Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 8:
Para el 21 de febrero de 2026
LA PREEMINENCIA DE CRISTO
Sábado 14 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 1:26, 27; Colosenses 1:13–19; Juan 1:1–3; Efesios 1:22; 1 Corintios 4:9; 12:12–27; Romanos 6:3, 4.
PARA MEMORIZAR: “Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:15–17).
En la lección de esta semana reanudaremos nuestro estudio de Colosenses (ver las lecciones 1 y 2). En el material correspondiente al jueves de la lección 2, vimos que en Colosenses 1:9 al 12 Pablo pide a Dios en oración que los creyentes de Colosas vivan en armonía con la voluntad divina. En los versículos 12 y 13, contrasta el reino de la luz con el de las tinieblas. Dios el Padre nos ha capacitado para participar en la herencia eterna del reino de la luz, nos ha liberado del poder de las tinieblas y “nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados” (Col. 1:13, 14). En otras palabras, tenemos redención en Jesús, quien es también Dios y nuestro Creador.
Él obró nuestra redención y por la fe en él hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al de la luz. Esta semana analizaremos una de las afirmaciones más completas y sublimes del Nuevo Testamento acerca de Jesús. ¿Qué significa que él es “la imagen del Dios invisible” y, al mismo tiempo, “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15)? Estrategias y herramientas
Domingo 15 de febrero
LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE
Cuando nos miramos en un espejo o en una fotografía, vemos apenas una imagen plana y bidimensional de nosotros mismos. En algunos aspectos, una escultura da una idea más clara de la realidad que representa, pero sigue siendo muy diferente de la persona viva y animada que sirvió como modelo. Aunque a veces se refiere a este tipo de representaciones menores, el concepto bíblico de imagen sugiere algo más amplio. Lee Génesis 1:26, 27; 5:3; 1 Corintios 15:49; 2 Corintios 3:18; y Hebreos 10:1. Resume los distintos significados de la palabra “imagen” usada en estos textos. ¿En qué se diferencian de la descripción de Jesús como imagen de Dios? Los seres humanos fueron creados para asemejarse física, espiritual, relacional y funcionalmente a Dios. Sin embargo, solo reflejan su imagen en ciertos aspectos, y el pecado ha malogrado incluso eso.
Pero Jesús nos permite “ver” al Dios invisible. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, dijo (Juan 14:9). Él es, por así decirlo, “la huella exacta” de la naturaleza de Dios (Heb. 1:3). Él es el pensamiento de Dios hecho audible y el carácter de Dios hecho visible. Lee Mateo 11:27 y Juan 1:1, 2, 14, 18. ¿Por qué Jesús es el único capaz de revelar al Padre?
Observa otras declaraciones en las que Jesús describió su relación con Dios el Padre:
• “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Juan 5:17).
• “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).
• “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Jesús también se identificó en diversas ocasiones mediante la fórmula “Yo soy” (ver Éxo. 3:14), que Dios utilizó para referirse a sí mismo en el Antiguo Testamento: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12); “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11, 14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “Yo soy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14:11); y “antes que Abraham existiera, Yo soy” (Juan 8:58). Si Jesús no fuera Dios, eso significaría que el Padre envió a un ser creado a morir por nosotros. ¿Por qué sería eso crucialmente distinto de que Dios mismo haya dado su vida por nosotros en la Persona de Cristo?
Lunes 16 de febrero
EL PRIMOGÉNITO DE LA CREACIÓN
En el Nuevo Testamento, el término “primogénito” casi siempre se refiere a Jesús (ver Luc. 2:7; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18; Heb. 1:6; Apoc. 1:5), pero aun en los textos donde la palabra designa a otras personas, estas no necesariamente nacieron cronológicamente primero dentro de sus familias. El concepto bíblico de “primogénito” enfatiza la relación especial que un hijo tiene con su padre, independientemente del orden en que haya nacido respecto de sus hermanos. Además, hay casos en los que los hijos más jóvenes son más prominentes. Tal es el caso de Isaac, Jacob y José, por nombrar algunos. David fue ungido rey a pesar de ser el menor de ocho hijos (1 Sam. 16:10-13).
No obstante, Dios dijo de él: “Lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal. 89:27). También dijo a Moisés: “Israel es mi hijo, mi primogénito” (Éxo. 4:22). En este sentido, el término es usado con una connotación de preeminencia. Lee Colosenses 1:15-17. ¿Qué razones da Pablo para que Jesús sea llamado “el primogénito de toda la creación”? Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que Jesús fue el primer ser creado. De hecho, excluye categóricamente esa posibilidad cuando dice dos veces, y de maneras diferentes, que todo lo que existe fue creado por él y para él (Col. 1:16). En ambos casos, se señala a Jesús como el agente personal mediante el cual la Deidad llevó a cabo el proceso de la Creación (ver también Efe. 3:9; Juan 1:1-3; Apoc. 4:11). La afirmación de Pablo no podría ser más amplia. Todo significa todo: espacialmente (cielo y Tierra), ontológicamente (visible e invisible) y funcionalmente (tronos, dominios, principados, potestades).
