Lee para el estudio de esta semana
Isaías 6: 6-8; Génesis 3: 21-24; Ezequiel 1: 4-14; Apocalipsis 4: 1-11; Números 2: 3-25; Isaías 14: 12-14.
Para memorizar
Este pasaje expresa la disposición del profeta Isaías a aceptar el llamado de Dios para cumplir su misión, simbolizando la voluntad de responder con amor y obediencia al llamado divino.
El derecho de Dios a gobernar el universo se basa en su posición como Creador de todas las cosas, como se afirma en Apocalipsis 4:11:
"Tú eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
Este versículo revela que toda la creación le pertenece a Dios y que su autoridad para gobernar es legítima debido a su carácter y poder como Creador.
Al descubrir el carácter justo de Dios, comenzamos a entender cómo y por qué los seres humanos, que son pecadores, carecen de su gloria, tal como expresa Romanos 3:23:
"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios."
Este pasaje subraya que la gloria de Dios es el estándar de perfección y justicia, y que la humanidad, debido al pecado, ha caído lejos de esa gloria.
Esta semana nos adentraremos más en la visión de la sala del Trono y consideraremos cómo se relaciona la humanidad con un Dios santo, y cómo el sacrificio de Cristo nos restaura y nos acerca al Trono. Dios planea restaurarnos no solo como individuos, sino también como humanidad, para que volvamos a reflejar su gloria ante toda la Creación. La Biblia contiene importantes pistas que ayudan a entender y apreciar el elevado llamado que Dios nos ha extendido a los pecadores perdonados y redimidos.
La rebelión humana llegará para siempre a su fin y, más que eso, el carácter amoroso y abnegado de Dios brillará incluso con mayor intensidad que en su diseño original para la humanidad. Aunque Dios nunca quiso que la humanidad cayera, a través de la Cruz ha revelado su amor de una manera extraordinaria. Como dice Isaías 14:12-14:
"¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! ¿Cómo fuiste cortado por tierra, tú que weakening a las naciones? Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo’. Pero tú serás llevado a Seol, a los lados de la abominación."
Este pasaje muestra la caída de Satanás, pero también revela cómo el amor de Dios se extiende para redimir incluso a su adversario y a los que se apartan de su camino.
Domingo, Mayo 11
«Aquí estoy, envíame a mí»
Hace años, una iglesia decidió renovar un antiguo sótano a fin de que sirviera como un espacio para la confraternización. Una de las primeras cosas que hicieron fue instalar nuevas luces, con la esperanza de que el lugar luciera mejor. Sin embargo, la nueva iluminación le daba peor aspecto, pues revelaba las imperfecciones que antes pasaban inadvertidas.
La asombrosa visión que Isaías tuvo del Trono de Dios lo hizo dolorosamente consciente de sus defectos: «¡Ay de mí, que soy muerto! Porque soy hombre de labios impuros, que vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso», se lamentó (Isa. 6: 5). Sentiríamos lo mismo si estuviéramos de pronto ante el Señor. Su luz es suficientemente intensa como para disipar todas nuestras excusas. En su presencia, sentimos que estamos perdidos. Isaías recibió la sorpresa más grande de su vida.
Lee Isaías 6: 6-8. El profeta sabía que el pecado significa nuestra ruina y que su resultado es la muerte, pero en lugar de abandonarnos a las consecuencias de la transgresión, nuestro amoroso Dios nos acerca a él. ¿Cómo terminó ese encuentro de Isaías con Dios y por qué es eso importante?
Isaías fue purificado de su pecado cuando un serafín tomó un carbón del altar y tocó con él la boca del profeta. Probablemente se trataba del altar del incienso, donde se intercedía por el pueblo de Dios (ver Apoc. 8: 3-4). Sus pecados habían sido perdonados y ahora se lo consideraba apto para estar en la presencia de Dios; pero, además, se le había encomendado que representara a Dios ante el mundo.
Curiosamente, la palabra serafín significa «el que arde». Observa la descripción que hace Jesús del ministerio de Juan el Bautista en Juan 5: 35: «Juan era una antorcha que ardía y alumbraba. Y ustedes quisieron recrearse por un momento a su luz». Aunque Juan mismo era un pecador necesitado de gracia y salvación, su ministerio señalaba al Único que podía traer gracia y salvación.
Jesús vino como la representación perfecta de la gloria del Padre, y Dios envió a un profeta, un pecador, a realizar una tarea similar a la de uno de los serafines del Cielo.
