Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 9: Para el 29 de noviembre de 2025
HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA
Sábado 22 de noviembre LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 3:17–24; Deuteronomio 6:3; Josué 13:1–7; Hebreos 12:28; Levítico 25:1–5, 8–13; Ezequiel 37:14, 25.
PARA MEMORIZAR: “Vuelvan a la fortaleza, ustedes, presos de esperanza. Hoy les anuncio que les restauraré todo al doble” (Zac. 9:12).
Josué 13 al 21 contiene largas listas de referencias geográficas que delimitan las porciones de tierra asignadas a las tribus de Israel. Esas listas pueden parecer irrelevantes para el lector moderno, pero se basan en una comprensión teológica de la Tierra Prometida que es significativa para nosotros hoy. Mediante estas listas de lugares concretos, Dios quería enseñar a los israelitas que la tierra no era un sueño. Les había prometido esa tierra de forma tangible y mensurable.
Pero tenían que hacer realidad esa promesa actuando en consecuencia. Dios iba a darles la tierra como un regalo, cumpliendo así la primesa que había hecho a sus padres: “Miren, yo les entrego el país. Entren y posean la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes después de ellos” (Deut. 1:8). Sin embargo, ellos debían hacer algo al respecto.
Esta semana examinaremos algunos conceptos teológicos relacionados con la Tierra Prometida y sus implicaciones espirituales para quienes reclaman las promesas contenidas en Jesús.
Domingo 23 de noviembre
EDÉN Y CANAÁN
Lee Génesis 2:15; 3:17-24. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Caída en relación con el espacio vital de la primera pareja humana? En ocasión de la Creación, Dios colocó a Adán y a Eva en un entorno perfecto, caracterizado por la abundancia y la belleza. La primera pareja humana se encontraba con su Creador en el marco de un espacio vital encantador que podía satisfacer todas sus necesidades físicas.
Además de la palabra divina hablada, el Jardín del Edén sirvió como centro de aprendizaje. Allí Adán y Eva adquirieron una visión significativa del carácter de Dios y de la existencia que él quería para ellos. Por lo tanto, cuando rompieron la relación de confianza con su Creador, su relación con el Jardín del Edén también cambió y, como señal de esa relación rota, tuvieron que abandonar ese ámbito perfecto. Perdieron el territorio que Dios les había dado. En consecuencia, el Jardín del Edén se convirtió en el símbolo de la vida abundante, como observaremos al tratar el tema de la Tierra Prometida. ¿Cómo percibieron los patriarcas la promesa de la tierra? (Ver Gén. 13:14, 15; 26:3, 24; 28:13). ¿Qué significa para nosotros, como adventistas, vivir como herederos de las promesas (Heb. 6:11-15)? Cuando Abraham entró en la tierra que Dios le había mostrado, esta se convirtió, por la fe, en la Tierra Prometida para él y sus descendientes; y así continuó siendo durante 400 años. Los patriarcas no eran realmente dueños de la tierra, ya que no podían legarla a sus hijos como herencia. En realidad, ella pertenecía a Dios, así como le había pertenecido el Jardín del Edén. De la misma manera en que Adán y Eva no hicieron nada que les diera derecho al Jardín del Edén, Israel tampoco había aportado nada para merecer la tierra.
La Tierra Prometida fue un regalo de Dios basado en su propia iniciativa. Israel no tenía ningún derecho inherente a poseerla (Deut. 9:4-6); solo podía poseerla por la gracia de Dios. Los patriarcas fueron herederos de las promesas hasta que estas se cumplieron. Nosotros, como seguidores de Cristo, hemos heredado promesas aún mejores (Heb. 8:6), que se cumplirán si llegamos a ser “imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
Lunes 24 de noviembre
LA TIERRA COMO UN DON
Lee Éxodo 3:8; Levítico 20:22; 25:23; Números 13:27; Deuteronomio 4:1, 25, 26; 6:3; Salmo 24:1. ¿Qué relación especial existía entre Dios, Israel y la Tierra Prometida? En un nivel muy básico, la tierra ofrece identidad física a una nación. Al ubicar la nación, también determina su ocupación y estilo de vida. Los esclavos estaban desarraigados y no pertenecían a un lugar en particular. Eran otros los que disfrutaban de los resultados de su trabajo. Tener tierra significaba libertad.
