Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 8: Para el 23 de mayo de 2026
LA FE
Sábado 16 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 8: 11, 12; Mateo 15: 21–28; Lucas 7: 1–10; Efesios 2: 8; Hebreos 11; Apocalipsis 14: 12.
PARA MEMORIZAR: «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1).
Alguien dijo en cierta ocasión: «La fe es como el wifi. Es invisible, pero tiene el poder de conectarte con lo que necesitas». De hecho, la relación con Dios no es posible sin fe. ¿Cómo está tu fe hoy? ¿Ha tambaleado tu fe en Dios alguna vez? Tal vez hayas experimentado algo que te ha desafiado hasta el punto de no saber cómo seguir adelante en tu relación con Dios. ¿O es tu fe como una rosa que se desarrolla a partir de un frágil tallo hasta convertirse en una bella flor que llena con su fragancia el lugar donde se encuentra? «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1).
No es algo que podamos generar, sino que está en consonancia con «la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Rom. 12: 3). La fe es un don de Dios (Efe. 2: 8, 9) y solo es posible gracias a lo que Dios ya está haciendo en nosotros y por nosotros. Esta semana exploraremos el tema de la fe: qué hacer con la duda y la incredulidad; en qué consiste, según Jesús, una fe sólida; y qué significa tener «la fe de Jesús».
Domingo 17 de mayo
¡SOLO DAME UNA SEÑAL!
Quizás hayas oído a alguien decir: «Si pudiera ver cómo se divide el Mar Rojo, o el maná cayendo sobre la tierra, o a Jesús curando a un ciego, creería». Tal vez tú mismo hayas tenido ese tipo de pensamientos alguna vez. Sin embargo, ¿podría ser más fácil para nosotros tener fe que para quienes vivieron en los tiempos bíblicos? Los israelitas no poseían la totalidad de la Biblia, ni tenían, como nosotros, una larga historia previa que pudieran mirar retrospectivamente.
Moisés destacó la importancia de mirar hacia atrás para recordar la guía y la bondad de Dios (ver Deut. 4: 7-10; 8: 2, 3). A diferencia de los israelitas, nosotros disponemos de seis mil años de historia bíblica (ver Juan 20: 30, 31). Cada generación quiere una señal, y la nuestra no es diferente. No obstante, las señales están a nuestro alrededor. Si lees Mateo 24, verás cuántas señales profetizadas se han cumplido y se están cumpliendo incluso ahora, ante nuestros propios ojos. En la época de Jesús, la gente quería una señal de que Jesús era realmente el Hijo de Dios a pesar de que habían sido testigos de muchas señales de ello. ¿Cómo respondió Jesús? (Ver Mar. 8: 11, 12). ¿Discutimos con Jesús y lo ponemos a prueba como hicieron los fariseos? ¿Le hacemos suspirar profundamente (Mar. 8: 12) por nuestra falta de fe, a pesar de que ya nos ha dado todo lo que necesitamos para creer? «Estas señales no eran lo que los judíos necesitaban.
Ninguna simple evidencia externa podía beneficiarlos. Lo que necesitaban no era ilustración intelectual, sino renovación espiritual» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 379). ¿Podría ser que nosotros también necesitáramos una renovación espiritual, una experiencia genuina, real, momento a momento, con Dios? Quizás en realidad no necesitemos una señal, porque tenemos mucho conocimiento a nuestro alcance, especialmente en nuestras propias Biblias.
Por ello, en lugar de hacer que Jesús «[suspire] profundamente» por nuestra falta de fe, recordemos las palabras que él dirigió a Tomás: «¡Dichosos los que no vieron y creyeron!» (Juan 20: 29; ver también Heb. 11: 1). Dios no nos pide que tengamos una fe ciega: ya nos ha dado muchas razones para creer. Sin embargo, siempre hay lugar para la duda a pesar de todas estas razones. La clave es centrarse en lo que consolida la fe, no en lo que genera dudas. ¿Cómo describirías tu fe en Dios en solo sesenta segundos? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tu experiencia con él?
Lunes 18 de mayo
JESÚS VE NUESTRA FE
Compara la fe de los discípulos, que describió Jesús en Marcos 4: 40, con la de la mujer en Mateo 15: 21 al 28. El hecho de que sigamos a Jesús no significa automáticamente que nuestra fe sea sólida. De hecho, algunas personas decían creer, pero Jesús discernió lo que realmente había en sus corazones (Juan 2: 23-25). Lee Lucas 7: 1 al 10. ¿Qué aprendemos de este relato acerca de la fe? Leemos en Marcos 9 acerca del hombre que acudió a Jesús para que expulsara el demonio que atormentaba a su hijo, pero que solo pudo reunir la fe suficiente para decir: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24).
En cada una de estas interacciones, Jesús fue consciente de la fe o de la falta de fe de las personas y realizó milagros como resultado de esa fe o para fortalecerla. Así como el Espíritu Santo nos insta a creer, el enemigo de las almas quiere que dudemos o descartemos la intervención de Dios en nuestra vida. «La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto. Deben desarraigar cada raíz de incredulidad. Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta del abono que reciben de nuestras palabras y acciones.
