Lee para el estudio de esta semana
Salmo 46; Jeremías 4: 23-26; Salmo 47: 1-4; 1 Tesalonicenses 4: 13-17; Salmo 75; Apocalipsis 14: 6-12.
Para memorizar
«Dios, alábente los pueblos, todos los pueblos te alaben. Alégrense y gócense las naciones, porque juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a las naciones en la tierra» (Sal. 67: 3, 4).
Al pensar en los acontecimientos finales, tendemos a centrarnos en las bestias y los poderes descritos en Apocalipsis, que tienen sin duda un papel importante. De lo contrario, Dios no los habría incluido en la Biblia para que entendiéramos qué representan (ver Apoc. 1: 3). Sin embargo, la profecía también trata temas clave relacionados con el pecado, el sufrimiento, el juicio, la lucha entre el bien y el mal, la justicia, la injusticia, la persecución y mucho más.
Los Salmos también tratan estos temas con gran profundidad y exploran las emociones humanas: desde el oscuro abatimiento hasta la alegría desbordante. Vemos allí a Israel preparándose para la batalla contra las fuerzas de las tinieblas. Leemos acerca de personas que luchan con la pregunta de por qué Dios no se enfrenta al mal de forma más directa e inmediata, una pregunta que sin duda todos nos hemos hecho alguna vez. Se nos dirige al Santuario en busca de respuestas, y también se apela repetidamente a la condición de Dios como Creador. ¿No son estas cuestiones y preguntas las mismas con las que también nosotros luchamos en nuestro contexto actual? Claro que sí. Por eso seguiremos estudiando y aprendiendo acerca de estas verdades cruciales contenidas en los Salmos.
Salmo 46: 1-3
"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes con su braveza."
Este pasaje nos recuerda que en medio de las dificultades más extremas, podemos confiar en la presencia y el poder de Dios, quien es nuestro refugio y protección segura.
Salmo 47: 1-4
"Aclamad con júbilo a Dios, toda la tierra; cantad la gloria de su nombre, presentad vuestra ofrenda de alabanza. Decid a Dios: ¡Cuánterrible eres en tus obras! Por la grandeza de tu poder, tus enemigos se someterán a ti. Toda la tierra te adora, y entona alabanzas a tu nombre."
Este salmo invita a toda la creación a alabar a Dios por su soberanía y poder, recordándonos que el reconocimiento de su autoridad es universal y eterno.
Salmo 75: 1-3
"Te alabamos, oh Dios, te alabamos. Porque cerca está tu nombre; contamos tus maravillas. Cuando digo: 'Se alzará la copa, y se llenará de vino el cuerno', y digo también: 'No, no será así para siempre', hasta que se detenga al impío, y la iniquidad sea destruida en el lugar."
Aquí, el salmista expresa confianza en la justicia de Dios y en su control soberano sobre los destinos de la tierra, afirmando que en su tiempo la justicia prevalecerá.
Apocalipsis 14: 6-12
Este pasaje describe la proclamación del evangelio eterno a toda nación, tribu, lengua y pueblo, y presenta las advertencias sobre la justicia de Dios, la caída de Babilonia, y la venida del juicio final. Es un llamado a la fidelidad y a la perseverancia en medio de las persecuciones y las dificultades.
Comentario final:
Este estudio nos invita a reflexionar sobre la presencia constante de Dios en medio de las crisis humanas, tanto en tiempos antiguos como en nuestra realidad actual. Los Salmos nos muestran un Dios que es refugio, justicia y salvación, mientras que los capítulos de Apocalipsis nos alertan sobre los eventos finales y la necesidad de mantener nuestra fe firme. La lucha entre el bien y el mal, el sufrimiento y la justicia, son temas universales que afectan a todos los creyentes. Sin embargo, el mensaje central es que Dios es soberano y que su justicia y misericordia prevalecerán, dándonos esperanza y confianza en medio de cualquier circunstancia. Seguiremos estudiando estos textos para fortalecer nuestra fe y comprender mejor la voluntad de Dios en nuestras vidas y en la historia.
Sunday, May 25
«Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones»
Lee Salmo 46. ¿Qué mensaje de esperanza podemos extraer de esto en medio de la confusión actual y de lo que sabemos que ocurrirá en la tierra en los últimos días a medida que el Gran Conflicto se desarrolla aquí?
El Salmo 46 parece tocar un tema que encontramos en el libro de Hebreos: el de algo mejor. Jesús es mejor que el sumo sacerdote terrenal, su sacrificio es mejor que todos los sacrificios de animales, y el Santuario celestial es mejor que los tipos o prefiguraciones simbólicas que existían en la Tierra.
Sin embargo, este salmo adopta un enfoque diferente. El autor no está simplemente contrastando cosas buenas con otras que son mejores, sino contrastando un mundo en rebelión y las terribles consecuencias resultantes de ello con la promesa de las cosas mejores que Dios está preparando para nosotros.
