Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Sábado 30 de agosto LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 24:1-18; 1 Corintios 11:23-29; Levítico 10:1, 2; Ezequiel 36:26-28; Éxodo 25:1-9; Éxodo 31:1-18.
PARA MEMORIZAR: “Y Moisés vino y contó al pueblo todas las palabras del Señor y todas las leyes. Y el pueblo respondió a una voz: ‘Haremos todo lo que el Señor ha dicho’ ” (Éxo. 24:3).
Como su Dios, Creador y Redentor, el Señor deseaba estar con su pueblo y habitar en medio de ellos. Nos creó para estar en estrecha comunión con él. Sin embargo, si las relaciones significativas con otras personas requieren tiempo y esfuerzo, lo mismo ocurre con nuestra relación con Dios. Puede ser una experiencia edificante y llena de crecimiento, pero solo si pasamos tiempo con él.
En términos prácticos, esto significa estudiar su Palabra (Dios nos habla por medio de ella), orar (abrir nuestro corazón a Dios), y dar testimonio a otros acerca de la muerte, resurrección y retorno de Cristo (participación en la misión de Dios). A medida que Dios nos bendice, nos convertimos en canales de bendiciones para los demás. La atención debe centrarse en Dios, no en nosotros (Heb. 12:1, 2).
Al conectarnos con él, Dios puede capacitarnos para prestar atención a sus enseñanzas, lo que significa obediencia a su Palabra. No es de extrañar que la generación de seguidores de Cristo de los últimos tiempos sea descrita como integrada por personas que “guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apoc. 14:12). Es muy sencillo: amamos a Dios y le somos obedientes como evidencia de ese amor.
Domingo 31 de agosto
EL LIBRO Y LA SANGRE
Lee Éxodo 24:1 al 8. ¿Qué papel desempeñan la lectura de la Palabra de Dios y la aspersión de la sangre en la ratificación del pacto entre Dios y su pueblo?
El Dios vivo de la Biblia es el Dios de las relaciones. Lo importante para él no son las cosas ni los programas, sino las personas. En consecuencia, él presta mucha atención a los seres humanos, y el propósito primordial de sus actividades es construir una relación personal con ellos. No podría ser de otra manera, ya que un Dios que “es amor” debe estar interesado en las relaciones y porque el amor no es posible sin ellas. Jesús dijo: “Y cuando yo sea levantado de la tierra, a todos atraeré hacia mí” (Juan 12:32).
Dios está interesado no solo en nuestro comportamiento ético, en una doctrina correcta o en un conjunto de acciones adecuadas, sino, sobre todo, en una relación personal e íntima con nosotros. Las dos instituciones traídas a la existencia en ocasión de la Creación (Gén. 1-2) tienen que ver con las relaciones: la primera de ellas, el sábado, con la relación vertical con Dios; la segunda, el matrimonio, con la relación horizontal entre los humanos. La ratificación del pacto en el Sinaí debía reforzar la relación especial que Dios quería tener con su pueblo.
En la ceremonia, el pueblo se comprometió dos veces a obedecer a Dios en todo lo que él exigiera. “Haremos todo lo que el Señor ha dicho”, proclamaron. Lo decían en serio, pero no eran conscientes de su fragilidad y su falta de poder. La sangre del pacto fue rociada sobre el pueblo, indicando que Israel solamente podía seguir las instrucciones de Dios en virtud de los méritos de Cristo.
No queremos aceptar que nuestra naturaleza humana es frágil, débil y completamente pecaminosa. Tenemos una tendencia inherente al mal. Para poder hacer el bien, necesitamos ayuda externa. Esta ayuda solo proviene de Arriba, del poder de la gracia de Dios, de su Palabra y del Espíritu Santo. E incluso con todo esto a nuestra disposición, ¡cuán fácil nos resulta ceder al mal! De allí que una estrecha relación personal con Dios era tan esencial para el pueblo de entonces, en el Sinaí, como para nosotros hoy. “Haremos todo lo que el Señor ha dicho” (Éxo. 24:3).
¿Cuántas veces has dicho lo mismo y has fracasado? ¿Cuál es la única solución para ese problema?