La identidad del pueblo elegido estaba fuertemente vinculada a su morada en la tierra. Había una relación especial entre Dios, Israel y la tierra. Israel recibió de Dios la tierra como un don, no como un derecho inalienable. El pueblo elegido podía poseer la tierra siempre que mantuviera una relación de pacto con el Señor y respetara los preceptos de ese acuerdo. En otras palabras, no podían tener la tierra y sus bendiciones sin la bendición de Dios. Al mismo tiempo, la tierra proporcionaba una lente a través de la cual Israel podía entender mejor a Dios. Vivir en la tierra les recordaría siempre a un Dios fiel que cumple sus promesas y es digno de confianza. Ni la tierra ni Israel habrían existido sin la iniciativa de Dios como fuente y fundamento de su existencia. Mientras los israelitas estuvieron en Egipto, el Nilo y el sistema de irrigación, unidos al intenso trabajo, les proporcionaron las cosechas que necesitaban para subsistir.
Canaán era diferente. Dependían de la lluvia para la abundancia de sus cosechas, y solo Dios podía controlar el clima. En consecuencia, la tierra recordaba a Israel su constante dependencia de Dios. Aunque Israel recibiera la tierra como un regalo de Dios, él seguía siendo el propietario de ella en última instancia. Como verdadero dueño de toda la tierra (Sal. 24:1), él tenía el derecho de asignarla a Israel o de quitársela. Si el Señor es el dueño de la tierra, los israelitas y, por extensión, todos los seres humanos, son extranjeros o huéspedes de Dios en la tierra que le pertenece. A la luz de 1 Pedro 2:11 y Hebreos 11:9-13, ¿qué significa para ti vivir como extranjero y peregrino a la espera de la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios?
Martes 25 de noviembre
EL DESAFÍO DE LA TIERRA
Lee Josué 13:1-7. Aunque la tierra de Canaán fue un regalo de Dios, ¿cuáles fueron algunos de los desafíos que supuso poseerla? Dado que durante siglos los israelitas habían vivido como esclavos, carecían de habilidades militares para conquistar la tierra. Ni siquiera sus amos, los egipcios, con sus ejércitos hábiles y bien equipados, fueron capaces de ocuparla permanentemente. Los egipcios nunca conquistaron Canaán por completo debido a lo inexpugnable de sus ciudades amuralladas. Ahora se le decía a una nación de antiguos esclavos que conquistara una tierra que sus antiguos amos habían sido incapaces de someter.
Eso solo sería posible por la gracia de Dios, no por su propio esfuerzo. Los capítulos 13 a 21 de Josué se refieren a la distribución de la tierra entre las distintas tribus de Israel. Tal distribución incluye no solo lo que había sido asignado a Israel, sino también lo que este debía aún ocupar dentro de ese territorio. Los israelitas podían vivir con seguridad en la tierra que Dios les había concedido como herencia. Eran, por así decirlo, los legítimos inquilinos de la tierra que pertenece a Dios. Sin embargo, la iniciativa de Dios debía estar acompañada de una respuesta humana. La primera mitad del libro muestra cómo Dios otorgó la tierra a su pueblo, desposeyendo a los cananeos. La segunda mitad relata cómo Israel tomó la tierra y se asentó en ella.
Esta complejidad de la conquista ilustra la dinámica de nuestra salvación. Al igual que Israel, no podemos hacer nada para obtener la salvación (Efe. 2:8, 9), ya que esta es un regalo, así como la tierra fue un regalo de Dios a Israel basado en la relación de pacto entre ambos. Ciertamente, no se basó en los méritos del pueblo (ver Deut. 9:5). Sin embargo, para que los israelitas pudieran disfrutar del regalo de Dios, tuvieron que asumir todas las responsabilidades que conllevaba vivir en la tierra. De manera semejante, nosotros debemos pasar por el proceso de la santificación, la obediencia amorosa a los requerimientos divinos, para ser ciudadanos del Reino de Dios. A pesar de las diferencias entre esas dos realidades, el paralelismo entre la recepción de la tierra por gracia y el acceso a la salvación por gracia se asemejan considerablemente.