De hecho, este salmo está lleno de esperanza y de la promesa de que, incluso en medio de la desolación, las pruebas, el sufrimiento y las guerras a las que nos enfrentamos, en última instancia debemos atender el consejo divino: «Estén quietos, y conozcan que Yo Soy Dios» (Sal. 46: 10), y descansar en la seguridad de que un día todo esto terminará y que Dios será exaltado «entre las naciones, enaltecido [...] en la tierra» (Sal. 46: 10).
Nota también lo que está escrito aquí: «Por eso no temeremos, aunque la tierra sea removida, aunque se traspasen los montes al corazón del mar» (Sal. 46: 2).
Es inevitable que vengan a la mente las escenas que tendrán lugar en ocasión de la Segunda Venida: «El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla, y todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar» (Apoc. 6: 14), y también lo siguiente: «Esperando y apresurándose para la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor» (2 Ped. 3: 12; LBLA). Nuestro mundo actual y sus males característicos no durarán para siempre. Lo que vendrá después supera nuestra capacidad de comprender. Por ahora, sin embargo, solo tenemos que soportar, perseverando en la fe y aferrándonos a la revelación de Dios que tenemos, especialmente la que fue hecha por Jesús en la Cruz.
Por muy mal que vayan las cosas en este mundo (y sabemos que empeorarán), ¿qué esperanza deberías extraer de tu conocimiento de la bondad, el poder y el carácter de Dios (piensa en la Cruz)?
Análisis de las preguntas:
¿Qué mensaje de esperanza podemos extraer de esto en medio de la confusión actual y de lo que sabemos que ocurrirá en la tierra en los últimos días a medida que el Gran Conflicto se desarrolla aquí?
La esperanza principal que se extrae es que, a pesar de las dificultades, Dios está en control y tiene un plan superior. El Salmo 46 nos llama a confiar en Su soberanía, a mantener la calma y a reconocer que Él es Dios. La promesa de que un día las guerras y el sufrimiento terminarán, y que Dios será exaltado en toda la tierra, nos llena de esperanza y confianza en un futuro mejor.
¿Qué esperanza deberías extraer de tu conocimiento de la bondad, el poder y el carácter de Dios (piensa en la Cruz)?
La esperanza que surge de conocer el carácter de Dios, especialmente a través de la Cruz, es que la bondad y el amor de Dios son mayores que cualquier mal o sufrimiento. La Cruz muestra el sacrificio supremo de Jesús por la humanidad, evidenciando que Dios tiene un plan de redención y victoria sobre el pecado y la muerte. Esto nos asegura que, por muy oscuro que parezca el mundo, la bondad y el poder de Dios prevalecerán, y que en Él encontramos consuelo, fortaleza y esperanza eterna.
Lunes, 26 de mayo
Esperanza en medio de la confusión
Gran parte del lenguaje del libro de los Salmos es simbólico, metafórico, pero cuando se trata del que apunta al restablecimiento definitivo de nuestro planeta, hay pocas razones para creer que es meramente figurado. El Salmo 46 nos recuerda que nuestro planeta se verá profundamente afectado por el regreso de Cristo. Pero no se trata apenas de las rocas y los océanos, sino que el gran clímax de la historia de la Tierra significará el colapso de los reinos mundanos, de los miserables sistemas de gobierno humano que han causado tanto sufrimiento durante milenios.
Todos estos poderes, así como el mal y el sufrimiento que han provocado a la humanidad, dejarán por fin de existir. La profecía bíblica revela lo que ocurrirá a este mundo. Por ejemplo, la visión de Daniel 7 muestra un mar tempestuoso del cual surgen naciones. Los vientos de la contienda y la guerra soplan sobre el mar pagano o gentil (la tierra), dando origen a un reino mundano tras otro, ninguno de los cuales puede resolver los problemas que acosan a la humanidad. Los líderes mundanos en los que nos atrevemos a confiar son casi siempre tan pecadores y egoístas como el resto de nosotros.
Ninguno de los reinos mostrados a Daniel resultó ser un hogar seguro para el pueblo de Dios, aun cuando algunos fueron mejores que otros. No obstante, sabemos que nuestra ciudadanía se encuentra en el Reino de Dios (Fil. 3: 20) y que muy por encima del caos de este planeta hay un Trono inamovible (ver Eze. 1: 26). Jesús enseñó que el mundo se sumirá en un desorden cada vez más profundo a medida que nos acerquemos al momento del regreso de Cristo (Mateo 24), pero podemos resistir aferrados a la fe, independientemente de la condición de nuestro planeta, porque sabemos que Dios no ha perdido el control y que cumplirá sus promesas: «Braman las naciones, titubean los reinos; alza él su voz y se derrite la tierra. ¡El Señor Todopoderoso está con nosotros! Nuestro refugio es el Dios de Jacob» (Sal. 46: 6, 7). Las cosas no irán bien a corto plazo, pero sí en última instancia gracias a Jesús.