Estos últimos términos se refieren normalmente a los seres angélicos (ver Efe. 3:10; 6:12). Para no dejar lugar a equívocos, Pablo señala también que Jesús existía “antes de todas las cosas” (Col. 1:17). La expresión griega traducida como “antes” significa precedencia tanto en sentido jerárquico como cronológico, pero en todos los demás textos donde Pablo la usa se refiere al tiempo (ver, por ejemplo, 1 Cor. 2:7; Gál. 1:17; Efe. 1:4). Otra razón que da Pablo para justificar la preeminencia de Jesús es que “todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:17).
El verbo griego synistēmi significa literalmente “reunir” o “unir”. Jesús es el factor unificador del Universo, no solo por su papel como Creador, sino también porque es el Redentor. Dios, el Creador, murió por nosotros. ¿Qué podrían añadir a eso nuestras obras? ¿Por qué es blasfema la idea de que nuestras obras pueden o deben añadirse a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros?
Martes 17 de febrero
LA CABEZA DE LA IGLESIA
Lee Efesios 1:22 y Colosenses 2:10. ¿A qué se refiere Pablo cuando llama a Jesús “cabeza de la iglesia” (Efe. 5:23)? Es común en numerosos idiomas referirse metafóricamente a una posición de liderazgo como “la cabeza”, algo que también se observa en la Biblia.
Nota el sentido de la palabra “cabeza” en los siguientes textos:
• Moisés escogió “varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes (literalmente “cabezas”) sobre el pueblo, sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez” (Éxo. 18:25).
• “Los jefes (literalmente “cabezas”) de la congregación” (Núm. 31:26).
• Dios pondría a Israel “por cabeza y no por cola” si le obedecían (Deut. 28:13).
• “Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín” (Isa. 7:8)
• “Y los hijos de Judá y de Israel […] levantarán para sí un jefe (literalmente “cabeza”)” (Ose. 1:11).
• “Jefes (literalmente “cabezas”) de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel” (Miq. 3:9).
• “Cristo es la cabeza de todo hombre” (1 Cor. 11:3).
Por lo tanto, Cristo, como cabeza de la iglesia, provee el liderazgo, la orientación y el sustento necesarios para su unidad y crecimiento (ver Col. 2:19). Lee 1 Corintios 12:12-27. Pablo describe aquí a la iglesia como un “cuerpo”. ¿Qué otros aspectos de la iglesia son representados mediante esta metáfora? Así como el cuerpo no puede vivir sin la cabeza, la vida puede resultar mucho más difícil cuando se pierde o se lesiona una de sus partes. A menudo, no reconocemos cuán importante es algo hasta que lo perdemos. Si tuvieras que renunciar a una parte de tu cuerpo, ¿cuál elegirías? ¿Qué te dice esto acerca de cuán vital es cada persona como miembro de la iglesia?
Miércoles 18 de febrero
EL “PRINCIPIO” (E INICIADOR)
Lee Colosenses 1:18. ¿Qué relación existe entre la idea de Cristo como cabeza y la de él como “principio”? En hebreo, las palabras cabeza (ro’sh) y principio (rē’shit) están relacionadas. La última de ellas aparece por primera vez en las Escrituras en Génesis 1:1: “En el principio [rē’shit] Dios creó los cielos y la tierra”. Jesús es cabeza de la humanidad y de la iglesia, no solo por existir desde el principio de la eternidad, sino también por ser el Creador. La palabra griega arjē, traducida como “principio” en el Nuevo Testamento, tiene un significado amplio. En Colosenses 1:18, “principio” se refiere a Jesús como la fuente o iniciador de la iglesia y, por lo tanto, su Cabeza. Del mismo modo, él es el “principio” o iniciador de la Creación. Jesús no solo es el iniciador de la Creación y de la iglesia, sino también el de la nueva Creación en virtud de su resurrección de entre los muertos (Rom. 6:3, 4). Puesto que la paga o consecuencia del pecado es la muerte, su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen.
Todo esto demuestra por qué él es “el primogénito de los muertos” (ver el estudio del lunes acerca del significado de la palabra “primogénito”). La suya es la resurrección preeminente, aunque no la primera cronológicamente (Moisés fue el primero en resucitar, razón por la cual se produjo la disputa con el Diablo por su cuerpo [Jud. 1:9]).