Hemos recibido un don maravilloso, pero podemos perderlo si no somos cuidadosos. ¿Cómo se enfrentan hoy los cristianos a desafíos similares a los relacionados con la ocupación de la Tierra Prometida? Ver Filipenses 2:12 y Hebreos 12:28.
Miércoles 26 de noviembre
EL JUBILEO
La tierra era tan fundamental para la existencia de Israel como pueblo de Dios que debía distribuirse entre las tribus y las familias (Núm. 34:13-18) para evitar que se convirtiera en posesión de unas pocas élites dirigentes. Lee Levítico 25:1-5, 8-13. ¿Cuál era la finalidad del año sabático y del jubileo? En contraste con Egipto, donde los ciudadanos perdían regularmente sus tierras y se convertían en siervos del faraón, el propósito de Dios para los israelitas era que nunca quedaran indefinidamente privados de su propiedad y sus derechos. Nadie fuera de las familias a las que la tierra había sido asignada originalmente podría poseerla.
De hecho, según el plan de Dios, la tierra nunca podría ser vendida, sino solo arrendada según su valor establecido, y solo durante el número de años que restaban hasta el siguiente Jubileo. Por lo tanto, los parientes de una persona que se había visto obligada por las circunstancias a “vender” su tierra ancestral tenían el deber de rescatarla incluso antes de que llegara el Jubileo (Lev. 25:25). La adjudicación de la tierra se convirtió, por así decirlo, en una ventana que permitía contemplar el corazón de Dios. Como nuestro Padre Celestial, él quería que sus hijos fueran generosos con los menos afortunados y permitieran que sus tierras los alimentaran cada séptimo año.
El año sabático aplicaba el principio del mandamiento del sábado a mayor escala. Además de valorar y fomentar el trabajo, la propiedad de la tierra también exigía respeto y amabilidad hacia quienes enfrentaban a dificultades económicas. La legislación acerca de la propiedad de la tierra proporcionaba a cada israelita la oportunidad de liberarse de circunstancias opresivas heredadas o propias y de tener un nuevo comienzo en la vida. En esencia, este es el principal propósito del Evangelio: borrar la distinción entre ricos y pobres, empresarios y empleados, privilegiados y desfavorecidos, poniéndonos a todos en pie de igualdad al reconocer nuestra total necesidad de la gracia de Dios.
Desgraciadamente, Israel no cumplió la norma establecida por Dios y, al cabo de los siglos, se hicieron realidad las advertencias de desposesión (2 Crón. 36:20, 21). ¿Cómo pueden los principios de la asignación de tierras a Israel y el sábado recordarnos que, a los ojos de Dios, todos somos iguales? ¿Cómo puede el sábado ayudarnos a decir “no” a la explotación y el consumismo que arruinan a muchas sociedades?
Jueves 27 de noviembre
LA TIERRA RESTAURADA
Lee Jeremías 24:6; 31:16; Ezequiel 11:17; 28:25; 37:14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió? Durante el exilio babilónico, los israelitas experimentaron la triste realidad del desarraigo, pero también la promesa de que su relación con Dios no estaba condicionada ni limitada a la posesión de la tierra. Cuando los israelitas confesaron sus pecados, se arrepintieron y buscaron al Señor de todo corazón, Dios cumplió de nuevo su promesa y los llevó nuevamente a su tierra como señal de su restauración. Eso significaba que él era su Dios aun cuando no estuvieran en la tierra. Sin embargo, así como la promesa de que Israel poseería la tierra para siempre era condicional (Deut. 28:63, 64; Jos. 23:13, 15; 1 Rey. 9:7; 2 Rey. 17:23; Jer. 12:10-12), también lo era la promesa de reasentar y hacer prosperar a Israel en la tierra después del exilio. Al mismo tiempo, los profetas del Antiguo Testamento apuntaban a una restauración que sería obra de un futuro rey davídico (Isa. 9:6, 7; Zac. 9:9, 16).