Nuestro mundo parece caótico y fuera de control. Sin embargo, ¿cómo debería ayudarnos la profecía de Daniel 7, por ejemplo, a ver que, en última instancia, todo saldrá bien si permanecemos fieles? (Aquí se puede añadir que la profecía de Daniel 7 nos muestra que, aunque los reinos humanos puedan parecer poderosos y eternos, en realidad están bajo el control soberano de Dios. Esto nos ayuda a mantener la esperanza y la confianza en que, al final, Cristo establecerá su reino eterno, y que, a pesar del caos presente, la victoria final será para su pueblo, porque Dios cumple sus promesas y nada puede detener su plan de redención.)
Martes, 27 de mayo
Bajo sus pies
Lee Salmo 47: 1 al 4. ¿Qué dice el salmista acerca del lugar que nos espera en el reino de Cristo?
A largo plazo, el futuro es brillante. Hasta entonces, la humanidad ha cedido el dominio del planeta a Lucifer, por eso cuando Satanás apareció en el concilio celestial registrado en el libro de Job se jactó de que esta Tierra le pertenecía. «¿De dónde vienes?», le preguntó Dios. «De rodear la tierra y andar por ella», respondió (Job 1: 7).
Satanás estaba declarándola su propiedad; el hecho de poner el pie en un lugar era en la antigüedad una manera de representar el derecho a la posesión. «Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque a ti te la daré», dijo Dios a Abraham (Gén. 13: 17).
Compara 1 Tesalonicenses 4: 13 al 17 con Zacarías 14: 4 y presta atención a lo que dice este último pasaje acerca de los pies de Cristo. ¿Qué diferencia encuentras entre esos pasajes y qué enseñan acerca de estos dos aspectos diferentes, pero relacionados, de la soberanía final de Cristo sobre este mundo?
"Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor." (1 Tesalonicenses 4:16-17)
"En aquel día, sus pies se posarán sobre el Monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén, al este; y el monte se partirá en medio, formando un gran valle; de modo que uno de sus lados se apartará hacia el norte y el otro hacia el sur." (Zacarías 14:4)
La diferencia clave entre estos pasajes es que 1 Tesalonicenses 4 describe la venida de Cristo en gloria, en la que sus pies tocarán la tierra en un momento final y glorioso, asegurando la resurrección y la redención de su pueblo. En cambio, Zacarías 14 nos muestra el momento en que Cristo baja en su segunda venida, posando sus pies sobre el Monte de los Olivos, que se partirá en dos, creando un paso para que su pueblo pueda entrar en Jerusalén y comenzar su reino milenial.
Estos pasajes enseñan que, en la soberanía final de Cristo, su poder será visible y tangible en la tierra misma. La primera enseña la esperanza de la resurrección y la reunión con Cristo en el aire, mientras que la segunda describe un evento físico y visible en el que Cristo establece su dominio en la tierra. Ambos aspectos son complementarios: uno apunta a la esperanza futura en la vida eterna con Jesús, y el otro a la manifestación de su autoridad en la tierra en su segunda venida.
Elena G. de White escribió lo siguiente acerca de lo que Cristo hará al final del Milenio:
«Cristo baja sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después de su resurrección, y donde los ángeles repitieron la promesa de su regreso. El profeta dice: “Vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”. “En aquel día se afirmarán sus pies sobre el Monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente. El Monte de los Olivos, se partirá por la mitad [...] formando un valle muy grande”. “Y Jehová será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será único, y único será su nombre” (Zac. 14: 5, 4, 9). La nueva Jerusalén, descendiendo del cielo en su deslumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado y preparado para recibirla, y Cristo, su pueblo y los ángeles, entran en la santa ciudad» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 644).
Nota la esperanza que se nos ha dado en Jesús. Piensa en lo que significaría la vida si todo terminara para siempre con la muerte. Todo sería inútil, ¿verdad? Pero gracias a la promesa de su regreso, podemos tener la esperanza segura de que un día Cristo volverá a esta tierra y establecerá su reino eterno, en un mundo renovado y libre del pecado. Esa esperanza transforma nuestra perspectiva y nos anima a seguir confiando en Dios, incluso en medio de las dificultades actuales.
Miércoles, 28 de mayo
Vino y sangre
Lee Salmo 75, Mateo 26: 26 al 29 y Apocalipsis 14: 9 al 12. ¿Qué revela el Salmo 75 sobre algunas de las cuestiones que están en juego en el Juicio, y cómo nos ayudan los otros textos a entender estas cuestiones?
Se cree que este salmo fue cantado tras la milagrosa aniquilación del ejército de Senaquerib (2 Crón. 32; 2 Rey. 19), una historia que parece apuntar a la destrucción final de los malvados en Apocalipsis 20. El pueblo de Dios está dentro de la Ciudad Santa con su Rey justo cuando los ejércitos del mal los rodean y son destruidos por Dios mismo.