Solo cuando Isaías supo que su pecado había sido limpiado, dijo: «¡Aquí estoy! Envíame a mí». ¿Cómo puede cada uno de nosotros, tras ser expiados nuestros pecados por la sangre de Jesús, responder como Isaías?
Lunes, Mayo 12
Los dos querubines
Tan pronto como nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén, Dios ofreció la esperanza del Mesías (Gén. 3: 15). Estableció entonces un poderoso símbolo a las puertas del Edén: dos querubines con una destellante luz entre ellos. No debe perderse de vista el hecho de que esta escena se asemeja al Arca del Pacto, símbolo del Trono de Dios (Éxo. 25: 18-22).
Lee Génesis 3: 22-24. ¿Qué tarea se encomendó a los querubines y por qué?
Si bien es cierto que los querubines tenían la responsabilidad de impedir que los pecadores accedieran al Árbol de la Vida (Gén. 3: 22), también eran un símbolo de esperanza, de la promesa de que un día los seres humanos volverían al Paraíso. «El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera expulsado de sus agradables senderos (véase Gén. 4: 16). Durante mucho tiempo después, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya entrada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén. […] Pero en la restitución final, cuando haya “un cielo nuevo, y una tierra nueva” (Apoc. 21: 1), será restaurado y más gloriosamente embellecido que al principio» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 41).
Génesis 3: 24 es también interesante en otro sentido: la palabra hebrea traducida allí como «puso» (shakan) es la misma que designa el Tabernáculo, o Santuario (ver Éxo. 25: 8-9; Núm. 3: 26), donde Dios moraba (shakan) con su pueblo. Aunque el sustantivo shekinah (derivado de shakan), como designación de la presencia de Dios, no aparece en la Biblia, la raíz del término designa el Santuario (la morada de Dios con su pueblo) y aparece en Génesis 3: 24: «Dios puso (heb. shakan) querubines al oriente del Jardín del Edén».
La Biblia asocia a los querubines con la presencia de Dios (ver 1 Crón. 13: 6; Sal. 80: 1; Isa. 37: 16), en particular con su Trono, el lugar donde es proclamado su nombre. En tal sentido, los 24 ancianos que están ante el Trono de Dios en Apocalipsis 4 y 5 lo alaban y reconocen su derecho a gobernar como Creador de todas las cosas (Apoc. 4: 11). Esto puede ayudarnos a entender la escena de la sala del Trono y nuestro papel como pecadores perdonados en relación con nuestro Hacedor.
Martes, Mayo 13
Como carbones encendidos
Los querubines, ya sea como seres vivientes (Ezequiel 10: 8-22) o como símbolos hechos de oro (Éxo. 25: 18), aparecen a lo largo de todo el Antiguo Testamento. A menudo se los representa junto al Trono de Dios, desde donde la gloria de él se irradia al universo. Los querubines también están bordados en la cortina que está delante del Lugar Santísimo (Éxo. 26: 1). En el libro de Salmos, el poder supremo de Dios sobre la Creación es representado poéticamente mediante la imagen de querubines que transportan a Dios en el aire (Sal. 18: 10). Dios ordenó que el Arca del Pacto estuviera coronada por dos querubines de oro macizo con sus alas extendidas hacia adelante y uno frente al otro (Éxo. 25: 18-20).
Lee Ezequiel 1: 4-14. ¿Qué similitudes ves entre este pasaje y las escenas representadas en Isaías 6: 1-6 y Apocalipsis 4: 1-11?
Ezequiel se encuentra ante un impresionante despliegue del poder de Dios.
Martes, Mayo 13 (continuación)
Lee Ezequiel 1: 4-14. ¿Qué similitudes ves entre este pasaje y las escenas representadas en Isaías 6: 1-6 y Apocalipsis 4: 1-11?
Ezequiel se encuentra ante un impresionante despliegue del poder de Dios. Se trata de una escena que coincide con la difícil situación en la que se encontraba el pueblo de Dios en ese momento. El pueblo elegido no estaba en la Tierra Prometida, sino en el cautiverio, en Babilonia. Mientras Ezequiel analiza la escena que se le presenta, mira hacia arriba, y ve el Trono de Dios por encima de todo.
Obsérvense las importantes similitudes con otras visiones del «Trono». Los seres vivientes que ve Ezequiel tienen los mismos rostros que los de la visión de Juan: cara de león, de águila, de buey y de hombre.