Lunes 1 de septiembre
VER A DIOS
Lee Éxodo 24:9 al 18. ¿Qué experiencia asombrosa vivieron aquí los hijos de Israel?
Tras el firme restablecimiento del pacto con Dios, Moisés subió nuevamente al Sinaí. No estaba solo al comienzo de su ascenso, sino que tenía la excelente compañía de 73 líderes israelitas. Esa fue la experiencia cumbre para ellos, pues vieron a Dios (teofanía).
El texto subraya dos veces el asombroso hecho. También fue único el momento en que los líderes sellaron el pacto con Dios al comer juntos. Era un banquete, y el Dios de Israel fue su anfitrión. Fue un gran honor concedido por Dios a esos líderes. En el Cercano Oriente, participar de la comida con alguien era, en los tiempos bíblicos, y aún hoy en cierta medida, una experiencia significativa, un gran honor y un privilegio.
Ofrecía perdón y formaba un vínculo de amistad. Implicaba estar disponible para la otra persona y permanecer juntos en tiempos de crisis y problemas. Al comer juntos, se prometían sin palabras que, si a uno le ocurría algo, el otro acudiría en su ayuda. Una invitación a comer era algo especial que no se dirigía a cualquier persona. Por otra parte, rechazar una invitación era uno de los peores insultos. Esta idea nos ayuda a entender los relatos del Nuevo Testamento en los que Jesucristo fue duramente criticado por comer con pecadores (Luc. 5:30).
Cuando los creyentes celebran la Cena del Señor, también establecen este estrecho vínculo con otros creyentes que son pecadores como ellos. Durante esta comida, celebramos el perdón y la salvación que tenemos en Jesús (ver Mat. 26:26-30; Mar. 14:22-25; 1 Cor. 11:23-29). Lamentablemente, algunos de los que habían subido con Moisés cayeron más tarde en pecado y perdieron la vida (ver Lev. 10:1, 2, 9).
Aunque tuvieron allí una experiencia tan profunda con Dios, no fueron transformados ni convertidos por ella. La poderosa lección que esto enseña es que la posesión de la verdad y de privilegios sagrados no implica necesariamente conversión.
En vista de la privilegiada experiencia que tuvieron en el monte, estos hombres deberían haber sido los últimos en caer como lo hicieron. Reflexiona detenidamente en la historia de estos hombres tan privilegiados, que eran incluso hijos de Aarón. ¿Qué advertencia representa esto para nosotros como adventistas, tan privilegiados por la luz que se nos ha confiado?
Martes 2 de septiembre
PODER PARA OBEDECER
Lee Ezequiel 36:26 al 28. ¿Cómo se produce la obediencia en nuestra vida? Los israelitas declararon fervientemente en tres ocasiones que obedecerían a Dios (Éxo. 19:8; 24:3, 7).
La obediencia es importante, aunque la Biblia enseñe que los seres humanos somos débiles, frágiles y pecadores. Esta triste verdad se hizo manifiesta no solo en la historia del antiguo Israel, sino también a lo largo de la historia del pueblo de Dios. En vista de ello, ¿cómo podemos seguir fielmente a Dios? La buena noticia es que el Señor siempre nos capacita para que podamos hacer lo que nos ordena. La ayuda que no está dentro de nosotros viene de nuestro exterior a fin de capacitarnos para hacer lo que Dios exige.
Esto es obra suya. En el núcleo de su resumen teológico en Ezequiel 36:26 y 27, el profeta Ezequiel deja muy claro este punto. Solo Dios puede realizar un cambio de corazón, sustituyendo el nuestro de piedra por uno que sea sensible. En tal sentido, Josué recordó a su audiencia: “Ustedes son incapaces de servir al Señor” (Jos. 24:19, NVI).
Nuestra parte es decidir seguir a Dios. Necesitamos tomar cada momento la decisión de rendirnos a él. Y eso es porque no somos siquiera capaces de poner por obra nuestra decisión de servirlo. Pero, cuando entregamos nuestra debilidad a Dios, él nos hace fuertes. Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:10). Observa el uso del pronombre “yo” por parte de Dios en Ezequiel 36:24 al 30: Dios reúne, limpia, quita, da, pone y moviliza para obedecer cuidadosamente su Ley.