Esta promesa se cumplió en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, en quien se harían realidad todas las promesas hechas al antiguo Israel. En el Nuevo Testamento no se menciona directamente la Tierra Prometida, pero se nos dice que las promesas de Dios se han cumplido en Jesucristo y por medio de él (Rom. 15:8; 2 Cor. 1:20). En consecuencia, la tierra es reinterpretada a la luz de Cristo y se convierte en el símbolo de las bendiciones espirituales que Dios planea dar a su pueblo fiel aquí y ahora (Efe. 2:6), y en el futuro.
El cumplimiento definitivo de la promesa divina del reposo, la abundancia y el bienestar en la tierra tendrá lugar en la Tierra Nueva, liberada del pecado y sus consecuencias. En ese sentido, nuestra esperanza como cristianos se basa en la promesa del regreso de Cristo, quien establecerá su Reino eterno en la Tierra hecha nueva tras un período de mil años en el Cielo. Este será el cumplimiento final de todas las promesas acerca de la Tierra. Lee Juan 14:1-3; Tito 2:13 y Apocalipsis 21:1-3. ¿Qué esperanza final encontramos en estos versículos y por qué la muerte de Jesús nos garantiza su cumplimiento?
Viernes 28 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 730-737 del capítulo “El fin del conflicto” en el libro El conflicto de los siglos, de Elena de White. “Estaremos eternamente salvados cuando entremos por las puertas en la ciudad. Entonces podremos alegrarnos de que estamos salvados, eternamente salvados. Hasta entonces, debemos prestar atención al mandato del apóstol: ‘Siendo que la promesa de entrar en su reposo permanece aún, cuiden que ninguno de ustedes parezca rezagado’ [Heb. 4:1].
El conocimiento acerca de Canaán, la entonación de sus cánticos y el regocijo ante la perspectiva de entrar en ella no llevaron a los hijos de Israel a los viñedos y olivares de la Tierra Prometida. Solo podían hacerla suya ocupándola, cumpliendo las condiciones para ello, ejerciendo una fe viva en Dios y apropiándose de sus promesas” (Elena de White, “Christlike religion”, The Youth’s Instructor, 17 de febrero de 1898). “En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados ‘una patria’ (Heb. 11:14-16).
Allí el Pastor divino conduce a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para la utilidad de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas planicies alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En esas pacíficas llanuras, al borde de esas corrientes vivas, el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 733).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la Tierra Prometida como un símbolo de la vida abundante que Cristo ofrece a sus seguidores en Juan 10:10. ¿De qué manera los beneficios de vivir en una tierra de abundancia ilustran las bendiciones de la salvación?
2. ¿Qué relación existe entre ser ciudadanos de una tierra en particular y tener un determinado estilo de vida? ¿Cómo afecta una cosa a la otra? ¿Qué implica ser un ciudadano del Reino de Dios?
3. Como seres humanos nos vemos constantemente decepcionados por las promesas que otros nos hacen y, a veces, por las que nos hacemos a nosotros mismos. ¿Por qué puedes confiar en las promesas de Dios?
4. ¿Cómo podemos hacer que la promesa de la tierra nueva forme parte de nuestro futuro de manera real y concreta, incluso ahora?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 12:
Para el 19 de septiembre de 2026
CÓMO LIDIAR CON FALSOS MAESTROS
Sábado 12 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 10: 1-17; Jeremías 9: 24; 2 Corintios 11: 1-15, 22-28; 12: 20-21; 13: 5.
PARA MEMORIZAR: «Porque las armas de nuestra milicia no son mundanas, sino poderosas en Dios para destruir fortalezas» (2 Cor. 10: 4).
Como si Pablo no hubiera tenido ya suficientes problemas, surgió otro con el que también tuvo que lidiar: los falsos maestros en la iglesia. Estas personas se oponían a él, a su obra y a su ministerio. Peor aún, estos falsos maestros también habían seducido a los miembros de Corinto. El apóstol se refiere a su lucha contra este problema como una guerra espiritual. ¿Era eso una exageración? En absoluto. Pablo sabía que, en última instancia, esas personas no se oponían a él, sino a Cristo. Pablo no era el tipo de líder narcisista preocupado por mantener su reputación como medio para legitimar su poder y su autoridad sobre sus subordinados. Sabía que el mensaje que se le había encomendado predicar era una cuestión de vida o muerte, con consecuencias eternas.
