo en situaciones de emergencia? Tus oraciones ¿son siempre de petición o también alabas a Dios en ellas? Además, ¿oras de mañana, antes de comer y quizás a lo largo de tu ajetreado día? Tal vez hayas formado parte de un grupo de oración regular o incluso hayas orado ininterrumpidamente de manera mental a lo largo del día. ¿Has experimentado por medio de la oración el poder y la presencia transformadora de Dios en tu vida?
La oración es la conexión constante entre nosotros (los sarmientos o ramas) y Jesús (la Vid). «Si queremos crecer y fructificar, tenemos que absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza» (Elena G. de White, Primeros escritos, p. 104). He allí la bendición de la oración permanente. Dios nos escucha y siempre responde a su tiempo y de la manera perfecta, aunque no siempre como esperamos. Esta semana estudiaremos el ejemplo de otros personajes bíblicos y consideraremos formas prácticas de fortalecer la oración en nuestra vida diaria.
Domingo 10 de mayo
ELÍAS: LA ORACIÓN EN MEDIO DE LA CRISIS
El fiel Elías vivió en tiempos difíciles, cuando el rey Acab hacía más «para provocar al Señor Dios de Israel que todos los reyes de Israel anteriores a él» (1 Rey. 16: 33). El momento más dramático de su vida fue la confrontación en el Monte Carmelo (ver 1 Rey. 18). En el clímax de esta increíble historia, Acab y su reino vieron con sus propios ojos que Dios responde a la oración. Aquel fue un momento inolvidable en la historia de Israel debido al repentino y asombroso giro en los acontecimientos. Lee 1 Reyes 19: 1 al 18. Centra tu atención en las oraciones de Elías y en la interacción de Dios con él. ¿A qué se debía el abatimiento de Elías? ¿En qué se diferencian las respuestas divinas aquí y en el Monte Carmelo?
Aunque Dios había respondido cada una de las oraciones de Elías, el estado emocional, mental y físico del profeta pronto cambió. El profeta había experimentado una gran victoria con Dios ese día, pero permitió que el temor a la muerte anulara súbitamente su fe en Dios. Lo sorprendente de esta historia es que, aunque Elías cedió al abatimiento y al desánimo, Dios acudió a él con ternura y le proveyó nuevamente alimento y agua (1 Rey. 19: 5, 6) suficientes para sostenerlo durante cuarenta días (1 Rey. 19: 8). Cuando Dios finalmente se reveló, lo hizo de una manera muy diferente de como lo había hecho antes. Dios nos responde a veces de maneras muy directas, poderosas e innegables. Esto fortalece nuestra fe y sentimos su cercanía en nuestra vida. Otras veces vacilamos y cedemos a la tentación, pensando que es demasiado difícil seguir a Dios con fe inquebrantable.
Buscamos respuestas divinas a la medida de nuestras expectativas, sin darnos cuenta de que sus pensamientos y sus caminos son mucho más elevados y sabios que los nuestros (Isa. 55: 8, 9). Así como existen muchos aspectos de la Creación de Dios que no entendemos, no debería sorprendernos que haya también muchas maneras divinas de obrar que resultan incomprensibles para nosotros. Dios, nuestro bondadoso Padre, sabe exactamente qué necesitas. ¿Cómo puedes confiar lo suficiente en él en toda circunstancia? Habla con él acerca de esto ahora.
Lunes 11 de mayo
CUANDO PARECE NO HABER RESPUESTA
Tal vez hayas orado por algo durante mucho tiempo, incluso años, y tengas la sensación de que Dios no ha escuchado tus plegarias. La Biblia nos dice: «Pidan, y les darán» (Mat. 7: 7), y «si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye» (1 Juan 5: 14). ¿Qué opinas de estas promesas? Ana es el ejemplo de una mujer devota que oró por algo muy específico (1 Sam. 1: 10-17). Al principio parecía que Dios no contestaba sus oraciones, pero ella persistió y Dios respondió de acuerdo con su voluntad en el momento perfecto. A veces la espera profundiza nuestra experiencia con Dios, pues nos enseña a confiar más en él. El Salmo 62: 8 dice: «Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón.