Él se identifica contigo, y si te asocias estrechamente con él, harás lo que él hace. La unidad entre tú y Dios será dinámica, poderosa y viva. El énfasis en este pasaje está nuevamente en la actividad de Dios. La Biblia dice: “Pondré mi Espíritu dentro de ustedes, y haré que anden en mis mandamientos, que guarden mis normas, y las cumplan” (Eze. 36:27).
Dios ordena a las personas que le sean obedientes y les da el poder para hacerlo. Dios siempre ayuda a su pueblo a hacer lo que exige. La obediencia (no solo nuestro desempeño o nuestros logros) es un don de Dios, al igual que la justificación y la salvación (Fil. 2:13). Si se nos ha prometido el poder para obedecer, ¿por qué nos resulta tan fácil pecar?
Miércoles 3 de septiembre
EN MEDIO DE SU PUEBLO
Dios instruía a su pueblo por diversos medios, y uno de ellos era el Santuario. Todos sus servicios apuntaban a Jesús; eran lecciones objetivas del plan de salvación que se llevaría a cabo por medio de Jesús muchos siglos después.
Lee Éxodo 25:1 al 9. ¿Qué verdades cruciales, prácticas y teológicas se desprenden de estos versículos? Aunque Dios estaba guiando a los israelitas y ya estaba cerca de ellos, ordenó a Moisés que construyera un santuario: “Y me harán un santuario, para que yo habite entre ellos” (Éxo. 25:8). Dios quería mostrarles de forma tangible que él estaba realmente con ellos.
Aunque se habían equivocado muchas veces, él no los había abandonado, y “después de que les fue devuelto el favor del Cielo” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 356) recibieron la orden divina y comenzó el proceso de construcción del Santuario. La Biblia asegura que Dios no vive en templos y edificios construidos por el hombre (Hech. 7:47-50) porque él es más grande que los cielos y el cielo no puede contenerlo.
Pablo afirmó lo siguiente en el Areópago de Atenas: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hech. 17:24). Asimismo, el rey Salomón dijo: “¿Habitará ciertamente Dios en la tierra? Si los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que yo edifiqué!” (1 Rey. 8:27). El Santuario debía ser el lugar donde Dios manifestaría su presencia a su pueblo. Los israelitas debían traer una ofrenda voluntaria para la construcción del Santuario.
Debían dar regalos preciosos y costosos, como oro, plata, bronce, madera de acacia, diversos tipos de telas finas, aceite de oliva y especias. Éxodo 25:10 a 27:21 registra muchos detalles acerca del Tabernáculo y sus servicios. Dios proporcionó a Moisés un plano con instrucciones específicas para construir y amueblar el Tabernáculo, incluyendo el Arca del Pacto, la mesa de los panes de la proposición, el candelabro, los altares, las cortinas, los colores y las medidas.
Moisés tuvo que construir el Tabernáculo según el modelo que Dios le mostró (Éxo. 25:9, 40; 26:30), que era un reflejo del Santuario celestial (Heb. 8:1, 2; 9:11). El Santuario terrenal había cumplido una función crucial hasta la muerte de Jesús y su ministerio en el Santuario celestial, lo que anuló el Santuario terrenal, una verdad simbolizada por el rasgamiento de la cortina ante el Lugar Santísimo en ocasión de la muerte de Cristo (Mat. 27:51; Mar. 15:38).
Jueves 4 de septiembre
LLENO DEL ESPÍRITU DE DIOS
Dios instruyó a Moisés en la preparación de cada detalle de los servicios del Tabernáculo. Los sacerdotes debían tener vestiduras sacerdotales, pero el sumo sacerdote llevaba un efod especial con los nombres de los hijos de Israel. También llevaba un pectoral que portaba el Urim y el Tumim, y debía estar sobre su corazón (Éxo. 28). Todos los sacerdotes debían ser consagrados (Éxo. 29).
Otros elementos que debían ser cuidadosamente preparados eran el Altar del Incienso, la fuente para el lavamiento, el aceite de la unción y el incienso (Éxo. 30). Lee Éxo. 31:1 al 18. ¿Qué ayuda especial proveyó Dios para que todos los detalles del Tabernáculo y sus servicios fueran preparados de forma hermosa y adecuada? Esta es la primera ocasión en que las Escrituras dicen que Dios llenaría a una persona con el Espíritu de Dios. ¿Qué significa esto? Bezaleel fue capacitado para trabajar artísticamente en el Tabernáculo.
