Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 9: Para el 29 de noviembre de 2025
HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA
Sábado 22 de noviembre LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 3:17–24; Deuteronomio 6:3; Josué 13:1–7; Hebreos 12:28; Levítico 25:1–5, 8–13; Ezequiel 37:14, 25.
PARA MEMORIZAR: “Vuelvan a la fortaleza, ustedes, presos de esperanza. Hoy les anuncio que les restauraré todo al doble” (Zac. 9:12).
Josué 13 al 21 contiene largas listas de referencias geográficas que delimitan las porciones de tierra asignadas a las tribus de Israel. Esas listas pueden parecer irrelevantes para el lector moderno, pero se basan en una comprensión teológica de la Tierra Prometida que es significativa para nosotros hoy. Mediante estas listas de lugares concretos, Dios quería enseñar a los israelitas que la tierra no era un sueño. Les había prometido esa tierra de forma tangible y mensurable.
Pero tenían que hacer realidad esa promesa actuando en consecuencia. Dios iba a darles la tierra como un regalo, cumpliendo así la primesa que había hecho a sus padres: “Miren, yo les entrego el país. Entren y posean la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes después de ellos” (Deut. 1:8). Sin embargo, ellos debían hacer algo al respecto.
Esta semana examinaremos algunos conceptos teológicos relacionados con la Tierra Prometida y sus implicaciones espirituales para quienes reclaman las promesas contenidas en Jesús.
Domingo 23 de noviembre
EDÉN Y CANAÁN
Lee Génesis 2:15; 3:17-24. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Caída en relación con el espacio vital de la primera pareja humana? En ocasión de la Creación, Dios colocó a Adán y a Eva en un entorno perfecto, caracterizado por la abundancia y la belleza. La primera pareja humana se encontraba con su Creador en el marco de un espacio vital encantador que podía satisfacer todas sus necesidades físicas.
Además de la palabra divina hablada, el Jardín del Edén sirvió como centro de aprendizaje. Allí Adán y Eva adquirieron una visión significativa del carácter de Dios y de la existencia que él quería para ellos. Por lo tanto, cuando rompieron la relación de confianza con su Creador, su relación con el Jardín del Edén también cambió y, como señal de esa relación rota, tuvieron que abandonar ese ámbito perfecto. Perdieron el territorio que Dios les había dado. En consecuencia, el Jardín del Edén se convirtió en el símbolo de la vida abundante, como observaremos al tratar el tema de la Tierra Prometida. ¿Cómo percibieron los patriarcas la promesa de la tierra? (Ver Gén. 13:14, 15; 26:3, 24; 28:13). ¿Qué significa para nosotros, como adventistas, vivir como herederos de las promesas (Heb. 6:11-15)? Cuando Abraham entró en la tierra que Dios le había mostrado, esta se convirtió, por la fe, en la Tierra Prometida para él y sus descendientes; y así continuó siendo durante 400 años. Los patriarcas no eran realmente dueños de la tierra, ya que no podían legarla a sus hijos como herencia. En realidad, ella pertenecía a Dios, así como le había pertenecido el Jardín del Edén. De la misma manera en que Adán y Eva no hicieron nada que les diera derecho al Jardín del Edén, Israel tampoco había aportado nada para merecer la tierra.
La Tierra Prometida fue un regalo de Dios basado en su propia iniciativa. Israel no tenía ningún derecho inherente a poseerla (Deut. 9:4-6); solo podía poseerla por la gracia de Dios. Los patriarcas fueron herederos de las promesas hasta que estas se cumplieron. Nosotros, como seguidores de Cristo, hemos heredado promesas aún mejores (Heb. 8:6), que se cumplirán si llegamos a ser “imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
Lunes 24 de noviembre
LA TIERRA COMO UN DON
Lee Éxodo 3:8; Levítico 20:22; 25:23; Números 13:27; Deuteronomio 4:1, 25, 26; 6:3; Salmo 24:1. ¿Qué relación especial existía entre Dios, Israel y la Tierra Prometida? En un nivel muy básico, la tierra ofrece identidad física a una nación. Al ubicar la nación, también determina su ocupación y estilo de vida. Los esclavos estaban desarraigados y no pertenecían a un lugar en particular. Eran otros los que disfrutaban de los resultados de su trabajo. Tener tierra significaba libertad.