Y sabía que había sido enviado por Dios mismo para ello. «Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (1 Cor. 1: 1). Cuando se trata de falsas enseñanzas, se supone que la iglesia debe actuar con amor, pero con firmeza, basándose en la autoridad de las Escrituras. El mensaje del evangelio debe conservarse intacto y puro para dar a las almas la esperanza de la eternidad.
Domingo 13 de septiembre
GUERRA ESPIRITUAL
Lee 2 Corintios 10: 1-11. La mansedumbre de Pablo en su trato con los corintios era a veces confundida con debilidad. ¿Qué palabras o frases de este pasaje revelan la valentía de Pablo para lidiar con el problema de los falsos maestros en Corinto? Pablo comienza 2 Corintios 10 de manera muy personal: «Por la humildad y la bondad de Cristo yo, Pablo, apelo a ustedes personalmente» (2 Cor. 10: 1, NVI).
Esto muestra lo preocupado que estaba por las falsas enseñanzas que se infiltraban en la iglesia. Sus palabras en 2 Corintios 10: 1 se refieren irónicamente a la acusación de sus oponentes de que era temible cuando escribía cartas desde la distancia, pero un cobarde cuando trataba con las personas cara a cara (2 Cor. 10: 10-11). Él responde que lo que parecía ser debilidad debía verse como una poderosa mansedumbre y una gentileza semejante a la de Cristo. Es necesario enfrentar a los falsos maestros con audacia y confianza (2 Cor. 10: 2), pero combinadas con la amabilidad de Cristo (vers. 1).
Jesús dijo: «Soy manso y humilde de corazón» (Mat. 11: 29). Sin embargo, también se enfrentó con valentía a los cambistas en el templo, volcando sus mesas y llamándolos ladrones (Mat. 21: 12-13). También llamó hipócritas y sepulcros blanqueados a los fariseos (Mat. 23: 23-27). Al igual que Jesús, Pablo también sabía que estamos en una guerra espiritual que exige el uso de toda la armadura de Dios (Efe. 6: 12-17). El lenguaje que Pablo utiliza en 2 Corintios 10 es militar porque hay vidas en juego (2 Cor. 10: 3-6). No se trata de un simple conflicto humano, sino de una batalla divina para ganar personas para Cristo. En ese sentido, todo argumento falso y toda opinión altiva deben ser enfrentados y derribados sobre la base de la Palabra de Dios para que todo pensamiento sea llevado cautivo «en obediencia a Cristo» (2 Cor. 10: 5). En esta guerra espiritual, Pablo actuó con la autoridad de Cristo.
Sin embargo, esta autoridad tenía como objetivo la edificación, no la destrucción (2 Cor. 10: 8). Es fácil para los líderes espirituales afirmar que actúan con la autoridad de Dios. No obstante, deben recordar que su autoridad les ha sido dada por Cristo y que, al igual que él, deben ser mansos y humildes de corazón. La afirmación de Pablo acerca de su autoridad conferida por Cristo se debía a su preocupación de que los corintios estuvieran escuchando a las personas equivocadas, poniendo así en riesgo la lealtad de ellos a Cristo. ¿Cómo podemos ser a la vez mansos y valientes al tratar con los falsos maestros? ¿Por qué debemos mostrar ambos atributos?
Lunes 14 de septiembre
GLORIARSE EN EL SEÑOR
Ayer vimos que Pablo y sus compañeros cumplían su ministerio como una guerra espiritual y lo hacían utilizando las armas de Dios. Hoy veremos que los falsos maestros actúan según criterios humanos. Se jactan de manera inapropiada. Por el contrario, Pablo solo se jactaba en el Señor. Como escribió: «Pero el que se gloría, gloríese en el Señor» (2 Cor. 10: 17). Lee 2 Corintios 10: 13-17. ¿Cómo puede una atmósfera de competencia o rivalidad perjudicar la predicación del evangelio? El uso que Pablo hace del lenguaje de la jactancia ha intrigado a los intérpretes a lo largo de los siglos.