Eso significa que fue equipado con nuevas habilidades, comprensión y conocimiento acerca de la artesanía necesaria. Además, Dios otorgó a Aholiab y a muchos otros artesanos el mismo Espíritu para ayudar en este trabajo. En medio de toda esta creatividad, el sábado es presentado como una señal de que Dios santifica a su pueblo, lo cual significa que la observancia del cuarto Mandamiento está asociada a la santificación.
Ezequiel observó más tarde: “Les di también mis sábados, para que fuesen una señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el Señor que los santifico” (Eze. 20:12). El sábado nos recuerda que el Señor es nuestro Creador (Gén. 2:2, 3), Redentor y Dios (Deut. 5:15; Mar. 2:27, 28), y que él es santo. Él transforma a las personas con su presencia a fin de que crezcan mediante su Espíritu y su Palabra para reflejar un carácter amoroso, bondadoso, generoso y perdonador. El Decálogo fue el regalo culminante que Dios hizo a Moisés (Éxo. 31:18).
Dios mismo escribió y entregó las dos tablas de piedra con los Diez Preceptos (Éxo. 31:18; Deut. 9:9-11). Estas tablas debían ser colocadas en el Lugar Santísimo y dentro del Arca del Pacto, bajo el Propiciatorio (Éxo. 25:21). La palabra “propiciatorio” proviene de un término hebreo que significa básicamente “expiar”. ¿Por qué fue colocado el “propiciatorio” sobre la Ley de Dios? ¿Qué esperanza debemos ver en este hecho?
Viernes 5 de septiembre |
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “El Tabernáculo y sus servicios” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 356-372.
El Tabernáculo era un lugar especial donde se realizaba la expiación por los pecados confesados por el pueblo de Dios. Era el lugar donde todo el plan de salvación había sido revelado con considerable detalle a los hijos de Israel mientras estaban en el desierto. Allí se enseñaban la justificación, la santificación y el juicio.
Todos los sacrificios de animales apuntaban a la muerte de Jesús, al perdón de los pecados y, finalmente, a la eliminación de estos. La Ley de Dios, la norma de justicia, estaba además junto a los sacrificios. “La Ley de Dios, guardada como reliquia dentro del Arca, era la gran regla de justicia y juicio. Esa ley determinaba la muerte del transgresor; pero encima de la Ley estaba el Propiciatorio, donde se revelaba la presencia de Dios y desde el cual, en virtud de la Expiación, se otorgaba perdón al pecador arrepentido.
Así, en la obra de Cristo en favor de nuestra redención, simbolizada por el servicio del Santuario, ‘la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron’ (Sal. 85:10)” (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 361).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuántas veces has dicho: “Haré todo lo que el Señor me diga”? ¿Hasta qué punto has tenido éxito? Al final de la permanencia de cuarenta días de Moisés con el Señor en el monte Sinaí, Dios subrayó que los israelitas debían observar su sábado porque sería una señal entre Dios y ellos de que era el Señor quien los haría santos.
2. ¿Qué papel desempeñan la santidad y la santificación en la observancia del sábado?
3. El Señor quería que los israelitas hicieran un santuario para habitar entre ellos. Cuán fascinante es el hecho de que ese lugar fuera el centro de la salvación para Israel. Fue allí, en ese santuario, donde Dios habitó en medio de su pueblo y donde el plan de salvación fue revelado mediante tipos y sombras. ¿Qué nos dice esto acerca de nuestra total dependencia de Dios para la salvación?
4. ¿Qué significa el hecho de que todos los pecados del pueblo de Dios eran llevados al Santuario, a la casa de Dios, por medio de la sangre de los animales sacrificados? ¿Cómo refleja esta asombrosa verdad, aunque sea vagamente, lo que Jesús hizo en la cruz por nosotros y lo que está haciendo ahora en nuestro favor en el Santuario celestial?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 5:
Para el 31 de octubre de 2026
REVELACIÓN E INSPIRACIÓN
Sábado 24 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hebreos 1:1-2; 2 Timoteo 3:15-17; 2 Pedro 1:18-21; Éxodo 17:14; Apocalipsis 1:19; Ezequiel 4:1-8.