"Porque en la altura de la tierra, Dios juzga a los impíos; a los orgullosos humilla, pero a los humildes da gracia." (Salmo 75: 7-8)
Una de las cosas que Dios corrige en ocasión del Juicio es la apropiación indebida del poder que ha tenido lugar en nuestro mundo. Los seres humanos caídos ya no viven para los demás ni para la gloria de Dios, sino para sí mismos. Hoy experimentamos en muchos sentidos las consecuencias de haber elegido creer que no hay sentido ni norma moral objetiva en el universo. El filósofo Friedrich Nietzsche insistía en que debemos crear nuestro propio sentido y que debemos pretender que el universo existe para nuestro beneficio. En efecto, cada individuo se comporta hoy como si fuera un dios.
¿Cómo le fue a Nietzsche con esta filosofía? No muy bien. Perdió la razón y se desplomó en una calle de Italia tras intentar impedir que un hombre golpeara a un caballo. Luego pasó los siguientes once años de su vida en un estado semicatatónico antes de su muerte, en 1900.
Independientemente de la gravedad de los problemas existentes, se nos recuerda que los creyentes debemos vivir con esperanza y no imaginar el futuro sobre la base de los acontecimientos actuales. Es fácil desesperarse cuando vemos que los pilares de la civilización son erosionados constantemente por los impíos, o por aquellos cuya visión de Dios no se encuentra en la Biblia. Actualmente vivimos en un período en el que los valores morales –incluso cosas tan básicas como el género humano, la distinción entre el hombre y la mujer– han sido atacados, al menos en algunas partes del mundo. Ciertos tipos de inmoralidad, cosas de las que mucha gente se habría avergonzado de hablar incluso en privado, son ahora alabadas y aplaudidas públicamente. Así de mal están las cosas.
Aunque debemos poner de nuestra parte para intentar mejorar la vida de los demás, ¿por qué siempre es importante recordar que será necesaria la destrucción total de este mundo actual y su recreación sobrenatural para que todo sea restaurado? (Aquí se puede añadir que la Biblia enseña que esta destrucción y recreación están en el plan de Dios para eliminar el pecado y la maldad definitiva, y que la esperanza del creyente está en la promesa de la segunda venida de Jesús, quien establecerá un nuevo cielo y una nueva tierra donde no habrá más dolor ni sufrimiento.)
Jueves, 29 de mayo
Para que se conozca tu salvación
Lee el Salmo 67. ¿De qué manera este himno de alabanza te ayuda a comprender el papel del pueblo de Dios en Apocalipsis 14: 6 al 12?
Ingenieros del Instituto de Tecnología de Massachusetts, EE. UU., han creado un nuevo revestimiento negro que hace casi invisibles los objetos pintados con él. Logrado a partir de nanotubos, es muchas veces más oscuro que cualquier material negro fabricado anteriormente. Este nuevo material puede absorber el 99,99 % de toda la luz visible. Ni siquiera la luz más brillante consigue hacer visibles los objetos cubiertos con este revestimiento.
El Salmo 67 comienza con un llamamiento a Dios para que «haga resplandecer su rostro sobre nosotros. Para que sea conocido en la tierra tu camino» (Sal. 67: 1, 2). Mediante su plan de salvación, Dios ha provisto un camino para que los pecadores sean readmitidos en su presencia sin ser destruidos por su gloria; e incluso ahora, en esta vida, la Cruz de Cristo hace posible que el rostro de Dios brille sobre nosotros.
Pero, hay más. Dios quiere que reflejemos su luz al resto del mundo. Esta fue la tarea encomendada a Israel. El Templo debía ser una casa de oración para todas las naciones: «Yo los llevaré a mi santo monte y los alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Isa. 56: 7).
"Y toda criatura que en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y en las aguas, la cual sea salida, o que esté en ellas, oírá decir: ¡Alabado sea el que es sentado en el trono, y al Cordero, por los siglos de los siglos!" (Apocalipsis 5:13)
En este salmo, David apela a Dios para que «sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación» (Sal. 67: 2). Desgraciadamente, el pueblo de Dios ha fracasado a menudo en esta tarea. La historia de Israel en el Antiguo Testamento contiene algunos capítulos oscuros, al igual que la historia de la iglesia cristiana en los últimos dos milenios, como si hubiéramos pintado nuestros corazones con una sustancia ultraoscura y nos contentáramos con absorber la luz de Dios sin reflejarla.
A veces consideramos al pueblo remanente de los últimos días como si se tratara de una sala de embarque exclusiva para pasajeros espirituales frecuentes, mientras nos conformamos con que el resto del mundo permanezca en la ruidosa e incómoda sala de embarque común, sin estar preparados para el viaje que les espera. Sin embargo, la iglesia remanente de Apocalipsis 14 no se contenta con permanecer en Sion con Cristo y disfrutar allí de su presencia. Por el contrario, sus integrantes vuelan sobre la faz de la Tierra mientras instan al mundo a unirse a ellos en el monte santo de Dios.