Las misteriosas criaturas de cuatro caras no son nombradas específicamente en la descripción inicial de Ezequiel, pero más tarde, en otra escena de la sala del Trono (ver Eze. 10: 1-21), se los llama «querubines». También encontramos en la escena los carbones encendidos de la visión de Isaías acerca de los serafines. Los rostros de estos son iguales a los de los seres vivientes mencionados en la visión de Juan.
Siempre que vemos el Trono de Dios, ya sea en el Arca del Pacto, que sirvió como lugar de encuentro de Dios con Moisés (Éxo. 25: 22), o en las impresionantes visiones de los profetas, los querubines aparecen allí y están íntimamente ligados al Trono de Dios. Todas las criaturas de Dios fueron diseñadas para reflejar su gloria, tanto los seres humanos, hechos a su imagen, como los seres angélicos, que están junto a su glorioso Trono.
«Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso» (Apoc. 4: 8). ¿Cómo te ves en comparación con la santidad de la que Ezequiel es testigo aquí? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tu necesidad del evangelio?
Ampliación de las citas bíblicas:
Isaías 6: 1-7 (Ampliado)
En el año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un trono alto y sublime, y sus mantos llenaban el templo. Por encima de él había serafines, cada uno con seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y clamaban uno a otro:
“¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria!”
Y el quicio del lugar se estremeció con la voz de los que clamaban, y la casa se llenó de humo. Entonces dije:
“¡Ay de mí! Estoy perdido, porque soy hombre de labios inmundos, y en esta nación habito, y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos”.
Y uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano un carbón encendido que había tomado del altar con unas tenazas. Tocó con él mi boca y dijo:
“¡He aquí que esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido quitada, y tu pecado ha sido perdonado.”
Apocalipsis 4: 1-11 (Ampliado)
Después de estas cosas, miré, y he aquí, una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta que hablaba conmigo, diciéndome:
“Ven acá, y te mostraré las cosas que deben suceder después de estas”.
Al instante, estuve en el Espíritu, y he aquí, un trono en el cielo, y en el trono, uno sentado.
El que estaba sentado era semejante en aspecto a una piedra de jaspe y de cornalina; y en torno al trono había un arco iris, que parecía como una esmeralda.
Alrededor del trono había veinticuatro tronos, y en ellos, sentados, veinticuatro ancianos, vestidos de blanco, con coronas de oro en sus cabezas.
Desde el trono salían relámpagos, truenos y voces; y había siete lámparas de fuego ardiendo delante del trono, que son los siete espíritus de Dios.
Y en medio del trono, y en derredor del trono, había cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás, que no descansan día y noche diciendo:
“¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, quien era, y que es, y que ha de venir!”
Y cuando los seres vivientes dan gloria, honor y gracias al que está sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
Miércoles, Mayo 14
Dios entre su pueblo
En el desierto, la presencia de Dios en la nube guiaba a su pueblo durante su viaje a la Tierra Prometida y hacía que se detuvieran en el lugar indicado por él y levantaran allí el Tabernáculo, alrededor del cual las tribus acampaban distribuyéndose a razón de tres por cada lado. Dios descendía entonces y se instalaba en el Lugar Santísimo, en medio de su pueblo.
Había una tribu principal en cada uno de los cuatro lados del Tabernáculo. Según Números 2, ¿cuáles eran las cuatro tribus principales?
Números 2: 3 (este): Judá (Números 2:3: “Los hijos de Judá en bandada de sus estandartes, y su ejército era el primero, y su ejército era el primero en orden de batalla.”)
Números 2: 10 (sur): Rubén (Números 2:10: “Los hijos de Rubén en bandada de sus estandartes, y su ejército era el segundo en orden de batalla.”)
Números 2: 18 (oeste): Efraín (Números 2:18: “Los hijos de Efraín en bandada de sus estandartes, y su ejército era el tercero en orden de batalla.”)
Números 2: 25 (norte): Dan (Números 2:25: “Los hijos de Dan en bandada de sus estandartes, y su ejército era el cuarto en orden de batalla.”)
Nota que cada una de esas cuatro tribus enarbolaba su propio «estandarte», o bandera especial, para identificarse. Aunque las Escrituras no son explícitas en cuanto a lo que había en cada bandera, existe una tradición interesante (basada en las características descritas en Gén. 49 y Deut. 33) que asigna una cara a cada una de esas tribus: «Según la tradición rabínica, el estandarte de Judá tenía la figura de un león; el de Rubén, la de un rostro humano; el de Efraín, la figura de un buey; y el de Dan, la de un águila; de modo que las cuatro criaturas vivientes descritas por Ezequiel estaban representadas en estos cuatro estandartes» (Carl Friedrich Keil y Franz Delitzsch, Commentary on the Old Testament [Peabody: Hendrickson, 2011], t. 1, p. 660).