PARA MEMORIZAR: «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio para manifestar a sus siervos lo que debe suceder pronto; y la declaró mediante su ángel a su siervo Juan. Y Juan testifica de todo lo que vio, de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo» (Apoc. 1:1-2).
El apóstol Juan había formado parte del círculo íntimo de los doce discípulos (Luc. 8:51; Mat. 17:1; 26:36-37). Tras la ascensión de Cristo, continuó su ministerio en Jerusalén. Sin embargo, antes de la caída de la ciudad (70 d. C.), se trasladó a Éfeso para supervisar las iglesias de la provincia romana de Asia Menor. Durante la persecución cristiana bajo el emperador romano Domiciano, el apóstol fue exiliado a Patmos, una isla del mar Egeo. En Patmos, Juan recibió mensajes proféticos especiales que estaban dirigidos no solo a las siete iglesias de Asia Menor, sino a los cristianos de todas las épocas (Apoc. 1:1-3, 9-11).
La cadena de transmisión del mensaje profético, de la que Juan formaba parte, era la siguiente: Dios Padre a Jesucristo, Jesús al ángel, este al apóstol Juan, y Juan a los lectores y oyentes. Este es un ejemplo clásico del proceso de revelación e inspiración en el que Dios utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes a la humanidad. La lección de esta semana examina específicamente el proceso multiforme de revelación e inspiración, con especial atención a las formas orales, escritas y representadas mediante las cuales el mensaje divino ha sido comunicado a los seres humanos.
Domingo 25 de octubre
REVELACIÓN GENERAL Y ESPECIAL
Lee Hebreos 1:1-2. ¿Por qué está Dios tan interesado en comunicarse con nosotros? ¿Qué nos está diciendo por medio de Jesús y de los profetas? El Creador del cosmos se comunica con nosotros porque somos seres humanos caídos en un mundo pecaminoso y nos enfrentamos a la muerte, el sufrimiento y las pruebas. Por lo tanto, Dios desea que sepamos por qué estamos aquí, por qué existe el mal y por qué podemos confiar en su amor a pesar de todo. La revelación general de Dios, tal como se aprecia en el mundo natural, habla elocuentemente de su poder infinito y su amor benevolente. El rey David exclamó: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal. 19:1).
El apóstol Pablo añadió: «Los atributos invisibles de Dios, su eterno poder y su divinidad se ven claramente desde la creación del mundo, y se entienden por las cosas que han sido creadas; de modo que no tienen excusa» (Rom. 1:20). También resulta asombroso reflexionar acerca del poder restaurador divino manifestado en los misteriosos procesos de nuestro mundo. De hecho, «el poder sanador de Dios se hace sentir en toda la naturaleza. Si se corta un árbol, si un ser humano se lastima o se rompe un hueso, la naturaleza empieza inmediatamente a reparar el daño. Aun antes de que exista la necesidad, están listos los elementos sanadores, y tan pronto como se lastima una parte, todas las energías se dedican a la obra de restauración» (Elena de White, La educación, p. 113).
Por muy hermoso e instructivo que pueda ser el mundo natural, no solo revela el poder y el amor de Dios, sino también la presencia del mal (ver Gén. 3:14-19; Mat. 13:24-30). Este mensaje ambiguo solo puede ser comprendido adecuadamente a la luz de la revelación especial de Dios, tanto en la persona de Jesucristo, el Verbo encarnado de Dios, como en la Biblia, la Palabra escrita de Dios que da testimonio de él (Juan 5:39).
Las Escrituras son el registro inspirado de los mensajes de Dios a todos los seres humanos a lo largo de los siglos. Ellas nos hablan de la creación del mundo, de la trágica caída, del asombroso plan divino de redención y de la restauración final del planeta Tierra. Por breves y selectivas que puedan ser algunas narraciones bíblicas, siempre son dignas de confianza, pues Dios es quien nos habla en ellas (ver 2 Tim. 3:16; 2 Ped. 1:19-21). Aunque la naturaleza señala sin duda a la realidad del poder y el amor del Creador, ¿por qué necesitamos tan desesperadamente la Palabra escrita? ¿Qué nos dice esta que la naturaleza no puede comunicarnos?