El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean sembradas y entronizadas en el terreno del corazón» (Elena G. de White, Fe y obras, p. 20). Cuando tenemos dudas acerca de Dios, de su carácter o de su Palabra, ¿qué hacemos con ellas? Dios no ignora ni elude la razón humana, pues nos creó a su imagen y nos invita a dialogar de manera racional con él, como lo hizo con Abraham, Moisés y Job. Dios nos invita a aprender a trabajar dentro de sus grandes e infinitos patrones racionales, aunque en algún momento debamos rendirnos ante lo que no comprendemos del todo. Piensa en todas las razones lógicas que tienes para creer. Al mismo tiem‑ po, ¿en qué momento se acaba la lógica y es necesario ejercer la fe, una fe sólida y razonable?
Martes 19 de mayo
LA FE NO ES UN SENTIMIENTO
Jesús dijo que una fe tan pequeña como una semilla de mostaza es suficiente para mover montañas (Mat. 17: 20). Si alguna vez viste una de esas semillas, sabes cuán diminuta es. Sin embargo, aun una fe tan pequeña puede producir grandes cambios. En vista de ello, la fe es muy importante y suficientemente poderosa como para hacer algo sobrehumano. Sin embargo, así como una semilla de mostaza puede convertirse en un gran árbol (Mat. 13: 31, 32), nuestra fe debe crecer y no permanecer estática.
De hecho, necesitamos cierta medida de fe para iniciar una relación con Dios (ver Rom. 12: 3). ¿Qué dice Efesios 2: 8 acerca del papel de la fe en la salvación? ¿Por qué no es posible decir: «No tengo fe porque Dios no me la ha dado»? En primer lugar, debemos comprender que la fe no es algo material, sino una respuesta humana impulsada por el Espíritu Santo. Dios es el iniciador misericordioso que, a través del Espíritu Santo, nos atrae hacia él cuando se lo permitimos (Jer. 31: 3). Somos salvos por medio de la fe, que es una respuesta a la gracia divina manifestada en la muerte de Jesús.
Somos salvos porque creemos en Dios como resultado de su gracia. Esto se encuentra en el centro mismo de nuestra relación con él. Luego, debemos recordar que la fe no es un sentimiento. «Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo esperan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. […] A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios nos son dados por Dios» (Primeros escritos, p. 103). Algunas personas pueden creer que no tienen fe porque no se sienten cerca de Dios o no son lo que deberían como cristianos. Pero la fe consiste en creer y confiar en Dios no solo en los buenos momentos, sino también en la oscuridad o en la tormenta, o incluso cuando no entendemos del todo lo que ocurre en nuestra vida. Los sentimientos nunca deben dominar nuestra experiencia religiosa ni nuestra relación con Dios.
Es precisamente cuando pensamos que estamos alejados de Dios cuando necesitamos ejercitar nuestra fe e invocarlo (como hizo el padre en Marcos 9: 24). Lee los siguientes versículos y reclámalos como un acto de fe para fortalecer hoy tu relación con Dios: Hebreos 12: 1, 2; 2 Crónicas 15: 7; Romanos 3: 23-26; Lucas 7: 50. Léelos en voz audible como parte de tu oración a Dios.
Miércoles 20 de mayo
EJEMPLOS DE FE
Dedica hoy algún tiempo a estudiar Hebreos 11, el gran capítulo de la fe. Léelo de corrido y en voz audible. Vuelve a leerlo y escribe lo que piensas en respuesta a las siguientes preguntas:
• Considera el versículo 1. ¿Qué esperas hoy que aún no puedes ver? (Piensa en necesidades inmediatas y anhelos relacionados con la Eternidad).
• ¿Qué papel cumple la fe en tu testimonio personal y en tu conversión?
• Vuelve a leer el versículo 3, que habla acerca de Dios y la Creación. ¿Por qué la existencia del Dios creador debería ser, en muchos sentidos, lo más fácil de asumir por fe?
• Lee el versículo 6 y resume su mensaje con tus propias palabras.
• Los versículos 7 al 40 consignan la vida de varios personajes bíblicos.
¿Por qué la fe es el factor principal de la sólida relación de esas personas con Dios? Conocer a Dios y tener una relación viva y sólida con él requiere fe. ¿Cómo puedes fortalecer tu fe o animar a alguien cuya fe vacila? He aquí algunas ideas: Una fe pequeña como una semilla de mostaza es poderosa y es todo lo que necesitas para cultivar una relación con Dios (Mat. 17: 20). Si estás dispuesto a cooperar con él, hará que tu fe crezca. La fe es el resultado de escuchar a Dios hablándonos por medio de su Palabra, la Biblia (Rom. 10: 17). Comprométete a estudiar la Biblia y a orar diariamente. Pide a Dios que aumente tu fe (Luc. 17: 5).
Al igual que el padre que acudió a Jesús con su hijo endemoniado y clamó con lágrimas: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24), podemos reconocer nuestra incredulidad y pedir a Dios que aumente nuestra fe. La fe y la duda pueden coexistir (Mar. 9: 24). No te alejes de Dios simplemente porque tengas dudas. Más bien, ocúpate en tu salvación con temor y temblor (Fil. 2: 12-16) y ejercita tu fe en lugar de depender de la fe de otros, como intentaron hacer cinco de las vírgenes (Mat. 25: 8).