Dios es nuestro refugio». ¿Confiamos en que él realmente sabe qué es lo mejor, incluso cuando no vemos una respuesta inmediata a nuestras oraciones? ¿Confiamos en que él responderá a su debido tiempo y a su manera? A veces nuestras oraciones pueden no ser contestadas tan rápidamente como deseamos o de la manera que esperamos. ¿Qué consejo nos da la Biblia al respecto?
• Procura que se cumpla la voluntad de Dios, no la tuya (Mat. 6: 10; 1 Juan 5: 14, 15).
• Considera los motivos por los que pides algo (Prov. 16: 2; Sant. 4: 3).
• Asegúrate de no estar acariciando algún pecado (Sal. 66: 18; Prov. 15: 29; 1 Ped. 3: 12).
• Permanece en Dios y en su Palabra (Juan 15: 7). • Ora con fe (Mat. 21: 22; Mar. 11: 24; Heb. 11: 6; Sant. 1: 6).
• Considera el estado de tu corazón (¿humilde u orgulloso?) (Sant. 4: 6; 1 Ped. 5: 6).
• Persevera en la oración (1 Tes. 5: 17, 18).
• Perdona a los demás (Mar. 11: 25, 26).
• En última instancia, Dios ve el panorama completo y sabe qué es lo mejor para nosotros (Jer. 29: 11-13; Rom. 8: 28; Efe. 3: 20).
Su respuesta es, a veces, simplemente la que dio a Pablo: «Bástate mi gracia» (2 Cor. 12: 9). Un hecho clave que determina nuestra respuesta a lo que parecen oraciones sin respuesta es la imagen que tenemos de Dios. Si creemos que Dios es alguien distante que no siente interés en nosotros, nuestra relación con él se debilitará. Si eso te ocurre, busca en la Biblia evidencias de su amor y su cuidado para contigo y ora para que la imagen distorsionada que tienes de él cambie.
Martes 12 de mayo
JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR
En tiempos de Jesús, las oraciones prolongadas y cuidadosamente elaboradas, llenas de palabras complejas y a menudo memorizadas, eran muy apreciadas. Jesús no tenía nada bueno que decir acerca de este tipo de oraciones (ver Mat. 6: 5-8), sino que las definió como lo que eran: ostentosas muestras de presunta «piedad». Los discípulos vieron orar a Jesús y sabían que la oración era una parte vital de su vida (ver Mar. 1: 35; 6: 46; Luc. 5: 16; 6: 12; 9: 18; 22: 12; 24: 30). Mientras observaban al Maestro, notaron un contraste con los líderes religiosos y se dieron cuenta de que la oración era algo mucho más importante que lo que habían pensado.
Por lo tanto, se acercaron a Jesús y le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Luc. 11: 1). Jesús enseñó a sus discípulos (y a nosotros) que podemos orar con sencillez y en un lenguaje cotidiano, y que nuestras oraciones deben ser sinceras. Lee Lucas 11: 2 al 4 y Mateo 6: 5 al 15, y observa los siguientes aspectos de la oración que Jesús enseñó:
• «Padre nuestro que estás en los cielos»: Necesitamos reconocer nuestra relación personal con el Padre de todos los seres humanos. • «Santificado sea tu nombre»: Reconocer la santidad de Dios nos acerca a él con reverencia y respeto.
• «Venga tu reino»: Anhelemos el regreso de Jesús y la presencia del Espíritu Santo hasta que ocurra la Segunda Venida.
• «Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo»: Aceptemos la soberanía divina y pidamos que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida, confiando en que él sabe mejor que nosotros qué nos conviene, en lugar de pedirle que haga lo que queremos.
• «Danos hoy el pan nuestro de cada día»: Podemos pedir lo que necesitamos para vivir, tanto físicamente (alimento y agua) como espiritualmente (Jesús y su Palabra viva).
• «Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (DHH): Necesitamos arrepentirnos, buscar el perdón y perdonar a quienes nos han hecho daño, así como Dios nos perdona a nosotros.
• «Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal»: Es esencial pedir protección y amparo contra el mal presente en este mundo (Sal. 91).
• «Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén»: Reconozcamos que todo lo que somos, poseemos y hacemos pertenece a Dios.