¿Qué obligaciones deberíamos sentir como iglesia y como individuos en cuanto a enseñar a los demás las verdades que tanto amamos? (Aquí se nos recuerda que el pueblo de Dios tiene la responsabilidad de reflejar la luz de Cristo en el mundo, proclamando su salvación y guiando a otros hacia la verdad, en cumplimiento de la misión que Jesús encomendó a su iglesia).
Viernes, 30 de mayo
Para estudiar y meditar
Lee Salmo 133, Hechos 1: 4 al 9 y Apocalipsis 5: 4 al 7.
"Entonces, levantando los ojos al cielo, vio a Jesús partir, y una nube lo ocultó de su vista. Mientras la multitud lo miraba, he aquí que dos hombres vestidos de blanco, que también estaban allí, se acercaron y les dijeron: ‘Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este Jesús, que ha sido recibido arriba de ustedes en el cielo, vendrá otra vez de la misma manera en que lo han visto ir’." (Hechos 1:9-11)
«Durante la era patriarcal, la influencia del Espíritu Santo se había revelado a menudo en forma muy notable, pero nunca en su plenitud. Ahora, en obediencia a la palabra del Salvador, los discípulos ofrecieron sus súplicas por este don, y en el Cielo Cristo añadió su intercesión. Reclamó el don del Espíritu, para poderlo derramar sobre su pueblo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 31).
Los discípulos recibieron la comisión de dar testimonio de Cristo «hasta lo último de la tierra» (Hech. 1: 8), una obra que anunciaría el regreso de Cristo (Mat. 24: 14). Nosotros debemos continuar lo que ellos empezaron.
"Y a uno de los ancianos le pregunté: '¿Estos vestidos blancos, quiénes son, y de dónde han venido?' Y me dijo: 'Señor mío, tú lo sabes.' Y me dijo: 'Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y aquel que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.'" (Apocalipsis 7:13-15)
Cuando Cristo nos dijo que lleváramos el evangelio al mundo, no nos dejó solos para que descubriéramos cómo hacerlo. El trabajo es dirigido desde el Santuario del Cielo. Nuestro trabajo está indisolublemente fusionado con Cristo: él nos guía y nos da poder. Esta es su obra, no la nuestra. Por eso se nos pide que sigamos su dirección. Ese era el caso también con Israel: Dios les pidió que siguieran sus instrucciones e hizo luego que ocurriera lo imposible. El Espíritu ya está actuando en los corazones de nuestros prójimos y se nos pide que estemos allí cuando llegue el momento de la decisión, para que podamos invitarlos a unirse al pueblo de Dios cuando esté con el Cordero sobre el monte Sion. No necesitamos inventar nuevos medios y métodos, pues nunca hemos estado a cargo de la obra.
Preguntas para dialogar:
Aún hay muchas personas no alcanzadas, aunque los mensajes de los tres ángeles han llegado a todo el mundo. Dialoguen como clase acerca de cómo puede nuestra iglesia realizar mejor la tarea para la que Cristo nos está usando. ¿Cómo podemos aprender a no desesperarnos por el hecho de que aún hay tanta gente que no ha oído hablar de las verdades cruciales para los últimos días?
(Aquí se nos recuerda que la obra de evangelización no depende solo de nuestros esfuerzos, sino del poder del Espíritu Santo. La oración, la fe y la confianza en que Dios está obrando son clave para mantener la esperanza y continuar la misión con perseverancia.)
Juan es testigo, en Apocalipsis 5, de cómo el rollo sellado es entregado al Cordero porque es digno. Cuando el Cordero abre los sellos del rollo en Apocalipsis 6, vemos claramente predicha la historia de la iglesia cristiana desde la época del Nuevo Testamento hasta el final de los tiempos. ¿Qué lecciones podemos aprender de esta descripción acerca de cómo se propone Dios terminar la obra?
(Podemos aprender que Dios tiene un plan soberano y que, aunque la historia de la iglesia tenga momentos de dificultad y persecución, Él sigue en control y cumplirá su propósito final de redimir a su pueblo.)
¿Qué acontecimientos actuales podrían conducir fácilmente a lo que sabemos que se avecina en Apocalipsis 13 y 14? ¿Qué obstáculos quedan aún por delante?
(Los eventos políticos, sociales y religiosos en el mundo, como la persecución religiosa, el incremento del conflicto global y la apostasía, pueden ser señales de que estamos llegando a los últimos tiempos. Sin embargo, aún quedan obstáculos como la resistencia de las fuerzas del mal y la necesidad de que más personas conozcan a Cristo antes de su regreso.)
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 4:
Para el 24 de enero de 2026
UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD
Sábado 17 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 2:1–11; Jeremías 17:9; Filipenses 4:8; 1 Corintios 8:2; Romanos 8:3; Hebreos 2:14–18.
PARA MEMORIZAR: “Completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2).