La identidad del pueblo elegido estaba fuertemente vinculada a su morada en la tierra. Había una relación especial entre Dios, Israel y la tierra. Israel recibió de Dios la tierra como un don, no como un derecho inalienable. El pueblo elegido podía poseer la tierra siempre que mantuviera una relación de pacto con el Señor y respetara los preceptos de ese acuerdo. En otras palabras, no podían tener la tierra y sus bendiciones sin la bendición de Dios. Al mismo tiempo, la tierra proporcionaba una lente a través de la cual Israel podía entender mejor a Dios. Vivir en la tierra les recordaría siempre a un Dios fiel que cumple sus promesas y es digno de confianza. Ni la tierra ni Israel habrían existido sin la iniciativa de Dios como fuente y fundamento de su existencia. Mientras los israelitas estuvieron en Egipto, el Nilo y el sistema de irrigación, unidos al intenso trabajo, les proporcionaron las cosechas que necesitaban para subsistir.
Canaán era diferente. Dependían de la lluvia para la abundancia de sus cosechas, y solo Dios podía controlar el clima. En consecuencia, la tierra recordaba a Israel su constante dependencia de Dios. Aunque Israel recibiera la tierra como un regalo de Dios, él seguía siendo el propietario de ella en última instancia. Como verdadero dueño de toda la tierra (Sal. 24:1), él tenía el derecho de asignarla a Israel o de quitársela. Si el Señor es el dueño de la tierra, los israelitas y, por extensión, todos los seres humanos, son extranjeros o huéspedes de Dios en la tierra que le pertenece. A la luz de 1 Pedro 2:11 y Hebreos 11:9-13, ¿qué significa para ti vivir como extranjero y peregrino a la espera de la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios?
Martes 25 de noviembre
EL DESAFÍO DE LA TIERRA
Lee Josué 13:1-7. Aunque la tierra de Canaán fue un regalo de Dios, ¿cuáles fueron algunos de los desafíos que supuso poseerla? Dado que durante siglos los israelitas habían vivido como esclavos, carecían de habilidades militares para conquistar la tierra. Ni siquiera sus amos, los egipcios, con sus ejércitos hábiles y bien equipados, fueron capaces de ocuparla permanentemente. Los egipcios nunca conquistaron Canaán por completo debido a lo inexpugnable de sus ciudades amuralladas. Ahora se le decía a una nación de antiguos esclavos que conquistara una tierra que sus antiguos amos habían sido incapaces de someter.
Eso solo sería posible por la gracia de Dios, no por su propio esfuerzo. Los capítulos 13 a 21 de Josué se refieren a la distribución de la tierra entre las distintas tribus de Israel. Tal distribución incluye no solo lo que había sido asignado a Israel, sino también lo que este debía aún ocupar dentro de ese territorio. Los israelitas podían vivir con seguridad en la tierra que Dios les había concedido como herencia. Eran, por así decirlo, los legítimos inquilinos de la tierra que pertenece a Dios. Sin embargo, la iniciativa de Dios debía estar acompañada de una respuesta humana. La primera mitad del libro muestra cómo Dios otorgó la tierra a su pueblo, desposeyendo a los cananeos. La segunda mitad relata cómo Israel tomó la tierra y se asentó en ella.