Solo él merece la gloria y la alabanza (1 Crón. 29: 11). ¿Deberíamos dedicar más tiempo a la oración y a encontrarnos cada ma‑ ñana con Aquel que nos ama más que nadie? ¿Qué te impide hacerlo? Ora ahora mismo tal como Jesús nos enseñó.
Miércoles 13 de mayo
ALABANZA, CONFESIÓN, PEDIDOS Y GRATITUD
Podemos hablar con Dios en oración de la manera sencilla en que Jesús nos instruyó a hacerlo, ya sea en privado, en familia o en la iglesia, recordando que orar es hablar con él como con un amigo. Con demasiada frecuencia nuestras oraciones están llenas de peticiones, pero Jesús nos ha enseñado a incluir mucho más que eso en nuestras plegarias.
Lee la oración de Daniel en Daniel 9: 4 al 19 e identifica sus distintas partes. Considera cómo podrías incluir los siguientes componentes en tus oraciones: Alabanza: La alabanza es una expresión de adoración a Dios en reconocimiento por ser quien es y por su carácter. Lee el hermoso cántico de alabanza a Dios registrado en el Salmo 100 y considera los diferentes nombres que se le dan a Dios y la descripción de su magnífico carácter. Alábalo por ser tu Redentor, Salvador, Consolador, Sanador, Buen Pastor, Alfa y Omega, y Roca, por mencionar solo algunos de los nombres con los que el salmista se refiere a Dios.
Confesión y perdón: Cuando dialogamos con Dios en oración y permanecemos en él, resulta inevitable desprendernos de todo lo que nos retiene o nos separa de él. Cuanto más cerca estamos de él, más conscientes somos de nuestra indignidad e indigencia. Esto nos hace rogarle que nos limpie de nuestros pecados y modele nuestro carácter a su semejanza. Si esperamos que Dios nos perdone, debemos estar dispuestos a perdonar también a los demás. «Por tanto, confiesen sus pecados unos a otros, y oren los unos por los otros, para que sean sanados.
La oración del justo es poderosa y eficaz» (Sant. 5: 16). Peticiones: ¿Estás enfrentando desafíos en relación con tu familia, tus amigos, tu salud, tus finanzas, tu trabajo o tus estudios? ¿En qué aspecto de tu vida necesitas específicamente la dirección de Dios? ¿Quién necesita tu apoyo y cuál es la mejor manera de brindárselo? Ora específicamente acerca de estas áreas y personas pidiendo que se haga la voluntad de Dios. Acción de gracias: Lee Filipenses 4: 6 y piensa en las bendiciones de tu vida.
Quizás vengan a tu mente cosas importantes, pero ¿qué decir acerca de las pequeñas cosas que a menudo damos por sentadas? Somos receptores constantes de las misericordias de Dios. Sin embargo, ¡cuán poca gratitud expresamos! ¡Cuán poco lo alabamos por lo que ha hecho y hace por nosotros! ¿Por qué cosas deberías alabar a Dios? ¿Qué necesitas confesarle, pedirle y agradecerle? ¿Por qué no hacerlo ahora mismo?
Jueves 14 de mayo
OTRAS PREGUNTAS ACERCA DE LA ORACIÓN
¿Por qué debemos orar si Dios lo sabe todo? Elena G. de White responde así esa pregunta: «No es que esto sea necesario para darle a conocer a Dios lo que somos, sino a fin de capacitarnos para aceptarlo a él. La oración no hace descender a Dios hasta nosotros, sino que nos eleva a nosotros hacia él» (El camino a Cristo, p. 138). En efecto, Dios conoce nuestros deseos y nuestras necesidades, y lee todas las intenciones de nuestro corazón. Sin embargo, orar es bueno para nosotros pues nos invita a hacer una pausa en nuestro ajetreo cotidiano, a reconocer que Dios es soberano sobre todo y a ponernos a sus pies.
Además, Dios actúa en respuesta a nuestra petición. El Espíritu Santo intercede por nosotros cuando no sabemos orar como deberíamos (Rom. 8: 26, 27). ¿Por qué orar cuando todo está bien? La autosuficiencia y el orgullo (ver la lección 3) pueden ser algunos de los mayores obstáculos para una sólida vida de oración. Si nos diéramos cuenta de cuánto necesitamos a Dios, acudiríamos mucho más a él. Si los ángeles perfectos lo adoran y lo reverencian, ¿cómo podemos los seres humanos pecadores pensar que lo necesitamos menos? ¿Qué dicen Mateo 5: 6 e Isaías 44: 3 acerca de esto? ¿Cuál es el papel de la fe en la oración? Lee Hebreos 11: 6 y reflexiona acerca de la siguiente declaración: «La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser tomadas en cuenta juntas.