Es posible leer demasiado en la tradición, pero sigue siendo interesante comparar esta con la descripción bíblica de la Nueva Jerusalén, ya que hay puertas que representan a tres tribus en cada uno de los cuatro lados de la ciudad (Apoc. 21:12-13).
Las descripciones del campamento de Israel y de la Nueva Jerusalén subrayan un hecho crucial: Dios pretende acercar a la humanidad a su Trono. Apocalipsis nos enseña que «su templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero» (Apoc. 21:22).
Aunque ciertamente no estamos en el campamento de Israel, ¿cómo podemos acercarnos a la presencia de Dios?
Jueves, Mayo 15
La caída de Lucifer
Resulta difícil entender que Lucifer ocupara una vez el puesto de querubín protector, una posición exaltada junto al Trono de Dios. Seguramente su existencia habría ayudado a revelar la gloria de Dios al universo. En lugar de eso, comenzó a anhelar la gloria para sí, no para su Creador; o, para ser más precisos, empezó a imaginar que no se le estaba dando la consideración que merecía.
Lee Ezequiel 28: 11 al 17 e Isaías 14: 12 al 14. ¿Qué provocó la caída de Lucifer? Compara estos pasajes con Apocalipsis 14: 1 al 12. ¿Cómo influye el contraste entre la caída de Lucifer y la elevada posición de la humanidad en Cristo en tu comprensión de lo que ocurre en Apocalipsis 14?
Ezequiel 28:11-17:
“Palabra de Jehová vino a mí, diciendo: Hijo de hombre, levanta un lamento sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho el Señor Jehová: Tú, sello de perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. Estabas en Edén, monte de Dios; de toda piedra preciosa era tu vestidura, de carbunclo, topacio, diamante, berilo, onice, jaspe, zafiro, crisólito y oro. Estabas en el monte de Dios, en medio de las piedras de fuego. Perfecto eras en tus caminos, desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de tu abundancia de comercio, se llenó tu interior de violencia, y pecaste; por eso te arrojé del monte de Dios, y te despedí, oh querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se enalteció a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; a causa de tu perfección, te arrojé por tierra, y te entregué en presencia de reyes, para que miren en ti.”
Isaías 14:12-14:
“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: ‘Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo’.”
¿Y cómo influye esto en tu comprensión de Apocalipsis 14? La caída de Lucifer revela cómo la arrogancia y la autoexaltación llevan a la destrucción, en contraste con el propósito de Dios de elevar a la humanidad en Cristo, quienes, a través de la redención, podrán ser elevados y restaurados a su propósito original.
Observa cómo Lucifer fue expulsado del Monte Santo mientras que los redimidos están en el monte Sion con el Cordero de Dios. Se dice que Lucifer estuvo en el Edén; la humanidad también estuvo allí una vez, pero en contraste con el destino de Satanás, ella está siendo restaurada por medio de Cristo para volver al paraíso (ver Apoc. 22: 1-3).
En este contexto, la siguiente cita de Elena G. de White es muy instructiva: «Las vacantes que se produjeron en el cielo por la caída de Satanás y sus ángeles serán llenadas por los redimidos del Señor» (La verdad acerca de los ángeles, p. 53).
Los redimidos estarán en el Cielo solamente gracias al evangelio. De hecho, el tema de la Redención se encuentra representado de una manera gráfica en la sala del Trono descrita en Apocalipsis 4 y 5. Por ejemplo, los ángeles exclaman: «Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación» (Apoc. 5:9, RVR 1960). ¡Qué imagen del evangelio! La muerte de Jesús hizo posible la redención de la humanidad.
Observa también cómo refleja el lenguaje allí usado el mensaje del primer ángel, en el que se nos llama a predicar «el evangelio eterno […] a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y pueblo» (Apoc. 14:6). Qué poderosa representación de lo que Cristo ha hecho por el mundo. No hay un solo ser humano en la historia de la Tierra por quien Cristo no haya muerto. Los seres humanos solo necesitan conocerlo y aceptarlo.