En la unión reside la fuerza, pero conocer esa verdad no es lo mismo que ponerla en práctica. Todos fracasamos a veces a pesar de nuestros mejores esfuerzos por promover la unidad. Pero eso no es lo mismo que socavarla deliberadamente. No es de extrañar, pues, que al avanzar en su carta a los filipenses, Pablo desea que estén “unánimes, sintiendo una misma cosa”. El apóstol basa la necesidad de la unidad en la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Este es un tema que encontramos en todo el Nuevo Testamento y especialmente en las epístolas. El origen de la desunión en el Universo tuvo su origen en el orgullo y la sed de poder de un solo ángel en el Cielo.
Este sentimiento se extendió rápidamente, incluso en un entorno perfecto (ver Isa. 14:12-14). Y se afianzó luego en el Edén, a raíz de un descontento similar respecto de las reglas que Dios había establecido y el deseo de ascender a una esfera superior a la que el Creador había designado (Gén. 3:1-6). Esta semana examinaremos el fundamento bíblico de la unidad en la iglesia. Nos centraremos especialmente en la asombrosa condescendencia de Jesús, en las lecciones que podemos obtener al contemplarlo y en la manera de crecer para asemejarnos más a él.
Domingo 18 de enero
DESUNIÓN EN FILIPOS
Lee Filipenses 2:1-3. ¿Qué factores parecen haber provocado la desunión en la iglesia? ¿Qué sugiere Pablo como solución? Pablo se sintió sin duda muy decepcionado al ver que la iglesia que había fundado y amaba tanto era sacudida por las rivalidades y las contiendas. Para describir estos problemas, utiliza un lenguaje muy fuerte: la palabra griega eritheia (traducida como “rivalidad”), que había empleado en Filipenses 1:17 para referirse a los envidiosos y orgullosos oponentes de Pablo en Roma, empeñados en promoverse a sí mismos en lugar de hacer avanzar la causa de Cristo. La rivalidad es una de las obras de la carne (Gál. 5:20) y, como indica Santiago, “donde hay envidia y rivalidad, hay perturbación y toda obra perversa” (Sant. 3:16). El término griego traducido como “vanagloriosos” (kenodoxos) solo aparece en Gálatas 5:26, pero se utiliza en la literatura extrabíblica para referirse a la arrogancia, el orgullo y un concepto demasiado elevado de uno mismo.
Pablo utiliza una palabra estrechamente relacionada al amonestar a los gálatas: “No seamos vanagloriosos, irritándonos y envidiándonos unos a otros” (Gál. 5:26). Observa los remedios que Pablo enumera en Filipenses 2:1 para estos problemas:
1. Estímulo en Cristo. Pablo utiliza el propio ejemplo de Cristo como una poderosa motivación.
2. Consuelo de amor. Jesús revela el amor divino y nos ordena amarnos “unos a otros como yo los he amado” (Juan 15:12).
3. Comunión del Espíritu. La presencia del Espíritu Santo crea una estrecha relación cristiana como la que permeaba a la iglesia primitiva (Hech. 2:42; comparar con 2 Cor. 13:14).
4. Ternura. Esta cualidad divina se manifestó con frecuencia en la vida de Cristo (ver Mat. 9:36; 20:34; Mar. 1:41) y es descrita en las parábolas del buen samaritano (Luc. 10:33) y del hijo pródigo (Luc. 15:20).
5. Compasión. Esta característica, ejemplificada por Jesús, debe verse también en la vida de sus seguidores (Luc. 6:36).
6. Tener el mismo sentir, el mismo amor, ser unánimes, sentir una misma cosa. ¡Qué imagen! Es difícil imaginar cómo Pablo podría enfatizar más la importancia de la unidad. De acuerdo con él, debemos tener “el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).
Lunes 19 de enero
LA FUENTE DE LA UNIDAD
Piensa en el énfasis que pone Pablo en la unidad en Filipenses 2:2, donde dice esencialmente lo mismo de cuatro maneras diferentes. Fíjate también en su énfasis en la mente, los pensamientos y los sentimientos. Mientras que los líderes religiosos tendían a hacer hincapié en el comportamiento exterior, Jesús se centró en nuestros pensamientos y sentimientos. Por ejemplo, el joven rico afirmaba que siempre había cumplido la Ley. Sin embargo, cuando Jesús le dijo que vendiera todo lo que tenía, diera el producto de la venta a los pobres y lo siguiera, Jesús puso a prueba su apego a las cosas mundanas.
El Maestro también dijo que lo que sale del corazón (o de la mente) es lo que contamina a una persona: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mat. 15:19), y “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Lee Filipenses 2:3, 4. ¿Qué medidas prácticas recomienda Pablo para lograr la unidad en la iglesia? Las palabras del apóstol presentan una imagen vívida de lo que significa la humildad, la estima hacia los demás como superiores a nosotros mismos y el cuidado de sus intereses. Sin duda, es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, pero se trata de principios que es importante tener presentes en todas nuestras interacciones.