Sin embargo, la jactancia era una práctica común en el mundo antiguo y estaba controlada por las convenciones sociales para evitar ofender a la audiencia. Pablo conocía esas convenciones y las seguía. Además, él aclara que su forma de jactarse se distingue de la de los falsos maestros. Él se jacta en el Señor (2 Cor. 10: 17). Esta es una cita del Antiguo Testamento: «Alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia» (Jer. 9: 24, RVA-2015). Al citar este pasaje de Jeremías, Pablo aclara que lo que ocupa el centro de su atención es el amor, la justicia y la rectitud de Cristo. En otras palabras, la jactancia de Pablo cuenta con el respaldo de la Biblia y es inofensiva pues se refiere a los logros de Dios en Cristo.
A diferencia de ello, sus oponentes entraron en una atmósfera de competencia al compararse entre sí, lo cual es «una tontería» (2 Cor. 10: 12, DHH). En 2 Corintios 10: 14-16, Pablo da a entender que la predicación del evangelio era el enfoque principal de su ministerio, tanto en Corinto como en otras partes de su campo misionero. Su amor por Jesús lo llevó a hablar constantemente de las buenas nuevas de la salvación, que se encuentran en la muerte y la resurrección de Cristo. A diferencia de los falsos maestros de Corinto, que se elogiaban a sí mismos, Pablo había sido elogiado y aprobado por Dios (2 Cor. 10: 12, 18). Fue «llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios» (1 Cor. 1: 1) y permaneció fiel a este llamado hasta el final de su vida (2 Tim. 4: 7). Vuelve a leer 2 Corintios 10: 12-18. ¿Cómo pueden los líderes de la iglesia, o incluso los miembros, evitar un ambiente de competencia o rivalidad? ¿Por qué es tan fácil dejarse llevar por cosas que realmente no importan?
Martes 15 de septiembre
LOS FALSOS MAESTROS SON IDENTIFICADOS
El Nuevo Testamento contiene varias advertencias contra los falsos maestros en las comunidades cristianas. El mismo Jesús advirtió a los discípulos sobre esto (Mat. 7: 15-20). Los apóstoles también llamaron la atención acerca de ello (Gál. 1: 6-9; 1 Tim. 6: 3-5; 2 Ped. 2: 1-3). Lee 2 Corintios 11: 1-15. ¿Cómo describe Pablo los desafíos a los que se enfrentaba en relación con estos falsos maestros? Pablo desenmascara la obra de los falsos maestros. Al mismo tiempo, indica que su ministerio está centrado en Cristo. Compara a la iglesia de Corinto con una novia y se identifica a sí mismo como su padre, con la responsabilidad de presentarla a Cristo (2 Cor. 11: 2). Lo hace porque la ama (vers. 11). Por eso estaba dispuesto incluso a no serle una carga financiera, aunque tenía derecho a ser sostenido por ella (vers. 7-12).
Por otro lado, los «más eminentes apóstoles» (probablemente se refiera irónicamente a los falsos maestros) son comparados con la serpiente que engañó a Eva (2 Cor. 11: 3). Al igual que Satanás en el jardín del Edén, los falsos maestros de Corinto se caracterizaban por el engaño y la corrupción (2 Cor. 11: 3-4). La principal preocupación de Pablo era que pudieran desviar a los corintios de su sincera devoción y lealtad a Cristo. Los intrusos predicaban un mensaje diferente del de Pablo: un Jesús diferente y un evangelio diferente (2 Cor. 11: 4). Esto demuestra que no todos los que predican a Jesús son instrumentos comisionados por Dios. En ese sentido, Jesús mismo dijo: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mat. 7: 21).