¿Cuál es nuestro papel como iglesia y como individuos en la tarea de dar a conocer a las personas lo que Cristo ha hecho por ellas?
Viernes, Mayo 16
Para estudiar y meditar
Lee el capítulo titulado «El fin del Conflicto», en el libro El conflicto de los siglos (pp. 643-657), de Elena G. de White.
Satanás, quien fue una vez un querubín protector, trató de destruir la confianza en el Trono de Dios. Dios ha permitido que los ángeles caídos continúen en su rebelión para mostrar al universo las profundidades de la maldad resultante de la autoexaltación. Y, aunque Satanás logró engañar a la humanidad para que se le uniera en su guerra contra Dios, Cristo lo derrotó completamente en la Cruz, asegurando un lugar para la humanidad donde una vez estuvieron los ángeles que cayeron. A través de su fe en Cristo, los pecadores rechazan públicamente las mentiras y engaños de Satanás. El escenario final es, en cierto modo, una revelación aún mayor de la bondad y el amor de Dios que la que existía antes de la caída de Lucifer. Aunque Dios nunca quiso que existiera el mal y este es una tragedia de consecuencias eternas, cuando todo haya terminado, la bondad y el amor de Dios se revelarán como no lo habrían hecho si no hubiera surgido el mal.
Cristo «echa una mirada hacia los redimidos, transformados a su propia imagen, y cuyos corazones llevan el sello perfecto de lo divino y cuyas caras reflejan la semejanza de su Rey. Contempla en ellos el resultado de las angustias de su alma, y está satisfecho. Luego, con voz que llega hasta las multitudes reunidas de los justos y de los impíos, exclama: “¡Contemplad el rescate de mi sangre! Por estos sufrí, por estos morí, para que pudiesen permanecer en mi presencia a través de las edades eternas”. Y de entre los revestidos con túnicas blancas en torno del trono, asciende el canto de alabanza: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apoc. 5:12)» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 651).
Preguntas para dialogar:
¡Imagina lo que significaría estar ante Dios con cada error cometido, cada defecto de carácter, cada acto indebido, cada pensamiento incorrecto, cada motivo inaceptable totalmente expuesto ante él! ¿Qué merecerías justa y legítimamente? ¿Cuál es entonces tu única esperanza? ¿Por qué necesitamos desesperadamente «la justicia de Dios, por medio de Jesucristo, por la fe, para todos los que creen en él» (Rom. 3:22) cubriéndonos ahora y especialmente en el Juicio, cuando más la necesitamos? En resumen, ¿por qué necesitamos el evangelio?
Juan el Bautista, como hemos visto, desempeñó el papel de un serafín: una lámpara ardiente y brillante (ver Juan 5:35). Fue, por supuesto, el precursor de Cristo, y quien anunció la primera aparición del Mesías. ¿De qué manera el pueblo de Dios de los últimos días desempeña un papel profético similar?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 11:
Para el 14 de marzo de 2026
VIVIR CON CRISTO
Sábado 7 de marzo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 3:1–17; Romanos 1:18; 6:1–7; Efesios 4:22–24; Deuteronomio 7:6–8; 1 Samuel 16:23. PARA MEMORIZAR: “Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección” (Col. 3:14).
Es muy común la idea de que las personas demasiado espirituales corren el peligro de vivir desconectadas de la realidad. Si bien eso puede tener cierto sentido, Pablo destaca un concepto igualmente importante en Colosenses 3: Si tenemos una mentalidad demasiado terrenal, no seremos de utilidad celestial para el Señor. Pablo señala muchos principios prácticos y reales que nacen del Cielo, y que solo pueden entender quienes han “resucitado con Cristo” (Col. 3:1).
Los consejos del apóstol son principios muy prácticos que mejorarán todas nuestras relaciones, no solo las del ámbito de la iglesia. Jesús dijo: “Pero yo les digo: ‘Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen. Para que sean hijos de su Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Mat. 5:44, 45).
Eso suena imposible y lo es, humanamente hablando. Necesitamos morir al yo antes de poder vivir realmente para Dios. Por eso, debemos tener una mentalidad celestial si esperamos ser de alguna utilidad terrenal para nuestro Padre celestial. Esta semana veremos cómo el hecho de vivir con Cristo puede marcar la diferencia, ahora y en la Eternidad. Estrategias y herramientas.