Esta complejidad de la conquista ilustra la dinámica de nuestra salvación. Al igual que Israel, no podemos hacer nada para obtener la salvación (Efe. 2:8, 9), ya que esta es un regalo, así como la tierra fue un regalo de Dios a Israel basado en la relación de pacto entre ambos. Ciertamente, no se basó en los méritos del pueblo (ver Deut. 9:5). Sin embargo, para que los israelitas pudieran disfrutar del regalo de Dios, tuvieron que asumir todas las responsabilidades que conllevaba vivir en la tierra. De manera semejante, nosotros debemos pasar por el proceso de la santificación, la obediencia amorosa a los requerimientos divinos, para ser ciudadanos del Reino de Dios. A pesar de las diferencias entre esas dos realidades, el paralelismo entre la recepción de la tierra por gracia y el acceso a la salvación por gracia se asemejan considerablemente.
Hemos recibido un don maravilloso, pero podemos perderlo si no somos cuidadosos. ¿Cómo se enfrentan hoy los cristianos a desafíos similares a los relacionados con la ocupación de la Tierra Prometida? Ver Filipenses 2:12 y Hebreos 12:28.
Miércoles 26 de noviembre
EL JUBILEO
La tierra era tan fundamental para la existencia de Israel como pueblo de Dios que debía distribuirse entre las tribus y las familias (Núm. 34:13-18) para evitar que se convirtiera en posesión de unas pocas élites dirigentes. Lee Levítico 25:1-5, 8-13. ¿Cuál era la finalidad del año sabático y del jubileo? En contraste con Egipto, donde los ciudadanos perdían regularmente sus tierras y se convertían en siervos del faraón, el propósito de Dios para los israelitas era que nunca quedaran indefinidamente privados de su propiedad y sus derechos. Nadie fuera de las familias a las que la tierra había sido asignada originalmente podría poseerla.
De hecho, según el plan de Dios, la tierra nunca podría ser vendida, sino solo arrendada según su valor establecido, y solo durante el número de años que restaban hasta el siguiente Jubileo. Por lo tanto, los parientes de una persona que se había visto obligada por las circunstancias a “vender” su tierra ancestral tenían el deber de rescatarla incluso antes de que llegara el Jubileo (Lev. 25:25). La adjudicación de la tierra se convirtió, por así decirlo, en una ventana que permitía contemplar el corazón de Dios. Como nuestro Padre Celestial, él quería que sus hijos fueran generosos con los menos afortunados y permitieran que sus tierras los alimentaran cada séptimo año.
El año sabático aplicaba el principio del mandamiento del sábado a mayor escala. Además de valorar y fomentar el trabajo, la propiedad de la tierra también exigía respeto y amabilidad hacia quienes enfrentaban a dificultades económicas. La legislación acerca de la propiedad de la tierra proporcionaba a cada israelita la oportunidad de liberarse de circunstancias opresivas heredadas o propias y de tener un nuevo comienzo en la vida. En esencia, este es el principal propósito del Evangelio: borrar la distinción entre ricos y pobres, empresarios y empleados, privilegiados y desfavorecidos, poniéndonos a todos en pie de igualdad al reconocer nuestra total necesidad de la gracia de Dios.
Desgraciadamente, Israel no cumplió la norma establecida por Dios y, al cabo de los siglos, se hicieron realidad las advertencias de desposesión (2 Crón. 36:20, 21). ¿Cómo pueden los principios de la asignación de tierras a Israel y el sábado recordarnos que, a los ojos de Dios, todos somos iguales? ¿Cómo puede el sábado ayudarnos a decir “no” a la explotación y el consumismo que arruinan a muchas sociedades?