Lunes 26 de octubre
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
Son muchos los libros que han llegado hasta nosotros a través de los siglos además de la Biblia. Sin embargo, consideramos que esta es la Palabra de Dios. ¿Qué la diferencia de otros escritos? Lee 2 Timoteo 3:15-17 y Santiago 1:17. ¿Qué mensaje importante debemos extraer de estos versículos? Existe cierto debate acerca de cuál es la mejor traducción de 2 Timoteo 3:16, pero la mayoría de las versiones de la Biblia vierten este pasaje de manera similar, enfatizando que toda la Biblia es de origen divino (2 Ped. 1:20-21).
Un comentarista bíblico afirma que «parece más probable que Pablo esté contemplando aquí las Escrituras en su conjunto, en el sentido de que todas ellas son útiles “para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia”, en lugar de querer decir que cada pasaje bíblico es útil en esos aspectos» (George W. Knight III, The Pastoral Epistles: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1992], p. 445). La inspiración profética que dio origen a la Biblia consistió en la asistencia dada por el Espíritu Santo a los profetas genuinos para que pudieran comunicar de manera fidedigna los mensajes divinos. Esa ayuda estuvo presente no solo en el proceso de recepción de los mensajes, sino también en su comunicación clara y fiel a sus destinatarios.
Los mensajes de Dios llegaron por medio de visiones y sueños (Núm. 12:6; Isa. 6:1, 8). El Señor también utilizó testigos oculares (1 Juan 1:1-3), investigaciones históricas inspiradas por el Espíritu (Luc. 1:1-3) e impresiones divinas en la mente (2 Ped. 1:21). Independientemente de los medios utilizados por el Espíritu Santo, los profetas y autores bíblicos recibieron mensajes veraces y objetivos, no subjetivos, para los destinatarios. Esto significa que los mensajes de Dios no debían ser alterados ni distorsionados de ninguna manera por sus mensajeros, aunque usaran sus propias palabras para expresar esos mensajes. La comunicación de los mensajes proféticos a las audiencias originales podía ser oral (2 Ped. 1:19-21), escrita (Juan 20:30-31) o representada (Eze. 4:1-8).
Aunque quedan muchas preguntas acerca de cómo fue inspirada la Biblia o cómo funciona la inspiración en general, ¿por qué es tan importante confiar en la Escritura como la Palabra inspirada de Dios?
Martes 27 de octubre
MENSAJES ORALES
Lee 2 Pedro 1:18-21. ¿Qué garantía tenemos de que los mensajes orales transmitidos por los profetas de Dios eran tan inspirados y confiables como los escritos? Dios habló con Adán y Eva antes y después de la caída (Gén. 2:16-17; 3:9-19). En ambos casos, ellos entendieron perfectamente sus palabras. Su voz también se escuchó con claridad en el Sinaí (Éxo. 20:1-20), así como durante el bautismo y la transfiguración de Jesús (Mat. 3:17; 17:5). Podemos interpretar erróneamente lo que otras personas nos dicen, pero no hay equívocos ni engaños cuando Dios habla a alguien.
La Biblia afirma que Dios dijo a Moisés: «Yo soy el Señor (YHWH)» (Éxo. 6:2). Muchos escritores bíblicos reconocieron haber oído la voz de Dios cuando les habló. Este fue el caso, por ejemplo, de Isaías (Isa. 8:1, 11), Jeremías (Jer. 1:4, 9, 11) y Ezequiel (Eze. 3:16; 6:1). Cualquier intento de negar estas y otras afirmaciones similares significaría cuestionar la honestidad de los profetas y la credibilidad de la propia Biblia. Así como Dios habló a los profetas en un lenguaje humano inteligible, también lo hicieron ellos a sus respectivas audiencias. Por ejemplo, Noé fue un verdadero profeta de Dios y un fiel «pregonero de justicia» (2 Ped. 2:5).