Domingo 8 de marzo
MENTALIDAD CELESTIAL
Lee Colosenses 3:1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial? Desde la cima de una montaña es posible contemplar el vasto paisaje circundante. Las montañas han sido frecuentadas desde tiempos inmemoriales por quienes procuran una experiencia más cercana con Dios (ver Sal. 121:1, 2). Incluso los paganos construían montañas artificiales llamadas zigurats, para reunirse allí con sus dioses. Curiosamente, la ciudad de Ur, que Abram fue llamado a abandonar, tenía un gran zigurat visible desde varios kilómetros a la redonda. Pero la altura no acerca a nadie al Cielo en un sentido espiritual. El esfuerzo humano no es suficiente para ello. Solo es posible acercarse al Cielo en virtud del milagro de la gracia, por el cual morimos y resucitamos con Cristo (figuradamente, mediante el bautismo [Col. 2:12, 13]).
Nótese que desde el principio de Colosenses 3 se insiste repetidamente en lo que está arriba, es decir, lo que hay en el Cielo: “Las cosas de arriba”, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”, “con él en gloria” (Col. 3:1-4). Ciertamente hay muchas cosas en la vida cristiana que no tienen explicación. ¿Cómo puede alguien “morir” y “resucitar” sin haber dejado de existir literalmente? Hay muchas cosas que no tienen sentido para la mente natural, que no está dirigida por el Espíritu Santo. Pero la muerte al pecado y la resurrección con Cristo son realidades genuinas para quienes tienen una mente espiritual porque han recibido el nuevo corazón prometido por Dios. Como afirma un conocido himno: “¿Me preguntas cómo sé que él vive? Porque vive dentro de mi corazón”. No obstante, Pablo prescribe estos mandamientos porque existe una necesidad constante de que la vida espiritual sea renovada (ver 2 Cor. 4:16). En efecto, podemos caer y perder la salvación, y nunca estamos libres de la tentación en esta vida.
Por lo tanto, debemos optar cada día por buscar “las cosas de arriba” (Col. 3:1). Nuestra vida eterna está a salvo, “escondida con Cristo en Dios” (Col. 3:3), pero la expresión externa de esa vida estará lejos de ser escondida. ¿Dónde están normalmente tus pensamientos: arriba o abajo? Si están abajo, ¿cómo puedes cambiar su ubicación?
Lunes 9 de marzo
ACABEMOS CON LO TERRENAL
Actualmente se escuchan muchos eslóganes: “¡Acabemos con la guerra!” “¡Acabemos con la deforestación!” “¡Acabemos con las armas nucleares!” Pero uno que probablemente nunca hayamos oído es “¡Acabemos con lo terrenal!” Eso simplemente no armoniza con la sensibilidad de nuestro mundo. El problema de la mayoría de los eslóganes no es que propician algo incorrecto, sino que son demasiado acotados o estrechos de miras desde la perspectiva de la Eternidad. Nuestro enfoque debe ser eternamente más elevado. Lee Colosenses 3:5, 6 (ver también Rom. 6:1-7). ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y a lo terrenal y vivos para “las cosas de arriba” (Col. 3:1)? Aunque espiritualmente hemos muerto con Cristo, nuestros “miembros”, es decir, las tentaciones que nos presentan nuestro cuerpo y nuestra mente, necesitan morir.
No obstante, debemos tener presentes dos cosas en relación con este mandato. En primer lugar, la forma griega que utiliza Pablo en Colosenses 3:1 supone que hemos resucitado con Cristo. En segundo lugar, la expresión “por tanto” indica que el mandato de Colosenses 3:5 es una consecuencia de ese hecho. Podemos dar muerte a las cosas terrenales (fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, codicia, etc.) solo porque hemos resucitado con Cristo y disponemos de su vida espiritual y su poder para eliminar estas cosas de nuestras mentes y vidas. La frase griega traducida como “la ira de Dios” solo aparece en Colosenses 3:6 y en Romanos 1:18. Dios “entrega” a las personas a sus propios caminos perversos, en el sentido de que respeta su libertad de elección, y como resultado “viene” o se manifiesta su ira (ver Apoc. 6:16, 17) “sobre los desobedientes” (Col. 3:6). En Romanos 1:18, Pablo se refiere a “la impiedad y la injusticia”.
Luego, en Romanos 1:24, equipara la “inmundicia” (usa la misma palabra griega que se encuentra en Col. 3:5) específicamente con las personas que satisfacen “la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos”. ¿En qué sentido deshonran sus cuerpos? En primer lugar, porque se niegan a reconocer al Creador, pero también a causa de “pasiones vergonzosas”. “Aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres” (Rom. 1:26, 27). ¿Qué significa la expresión “hagan morir en ustedes lo terrenal” (Col. 3:5)?