Responde al Espíritu Santo y pídele que aumente su presencia en tu vida. Ejercita tu fe. Recuerda que la fe no es un sentimiento, sino la decisión de creer y que Dios está presente incluso cuando no puedes verlo (2 Cor. 5: 7). Considera las palabras del himno titulado «Grande, Señor, es tu misericordia» (Himnario Adventista, Nº 55) como una oración personal de gratitud a Dios por ser tan fiel.
Jueves 21 de mayo
LA FE DE JESÚS
Mientras el fin de este mundo se acerca, parte del mensaje de los tres ángeles dice que el pueblo de Dios guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús. Lee Apocalipsis 14: 12. ¿Qué significa «la fe de Jesús»? Si estudias cómo han entendido los adventistas del séptimo día la justificación por la fe, verás que en la década de 1890 se consolidó en la iglesia una comprensión del concepto de la fe de Jesús y el mensaje de los tres ángeles. Hasta entonces, la iglesia había puesto mucho énfasis en la Ley y necesitaba más énfasis en el evangelio. Elena G. de White resumió bien esa situación: «Los mandamientos de Dios han sido proclamados, pero la justicia de Jesús, dándole igual importancia, no ha sido presentada por los adventistas del séptimo día, haciendo que la Ley y el evangelio vayan de la mano» (Mensajes selectos, t. 3, p. 202).
Aunque Hebreos 11 enumera una serie de hombres piadosos que tuvieron una fe firme y sólida, nadie ha tenido una fe comparable a la de Jesús. Lee Mateo 26: 36 al 42. ¿Qué nos dice acerca de la fe de Jesús en este momento crucial? Tener la fe de Jesús significa no solo ser obediente a él y a su Palabra, a semejanza de la fe que él tenía en Dios, sino también tener una experiencia diaria y vital con Jesús; es entender, y actuar en consecuencia, que solo si Jesús es el centro de nuestra vida diaria podemos tener una relación salvadora con Dios. Tener la fe de Jesús significa que él y su fe habita en nosotros pues él es el verdadero fundamento de nuestra fe.
Nuestra fe puede a veces ser endeble, pero Jesús es digno (Apoc. 5: 9) y podemos reflejar su fe en nuestra propia experiencia, además de que nos sea acreditada por el don de su gracia concedida a todos los que creen. ¿Cuánto deseas la fe de Jesús? Pídela humildemente a Dios y haz de Hebreos 11: 6 tu oración personal, diciendo: «Señor, sin fe es imposible agradarte. Vengo a ti y creo que tú me recompensarás si te busco diligentemente. Así lo hago ahora».
Viernes 22 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Somos justificados (perdonados y reconciliados con Dios) por la fe (Rom. 5: 1). También somos santificados (se nos da poder para ser como Jesús) por la fe (Hech. 26: 18). Cuando invitamos a Jesús a nuestra vida, también nos convertimos en hijos de Dios por la fe (Juan 1: 12). Vivimos por la fe en el Hijo de Dios (Gál. 2: 20). «No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador. Mediante la oración, el estudio de su Palabra y el creer que su presencia mora en el corazón, el más débil ser humano puede vincularse con el Cristo vivo, quien lo tendrá de la mano y nunca lo soltará» (Elena G. de White, El ministerio de curación, pp. 114, 115). «Su fe debía ser fortalecida por la oración ferviente, el ayuno y la humillación del corazón. Debían despojarse del yo y ser henchidos del espíritu y del poder de Dios.
La súplica ferviente y perseverante dirigida a Dios con una fe que induce a confiar completamente en él y a consagrarse sin reservas a su obra, es la única que puede prevalecer para traer a los hombres la ayuda del Espíritu Santo en la batalla contra los principados y potestades, los gobernadores de las tinieblas de este mundo y las huestes espirituales de iniquidad en las regiones celestiales» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 405).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué cinco puntos principales se destacan en la última cita en lo tocante a colaborar con el Espíritu Santo contra el Enemigo?
2. ¿Qué papel juega la fe en esta batalla?
3. ¿Cómo ves esto ahora mismo en tu propia vida?
4. Lee Hebreos 10: 23. ¿Por qué es importante aferrarnos a nuestra confesión de fe? 5. ¿Con qué frecuencia consideras el hecho de que cuando te sientes impotente tienes la oportunidad de confiar más plenamente en Jesús?
RESUMEN: Dios da a cada persona una medida de fe como fundamento para desarrollar una relación con él. Como Autor y Consumador de nuestra fe, Jesús fue nuestro ejemplo acerca del poder de ella para nosotros. Si nuestra fe es pequeña pero acudimos a él con un corazón dispuesto, Dios obrará milagros en nuestra vida (ver Jer. 31: 2-4, 9, 11, 12). Él nos guiará por sus caminos rectos para que no tropecemos más, y tendremos paz. Jesús es nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas, y tener su fe nos identificará como su pueblo en los últimos tiempos.
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