En la oración de fe hay una ciencia divina; es una ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su vida. Cristo dice: “Por eso les digo que obtendrán todo lo que pidan en oración, si tienen fe en que van a recibirlo” (Mar. 11: 24). El Señor aclara que “esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5: 14). Nuestras peticiones, pues, deben estar de acuerdo con lo que Dios ha prometido, y todo lo que recibamos ha de ser usado para cumplir con su voluntad. […] Cuando cumplimos con las condiciones, el cumplimiento de las promesas divinas nunca falla. […] No necesitamos buscar una evidencia palpable de la bendición» (Elena G. de White, La educación, pp. 232, 233). ¿Con quién debo orar?
En primer lugar, deberíamos orar a solas, solo Dios y nosotros, ya que la oración y el estudio de la Biblia son la savia de nuestra relación con él. Dedica tiempo a escudriñar tu corazón mientras hablas con Dios en oración y lo escuchas en su Palabra (Mat. 6: 6). También deberíamos orar con nuestra familia o en pequeños grupos (Hech. 12: 12), porque donde hay dos o tres reunidos, allí está Dios (Mat. 18: 20). Por último, debemos orar con nuestras comunidades eclesiales (Sant. 5: 13-16). Los tres tipos de oración son importantes. ¿Cómo debo escuchar? La oración es algo más que hablar con Dios; también debemos permitirle que nos «pode» y hable a nuestra vida. La forma más clara y segura de hacerlo es combinar la oración con el estudio de la Biblia como parte de tu devocional personal. Evita dejar tu mente vacía o escuchar tus propios pensamientos en lugar de escudriñar la Biblia. ¿Cuál de los puntos anteriores te parece más desafiante?
Viernes 15 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Si pensáramos y habláramos más del Señor Jesús y menos de nosotros mismos, gozaríamos mucho más de su presencia» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 151). «Si nos dejamos guiar por nuestras dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que no veamos claramente, las perplejidades no harán sino aumentar y agudizarse. Pero si nos acercamos a Dios, sintiéndonos desamparados y necesitados, como en realidad estamos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestras necesidades ante Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve todas las obras de su creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, él puede y quiere atender nuestro clamor, y hará resplandecer la luz en nuestro corazón» (El camino a Cristo, p. 143). «El espíritu puede elevarse hacia el cielo en las alas de la alabanza.
Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos aproximamos al culto que le rinden los seres celestiales. […] Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con “alegría, cantos de alabanza y son de música” (Isa. 51: 3)» (El camino a Cristo, p. 154).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuál de los conceptos de las citas anteriores te parece más inspirador? ¿Cuál de ellos representa un desafío mayor para ti?
2. ¿Qué lecciones adicionales podemos aprender de la vida de oración de otros personajes bíblicos? (Ver, por ejemplo, Esd. 10: 1; Neh. 1: 4-11; 1 Rey. 8: 22-54; 2 Rey. 13: 4; 19: 14-19; Jer. 32: 16-25; Jon. 4: 2, 3; Hab. 3: 1).
3. ¿Cuál es el papel del ayuno junto con la oración?
4. ¿Hay algo que te gustaría modificar o algo nuevo que desearías poner en práctica en tu vida de oración como resultado de la lección de esta semana? Comienza a hacer esos cambios ahora mismo.
RESUMEN:
La Biblia relata historias de personas que tenían una vida de oración vibrante y sostenida, y de otras que no la tenían. Al buscar en las páginas sagradas, siempre encontraremos a alguien con quien podamos identificarnos, independientemente del estado de nuestra relación con Dios. También encontraremos muchas promesas que nos animarán y guiarán en nuestra vida devocional. El crecimiento espiritual debe ser nuestra meta: nuestros ojos puestos en Jesús, el Ejemplo supremo en todas las cosas y el Autor y Consumador de nuestra fe.
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