Martes 10 de marzo
RENOVACIÓN EN EL CONOCIMIENTO
Lee Colosenses 3:6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición? Las palabras iniciales de Colosenses 3:8 (“pero ahora”) señalan el cambio dramático y decisivo que conduce de la muerte a la vida. La palabra “ahora” está expresada de manera enfática en griego. Ahora, es decir, puesto que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, la vida presente de ustedes debe mostrar un marcado contraste con su vida anterior. Habiendo hecho morir “lo terrenal” “en ustedes” (Col. 3:5), “ahora, dejen también ustedes todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras” (Col. 3:8). Tanto la ira como el enojo pueden describir la justa respuesta de Dios al pecado (tema tratado ayer), al igual que la de Jesús (Mar. 3:5; Apoc. 6:16). Por el contrario, se exhorta a cada uno a ser “rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Sant. 1:19, 20). La malicia desea la desgracia del otro. La maledicencia o calumnia tiene por objeto difamar.
Pablo también condena el lenguaje abusivo y obsceno. Por último, está prohibido mentirse unos a otros (Lev. 19:11, 18), “habiéndose despojado del viejo hombre con sus prácticas” (Col. 3:9). ¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el “viejo hombre” con el “hombre nuevo”? Ver Romanos 6:6 y Efesios 4:22-24. Los verbos que Pablo emplea para esta transformación que conduce de lo viejo a lo nuevo aluden a la vestimenta, como si alguien se quitara sus prendas de vestir viejas y sucias para reemplazarlas por vestiduras nuevas e inmaculadas (comparar con Zac. 3:4). Una distinción similar entre lo viejo y lo nuevo se hace en relación con el Antiguo Pacto y el Nuevo, los cuales se caracterizan respectivamente por la letra externa de la Ley y por la ley que el Espíritu escribe en el corazón (2 Cor. 3:4-18). Estas metáforas describen la conversión y sus efectos, la “nueva creación” (2 Cor. 5:17).
Somos renovados “hasta el conocimiento pleno, conforme a la imagen de su Creador [Cristo]” (Col. 3:10), quien es la imagen del Dios invisible (Col. 1:15). El conocimiento de Cristo a través de su Palabra nos transforma “a su misma imagen, con siempre creciente gloria” (2 Cor. 3:18). Esto nos sitúa por encima de todas las fronteras étnicas, geográficas y sociales (Col. 3:11), porque somos ciudadanos de un reino superior. Lee Colosenses 3:11. ¿Qué nos dice acerca de la unidad que debemos tener en Cristo?
Miércoles 11 de marzo
EL CAR ÁCTER DE LA NUEVA VIDA
Tras describir las características negativas y los malos hábitos desechados cuando venimos a Cristo, Pablo se refiere a lo positivo, como si pasara de las tinieblas a la luz. Lee Colosenses 3:12-14. ¿Cómo son descritos los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben “vestirse”? Al igual que Israel, llamado por Dios a ser su pueblo especial y reflejar su carácter, los creyentes en Jesús son “los elegidos de Dios” (Col. 3:12), sus escogidos. Sin embargo, no todos están a la altura de este llamado. Como dijo Jesús: “Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos” (Mat. 22:14, comparar con Mat. 24:22, 24, 31). Las referencias de Pablo a los elegidos tienen un significado similar (Rom. 8:33; 2 Tim. 2:10). Además, al igual que con Israel, los creyentes son amados por Dios y “consagrados” (Deut. 7:6-8). Este privilegio conlleva una importante responsabilidad: “Para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9).
Esa proclamación consiste en el testimonio de nuestra vida. Las ocho cualidades mencionadas por Pablo son una verdadera lista. “Entrañable compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Sopórtense y perdónense unos a otros” y “sobre todo [...] amor” (Col. 3:12-14). Estas cualidades solo pueden surgir de un corazón unido a Cristo, pues describen su carácter y la manera en que nos ha tratado. Debemos perdonar a los demás “de la manera que Cristo [nos] perdonó” (vers. 13). El amor es “el vínculo de la perfección” (vers. 14), pues su amor por nosotros nos une a él y nos permite amar verdaderamente a los demás (1 Juan 4:11, 12). Estas cualidades influyen en nuestras relaciones de dos maneras. En primer lugar, el hecho de mostrar amor, misericordia, bondad y perdón a los demás resulta una bendición tanto para nosotros como para ellos.