Aunque no escribió ninguna parte de la Biblia, transmitió el mensaje de Dios oralmente a sus contemporáneos, y ese mensaje no fue menos inspirado que los escritos de los profetas canónicos. Varios otros profetas, entre ellos Natán, Elías, Eliseo y Juan el Bautista, no escribieron ninguna parte de la Biblia, sino que transmitieron sus mensajes oralmente. En cuanto a Jesús, el evangelio menciona solamente que durante su ministerio terrenal «empezó a escribir en el suelo con su dedo» (Juan 8:6). Eso es todo. No tenemos constancia de que haya escrito algo más. Pero enseñó y predicó oralmente «con autoridad» (Mat. 7:29).
Algunos de sus oyentes incluso confesaron: «Jamás hombre alguno habló como este hombre» (Juan 7:40, 46). Jesús fue principalmente un comunicador oral de los mensajes de Dios, pero estos no eran menos autoritativos o vinculantes por el hecho de que él no escribiera ningún libro de la Biblia. Es interesante que los escritos de algunos profetas de Dios no hayan sido incluidos en la Biblia. ¿Por qué esos profetas no canónicos tienen la misma autoridad que los canónicos?
Miércoles 28 de octubre
MENSAJES ESCRITOS
Algunos discursos famosos han tenido un profundo impacto en la vida de las personas e incluso han cambiado el curso de la historia. Si estos discursos no se hubieran registrado, las palabras se habrían desvanecido o distorsionado con el paso del tiempo. Por lo tanto, el hecho de poner por escrito los mensajes orales hace que perduren y permite su transmisión a lo largo del tiempo. Poco después de que los israelitas salieran de Egipto y derrotaran a los amalecitas, Dios ordenó a Moisés: «Escribe esto en un libro para memoria» (Éxo. 17:14). Comenzando con Moisés, quien escribió los primeros cinco libros de la Biblia, Job y el Salmo 90, el Espíritu Santo orientó a los profetas canónicos para que produjeran los escritos que ahora constituyen los 66 libros de la Biblia.
Lee Éxodo 17:14; Juan 20:30-31; 1 Corintios 10:11; y Apocalipsis 1:19. ¿Cuáles son algunas de las razones por las que Dios pidió a sus profetas que escribieran los mensajes que les comunicó? Los diversos libros de la Biblia reflejan el estilo literario y las habilidades de sus respectivos escritores. Como veremos en el estudio de la próxima semana, los matices personales y los diversos estilos de esos escritores no restan valor a sus mensajes, pues no hay «grados» de inspiración. Algunas partes de la Biblia son más relevantes y aplicables que otras para nuestra vida y nuestra fe hoy, pero eso no significa que unas sean más inspiradas que otras.
Los escritores de la Biblia registraron a veces por escrito, ya sea ellos mismos o mediante colaboradores de confianza, los mensajes inspirados que primero transmitieron oralmente. En el libro de Deuteronomio, Moisés puso por escrito los últimos discursos que dirigió a los israelitas. Los cuatro evangelios registran muchos de los sermones y enseñanzas de Jesús durante su ministerio terrenal. En algunos casos, los profetas citaron fuentes no inspiradas (Hech. 17:28; 1 Cor. 15:33; Tito 1:12) e incluso las palabras de Satanás (Gén. 3:1-5; Mat. 4:1-11).
Debemos recordar que, así como los profetas consignaron por escrito los sentimientos y los deseos de otras personas, también expresaron sus propias reacciones humanas (ver Dan. 8:27; Apoc. 22:8-9). Además, la Biblia describe muchos buenos ejemplos que deben ser imitados, pero también muchos otros que deben ser evitados (1 Cor. 10:1-11). Al leer la Biblia, debemos tener en cuenta que, aunque no está escrita en un lenguaje perfecto, transmite un mensaje infalible que resistirá el paso del tiempo.
Jueves 29 de octubre
REPRESENTACIONES, SÍMBOLOS Y PAR ÁBOLAS
La Biblia contiene una gran variedad de imágenes verbales y metáforas. Por ejemplo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, con los altares patriarcales, el tabernáculo mosaico y el templo de Jerusalén, era una representación del sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y de su sacerdocio celestial (Heb. 8:1-6). En las profecías de Daniel, los reinos y los poderes del mundo estaban representados por las diferentes partes de una gran imagen (Dan. 2:31-45), varios animales y cuernos (Dan. 7; 8) y dos reyes (Dan. 11). Figuras simbólicas similares aparecen también en el libro de Apocalipsis, como en el caso de las dos bestias del capítulo 13.