En nuestros diálogos con otras personas, tendemos a concentrarnos en la respuesta que daremos a lo que se nos está diciendo en lugar de centrarnos en escuchar para entender lo que dice la otra persona e intentar ver la cuestión desde su punto de vista. A menudo los conflictos surgen de simples equívocos que podrían evitarse simplemente escuchando de manera activa. Podemos no estar de acuerdo, pero escuchar y tratar de entender el punto de vista de la otra persona es el primer paso para fomentar una comunicación saludable y la confianza. Pablo habla de la unidad “[producida por] el Espíritu”, que crea “el vínculo de la paz” que nos une (Efe. 4:3). Si hay disputas en la iglesia, el Espíritu Santo puede calmar las aguas y llevarnos a la unidad creando armonía.
En el mismo capítulo, Pablo habla de “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” (Efe. 4:13). Ambas cosas están relacionadas. Tener la misma fe, la misma comprensión de las Escrituras que surge del conocimiento de Cristo y de sus enseñanzas es vital para que prevalezca la unidad entre nosotros. ¿Qué clase de muerte al yo haría que estimáramos a los demás más que a nosotros mismos? ¿Cómo puede eso llegar a ser una realidad en nuestra vida? ¿Cuán diferentes serían nuestras relaciones si todos pusiéramos eso en práctica?
Martes 20 de enero
¿IMPLANTE CEREBRAL O CIRUGÍA MENTAL?
Crece en el ámbito mundial el número de las empresas que trabajan en una tecnología que combina la capacidad de procesamiento de los ordenadores con la mente humana. En otras palabras, los científicos esperan influir en nuestros pensamientos conectando nuestro cerebro a una computadora. Aunque el uso de implantes insertados en el cerebro humano puede prometer resultados positivos, que incluyen ayudar a controlar la epilepsia, la depresión y la enfermedad de Parkinson, no es difícil imaginar ciertos usos siniestros, como el control mental. En cierto sentido, eso ya está presente. Nuestra mente es como un ordenador o computadora, solo que muy superior. El flujo constante de información al que estamos expuestos diariamente “programa” nuestra mente, condiciona nuestros pensamientos y dirige nuestras acciones.
Cuando nos sumergimos en los medios de comunicación masiva, la forma mundanal de pensar imprime su huella en nuestra mente y comenzamos a actuar de la misma manera, como si las mentes de otras personas fueran implantadas en las nuestras. Debemos, como Jesús, tener una mente espiritual, lo opuesto a una “mente carnal” (Rom. 8:6). “Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”, que Pablo contrasta con “el espíritu del mundo” (1 Cor. 2:11, 12). ¿Quién es nuestro maestro y qué estamos aprendiendo? Lee Filipenses 2:5. ¿Qué significa tener la “mente” de Cristo? En última instancia, podemos cambiar nuestra manera de pensar, pero no nuestro corazón; solo Dios puede hacerlo. El Espíritu Santo tiene que “operar” nuestro corazón mediante “la espada del Espíritu” (Efe. 6:17), la Palabra “viva y eficaz” de Dios, que “penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12). Solo a través del Espíritu Santo podemos conocernos realmente, pues nuestro corazón es engañoso por naturaleza a causa de nuestra condición caída (Jer. 17:9). La palabra hebrea traducida como “engañoso” (‘aqov) se refiere a un terreno accidentado que hace tropezar; por extensión, significa tener pensamientos tortuosos, retorcidos.
Debemos ser transformados mediante la “renovación” de nuestra mente para que podamos “comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2). “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, piensen en eso” (Fil. 4:8). ¿Por qué es tan importante poner en práctica este consejo?
Miércoles 21 de enero
LA MENTE DE CRISTO
El famoso boxeador Muhammad Alí dijo en cierta ocasión: “Soy el más grande”. En agosto de 1963, seis meses antes de ganar el campeonato mundial de boxeo de peso pesado, incluso lanzó un álbum de discos titulado “Yo soy el más grande”. Era, sin duda, un gran atleta, pero no un ejemplo a seguir para quien aspira a tener la mente de Cristo. Por el contrario, Jesús era perfectamente impecable. Aunque fue tentado “en todo según nuestra semejanza” (Heb. 4:15), nunca pecó, ni siquiera por un pensamiento. Sin embargo, Hebreos 5:8 indica que, “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. La sumisión de Jesús a la voluntad del Padre fue siempre perfecta.
Nunca hubo un momento en que rehusara someterse, aunque, sin duda, muchas veces no le resultó fácil. Lee Filipenses 2:5-8, el texto más poderoso y hermoso de las Escrituras según algunos. ¿Qué dice Pablo aquí? ¿Qué implican estas palabras? ¿Cómo podemos aplicar a nuestra vida el principio que se expresa aquí? Jesús, quien es igual a los otros dos miembros de la Deidad en naturaleza, no solo estuvo dispuesto a hacerse humano, sino también se hizo “siervo”, o “esclavo” (doulos), y luego se ofreció como sacrificio por nuestros pecados. En otro lugar, Pablo dice que se hizo “maldición por nosotros” (Gál. 3:13). Dios, nuestro Creador, murió en la cruz para ser también nuestro Redentor, y para ello tuvo que convertirse en maldición por nosotros. ¿Cómo podemos entender lo que esto significa? Más aún, ¿cómo podemos tener la misma disposición a humillarnos y a sacrificarnos por el bien de los demás? En otro lugar, Jesús dijo: “El mayor entre ustedes sea su servidor. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Mat. 23:11, 12). Esto refleja en muchos sentidos lo que Pablo insta a los creyentes a hacer en Filipenses 2:5 al 8.