Si Cristo no hubiera vencido a la muerte, nadie más podría resucitar. En este punto es útil repasar brevemente las razones presentadas por Pablo acerca de la preeminencia de Jesús.
1. Él es la manifestación perfecta del Dios invisible.
2. Él es el Creador de todo lo que existe.
3. Él existía antes que todas las cosas, y estas son sostenidas por él.
4. Él es la Cabeza de la iglesia, que es su cuerpo.
5. Él es el iniciador de la Creación y de la nueva Creación.
6. Obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte, lo que le dio el derecho de resucitar a quienes ponen su confianza en él como Salvador.
7. Jesús siempre existió, pero ahora tiene la preeminencia como Cabeza de la humanidad y de la iglesia en virtud de lo anterior.
¿Qué cambios deberías hacer para experimentar de manera más plena la preeminencia de Cristo en tu propia vida?
Jueves 19 de febrero
PARA RECONCILIAR TODAS LAS COSAS
Lee Colosenses 1:19, 20. ¿En qué consiste esta reconciliación resultante de la Cruz y qué alcances tiene? Pablo utiliza una expresión griega muy interesante para concluir su descripción de Jesús, al señalar al Padre, que fue previamente mencionado en Colosenses 1:12. Es su plenitud la que el Padre se complació en hacer habitar en Jesús (comparar Col. 2:9). ¿Cuál es esa “plenitud”? Juan se refiere a ella como la gloria del Padre, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Según este pasaje, esa “plenitud” abarca la eternidad y la existencia autónoma de Dios, su poder para crear y recrear, y su sabiduría, manifestada en su victoria sobre el pecado y la muerte mediante el instrumento más inimaginable: la cruz, ese objeto ignominioso transformado en un testimonio de su amor eterno por cada ser creado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La única manera en que el pecado podía ser derrotado para siempre y todas las cosas podían ser reconciliadas se resume en esa única verdad gloriosa: Dios amó al Universo, y nos amó tanto, que arriesgó todo para salvarnos a través de la muerte de Cristo en la cruz.
La palabra griega traducida como “mundo” es kosmos, la cual puede designar todo el Universo. Pablo se refiere a esta demostración universal en el contexto del discipulado en pos de Cristo: “Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo [kosmos], tanto para los ángeles como para los hombres” (1 Cor. 4:9). “El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz. […] Por causa de una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de quien es amor los destruye. “Al principio de la Gran Controversia, los ángeles no entendían esto. […] Pero no sucederá así cuando la Gran Controversia termine. Entonces, habiendo sido completado el Plan de la Redención, el carácter de Dios quedará revelado a todas las inteligencias creadas. […] “Por lo tanto, bien podían los ángeles regocijarse al mirar la Cruz del Salvador. […] Cristo mismo comprendió plenamente los resultados del sacrificio hecho en el Calvario. Vio todo eso por delante cuando en la Cruz exclamó: ‘Consumado es’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 708, 709, 713).
Viernes 20 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático […] o si no sería el mismísimo demonio. Tienen que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor. Pueden hacerlo callar por necio, pueden escupirle y matarlo como si fuese un demonio, o pueden caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad” (C. S. Lewis, Mero cristianismo [Nueva York: Rayo, 2006], p. 69). “El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es ‘la imagen misma de su sustancia’ (Heb. 1:3)” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], p. 614). “Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo. […] Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. […] Era igual a Dios, infinito y omnipotente. […] Es el Hijo eterno y existente por sí mismo” (Elena de White, El evangelismo, p. 616).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de la divinidad eterna de Jesús. Piensa en lo que habría implicado para el Plan de Salvación y para el sacrificio en la Cruz el hecho de que él no hubiera sido el Dios increado que existe desde la eternidad. ¿Por qué es tan importante esta enseñanza? Dialoguen en la clase acerca de lo que significaría que Jesús no fuera eterno, sino un ser creado.
2. Cuando pensamos en Jesús, en el evangelio y en el Plan de Salvación, ¿por qué no debemos perder de vista la participación y el interés de todo el Universo en lo que Jesús hizo? ¿Qué habrá pensado el Universo no caído cuando vio a su Creador en la cruz, aquel a quien conocieron antes rodeado de gloria eterna? ¿Qué debió pasar por sus mentes mientras veían morir en la cruz a Aquel a quien habían adorado en el Cielo?
3. ¿Qué le dirías a alguien que no cree que el Padre y el Hijo siempre han coexistido? ¿Por qué es esta una verdad tan importante? ¿Cómo explicarías que nunca hubo un momento en el que el Padre estuvo sin el Hijo, excepto en la Cruz, cuando hubo una temporaria “separación de los poderes divinos” (Comentario bíblico adventista del séptimo día-Comentarios de E. G. de White [Florida: ACES, 1994], t. 7-A, p. 936)?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