En Gálatas 1: 6-9, Pablo dice que quien predica un evangelio diferente trae maldición sobre sí mismo, pero algunos en Corinto toleraban este tipo de error. Pablo expone a los falsos apóstoles diciendo que son «obreros fraudulentos que se disfrazan de apóstoles de Cristo» (2 Cor. 11: 13), así como «Satanás se disfraza como ángel de luz» y «sus ministros se disfrazan de ministros de justicia» (2 Cor. 11: 14-15). Qué situación tan trágica: personas que profesan ser siervos de Cristo trabajando como agentes de Satanás. Pablo concluye su pensamiento diciendo que «su fin será conforme a sus obras» (2 Cor. 11: 15). ¡Nota la firmeza con que reacciona ante el error en la iglesia! ¿Qué nos dice eso?
Miércoles 16 de septiembre
SUFRIENDO A CAUSA DEL EVANGELIO
Después de exponer a los falsos maestros como agentes de Satanás (2 Cor. 11: 1-15), Pablo utiliza el recurso de jactarse como lo haría un necio (vers. 16-21) para que los corintios vieran cuán absurdo era prestar atención a las palabras de los falsos maestros. Si los corintios los tenían en alta estima, Pablo merecía una consideración aún mayor. Sus sufrimientos por el evangelio demuestran que era un siervo fiel de Cristo (vers. 22-23). Lee 2 Corintios 11: 22 al 28. ¿Qué quiere decir Pablo aquí? Aunque las credenciales judías de Pablo son idénticas a las de los falsos maestros (2 Cor. 11: 22), su servicio a Cristo supera el de ellos (vers. 23). «¿Son ministros de Cristo?», pregunta.
La respuesta es: «Yo más». Sus labores fueron más abundantes; sus encarcelamientos, más frecuentes; los maltratos que sufrió, más severos. Pero eso no es todo. Su lista de sufrimientos también incluye cinco casos de azotamiento, apedreamientos, naufragios y peligros de todo tipo y a manos de toda clase de gente (vers. 23-27). Como si eso fuera poco, tenía además que lidiar con la angustia mental resultante de su profunda preocupación por las iglesias (vers. 28). Solo un verdadero siervo de Cristo estaría dispuesto a sufrir así por el evangelio. Si Pablo realmente se hubiera jactado de sus sufrimientos, habría tenido mucho que decir. Sin embargo, la siguiente sección de la Carta muestra que el motivo de su jactancia no se basaba en lo que había hecho por Cristo, sino en lo que Cristo había hecho por él.
Pablo sabía que el poder de Dios se manifiesta más claramente en la debilidad humana (2 Cor. 12: 9-10). Al darle una espina en la carne (2 Cor. 12: 7), Dios protegió al apóstol de jactarse de sus logros. Esto lo mantuvo humilde, consciente de su debilidad, dependiente del poder divino y en condiciones de recibir más gracia y misericordia de Dios. ¿Has sufrido por causa del evangelio? ¿Qué has aprendido de tu experiencia? ¿Cómo te ayuda la forma en que Pablo enfrentó sus sufrimientos a afrontar los tuyos?
Jueves 17 de septiembre
LLAMADO A LOS IMPENITENTES
En 2 Corintios 12: 14 a 13: 10, Pablo informa a la iglesia acerca de su tercera visita (2 Cor. 12: 14; 13: 1). Él había demostrado que no era inferior a ninguno de los falsos apóstoles y ahora se sentía seguro para ir una vez más a Corinto e intentar restaurar a los miembros impenitentes. De hecho, este era uno de los principales propósitos de su visita. Todo lo que Pablo hacía y decía tenía como objetivo la edificación de la iglesia (2 Cor. 12: 19). Lee 2 Corintios 12: 20-21. ¿Qué pecados estaban poniendo en peligro la condición espiritual de la iglesia de Corinto? La lista de pecados que aparece en 2 Corintios 12: 20-21 es similar a las que se encuentran en otras Cartas de Pablo (Rom. 1: 29-31; Gál. 5: 19-21). Los dos primeros de esos pecados aparecen en 1 Corintios 3: 3, donde Pablo se refiere a los celos y las disputas entre los miembros de la iglesia de Corinto.