En términos más gráficos y contundentes, Pablo estaba repitiendo aquí lo que había dicho antes acerca de no hacer nada “por rivalidad o vanagloria” (Fil. 2:3). ¿Cómo debemos responder a lo que Cristo hizo por nosotros según Filipenses 2:5 al 8? ¿Qué respuesta podría ser adecuada o digna de lo que Cristo hizo por nosotros aparte de postrarnos y adorar? ¿Por qué es tan erróneo pensar que nuestras buenas obras pueden sumar a lo que Cristo ya hizo por nosotros?
Jueves 22 de enero
EL MISTERIO DE LA PIEDAD
Primera de Corintios 8:2 es un versículo muy conocido: “Si alguno piensa que sabe algo, aún no sabe nada como debiera saber”. No hay ningún tema acerca del cual lo sepamos todo. Siempre es posible aprender más. Y eso es aún más cierto acerca de las realidades eternas relacionadas con la Deidad y la Encarnación. Pablo se refiere con frecuencia a la asombrosa condescendencia de Cristo al convertirse en un ser humano, algo que será tema de estudio de los redimidos durante la eternidad. Lee Romanos 8:3; Hebreos 2:14-18; y Hebreos 4:15. ¿Qué caracterizó la condescendencia de Jesús y su adopción de la naturaleza humana? ¿Cómo fue posible que el Hijo eterno de Dios se convirtiera, mediante la operación del Espíritu Santo (ver Luc. 1:35), en un ser divino-humano en el vientre de María?
Es increíble que lo infinito y eterno se convirtiera de repente en un ser humano finito, sujeto a la muerte. Este es el meollo de lo que Pablo llama “el misterio de la piedad” (1 Tim. 3:16). En el hermoso himno de Filipenses 2, Pablo desarrolla algunos aspectos de esa condescendencia de un modo más pleno que en ningún otro lugar de la Escritura. “Era de condición divina” (Fil. 2:6). La palabra morfē, traducida como “forma”, o “condición” en distintas versiones bíblicas, se refiere a su naturaleza divina, al hecho de que Jesús era igual en naturaleza al Padre (comparar con Juan 1:1). “Se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7). La disposición de Jesús a despojarse de sus prerrogativas divinas para poder ser verdaderamente humano y tentado como nosotros es asombrosa. “Se humilló a sí mismo” (Fil. 2:8). Al asumir la naturaleza humana, Jesús pasó de la supremacía universal a la servidumbre absoluta, lo contrario de lo que pretendía Lucifer. “Muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8).
La crucifixión, la forma más ignominiosa de morir, había sido prevista en el “consejo de paz” (Zac. 6:13) e ilustrada por Moisés al levantar la serpiente (Núm. 21:9; Juan 3:14). Cristo se hizo, pues, “pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). ¿Cómo puede y debe hacernos más humildes y sumisos a Dios el hecho de enfocarnos en lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz; es decir, ver la Cruz como nuestro ejemplo de entrega y humildad?
Viernes 23 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar; la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aún queda su infinidad. Podréis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo.
La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el Plan de Redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 691, 692). “Cuando estamos recibiendo un entrenamiento, como lo hizo Moisés, en la escuela de Cristo, ¿qué aprenderemos: envanecernos, tener una opinión exaltada de nosotros mismos? Cuanto más aprendamos en esta escuela, más avanzaremos en mansedumbre y humildad de espíritu. No debemos sentir que hemos aprendido todo lo que vale la pena saber. Debemos hacer el mejor uso de los talentos que Dios nos ha dado, para que cuando pasemos de la mortalidad a la inmortalidad no dejemos atrás lo que hemos alcanzado, sino que podamos llevarlo con nosotros al otro lado. A través de las incesantes edades de la eternidad, Cristo y su obra de redención serán el tema de nuestro estudio” (Elena de White, Manuscrito 36, 1885).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo has experimentado la realidad del amor de Dios? Dialoguen en la clase acerca de las diferentes maneras en que han llegado a conocer y experimentar su amor.
2. ¿Qué significa exactamente que Jesús se hizo “semejante a los hombres” (Fil. 2:7)? Compara con Romanos 8:3. Discute ambos pasajes a la luz de la relación que existe entre ellos.
3. ¿Qué problemas de unidad enfrenta la iglesia en la que te congregas? Cualesquiera que sean esos problemas, ¿por qué la disposición a ser humildes y a no hacer nada por “rivalidad o vanagloria” (Fil. 2:3) sería una buena manera de empezar a resolverlos?