Jueves 27 de noviembre
LA TIERRA RESTAURADA
Lee Jeremías 24:6; 31:16; Ezequiel 11:17; 28:25; 37:14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió? Durante el exilio babilónico, los israelitas experimentaron la triste realidad del desarraigo, pero también la promesa de que su relación con Dios no estaba condicionada ni limitada a la posesión de la tierra. Cuando los israelitas confesaron sus pecados, se arrepintieron y buscaron al Señor de todo corazón, Dios cumplió de nuevo su promesa y los llevó nuevamente a su tierra como señal de su restauración. Eso significaba que él era su Dios aun cuando no estuvieran en la tierra. Sin embargo, así como la promesa de que Israel poseería la tierra para siempre era condicional (Deut. 28:63, 64; Jos. 23:13, 15; 1 Rey. 9:7; 2 Rey. 17:23; Jer. 12:10-12), también lo era la promesa de reasentar y hacer prosperar a Israel en la tierra después del exilio. Al mismo tiempo, los profetas del Antiguo Testamento apuntaban a una restauración que sería obra de un futuro rey davídico (Isa. 9:6, 7; Zac. 9:9, 16).
Esta promesa se cumplió en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, en quien se harían realidad todas las promesas hechas al antiguo Israel. En el Nuevo Testamento no se menciona directamente la Tierra Prometida, pero se nos dice que las promesas de Dios se han cumplido en Jesucristo y por medio de él (Rom. 15:8; 2 Cor. 1:20). En consecuencia, la tierra es reinterpretada a la luz de Cristo y se convierte en el símbolo de las bendiciones espirituales que Dios planea dar a su pueblo fiel aquí y ahora (Efe. 2:6), y en el futuro.
El cumplimiento definitivo de la promesa divina del reposo, la abundancia y el bienestar en la tierra tendrá lugar en la Tierra Nueva, liberada del pecado y sus consecuencias. En ese sentido, nuestra esperanza como cristianos se basa en la promesa del regreso de Cristo, quien establecerá su Reino eterno en la Tierra hecha nueva tras un período de mil años en el Cielo. Este será el cumplimiento final de todas las promesas acerca de la Tierra. Lee Juan 14:1-3; Tito 2:13 y Apocalipsis 21:1-3. ¿Qué esperanza final encontramos en estos versículos y por qué la muerte de Jesús nos garantiza su cumplimiento?
Viernes 28 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 730-737 del capítulo “El fin del conflicto” en el libro El conflicto de los siglos, de Elena de White. “Estaremos eternamente salvados cuando entremos por las puertas en la ciudad. Entonces podremos alegrarnos de que estamos salvados, eternamente salvados. Hasta entonces, debemos prestar atención al mandato del apóstol: ‘Siendo que la promesa de entrar en su reposo permanece aún, cuiden que ninguno de ustedes parezca rezagado’ [Heb. 4:1].
El conocimiento acerca de Canaán, la entonación de sus cánticos y el regocijo ante la perspectiva de entrar en ella no llevaron a los hijos de Israel a los viñedos y olivares de la Tierra Prometida. Solo podían hacerla suya ocupándola, cumpliendo las condiciones para ello, ejerciendo una fe viva en Dios y apropiándose de sus promesas” (Elena de White, “Christlike religion”, The Youth’s Instructor, 17 de febrero de 1898). “En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados ‘una patria’ (Heb. 11:14-16).
Allí el Pastor divino conduce a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para la utilidad de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas planicies alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En esas pacíficas llanuras, al borde de esas corrientes vivas, el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 733).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la Tierra Prometida como un símbolo de la vida abundante que Cristo ofrece a sus seguidores en Juan 10:10. ¿De qué manera los beneficios de vivir en una tierra de abundancia ilustran las bendiciones de la salvación?
2. ¿Qué relación existe entre ser ciudadanos de una tierra en particular y tener un determinado estilo de vida? ¿Cómo afecta una cosa a la otra? ¿Qué implica ser un ciudadano del Reino de Dios?
3. Como seres humanos nos vemos constantemente decepcionados por las promesas que otros nos hacen y, a veces, por las que nos hacemos a nosotros mismos. ¿Por qué puedes confiar en las promesas de Dios?
4. ¿Cómo podemos hacer que la promesa de la tierra nueva forme parte de nuestro futuro de manera real y concreta, incluso ahora?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