Pablo temía que la situación no hubiera cambiado mucho para cuando les hiciera su tercera visita. Dice: «Temo que cuando llegue no los halle como quisiera». Agrega además: «Y que yo sea hallado por ustedes tal como no quieren» (2 Cor. 12: 20). Esto significa que, en lugar de tratar con ellos con «la mansedumbre y la bondad de Cristo» (2 Cor. 10: 1), ahora estaría «presto a castigar toda desobediencia» (2 Cor. 10: 6). Su principal preocupación era que los involucrados en «inmundicia, fornicación y lascivia» no se hubieran arrepentido (2 Cor. 12: 21). Son pecados como estos los que causan divisiones en la iglesia. A continuación, Pablo se centra en el papel de la disciplina eclesiástica para restaurar a quienes están en pecado (2 Cor. 13: 1-4).
La debilidad no es una excusa para llevar una vida pecaminosa. Hay poder disponible para quienes quieren vivir una vida victoriosa (2 Cor. 13: 4). El hecho de que algunos en Corinto practicaran pecados sexuales es evidencia de que el poder de Dios no era una realidad en sus vidas. Pablo quería que se arrepintieran y experimentaran el poder que lleva a la obediencia. Disciplinarlos era lo último que quería. Él dice: «Pedimos a Dios que no hagan nada malo [...], sino [...] lo bueno. [...] Oramos a Dios para que los restaure plenamente» (2 Cor. 13: 7-9, NVI). ¡Qué hermosa oración! Les pide que se examinen a sí mismos para ver si están en la fe. Lee 2 Corintios 13: 5. ¿Qué significa estar en la fe? ¿Cómo puedes saber que esa es tu experiencia?
Viernes 18 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el artículo «The Laodicean Church», en Review and Herald, 30 de septiembre de 1873, p. 125, de Elena G. de White. «El Señor protege a su pueblo para que no repita las faltas y errores del pasado. Siempre han abundado los falsos maestros que, defendiendo doctrinas erróneas y prácticas impías, y actuando según principios falsos de la manera más engañosa y encubierta, se han esforzado por engañar, si es posible, a los mismos elegidos» (Elena G. de White, «Our First-Page Message», Review and Herald, 7 de enero de 1904, p. 24). «El Señor desea que nuestras opiniones sean sometidas a prueba, para que veamos la necesidad de examinar de cerca los oráculos vivientes para ver si estamos en la fe o no.
Muchos que pretenden creer la verdad se han sentido satisfechos diciendo: “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad” (Apoc. 3: 17)» (Elena G. de White, El otro poder, p. 30). «Los hombres creen errores, cuando la verdad está claramente señalada. Si solo trajeran sus doctrinas hasta la Palabra de Dios en vez de leer la Biblia a la luz de sus doctrinas para demostrar que sus ideas son correctas, no andarían en tinieblas y ceguedad ni acariciarían el error. Muchos dan a la Palabra de Dios un significado que se adecua a sus propias opiniones, y se desvían a sí mismos y engañan a otros por sus falsas interpretaciones de la Palabra de Dios. »Al ponernos a estudiar la Palabra de Dios, deberíamos hacerlo con corazón humilde. Todo egoísmo, todo amor a la originalidad debería ponerse a un lado. Las opiniones sostenidas durante mucho tiempo no han de ser consideradas infalibles» (Elena G. de White, El otro poder, p. 31).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee nuevamente 2 Corintios 10: 1-6. ¿Cuál es la estrategia de Pablo para enfrentar las «guerras» espirituales por la verdad de Dios, y cómo podemos aplicarla a nuestras propias guerras espirituales?
2. La Biblia dice que muchos falsos maestros tratarán de alejar a las personas de la verdad antes del fin. ¿Qué puede hacer tu iglesia local para evitar que los miembros sean engañados por falsos maestros que podrían incluso estar en ella? ¿Por qué es esto tan esencial para el cumplimiento de la misión de la iglesia?
3. ¿Por qué Pablo consideró necesario jactarse de una larga lista de sufrimientos (2 Cor. 11: 16-33)? Además, ¿qué significa «gloriarse en el Señor»?
4. ¿Por qué es importante que los miembros de la iglesia se examinen a sí mismos para ver si están en la fe (2 Cor. 13: 5)? ¿Qué diferencia supone esto?