Amar a las personas y ser una bendición para ellas es algo muy gratificante. Normalmente, las personas nos responderán con amabilidad, y seguiremos disfrutando de la misericordia y el perdón de Dios (Mat. 5:7; 6:14). En segundo lugar, y más importante aún, una conducta tal glorifica a Dios y puede animar a otros a creer y seguir a Jesús, pues muestra el poder de la gracia divina. “Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable” (Elena de White, El ministerio de curación [Florida: ACES, 2008], pp. 372, 373). ¿Cuán bien representa a Jesús tu manera de tratar a los demás, especialmente a quienes son tal vez descorteses contigo?
Jueves 12 de marzo
VIVIENDO LA NUEVA VIDA
La preocupación de Pablo por la paz y la armonía en la iglesia se observa claramente en los últimos versículos de Colosenses 3. Ya hemos examinado con cierto detalle la paz de Dios (ver la lección 7). A diferencia de la pax romana (la paz romana), la pax Christi (la paz de Cristo) no es impuesta desde afuera, sino que debe “gobernarnos” desde nuestro interior (vers. 15). Eso solo puede suceder si Cristo tiene el control. Lee Colosenses 3:16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto? El lenguaje usado en ese texto es muy descriptivo. Representa la palabra de Cristo que se instala en nosotros.
Eso ocurre cuando leemos la Biblia con atención para escuchar y aprender de la sabiduría de Dios. Al parecer, aunque el texto en griego es algo ambiguo, la música desempeña un papel importante en la instrucción y la exhortación mutuas (Col. 3:16). Pablo no se refiere a cualquier música, sino que utiliza una terminología muy específica, tanto aquí como en Efesios 5:19: “Salmos, himnos y canciones espirituales”. Aunque no es seguro, parece que aquí se hace una distinción entre los salmos del Antiguo Testamento y una creciente colección de himnos cristianos de la época del Nuevo Testamento. “Canciones espirituales” puede ser un término genérico usado como designación de cualquier canto de alabanza relacionado con la experiencia espiritual o la vida de la iglesia. Las palabras de esos cánticos eran el medio para comunicar la verdad e instruir acerca de cómo vivir la nueva vida de un cristiano.
Muchos grandes himnos de los últimos siglos contienen poderosos mensajes de esperanza y seguridad, tan necesarios en un mundo que pugna por arrastrarnos hacia abajo. La influencia de la música es poderosa. El rey Saúl se tranquilizaba cuando David tocaba el arpa (1 Sam. 16:23). Pero, cuando el rey sintió que David se convirtió en su rival, la ira y el resentimiento de aquel aumentaron (1 Sam. 18:10, 11). Se ha demostrado clínicamente que la música clásica serena reduce la ansiedad, optimiza el funcionamiento del cerebro, produce relajación, alivia el dolor y favorece la sociabilización. ¿Quién no ha experimentado la poderosa influencia positiva o negativa de la música en las emociones y los pensamientos? La música adecuada puede ser espiritualmente edificante. Se nos dice que hagamos todo “en el nombre del Señor Jesús” (Col. 3:17). ¿Haces eso? Si no es así, ¿cómo puedes lograrlo? Es decir, ¿qué debes dejar de hacer si no puedes hacerlo en el nombre del Señor?
Viernes 13 de marzo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, la persona convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia; que su transgresión ha sido perdonada; su pecado, cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina Ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado ‘pues por la fe’ tiene ‘paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (Rom. 5:1). “Pero, habiendo alcanzado esa experiencia, el cristiano no debe cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldados por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparados para atacarlo.
Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria. […] “El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el Reino de los Cielos demasiado poco. “En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del Cielo. A cada paso sentimos su poder viviente” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 393, 394).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Has experimentado la justificación por la fe? ¿Cómo transformó tu vida? ¿Cómo se relaciona la promesa de la justificación por la fe con la experiencia simultánea de la “resurrección” “con Cristo” (Col. 3:1)?
2. ¿Qué significa para ti tener una mentalidad celestial? ¿Es más importante que hacer el bien terrenal? ¿Dónde está el equilibrio?
3. Piensa en la influencia que tu vida ejerce sobre los demás. Aunque tendemos a pensar en esto en el contexto de nuestra influencia individual, ¿cuál es nuestra influencia como iglesia? ¿Cómo influye tu iglesia local en la comunida.