En sus enseñanzas, Jesús habló de sí mismo, por ejemplo, como el Pan de Vida (Juan 6:35, 41-58), la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5) y la Vid Verdadera (Juan 15:1-8). A su vez, ilustró la naturaleza y el crecimiento de su reino mediante la parábola del sembrador (Mat. 13:1-9, 18-23) y otras (Mat. 13:24-52, etc.). Lee Ezequiel 4:1-8. ¿Por qué los mensajes de Dios por medio de sus profetas no fueron comunicados solo verbalmente, sino que algunos de ellos fueron representados o actuados? En Ezequiel 4:1-8 aparece una vívida dramatización en la que Dios pidió al profeta que hiciera una maqueta de Jerusalén y que se acostara sobre su lado izquierdo durante 390 días como representación de la casa de Israel, y luego sobre su lado derecho durante 40 días representando a la casa de Judá.
Otro mensaje representado fue el matrimonio divinamente ordenado de Oseas con Gomer, una prostituta, como ilustración de la infidelidad espiritual de Israel para con Dios (Ose. 1:2-9). Las dramáticas experiencias de Ezequiel y Oseas debían resultar impactantes, no solo para nosotros, sino también para los destinatarios originales del mensaje. En una época en la que las advertencias de los profetas eran rechazadas abiertamente (ver 2 Crón. 36:15-21), el último acto de misericordia divina fue alertar dramáticamente al pueblo acerca de su verdadera condición para llevarlo al arrepentimiento genuino. Dios pretendía mostrarles de esa manera cuán seria era su advertencia. ¿Qué tipo de dramatización podría servir hoy para advertirnos, por ejemplo, acerca de la condición laodicense? (Ver Apoc. 3:14-18).
Viernes 30 de octubre
ELENA DE WHITE, LA REVELACIÓN Y LA INSPIRACIÓN
Los adventistas del séptimo día creemos que Elena de White fue inspirada divinamente. Sus escritos, su vida y su ministerio son los de una verdadera profeta. Ella poseía la misma inspiración que los profetas de la Biblia, aunque nunca consideró que sus escritos fueran iguales a los de las Escrituras. Por el contrario, siempre exaltó la Biblia. ¿Cómo entendía ella las revelaciones proféticas que Dios le comunicaba y el proceso de su inspiración? En primer lugar, Elena de White siempre consideró la Biblia como la revelación autoritativa e infalible de Dios.
La Biblia revela la verdad de Dios y su plan de salvación para la humanidad caída. En ese proceso, como estamos aprendiendo, él utiliza a los profetas para comunicar sus mensajes. En segundo lugar, Elena de White reconocía que el proceso de inspiración implicaba una interacción entre lo divino y lo humano. Dios comunicaba sus mensajes, pero luego el profeta transmitía la instrucción divina utilizando sus propias palabras: «No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados.
La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. […] La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, p. 24). En relación con las visiones y los sueños proféticos, Elena de White entendía la inspiración divina de los pensamientos humanos como una unión entre la revelación divina y la experiencia humana. Ella escribió: «La Biblia, con sus verdades de origen divino expresadas en el idioma de los hombres, muestra una unión de lo divino y lo humano» (Mensajes selectos, t. 1, p. 29).
Dios utilizó diversos medios para transmitir sus mensajes, como representaciones pictóricas, palabras y pensamientos que incluían todos los sentidos del profeta. La experiencia de Elena de White fue similar a la de los escritores de la Biblia. En tercer lugar, Elena de White señaló que no todas sus experiencias y comunicaciones humanas fueron inspiradas. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro. Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 1, pp. 45-46).
Es importante tener en cuenta esta distinción al leer sus escritos y experiencias y relacionarnos con ello, especialmente con su correspondencia y sus diarios. Conocer el concepto que Elena de White tenía de la revelación y la inspiración nos ayuda a evitar extremos y a leer sus consejos con prudencia y discernimiento.
Para aprender más de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, cap. 1, pp. 17-27; El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2015), pp. 5-13; Ángel Manuel Rodríguez, «La revelación, la inspiración y el testimonio de las Escrituras», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 95-122.
